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Los latidos que no contamos

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Summary

En plena pandemia, cuando el miedo y la incertidumbre forman parte de la rutina, Violeta Muñoz intenta salir adelante estudiando TENS mientras trabaja como cuidadora en una residencia de adultos mayores. Cada turno de 24 horas le enseña que cuidar a otros significa mucho más que administrar medicamentos o acompañar a un residente. Entre despedidas, sacrificios y el agotamiento de quienes luchan en primera línea, Violeta conoce a Lucas Sepúlveda, un enfermero con una vida aparentemente resuelta, pero marcada por conflictos que jamás imaginó enfrentar. Lo que comienza como una relación de compañerismo se convierte, poco a poco, en un sentimiento que ninguno de los dos esperaba. Sin embargo, el momento es el menos indicado. Los secretos, las decisiones equivocadas y las consecuencias de un amor imposible pondrán a prueba sus valores, sus sueños y todo aquello en lo que creen. Mientras Violeta lucha por terminar sus estudios, crecer profesionalmente y encontrar su lugar en un mundo golpeado por la pandemia, descubrirá que algunas personas llegan para cambiarte la vida... incluso cuando quedarse nunca fue una opción. Porque hay latidos que nadie escucha. Y, aun así, son los que terminan cambiándolo todo.

Status
Complete
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capitulo 1

CAPÍTULO 1: EL AVISO

🎵 Canción:Sebastián Yatra – Cristina

Era agosto en Santa Aurora. Más al norte, en Villa San Bruno, el reloj marcaba las 17:42 y el frío se colaba por cada rincón de la casa. Violeta tiritaba bajo una frazada, rodeada de cuadernos, un destacador sin tinta y un vaso de té que llevaba rato frío. Afuera solo se escuchaban sirenas lejanas y el viento golpeando la ventana.

🎵 Canción: Natalia Lafourcade – Nunca es Suficiente

—Signos vitales. Presión arterial. Frecuencia cardíaca. Saturación de oxígeno. Escala de Glasgow...

Se frotó el rostro con ambas manos.

—Ya, Violeta. Una vez más y te lo aprendes.

Al día siguiente rendía el certamen de Fundamentos de Enfermería. Reprobar no era una opción.

Cerró el cuaderno y tomó el celular.

—Cinco minutitos...

Sabía perfectamente que estaba mintiendo.

Entró a Facebook sin muchas ganas. Entre memes de la cuarentena, recetas y noticias apareció un aviso que llamó su atención.

SE NECESITA PERSONAL DE APOYO PARA RESIDENCIA SAN GABRIEL.

Debido a la contingencia sanitaria, buscamos personas responsables y con vocación de servicio. No se requiere experiencia previa. Estudiantes del área de la salud bienvenidos. Turnos rotativos. Pago semanal.

Violeta leyó el anuncio dos veces.

—¿No se requiere experiencia?

Siempre había imaginado hacer su práctica en el Hospital Regional de Villa San Bruno. Pero la pandemia había cambiado todos los planes.

Necesitaba dinero.

Carmen llevaba meses trabajando media jornada y las cuentas seguían llegando.

—Es solo por un tiempo —murmuró—. Junto algo de plata y listo.

Desde la cocina sonaba “Amarillo”, de J Balvin.

Abrió Canva y eligió una plantilla sencilla para hacer su currículum.

Nombre: Violeta Muñoz.

Edad: 20 años.

Estudiante de Técnico en Enfermería.

Experiencia laboral: ninguna.

Habilidades: responsable, empática y buen trato con adultos mayores.

Respiró hondo antes de presionar “Enviar”.

—Que sea lo que Dios quiera.

Volvió a estudiar mientras Carmen tarareaba “Tusa”, de Karol G, desde la cocina.

Exactamente a las 18:00 sonó una notificación.

Asunto: Entrevista Residencia San Gabriel.

La citaban al día siguiente, a las 09:00 horas, para una entrevista y capacitación inicial. Debía asistir con uniforme clínico.

Sintió un vuelco en el pecho.

—¿Mañana?

Miró su clóset. No tenía uniforme.

Salió corriendo hacia la cocina.

—¡Mamá! ¡Me llamaron!

Carmen levantó la vista. En la radio comenzaba “Hawái”, de Maluma.

—¿Qué pasó?

—Me citaron mañana... pero tengo que ir con uniforme clínico.

—¿Y tienes uno?

Violeta negó con la cabeza.

Carmen abrió su cartera, contó el dinero y volvió a guardarlo.

—Ya. Vamos ahora mismo.

—¿Y si no alcanza?

—Algo vamos a hacer. Anda a ponerte zapatillas y abrígate. Agosto no perdona.



6:15 PM — RUMBO AL CENTRO

La micro avanzaba por calles casi vacías. Todos llevaban mascarilla y el silencio solo era interrumpido por el motor y las noticias que sonaban desde la radio del conductor.

Violeta sacó el cuaderno de su mochila.

—¿Vas a estudiar ahora? —preguntó Carmen.

—Mañana también tengo el certamen. Si no estudio, me saco un rojo.

Abrió el correo institucional. Su profesor acababa de enviar el enlace de la evaluación.



POV: VIOLETA

Respira.

No pienses en el uniforme.

No pienses en la entrevista.

Primero termina esto.

Sesenta preguntas.

Tres casos clínicos.

Si saco menos de cuarenta, repruebo.

La señal iba y venía mientras respondía.

Defina signos vitales...

Escribí lo más rápido que pude.

Cuando aparecieron los casos clínicos sentí un nudo en el estómago.

Glasgow.

Glicemia.

Signos vitales.

Mi mamá me miró de reojo.

—¿Te ayudo?

—Shhh... Me desconcentras.

A las 19:25 nos bajamos de la micro y encontramos una banca con buena señal.

Me quedaban treinta y cinco minutos.

Respondí las últimas preguntas con los dedos entumecidos por el frío.

20:00 horas.

La plataforma se cerró.

—¡Lo envié!

Actualicé la página una vez.

Nada.

Otra vez.

Hasta que apareció la calificación.

60 de 60.

Me quedé inmóvil.

—¡Me saqué un siete!

Mi mamá me abrazó con fuerza.

—Así se hace, hija.

Sentí que podía volver a respirar.

—Ahora vamos a buscar ese uniforme.



20:10 PM — CENTRO DE SANTA AURORA

La cuarentena mantenía el centro casi desierto. Muchos locales ya habían cerrado y el toque de queda se acercaba.

Después de caminar varias cuadras encontraron una pequeña tienda escondida en el Pasaje Los Aromos.

Un cartel escrito a mano decía:

Florence Scrub — Uniformes reciclados.

SUENA: Morat – Aprender a Quererte

Al entrar, el olor a cloro y tela guardada impregnaba el ambiente. Los percheros estaban repletos de uniformes de distintos colores.

Una señora mayor salió desde el fondo.

—¿Qué busca, niña?

—Un uniforme clínico. Es para mañana... y ojalá que no sea muy caro.

La mujer comenzó a revisar los percheros. Sacó uno verde, luego uno azul y después uno blanco.

Violeta negó con la cabeza.

Entonces lo vio.

Al final del último perchero colgaba un uniforme rosa palo con pequeñas flores de cerezo.

Lo tomó con cuidado.

Era igual al que llevaba meses guardando en una carpeta de Pinterest llamada “Mis sueños de enfermera”.

—¡Mamá, este!

Carmen sonrió al verla tan emocionada.

—Es bonito... pero es manga corta. Te vas a morir de frío.

—No importa. Es perfecto.

La dueña esperó a que se lo probara sobre la ropa.

—Te queda un poquito ancho, pero eso tiene arreglo.

Después sacó una primera capa rosa de manga larga.

—Con esto no vas a pasar frío.

—¿Cuánto cuesta todo?

—Catorce mil, con la cofia incluida.

Carmen hizo las cuentas en silencio.

—Nos llevamos todo.

Mientras la dueña guardaba las prendas en una bolsa, Violeta no podía dejar de sonreír.

A la salida compraron un chocolate caliente antes de volver a la micro.

Violeta abrazó el vaso con una mano y la bolsa con la otra.



🎵 Canción: Camilo – Vida de Rico

Apoyó la cabeza en la ventana mientras la ciudad pasaba lentamente frente a sus ojos.

Sin darse cuenta, una lágrima recorrió su mejilla.

No sabía si lloraba por miedo, por alivio o porque, después de tantos meses difíciles, algo por fin empezaba a salir bien.

Carmen tomó su mano.

—¿Estás bien?

Violeta asintió.

—Solo tengo miedo de hacerlo mal.

—Lo vas a hacer bien. Siempre has sido buena con las personas.

Violeta sonrió.

Por primera vez desde que comenzó la pandemia, sintió que el futuro no parecía tan incierto.


9:00 PM — EN CASA

Llegaron con las manos heladas y los zapatos húmedos por la llovizna.

Violeta fue directo a su habitación y dejó la bolsa sobre la cama.


POV Violeta

Respiré hondo antes de abrirla.

Ahí estaba.

Mi primer uniforme clínico.

Primero me puse la primera capa.

Después el uniforme rosa y la cofia.

Me miré en el espejo.

Por un instante no vi a la estudiante que llevaba meses estudiando encerrada.

Vi a la TENS que siempre había soñado ser.

—Buenos días, don José. ¿Cómo amaneció hoy?

Fruncí el ceño y me reí.

Todavía sonaba demasiado nerviosa.

Tomé el celular.


SUENA: Camilo y Pedro Capó – Tutu

Di una vuelta frente al espejo.

—Bueno... al menos sí parezco una TENS.

Golpearon la puerta.

—¿Violeta?

Era mi mamá.

—¿Todo bien?

—Sí... Solo estoy nerviosa.

Carmen sonrió.

—Es normal. Mañana empieza una etapa importante. Descansa.

Asentí.

Doblé el uniforme con cuidado, guardé el currículum en un sobre y dejé todo listo junto a las zapatillas blancas.

No quería olvidar absolutamente nada

10:00 PM — LA ÚLTIMA NOCHE ANTES DEL CAMBIO


POV Violeta

Me acosté temprano.

Aunque tenía tres frazadas encima, el frío seguía colándose por la ventana.

Tomé el celular y puse mi lista de reproducción.

SUENA: Bad Bunny – Yo Perreo Sola

Sonreí.

Era imposible no hacerlo.

Apagué la pantalla y miré el techo.

Hoy me saqué un siete.

Mañana entro a trabajar en plena pandemia.

Voy a conocer una residencia llena de adultos mayores.

No tengo experiencia.

No sé qué me espera.

Pero voy a dar lo mejor de mí.

Por primera vez en mucho tiempo sentí que mi vida estaba empezando a cambiar.

Cerré los ojos.



6:00 AM — DÍA SIGUIENTE

La alarma sonó cuando todavía era de noche.

El frío seguía siendo intenso.

Mientras me duchaba, desde la radio sonaba “Ritmo”, de The Black Eyed Peas y J Balvin.

Me vestí con jeans negros, una polera térmica, un chaleco gris y la misma parka que llevaba usando desde hacía tres inviernos.

El uniforme viajaría doblado en el bolso.

Preparé todo con cuidado: la primera capa, la cofia, el currículum, alcohol gel, una mascarilla de repuesto y un polar por si el frío empeoraba.

Cuando llegué a la cocina, Carmen ya me esperaba.

Sobre la mesa había una lonchera.

—Toma. Es para tu turno.

La abrí.

Dos panes con palta.

Una manzana.

Un yogur.

Y un termo pequeño.

—Café de vainilla. Como te gusta.

Sentí un nudo en la garganta.

La abracé con fuerza.

—Gracias...

—¿Por qué?

—Por todo.

Por creer en mí.

Carmen acarició mi espalda.

—Anda tranquila. Estoy segura de que lo vas a hacer bien.

A las 8:15 salí de la casa.

La neblina cubría las calles de Villa San Bruno y apenas se veía gente caminando.

Me acomodé el bolso al hombro y me puse los audífonos.



SUENA: Camilo – Elegí

Respiré profundamente.

Ya no había vuelta atrás.

Frente a mí comenzaba una nueva etapa.

Destino: Residencia San Gabriel.

Hora de presentación: 9:00 AM.

Objetivo: sobrevivir al primer turno de mi vida.

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