El Efecto Camaleón by Arqua at Inkitt
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El Efecto Camaleón

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Summary

Tras un inesperado encuentro con un desconocido, Aidan acepta ser parte de un experimento el cual tiene como única condición: no tomar las extrañas píldoras que distribuye el gobierno a sus ciudadanos. Esto lo lleva a convivir con Iris, una androide que busca el significado de ser humano. Lo que parecía una inofensiva convivencia se convierte en una madriguera de conejo que les hace descubrir preguntas que es mejor no responder y darse cuenta que no todos los experimentos usan químicos

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo I - La Primera Ley del Mimetismo

Me levanté por la mañana; la habitación seguía acomodada igual. Me enderecé en mi cama mirando hacia el buró que estaba al lado de mi cama; sobre él había un bote de pastilla gris y sin etiqueta. Lo tomé entre mis manos y saqué una de las píldoras negras con blanco y la miré entre mis dedos por un momento

-No... No lo haré...

Aplaste la píldora tirándola a la basura. Me dirigí a la mesa del comedor donde había dejado el día anterior un afiche donde buscaban trabajadores. Me vestí con ropa algo sencilla, unos jeans, sudadera y camiseta blanca. Salí de mi departamento y bajé las escaleras; a pesar de ser de día, las luces de las calles iluminaban el lugar. La fábrica del afiche no estaba muy lejos de donde me encontraba. Crucé algunas calles hasta llegar a la dichosa fábrica; era grande y podía oler ceniza en el lugar; de igual forma, veía columnas de humo negro que salían de lo más alto de la misma. Entré sin más y allí estaba un señor grande, de cabello canoso, pero no se veía muy viejo; tenía un cuerpo que mostraba que hacía ejercicio, tenía una barba cuadrada y una pequeña cicatriz en la mejilla, y parecía darle indicaciones a uno de los trabajadores; en cuanto me vio con el afiche en la mano, se acercó a mí con una carcajada

-¿Buscas trabajo, muchacho? -preguntó dándome una palmada en la espalda

-Sí... ayer vi el afiche y el dinero no cae del cielo

-Sígueme, revisaré tu currículum en mi oficina

Las tuberías estaban oxidadas y de algunas salía vapor. Algunas veces, podía ver a los trabajadores haciendo diversas cosas: mover carbón, arreglar tuberías y muchas cosas más.

-El día está despejado, ¿no lo crees?

Miré al señor pensando que era algún tipo de broma, pero él seguía caminando

-¿Despejado? El smog cubre el cielo; uno pensaría que es de noche

-¿No eres muy alegre, cierto?

-Lo dices como si el gobierno lo permitiese

El señor guardó silencio tras escuchar mi comentario. Al final de uno de los pasillos estaba la oficina del señor; estaba algo más limpia. Papeles sobre el escritorio, un foco amarillo que iluminaba la habitación. Él se sentó colocando sus zapatos sobre el escritorio y tomando mi currículum

-Veamos... así que Aidan... graduado de la universidad "Tierra Nueva" con un promedio... -Vaya, hacía tiempo que no veía tan buenas calificaciones de un egresado de mi misma universidad. -Él se enderezó y estiró su mano para hacer un apretón de manos. -No hay más candidatos, así que el trabajo es tuyo. -Algunos días harás unas cosas y otro día otras; serás un "todólogo" en términos simples -dijo con una risa, a la que respondí mirándolo fijamente. El señor no se detuvo; en cuanto se calmó, me entregó unos guantes y mencionó que ese día ayudaría a mover carbón. El día pasó realmente lento; mi jornada terminó unas horas antes de que anocheciera

-¡Oye! Tú eres el nuevo, ¿verdad? Ven a beber con nosotros, será algo así como tu bienvenida.

Gritó uno de los trabajadores que iban saliendo; los demás también voltearon a verme. Yo tomé mi sudadera tratando de mancharla lo menos posible

-Gracias, pero tengo cosas que hacer, la próxima tal vez...

Pasé entre ellos saliendo de la fábrica mientras podía observar de reojo cómo se miraban entre ellos y uno se encogía de hombros. Mientras caminaba de regreso a mi departamento, me detuve un momento; una tienda había llamado mi atención. Era una tienda de androides; no la había visto antes o tal vez simplemente no le presté atención. Entré y, recibiéndome, había una androide femenina; por un momento pensé que era una persona hasta que vi una especie de tatuaje en su mejilla como si fuera una etiqueta y uno de sus ojos era verde

-Hola, señor, ¿buscaba algo en especial?

Miré a la androide y pasé de largo de ella. Exhibida había una androide sentada; al igual que quien me recibió, no había mucha diferencia visual con un humano.

-Ella es el producto más reciente. Es el modelo MQR-354, tiene distintas funciones, aunque los clientes suelen comprarla para tareas domésticas. Su costo es de 25 mil Qis

-¿25 mil?

-Es un modelo de alta gama, señor, esa es la razón de su precio

Solté un suspiro y salí, volviendo a caminar hacia mi departamento. Al llegar, saqué mis llaves y abrí la puerta, coloqué una tetera a hervir y saqué unos fideos instantáneos de la alacena.

-Tareas domésticas... realmente no tengo tiempo ni las ganas de barrer... supongo que no estaría mal...

Coloqué el agua caliente en los fideos dejando que se cocieran, abrí el segundo cajón del buró y saqué un sobre amarillo. Me senté a comer mis fideos mientras contaba el dinero del sobre

-19 mil... Si trabajo algunas horas extras, tal vez no tarde más de unas 2 o 3 semanas en tener 25 mil...

Me acosté a dormir... Las siguientes semanas no fueron muy diferentes; el tic-tac del reloj sonando sin parar me despertaba a la misma hora y hacía trabajo de turno completo, saliendo hasta la noche.

Después de ser rechazados múltiples veces, los trabajadores dejaron de invitarme a beber o de preguntar la razón de mis horas extras.

Logré juntar los 25 mil Qis y un poco más para no quedarme en bancarrota; sería lo menos que quisiera en este momento. Aprovechando que era sábado por la tarde, salí yendo a la tienda de androides, pero mi sorpresa fue grande cuando la androide ya no estaba en exhibición, y por ende, en venta. Salí y me recargué sobre el barandal que divide la calle y la banqueta mientras miraba los coches pasar

-Supongo que al menos aumente mis ahorros...

-¿Te robaron tu producto? Bueno, técnicamente no era tuyo, no habías pagado por él aún -dijo un señor desconocido a mi lado. Lo miré brevemente, volteando a verlo con mis ojos; tenía unas gafas cuadradas y pelo castaño que parecía no haber conocido los peines nunca y usaba ropa cómoda y sobre ella una bata de médico... Si me pidieran pensar en un científico loco, definitivamente imaginaría algo parecido a él. Me volteé a ver nuevamente los coches pasar, ignorándolo por completo

-No eres de muchas palabras, ¿cierto? ¿Eso cambiaría si te dijera que te puedo dar un androide?

-¿Darme un androide? -dije mientras me enderezaba y miraba a ese extraño tipo

-¿Tengo que repetirlo dos veces? Me estoy replanteando el cumplir lo que dije -dijo el señor con ese mismo tono burlón del inicio que me empezaba a molestar-. El punto aquí es que puedo darte un androide, aunque, como has de saber, nada en esta vida es gratis. Necesito a alguien como tú, alguien que no se tome sus "Píldoras de la Felicidad"

Apreté el barandal cuando mencionó las píldoras

-¿No tomar mis píldoras? ¿Acaso estás loco? No hacerlo es pedirle al gobierno que me mate

-Tranquilo, no soy un informante; aparte, no soy tan tonto para matar a mi, probablemente, único sujeto de prueba. No tienes que hacer nada complicado, solo convivir con el androide, vivir como lo has hecho hasta ahora; eso incluye no tomar tus píldoras, bastante sencillo.

-¿Cómo sabes eso?

-¿Que querías una androide? -dijo el señor mientras sonreía como un niño que trata de convencer a un adulto

-Sabes a qué me refiero...

-Ah, las píldoras... ¿Realmente importa ahora? Te estoy ofreciendo una androide de forma gratuita y lo único que necesitas es, literalmente, vivir

-Suena muy sencillo

-Ese es el punto, no todos los experimentos se basan en químicos

Solté un suspiro; por unos momentos miré a la tienda de androides

-¿Hay que firmar algo?

-No te preocupes, solo te diré las reglas... ya las mencioné, pero parece que necesitas escuchar las cosas más de una vez, así que pon atención por una vez en tu vida, ¿quieres? Lo primero y más importante: por ninguna razón deberás consumir las píldoras; si lo haces, el experimento se cancela y te quitaré a la androide. Segundo: vive. Eso es todo

-¿Cómo me entregarás a la androide?

-Mmh, buena pregunta, no pensé llegar tan lejos... dame tu dirección -dijo mientras sacaba su celular

-Ni siquiera conozco t-

-¿Mi nombre? Cierto, me emocioné. Soy el doctor Dian, solo llámame Dian

-No te llamaría doctor aunque lo pidieras

Dian solo soltó una pequeña risa mientras me entregaba su celular y yo escribía mi dirección

-Si sucede algo, puedes venir; la tienda es mía, la compré para el experimento.

Terminé de escribir la dirección sin darle mucha importancia a lo que dijo hasta que me di cuenta de algo importante

-Oh, sí, está bien... Espera, ¿desde cuándo la tienda es tuya? Si la tienda era tuya... y la compraste para el experimento... la androide que vi...

-Eres más perspicaz de lo que pareces, de verdad, si era un androide mío, ya la había vendido; aproveché para ponerla ahí en lo que venían a recogerla.

Dian tomó su celular mirando mi dirección con una sonrisa mientras me dedicaba un pulgar arriba

-Mañana ella estará en la puerta de tu casa, nos veremos seguido; ve con cuidado a tu casa

-Preferiría no volver a verte... -Solté un suspiro, empezando a caminar a mi departamento mientras Dian entraba a la tienda de androides.

Al día siguiente me despertaron unos golpes en la puerta. Miré el reloj; era algo más temprano de lo usual. Me acerqué y abrí la puerta; frente a mí había una androide. Ese tatuaje en la mejilla y el ojo de distinto color me demostraban que era la androide... Al parecer no me estafó ese viejo. La androide no esperó ni pidió permiso y simplemente pasó antes de pararse frente a mí; fruncí el seño al ver la acción de la androide

-Buenos días, señor. Estoy aquí por indicaciones del doctor Dian; espero llevarnos bien. Mi nombre es Iris, ¿cómo debería dirigirme a usted?

Cerré la puerta y miré a Iris unos momentos; llevaba unos shorts y una sudadera, uno de sus ojos era negro y el otro azul, y tenía pelo corto café oscuro

-Aidan... solo Aidan está bien

Iris bajó un poco la cabeza y luego la subió

-Entendido. Mucho gusto, Aidan

Iris caminó mirando el lugar; mi mirada se dirigió a su mano, la cual tenía costuras

-¿Está rota? -pensé en voz alta, a lo que Iris me escuchó y volteó a verme

-El registro del sistema muestra que todo está en orden, no hay daños externos ni internos

-Me refiero a eso, tu mano

-Son costuras; el cuerpo con el que me ensamblaron posee costuras

-Ese loco... me dio un modelo viejo...

Solté un suspiro mientras cerraba los ojos y me llevaba dos dedos al puente de la nariz

-De hecho, el doctor Dian me mencionó que mi software es el último posible en el mercado

-Olvídalo, no importa

Me acerqué al refrigerador y saqué dos charolas de carne con arroz, les quité el plástico y calenté ambas en el microondas

-Siéntate -dije mientras ponía la segunda charola de carne en el lugar frente a mí-. Ese es tuyo -mezclé la comida en mi charola y le di un bocado

-No necesito comer, Adian. No poseo algo parecido al sistema digestivo humano

Miré a Iris mientras masticaba y solo guardé silencio colocando su arroz y carne en mi plato

-En ese caso, ¿qué necesita?

-Estoy aquí para aprender

-¿Sobre qué?

- Aprender sobre usted, sobre los humanos

-¿Y eso no lo podías hacer con el "doctor" Dian?

Iris solo parpadeó unos segundos mientras miraba hacia un lado antes de hablar y voltear a verme nuevamente

-Bueno, el doctor únicamente me prestó su laptop para que investigara un poco antes de venir con usted

-y... ¿Qué descubriste mientras investigabas?

-Principalmente que ustedes, los humanos, suelen vivir en manadas y...

-Se dice "grupos"... No somos animales

-Le ofrezco una disculpa. Descubrí que viven en grupos, ¿usted vive solo?

Me levanté de la mesa tirando mi charola vacía

-Sí, vivo solo

-¿Es lo que ustedes llaman "Solitario"?

-Deja de serlo una vez que te acostumbras

El ojo de Iris brilló por un momento como si tomara una foto, lo cual me sorprendió un poco, pero decidí no preguntar

-¿Entonces eso depende de estar acostumbrado?

-No para todos, para algunos sí y para otros no

- Entiendo...

Iris dejó de hacer preguntas y empezó a limpiar la mesa y barrer. Yo me había sentado en el suelo cerca de la cama, tomando un pequeño cubo de madera y un cuchillo pequeño, y empecé a tallar la madera; pensaba en hacer un conejo, así que traté de darle forma con el cuchillo. Iris, que estaba terminando de limpiar el trapo que usó, me miró

-¿Qué haces?

- Tallar madera

Respondí sin mucho interés y sin voltear a verla

-¿Puedo saber por qué lo hace?

-Porque es algo que me gusta hacerlo

-¿Por qué le gusta?

Dejé el cuchillo de lado un momento, soltando un suspiro y volteando a ver a Iris

-Porque lo aprendí hace un tiempo y me ayuda a matar el tiempo

-¿Podría enseñarme otro día? ¿Cree que podría disfrutarlo?

-Bueno, no es como que tenga algo mejor que hacer. Tendrías que probarlo a ver si te gusta

Iris se acercó a mí viendo cómo continuaba tallando madera

-¿Cómo aprendió a tallar madera?

-Me enseñó alguien hace varios años cuando era niño

Dije mientras lijaba el conejo... o intento de conejo...

- ¿Sigue en contacto con esa persona?

Mire brevemente al buró de mi cama y continúa lijando algo más rápido que antes

-Ya no está aquí

-¿A dónde fue? -preguntó Iris mirándome con inocencia

-Hace tiempo que murió...

Esperé la siguiente pregunta de Iris, tal vez preguntando cómo murió o cuándo murió, pero pasado varios segundos... nunca llegó esa pregunta. Levanté mi rostro; los ojos de Iris empezaban a humedecerse y luego... una lágrima cayó por una de sus mejillas

-¿Estás...? ¿Puedes llorar?

Las lágrimas no dejaban de caer por las mejillas de Iris, quien seguía mirándome. Me levanté, dejando el conejo a medio lijar sobre una mesa y acercándome a ella

-¿Qué ocurre?

-Usted dijo que esa persona murió... Mientras investigaba en la laptop del doctor Dian, encontré varios artículos donde se mencionaba que la muerte era algo triste y por lo que normalmente uno llora

Al escuchar eso, me senté en uno de los sillones

-Entonces, para resumir, estás imitando algo que no conoces. De todas formas, fue alguien a quien no conociste

-¿Eso hace que la muerte sea menos triste?

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