PRÓLOGO
Un mundo que nunca debió existir
Siempre había pensado que los mundos de ficción eran un refugio.
Cuando el colegio terminaba y las tareas dejaban de ser una preocupación, corría a mi habitación para encender la computadora. Había un anime que veía una y otra vez, sin importar que conociera cada episodio de memoria. Sabía exactamente cuándo aparecerían mis personajes favoritos, cuándo sonaría cada melodía y hasta podía repetir sus diálogos antes de que ellos los pronunciaran.
Aun así, jamás me cansaba.
Había algo en esa historia que lograba llenar un vacío que nunca había sabido explicar.
Los Musicato.
Guerreras nacidas de la música que luchaban contra unas criaturas conocidas como D2, monstruos que odiaban cualquier sonido capaz de transmitir emociones.
Era un mundo hermoso y cruel al mismo tiempo.
Muchas personas decían que solo era una caricatura más.
Para mí era mucho más que eso.
Era un lugar al que deseaba pertenecer.
Nunca imaginé que ese deseo terminaría convirtiéndose en mi peor pesadilla.
Aquella mañana parecía completamente normal.
El cielo estaba despejado, las calles llenas de estudiantes y el ruido de la ciudad era el mismo de siempre. Caminaba hacia la escuela con la mochila sobre un hombro mientras pensaba en el episodio que volvería a ver al regresar a casa.
Entonces ocurrió.
El cielo se deformó.
No fue una tormenta.
No fueron nubes oscuras.
Era como si la realidad misma estuviera rompiéndose.
El aire vibró con un estruendo ensordecedor.
Las personas levantaron la vista confundidas.
Durante unos segundos nadie comprendía qué estaba pasando.
Después comenzaron los temblores.
Los edificios crujieron.
Los vidrios explotaron.
Y enormes grietas aparecieron en el firmamento.
De aquellas grietas descendieron criaturas monstruosas.
No tenían forma humana.
Sus cuerpos parecían estar hechos de sombras y metal, con extremidades deformes y ojos que brillaban con un rojo enfermizo.
El terror se extendió en cuestión de segundos.
—¡¡Corran!!
Los gritos invadieron las calles.
La multitud huyó desesperadamente mientras los monstruos comenzaban a atacar todo lo que encontraban a su paso.
No podía moverme.
Aquello era imposible.
Esas criaturas...
Las conocía.
Eran los D2.
Los mismos enemigos que había visto cientos de veces en mi anime favorito.
No...
Eso no podía estar pasando.
Un fuerte impacto hizo que algo cayera frente a mí.
Era un pequeño colgante metálico.
Lo levanté con curiosidad.
Su diseño me resultaba extrañamente familiar.
Antes de que pudiera observarlo mejor, una pequeña melodía rompió el caos.
Giré la cabeza.
Un niño había dejado caer su juguete musical.
El sonido apenas duró unos segundos.
Pero fue suficiente.
Todos los D2 giraron al mismo tiempo.
Sus ojos se clavaron sobre nosotros.
Sentí cómo la sangre desaparecía de mi rostro.
No había escapatoria.
El niño estaba paralizado por el miedo.
Sin pensarlo dos veces corrí hacia él y lo abracé con fuerza, cubriéndolo con mi cuerpo.
Cerré los ojos.
Esperando el impacto.
Esperando la muerte.
Pero lo único que escuché fue...
¡Bang!
¡Bang!
¡Bang!
El sonido de varios disparos.
Abrí lentamente los ojos.
Frente a nosotros había una joven de largo cabello blanco.
Vestía un elegante uniforme militar adornado con detalles oscuros y sostenía enormes armas de fuego como si no pesaran absolutamente nada.
Su mirada era firme.
Tranquila.
Imponente.
La reconocí al instante.
—...Titan...
Mi voz apenas fue un susurro.
Era imposible confundirse.
Era exactamente igual que en el anime.
Titan sonrió apenas un instante.
—No se preocupen.
Levantó sus armas.
—Nosotros nos encargaremos.
Varias figuras descendieron detrás de ella.
Más Musicato.
El combate comenzó inmediatamente.
Las balas atravesaban el aire con precisión absoluta mientras los D2 caían uno tras otro.
Era un espectáculo impresionante.
La música parecía cobrar vida en cada movimiento de aquellas guerreras.
En apenas unos minutos todo había terminado.
Los monstruos habían sido completamente exterminados.
Sin embargo, la tranquilidad no duró demasiado.
Vehículos militares rodearon la zona.
Soldados armados apuntaron directamente hacia las Musicart.
Aunque podían defenderse sin problemas, ninguna ofreció resistencia.
Titan simplemente levantó las manos mientras observaba a los militares con expresión seria.
Fueron escoltadas hasta los vehículos.
Mientras tanto, los civiles fuimos llevados a una zona médica improvisada.
Los doctores revisaban heridos sin descanso.
Después de asegurarme de que el pequeño al que había protegido estaba sano y salvo, abandoné lentamente el lugar.
No podía dejar de mirar el colgante que aún sostenía entre mis manos.
Una pregunta no dejaba de repetirse en mi cabeza.
¿Cómo era posible que un objeto perteneciente a un anime hubiera aparecido en el mundo real?
Y, sin saberlo, aquella pequeña pieza cambiaría mi destino para siempre.
Fin del Prólogo.








