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YOU BELONG TOME

Summary

YOU BELONG TO ME

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

—Jeongguk, ¿dónde están mis llaves? —preguntó el chico con el ceño fruncido, buscando entre los muebles por si se le habían caído.

La casa apestaba a feromonas de alfa: por un lado, a canela picosa por el enojo; y por el otro, a chocolate amargo, feromonas tranquilas.

—No lo sé —respondió el alfa menor, desinteresado, mientras tocaba el piano que estaba en la sala.

Usualmente lo tocaba cuando estaba bajo estrés, pero de todas maneras hacía su mayor esfuerzo para tocar bien.

—Tengo que salir y no encuentro mi maldita llave, así que préstame la tuya, por favor

Jeongguk lo miró de reojo mientras seguía tocando.

Jimin salía demasiado últimamente y volvía ebrio en las noches, aquello lo preocupaba, porque a pesa de que ninguno se metía mucho en la vida del otro, era su mejor amigo.

—No creo que sea posible, lo lamento —fingió lástima, volviendo su vista a las partituras.

Escuchó un gruñido, y ese fue el tope.

Jeongguk no era paciente, pero con su hyung lo intentaba, y toda la maldita semana se la pasó cuidándolo en las noches, porque el idiota venía ebrio y encima ni le decía gracias, atreviéndose a gruñirle. ¡JA!, vete a la mierda, Park Jimin.

Jeongguk se levantó de su asiento, parándose frente al alfa, molesto. El rubio no le tenía miedo, a pesar de que su amigo era más alto, fuerte y practicaba boxeo.

Exacto.

Era irracional no tenerle miedo a un tipo así, pero era su mejor amigo; no sería capaz de hacerle daño de alguna manera.

—Dame las llaves

—Tú no me mandas, enano. Si quieres perderte por allá, hazlo, pero no me jodas ni vengas borracho para que cuide tu culo, porque la próxima vez no lo haré —el aroma a chocolate amargo se volvió rancio con cada palabra dicha, y sus ojos tintineaban en un rojo fuego intenso que hizo que Jimin lo mirara sorprendido.

—¿Qué mierda te pasa? ¿Acaso vas a entrar en celo?, porque pareces acojonado —dijo con el ceño fruncido—. Mejor ven conmigo y lígate a una omega para que se te vaya el estrés, amigo.

Jimin palmeó su hombro amistosamente.

—No quiero

—Vamos, hace tiempo que no estás con una omega. Ya hasta pienso que te inclinas por los alfas —aunque pretendía sonar amistoso, aquella broma solo hizo que Jeongguk quisiera asfixiarlo contra una almohada.

—Si me aburro, me voy

Jimin asintió, y Jeongguk tomó su chaqueta negra de cuero. Salieron del departamento hacia la fiesta de Jaebum, el amigo del alfa mayor.

Una vez llegaron, rápidamente les ofrecieron bebidas alcohólicas que el rubio aceptó gustoso, mientras Jeongguk se abstenía de probar esa mierda barata. La pista de baile estaba llena, por eso fue difícil pasar a la barra sin ser manoseado, pero Jeongguk gruñó a cualquiera que se le acercara. A Jimin no le importaba mucho; se sentaron en las sillas y Jimin pidió más licor.

—Venga, hombre, ¿no tomarás?

—No —la manera en que lo dijo fue lo suficientemente firme para que Jimin no volviera a preguntar.

Jeongguk pensaba que su amigo era un idiota que ni siquiera sabía lo que tomaba, o tal vez eran tantas sus ansias de sentirse ido que aceptaba cualquier cosa. Aquel pensamiento hizo que su rostro se mantuviera serio.

—Bueno, ¿algún omega que te guste?

—Sí, tu mamá —comentó con gracia, dejando el pensamiento intruso atrás.

—De la fiesta, imbécil

Jeongguk carcajeó, pero aun así echó un vistazo más amplio. Una pelirroja captó su atención, porque se veía sexy en ese vestido rosado. Ella lo miró, guiñándole el ojo.

—La pelirroja del vestido rosa. ¿Y tú?

—La que está en la esquina, fumando

Jeongguk la buscó con la mirada y la encontró. La chica estaba seria y vestía un vestido gris con botas negras, mientras fumaba un porro.

—Tenemos gustos diferentes, ¿eh?

—A ti solo te gustaron sus tetas

—Me descubriste —Jeongguk levantó las manos en señal de que fue atrapado.

Como todo un casanova, el alfa se encaminó a la chica pelirroja. Ella le sonrió y rodeó el cuello de Jeongguk con sus manos.

—¿Tu nombre, galán?

Sus ojos lo miraron con deseo candente.

El alfa había olvidado cómo hacer esto, ya que, como bien dijo Jimin, hacía tiempo que no ligaba con nadie.

—Jeongguk. ¿Y el tuyo, hermosa?

—Sana

—Lindo nombre. ¿Y conoces a la chica del vestido gris? —Sana asintió—. ¿Qué dices si le presento a un amigo?

—Claro, ¿cuál?

—El rubio de allá —señaló a Jimin, que se encontraba en la barra.

—Claro, justo como a ella le gusta

Jeongguk llamó a su hyung, quien se presentó con la chica Sana y con la del porro, que se llamaba Jisoo.

Más tarde, ambos bailaban con sus parejas de manera descontrolada. Aun así, Jeongguk no podía evitar ver a Jimin de reojo, porque se veía muy bien con esos pantalones rojos ceñidos a su trasero y sus muslos firmes. Su camisa blanca abierta resaltaba sus clavículas. Jeongguk lo encontró irresistiblemente sexy, y lo que más lo sorprendió fue no solo pensarlo, sino descubrirse excitado por él.

Por su parte, Jimin besaba a Jisoo. Ella era hermosa, pero no pudo evitar, de vez en cuando, ojear a su amigo solo para asegurarse de que todo estaba bien. Al voltear para mirarlo, se dio con la sorpresa de que Jeongguk ya lo estaba viendo. Jimin alzó una ceja sin sentirse intimidado; sin embargo, pudo notar los ojos negros tintinear en un furioso rojo que le dio escalofríos, pero aún así, le sonrió.

Finalmente, ambos desviaron sus miradas. Jisoo le preguntó algo, aunque él no la escuchó realmente; asintió. Cuando se dio cuenta, ya estaban saliendo de la discoteca, ella fue rápida.

Pidió un taxi y dio la dirección de un hotel, al cual no llegaron, porque a Jimin le avisaron a último momento que tenía que hacer diapositivas para la clase de historia. Enojado, tuvo que dejar a la chica, no sin antes pedirle su número.

Mientras Sana y Jeongguk estaban en el departamento de este último, en su cuarto, teniendo intimidad, Jimin —quien le había robado la llave a Jeongguk, ya que sabía que este tenía la suya— entró a su casa y a su cuarto, donde se echó quitándose la ropa y poniéndose su pijama. Escuchó ruidos raros, supuso que era Jeongguk con Sana teniendo sexo... Ella era muy ruidosa.

¿Acaso Jeongguk era tan bueno?

Jimin salió de su cuarto, quedando frente al de Jeongguk. La puerta no estaba del todo cerrada, así que solo la empujó un poco, viendo cómo ella lloraba mientras Jeongguk embestía como un animal. Supuso que era por el celo que se aproximaba.

Miró un poco más abajo, viendo la polla de su amigo que era gruesa y larga, más de lo que esperaba. Un bulto en su pantalón lo perturbó, y se retiró rápido de ahí. Al darse cuenta de que no podría dormir, llamó a su ex. Y pueden juzgar lo que quieran, pero la quería como amiga. Ella pasó a recogerlo, pues Jimin sabía que no podría trabajar en su casa así. Ella llegó.

Él subió a su auto, saludando con un beso en la mejilla.

—¿Qué pasó?

—Jeongguk no me deja dormir y mañana tengo clase.

—Te dije que no era buena idea que compartieran departamento

Ella conocía muy bien a Jimin; duraron dos años que se sintieron eternos.

—Lo sé, pero ya es tarde, ¿no crees?

Ella asintió, manejando hacia su casa.

Una vez ahí, Jimin se metió a su cuarto y se acurrucó en la cama de ella con su laptop. Hizo su trabajo mientras Jennie dormía. No se dio cuenta de que ahora apestaba a omega, a Jennie, y Jeongguk la odiaba.

[...]

En la universidad no chocó ninguna clase con Jeongguk, lo cual era bueno de cierta forma, porque Jennie estuvo pegada a él todo el tiempo. Aquello le trajo buenos recuerdos, cuando aún eran novios, pero no es como si hubieran surgido sentimientos hacia ella, eso se había ido hace tiempo.

Ya era tarde, podía irse a casa y así lo hizo, no esperando que Jeongguk lo esperara con el ceño fruncido y una mirada enojada escaneándolo de arriba abajo.

—Hola

—¿Dónde estuviste? —preguntó acercándose a Jimin oliendo su ropa con disgusto—. ¿Por qué hueles a coco?

—Pasé la noche con Jennie, no exageres —lo miró entrecerrando los ojos—. Actúas como novia celosa, ya tienes a Sana, no jodas.

—Tienes razón —una sonrisa adornó el rostro de Jeongguk oír su nombre; la sangre de Jimin ardió—. Hoy la veré en la noche.

—Bien —respondió Jimin cortante, yendo a su habitación.

Y los días surgieron así, con Jeongguk saliendo a citas con Sana y Jimin corriendo hacia Jennie. Una noche Jimin explotó y se fue a una discoteca. A Jeongguk no le importaba realmente, ya no, pero Sana vendría a la casa, así que no quería a Jimin ahí.

No esperaba ver a Jimin en los brazos de un Alfa que miraba al rubio con mucha atención, más de la necesaria. Jimin no se dio cuenta, tal vez pensaba que aquel hombre lo ayudaría, pero eso era pura mierda.

Jeongguk tomó a Jimin y lo empujó atrás suyo, gruñéndole al hombre y mostrando sus colmillos. No pudo estar tranquilo sabiendo que su amigo no llegaba, así que lo buscó en la discoteca de siempre y lo encontró.

—No lo toques —no supo porqué lo dijo, solo supo que el otro se retiró.

Llevó a su amigo a casa y justo Sana entró, viendo a Jimin en ese estado y a Jeongguk cargándolo de manera nupcial. Extrañada, frunció el ceño.

—¿Jeongguk?

El mencionado se encontraba frente a la puerta de su casa.

—Sana, perdóname —pero su voz sonaba molesta—. Yo tengo que ocuparme de algo. ¿Podemos salir otro día? —ella se quedó mirándolo sin decir nada, pero al rato asintió, marchándose mientras el alfa menor abría la puerta de su casa con dificultad y la cerraba. Jeongguk maldijo a Jimin.

—¿Debería enseñarte una lección, enano?

Jeongguk lo llevó a su cuarto, depositándolo en su cama mientras lo observaba minuciosamente. Debía admitir que, a pesar de que Jimin era un alfa, su cara era bastante bonita y fina; sus facciones eran suaves, como las de un omega, y su cuerpo no era menudo, pero sí esbelto y bastante estilizado por la danza contemporánea que ejerce, se notaba. Sus piernas firmes, sus muslos gruesos y sus caderas ágiles. Jeongguk lo había observado bailar muchas veces y estaba seguro de algo. Jimin movía muy bien su cuerpo... ¿Cómo sería e-

—No —sacudió su cabeza aturdido por sus pensamientos, pero una vocecita en su cabeza le decía que, de alguna manera, Jimin había sido desobediente y descuidado, merecía un castigo.

Jeongguk salió del cuarto para ir al baño y mojarse la cara, tal vez así despabilaba. No sabía qué ocurría con él ni por qué tenía pensamientos sucios hacia otro alfa. Pensó que era el celo cerca, pero sus pensamientos habían sido así desde el día en que conoció a Jimin, aunque ahora eran mucho más persistentes por eso salió con Sana. Necesitaba distraerse de él.

Se tocó la frente, comprobando su fiebre. Entonces vio rojo; lo siguiente que supo fue que había tomado el lubricante del botiquín del baño y se dirigía a su cuarto con enojo y deseo espeso. Su olor a chocolate estaba por toda la casa, aun así Jimin frente a él seguía durmiendo, ajeno al peligro en el que se encontraba con un alfa en celo, molesto y más fuerte que él.

Jeongguk fue taimado y cauteloso; empezó quitándole el polo y el jean al rubio, junto a sus zapatos, dejándolo solo en bóxers. Jimin se removió de repente, sintiendo el frío, acomodándose en posición fetal para calentarse, sin saber que los ojos perversos del alfa se posaban en su trasero gordo y respingón.

Una oleada de excitación envolvió a Jeongguk tan fuerte que Jimin empezó a removerse incómodo por la presión que sentía; su cuerpo de pronto quemaba. Eran el efecto de un alfa puro sometiendo a un alfa.

La paciencia se fue por la borda; Jeongguk le quitó el bóxer, tal vez un poco brusco, lo cual hizo que Jimin casi se despertara, pero al instante volvió a dormir. Eso era lo bueno, su amigo tenía el sueño pesado, y cuando estaba ebrio las cosas se ponían mejor.

Lo volteó para que esté boca arriba y abrió sus piernas, situándose entre ellas para tener mejor vista y acceso a su entrada. Puso las piernas en sus hombros, untó lubricante en sus dedos y lo esparció por el orificio del contrario, quien frunció el ceño, volteando su rostro hacia la derecha y murmurando palabras inconexas.

Jeongguk esperó a que el semblante del rubio se relajara para meter un falange lentamente. El rubio frunció el ceño, negando con la cabeza. El alfa puro lo supo, despertaría, así que bajó sus piernas y se inclinó a ver el rostro de Jimin para asegurarse de que lo primero que viera fuera a él, y así fue.

—¿Jeon? —preguntó confundido, mirando a su amigo que estaba sin polo; de hecho, él también lo estaba, lo cual lo desconcertó aún más cuando registró que en su entrada había algo intruso.

Gritó asustado, empujando el pecho del alfa menor, quien no se movió ni un poco, y su desesperación por salir solo hizo que el dedo se metiera más adentro, pero esta vez acompañado con otro.

—Ssh, tranquilo, yo te cuidaré —Jimin no lo escuchó, solo golpeó sus hombros e incluso le tiró una cachetada a Jeongguk, lo cual fue el colmo—.Quieto.

La voz de mando hizo efecto en él y se quedó quieto, mirando asustado a su amigo.

—¿Qué haces? Esto está mal... —jadeó cuando las falanges tomaron fuerza, embistiendo fuerte en él, haciendo que soltara algunos gemidos que dañaron su orgullo alfa. Su lobo estaba resignado, pero no hacía nada al respecto, porque reconocía al alfa sobre él como su superior; le haría caso.

—Mal está emborracharse los fines de semana con licor barato de cualquier discoteca y enrollarse con cualquiera —Jimin no respondió; boqueó cuando un dedo más se unió, haciendo que se abriera más.

Le dolía y no pudo detener el par de lágrimas que salió de sus ojos. Se sentía tan extraño, nunca imaginó estar tan vulnerable frente a su dongsaeng, pero era bastante estúpido por no preverlo.

Un alfa puro siempre buscaba someter; su orgullo crecía haciendo someter a cualquiera. Había notado esos rasgos en Jeongguk, pero no pensó que su orgullo fuera tanto como para querer someter a un alfa que, encima, era su amigo.

Los dedos hábiles encontraron ese punto erógeno que hizo a Jimin chillar y estremecerse. Entonces no fue compasivo, dirigió todas las embestidas a ese lugar abultado. El alfa gritaba y clavaba sus uñas romas en los fuertes hombros, a manera de apaciguar todo lo que sentía.

Jeongguk besó el cuello blanquecino con entusiasmo; ya que Jimin había tirado su cabeza hacia atrás, tuvo que aprovechar su oportunidad para dejar algunos chupetones y morder su hombro un rato, amando cómo el alfa mayor temblaba bajo él.

—No —Jimin ordenó con voz de mando mientras empujaba a su amigo, que lo miró con los ojos rojos, sin rastro alguno de humanidad.

Que usara su voz de mando con un alfa puro era insultante, sabiendo que no funcionaría. Jeongguk le gruñó, bastante molesto, aturdiéndolo más con sus feromonas y las embestidas crueles.

El rubio separó sus labios en un grito silencioso cuando un cosquilleo familiar recorrió su cuerpo en señal de su culminación. Jeongguk lo besó con audacia mientras metía su lengua en la boca ajena, haciendo una exploración, mientras se movía contra los gruesos belfos suaves, mordiendo.

—Córrete, hyung —el alfa se separó del beso tirando su cabeza hacia atrás, mientras sus piernas hicieron un intento de cerrarse por los espasmos, cuando Jeongguk no se detuvo a pesar de que ya se había corrido sobre su abdomen.

—Basta, por favor —suplicó cuando fue suficiente. Jeongguk sacó sus dedos de la entrada abusada y retrocedió para observarla de cerca; estaba abierta y resbaladiza.

Jeongguk se quito el el jean y su ropa interior para luego posicionarse encima del mayor, tomó las caderas de Jimin para mantenerlo en su lugar y se alineo en la entrada sensible metiéndose lento, pero firme incluso cuando Jimin se removía eso solo hacía que avanzará más rápido robándole jadeos de dolor al rubio que lloraba en su lugar sin poder hacer nada. Su cabeza le daba vueltas y se sentía débil después de estar expuesto a tantas feromonas dominantes por fin estas hicieron efecto atontándolo.

Jimin estaba lleno y estirado por la polla de Jeongguk, le dolía y no podía escapar incluso si lo intentará. La voz de su conciencia le dijo: ¿Entonces que buscabas? Podía admitir que se sentía un poco atraído a Jeongguk, pero no esperaba que acabará de esta manera y no pensaba que sería el perjudicado, o sea no era justo cuando estaba ebrio.

Jeongguk lo mantuvo inmóvil y movió las caderas ajenas hacia adelante empalando a Jimin en su miembro haciendo que este empezara a llorar, estaba asustado.

¿Por qué Jeongguk era tan fuerte? Lo alzo como si nada. Empezaba a sentir miedo sabiendo que en los ojos rojos no había espacio para la humanidad siendo este puro instinto animal, rezó para que Jeongguk no lo anudará, porque si lo hacía era su fin como alfa, porque al Jeongguk ser alfa puro podía volverlo omega lo cual era ilegal en algunos países.

Salió de él solo para volver a arremeter con fuerza, siendo descuidado y violento. Su lobo sabía que Jimin no era un omega, no había necesidad de ser gentil. Fue brusco, mantuvo a Jimin en su lugar mientras lo miraba; el rubio se desmoronaba con cada embestida y, aunque negaba, su polla estaba pulsando en su abdomen, goteando preseminal. Jeongguk pudo darse cuenta de que le encantaba someter... bueno, someter a Jimin.

Fuertes estocadas eran recibidas con gritos de placer; el cuerpo del mayor se sentía caliente por todas partes. Una necesidad de tocarse lo invadió, pero la mirada de Jeongguk le advirtió que no lo hiciera, así que no lo hizo y chilló de frustración.¿Por qué Jeongguk quería que se mantuviera quieto como un omega?Su orgullo persistió y pronto su lobo reaccionó gruñendo.

A Jeongguk no parecía importarle. Sus embestidas fueron desordenadas mientras golpeaba el culo de Jimin con fuerza. Eso fue suficiente, el mayor se corrió mientras Jeongguk solo salió de él, dejándolo extrañamente insatisfecho.

—Mierda, ¿siempre te corres tan fácil o soy especial, hyung?

Esa pequeña basura lo estaba humillando y burlándose de él mientras lo sostenía con facilidad, como si en cualquier momento hubiera podido hacer esto. Aunque Jimin no estuviera ebrio, Jeongguk pudo haberlo forzado si quería, justo como ahora.

El alfa mayor odiaba esto; odiaba sentirse bien en los brazos fuertes de su dongsaeng, que fuera él quien lo empujara al borde del placer chispeante.

—Bastardo, ah... —gritó al sentir a Jeongguk adentrándose en él con fuerza, sobrestimándolo y tocando las partes sensibles de su cuerpo, siendo precisamente asertivo con su polla.

Si bien el lobo de Jimin estaba avergonzado, no podía evitar que Jimin gimiera como una gata en celo. Pero ¿cómo? Es decir, le dolía y le gustaba al mismo tiempo. Un perfecto limbo que estaba siendo cruzado.

—Mira esto, hyung, estoy aquí —Jeongguk tocó el abdomen de Jimin donde había una perturbación sobresaliendo—. Apuesto a que te lo imaginaste, pero ¿cómo no?, Jennie no te satisfacía. Nadie lo hacía. Tomabas tanto... ¿Qué querías olvidar? —no solo lo bombardeaba con preguntas incómodas que lo hacían retorcerse, sino que las estocadas aumentaban continuamente.

Y así fue toda la noche y parte de la madrugada, con Jeongguk usándolo a su antojo, dando estocadas fuertes con un agarre firme en las caderas de Jimin, quien lloraba sin poder soportarlo más. Se había corrido tantas veces y había gritado en algún punto por ayuda, pero nadie podía escucharlo entre esas paredes gruesas. El celo de un alfa puro no duraba mucho; de hecho, su pareja no resistiría, dos días eran suficientes.

Jeongguk miraba al rubio con fascinación. Le gustaba lo suave que era su cabello para jalar, lo flexible que era para arquear su espalda y abrir más sus piernas solo para él. Estaba encantado con su voz, con esos ojos azules que lo miraban desafiantes sin querer ceder del todo. Sus manos grandes encajaban perfectamente en esa cintura estrecha. Jimin era perfecto para él.

Lo forzó, porque Jimin no aceptaría la atracción mutua si no lo sometía primero.

Fue cruel, pero lo besaba suavemente.

—Eres mío, me perteneces, Jimin-ah —murmuró. El rubio solo sollozaba. Lo sabía, pero admitirlo era diferente.

Mostró su cuello en señal de sumisión, aceptando su destino mientras Jeongguk aumentaba la velocidad y la fiereza de sus estocadas.

Marcó a Jimin, sus colmillos perforaron la tierna piel con profundidad, enlazándolos de por vida, a la vez que su nudo comenzaba a formarse, haciendo que Jimin se removiera. Sabiendo que probablemente dolería, de todas maneras no se resistió. Se quedó quieto, como el alfa quería, y tomó todo lo que le dio, gritando porque era grande y machacaba su próstata lo suficiente como para que sus muslos temblasen y se corriera por última vez, casi desmayándose, sin fuerzas.

Jeongguk exhaló, oliendo rápidamente el cambio en las feromonas de Jimin, canela dulce. Sintió cómo su entrada se lubricaba y sonrió. Este, ahora omega, le pertenece.

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