Capítulo I
El Reino de Fortundra es famoso por sus tierras fértiles, pero también por ser testigo de varios romances, entre ellos, el del príncipe heredero Alistair Whitmore y Lunette, una campesina.
Ellos tenían una relación prohibida desde hace tres años, siempre se veían a escondidas en un granero abandonado, su punto de reunión, Lunette entró y con una sonrisa abrazó a Alistair, quién correspondió el abrazo.
—Me alegra que hayas llegado, Lunette —Alistair besó suavemente los labios de Lunette—¿Nadie te siguió? —preguntó Alistair con cautela.
—No, Ali, nadie me siguió —respondió Lunette con una sonrisa dulce, a pesar de eso, Alistair decidió verificar yendo a la puerta y al comprobar que estaban solos, regresó.
—Me alegra, no toleraría que alguien nos viera —él metió su mano en su chaleco y sacó una hermosa pulsera con un rubí en el centro—. Es para ti, mi amor, lo mandé a hacer como prueba de nuestro amor —decía Alistair mientras le ponía la pulsera a Lunette y ella sonrió con emoción.
—Alistair, es...precioso, gracias —ella lo besó suavemente, el se alejó de ella con una sonrisa afectuosa.
—Me alegra, oye…mis papás organizarán un baile esta noche y quiero que vengas, te enseñaré el castillo y podemos bailar solos, tu y yo nada más,¿Qué te parece? —propuso Alistair, los ojos de Lunette brillaron de felicidad y emoción.
—¿Enserio? ¡Me encantaría! Ahí estaré —aceptó Lunette y Alistair le dió un pequeño beso.
—Eso me gusta, te veré ahí entonces —él se alejó para irse pero se detuvo—. Casi lo olvido, si alguien te pregunta sobre la pulsera, solo di que el joyero del pueblo te la regaló, te veré en el baile, Lunette, te amo.
Alistair se fue del granero dejando a Lunette emocionada. En la noche, aprovechando qué su familia se había ido a otro pueblo, Lunette se puso el vestido de su mamá, se peinó en ondas suaves su cabello corto y se puso un perfume, salió de su casa y caminó hasta el pueblo, cuando llegó al castillo se infiltró entre los invitados y vio toda la decoración, los candelabros, la orquesta, la mesa de postres, se sintió muy intimidada al estar rodeada de gente noble.
Pero se dispuso a buscar a Alistair, al cruzar la puerta que daba al jardín, lo vio, la sonrisa que apareció en su rostro se desvaneció en un instante al ver la escena que tenía frente a sus ojos.
Alistair estaba besando a una princesa sin siquiera percatarse de la presencia de Lunette, los ojos de la joven se llenaron de lágrimas y se dispuso a abandonar rápido el castillo, no sintió cuando su pulsera cayó al suelo, pero un vizconde que pasaba por ahí la agarro y aunque trató de alcanzarla, ella ya había desaparecido.
Lunette llegó a su casa, rompiendo en llanto, se quitó los zapatos y el vestido arrojándolos al suelo, se sentía humillada, su pecho dolía,¿Cómo pudo Alistair lastimarla de esa manera? Lloró hasta quedarse dormida. Al día siguiente Lunette alimentaba a las gallinas, aventando los maíces con molestia y con los ojos hinchados de tanto llorar.
—Tonto,¿Cómo se atreve? —se preguntó Lunette—. Llevamos tres años de relación, me invitó al palacio prometiéndome un baile romántico,¿Y qué veo al llegar? A él besándose con otra mujer —reclamaba mientras las gallinas comían sin hacerle caso.
Mientras Lunette seguía quejándose en voz baja, un caballo negro se detuvo y una figura bajó del animal, era el vizconde de ayer, había estado visitando a cada jovencita buscando a la dueña de la pulsera y está casa de campo, era su última parada.
—Disculpe, vengo a…—La voz del vizconde hizo que Lunette se asustara y le aventara maíz, algunos pollitos y gallos picotearon los zapatos del vizconde al ver los granos de maíz.
—¡Ay por Dios! Lo lamento mucho, señor, es que me asuste —exclamó Lunette bastante apenada.
—No se preocupe, debí haber tenido más cuidado —el vizconde agarró un maíz que estaba en su hombro y lo comió, saboreó el grano de maíz con gusto—. Aunque, debo felicitarla por la buena cosecha de este maíz y por favor no me llame señor, se ve que tenemos la misma edad —el aclaró su garganta—, soy el vizconde Ren Takeda, segundo hijo de los vizconde Kei y Haruka Takeda —él se presentó.
—Mucho gusto, me llamo Lunette —ella hizo una reverencia—, una vez más me disculpo por haberle tirado maíz —Ren soltó una risa amable.
—No se preocupe, solo vine aquí porque estoy buscando a la dueña de esta pulsera —él le enseñó la pulsera y Lunette se sorprendió—. Y me parece que la encontré, se le cayó cuando usted se fue del baile, pero tranquila, no le diré a nadie que estuvo ahí —dijo Ren al notar la expresión preocupada de Lunette—, permítame ponérselo, por favor —Ren se acercó.
Lunette se tensó al sentir el suave agarre en su muñeca, mientras Ren le ponía la pulsera, la cercanía hizo que la joven lo viera, el tenía ojos rasgados, nariz recta, pestañas largas, labios un poco gruesos, era muy atractivo, Lunette bajó la mirada al darse cuenta que lo estaba mirando mucho y Ren se alejó.
—Yo...le agradezco mucho, lord Takeda,¿Le gustaría tomar algo? Tómelo como una disculpa —comentó Lunette bastante avergonzada y Ren sonrió cálidamente.
—Por supuesto, me encantaría, señorita Lunette —Ellos entraron a la casa, era acogedora, ella preparó un té y lo sirvió en dos tazas.
—Lamento ser entrometido pero…¿Podría saber por qué estaba llorando ayer en el baile? —Lunette escupió un poco de café—. Lo siento, si no quiere responder…
—No, no, está bien, yo…—Lunette tosió y pensó rápido en una mentira—, me sentí algo intimidada al ver tantos nobles en el baile y me fui —respondió Lunette moviendo su café, evitando la mirada del vizconde.
Ellos se la pasaron hablando, Ren la hacía reír con uno que otro comentario, ocasionando que Lunette olvidara ese dolor en su corazón, finalmente salieron de la casa y Ren se subió a su caballo.
—Me alegra mucho haber hablado con usted, señorita Lunette, espero volver a verla —Ren jaló las riendas de su caballo y Lunette lo observó irse con una extraña sensación.








