Una oportunidad más
—¿Por qué…? —susurró una joven mientras permanecía recostada sobre su cama, con el rostro oculto entre la almohada y las lágrimas.
Su voz era apenas un murmullo, pero el dolor que cargaba resultaba imposible de ocultar debido a que una y otra vez revivía aquel momento.
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— ¡Un fuerte aplauso para nuestra ganadora!
La voz del presentador resonó con fuerza a través de los enormes altavoces.
El auditorio entero estalló en aplausos, aquel lugar era un recinto circular con gradas repletas de espectadores. Cientos de personas gritaban, celebraban y agitaban pancartas mientras las luces recorrían el escenario principal.
Y en el centro se encontraban dos cocinas profesionales perfectamente equipadas. Cada utensilio estaba colocado con precisión, como si incluso el más mínimo detalle formara parte del espectáculo, podía observarse los ingredientes cortados y usados en esa competencia y frente a ellas permanecían inmóviles las dos finalistas.
Una sonreía con orgullo, mientras que la otra había perdido todo brillo en la mirada.
— ¡Damas y caballeros! Sin lugar a duda acabamos de presenciar una competencia culinaria extraordinaria. Ambas participantes demostraron un talento excepcional; sin embargo, como sucede en toda competencia… solo puede existir una ganadora.
El presentador hizo una pausa para aumentar la tensión.
—¡Y la gran vencedora del Concurso Nacional de Repostería de este año es... Collete!
El público volvió a estallar, los aplausos se mezclaron con los gritos de emoción, los reflectores iluminaron a la ganadora mientras varias cámaras se acercaban para capturar cada segundo de su victoria, pero solo una persona permanecía inmóvil y esa era Cerise. Ella seguía con su cabeza inclinada hacia el suelo, no quería mirar a nadie, sus manos temblaban ligeramente sobre el delantal blanco que ella misma había decorado meses atrás con pequeños bordados de flores y una discreta cinta azul en la cintura. Aquel delantal siempre había sido un símbolo de su sueño y ahora solo le recordaba su derrota.
— (Ella hizo trampa...)
Cerise apretó los puños.
— (... ¿Nadie lo vio?)
Cerise intentó levantar la mirada, pero le resultaba imposible, sentía un nudo en la garganta, quiera llorar, quería gritar, pero no podía.
— (...¿Por qué?) — Seguía pensando con claro enojo
Cerise era una joven de cabello castaño claro con ligeros reflejos rojizos. Lo llevaba parcialmente recogido para cocinar, aunque varios mechones escapaban alrededor de su rostro debido al esfuerzo de las últimas horas, sus ojos color miel normalmente transmitían calidez, solo que ahora únicamente reflejaban impotencia. Había dedicado más de un año entero preparándose para ese concurso. Trabajó en cafeterías para pagar ingredientes, practicó hasta altas horas de la madrugada, leyó incontables libros de repostería, repitió una misma receta decenas de veces hasta conseguir la textura perfecta. Cada quemadura, cada corte que sufrió, cada noche que paso sin dormir. Todo había valido la pena...O eso creyó.
Porque aquella competencia representaba mucho más que un simple trofeo, el premio principal consistía en una importante inversión económica y el patrocinio de una reconocida empresa gastronómica y con ese dinero por fin podría abrir la pequeña pastelería con la que llevaba soñando desde niña.
Su sueño estaba a solo unos pasos y acababa de desaparecer frente a sus ojos.
— Cerise.
Una voz femenina la sacó de sus pensamientos, aquella voz era de Collete quien caminó lentamente hasta quedar frente a ella. Ella era ligeramente más alta que Cerise, su cabello negro caía ordenadamente sobre sus hombros, varias pecas adornaban su nariz y sus mejillas, mientras unos lentes grandes le daban una apariencia amable que contrastaba por completo con la expresión de superioridad que ocultaban sus ojos y vestía el mismo uniforme blanco que las demás participantes, solo que la única diferencia era un gafete perfectamente colocado sobre el pecho con su nombre.
Y mientras ella caminaba las cámaras comenzaron a rodearlas.
— Fue una gran competencia — Dijo Collete con amabilidad. — Me divertí mucho cocinando contigo.
Acto seguido Collete la abrazó.
Para cualquiera que estuviera viendo la transmisión en vivo, aquella escena parecía el ejemplo perfecto del respeto entre dos rivales. Pero solo Cerise podía escuchar el verdadero tono de aquella voz.
— Te dije que ganaría de una forma u otra.
Cerise permaneció inmóvil ante lo que escucho.
— Tu pequeño sueño de abrir una pastelería... acaba de terminar y ¿Sabes qué fue lo más divertido?
Collete dejó escapar una ligera risa.
— Que nunca imaginé que los jueces fueran tan fáciles de comprar.
Para Cerise el tiempo pareció detenerse al escuchar esa declaración. Cerise sintió un escalofrío recorrerle la espalda, su respiración comenzó a acelerarse ya que durante toda la competencia había estado tan concentrada en cocinar que apenas prestó atención al jurado.
Ahora, por primera vez, levantó lentamente la vista y observó a cada uno de ellos.
El primero, nada.
La segunda, nada.
Hasta que sus ojos se detuvieron en el juez principal, un anciano de rostro arrugado, casi completamente calvo y con una elegante barba blanca. Fue entonces lo recordó, lo había visto antes, en fotografías, en entrevistas, en artículos de revistas gastronómicas.
Era imposible equivocarse, era el abuelo de Collete y, por un instante el aire abandonó sus pulmones, su corazón dio un vuelco. De pronto todo comenzó a tener sentido. Las extrañas puntuaciones, las deliberaciones excesivamente rápidas, los pequeños errores de Collete que siempre parecían pasar desapercibidos.
Incluso recordó algo ocurrido apenas unos minutos antes durante la preparación del postre, Collete había dejado quemar parte del caramelo. El olor era evidente, incluso varios espectadores cercanos hicieron gestos de desagrado. También recordó otro detalle, cuando una de sus masas tampoco alcanzó el punto correcto de cocción.
Cerise estaba completamente segura de haber visto cómo el centro permanecía ligeramente crudo cuando fue cortado y aun así...los jueces apenas hicieron comentarios.
En cambio, cuando ella presentó su postre, analizaron cada detalle durante varios minutos. La textura, la decoración, la temperatura, incluso hasta el grosor exacto de una capa de crema.
Pero tenía un problema y eso era que no tenía pruebas suficientes para demostrar un fraude. Pero eso ya no le importaba, lo había comprendido todo. Su derrota había sido decidida desde mucho antes de que el concurso comenzara.
Fuera de sus pensamientos las cámaras seguían grabando, los fotógrafos continuaban sonriendo y los aplausos todavía resonaban por todo el recinto.
Y nadie parecía darse cuenta de lo que acababa de descubrir.
— Tu talento no fue suficiente esta vez.
La voz de Collete volvió a sonar. Retrocedió un paso y extendió la mano frente a todas las cámaras.
— Espero volver a competir contigo algún día.
Su sonrisa era impecable, el público observaba la escena con expectativa, todos los fotógrafos esperaban una fotografía perfecta. Las dos finalistas estrechando sus manos, una imagen digna de aparecer al día siguiente en todos los periódicos.
Cerise bajó lentamente la mirada hacia aquella mano extendida, sus dedos comenzaron a temblar, pero no de miedo sino de rabia. Intentó respirar profundamente.
«No hagas nada.» «Solo termina esto.» «No empeores las cosas.»
Se repetía una y otra vez, pensó en su sueño, pensó en todo el esfuerzo invertido, en el dinero que aún debía, en todas las personas que habían confiado en ella.
Solo tenía que estrechar aquella mano, solo eso, pero entonces volvió a mirar al juez principal y recordó las palabras de Collete.
*“Los jueces fueron muy fáciles de comprar.“*
Algo dentro de ella terminó por romperse, un sollozo escapó de sus labios y por más que Intentó contenerlo no lo logro y las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera detenerlas.
Todo el esfuerzo de aquel último año desfiló por su mente como una sucesión de recuerdos imposibles de ignorar. Todo lo que realizo había sido por ese concurso, para cumplir su único sueño de abrir su propia pastelería. Y ahora alguien le decía, con una sonrisa en el rostro, que todo había terminado porque los jueces podían comprarse.
Sintió que le faltaba el aire, su respiración se volvió irregular, las voces del público comenzaron a escucharse cada vez más lejanas. Y solo permanecía frente a ella aquella mano extendida, esperando un apretón, esperando una fotografía perfecta.
Cerise levantó lentamente la cabeza, sus ojos, completamente enrojecidos, se encontraron con los de Collete, no había miedo, no había tristeza. Solo una rabia que llevaba demasiado tiempo conteniéndose.
Collete sonrió, creía haber ganado, creía que Cerise terminaría aceptando la derrota, solo que jamás imaginó lo que sucedería al instante siguiente.
— ¡Basta...! — Grito Cerise.
Y antes de que alguien pudiera reaccionar, Cerise cerró el puño y el golpe impactó directamente sobre la nariz de Collete.
El sonido fue seco, Collete perdió el equilibrio y cayó de espaldas sobre el escenario mientras sus lentes salían despedidos varios metros y lentamente un fino hilo de sangre comenzó a descender por su nariz.
Durante unos segundos...nadie reaccionó.
El auditorio entero quedó completamente en silencio.
Ni un aplauso, ni un grito.
Ni siquiera los fotógrafos parecían recordar que debían seguir tomando imágenes, incluso el presentador permanecía inmóvil, sosteniendo el micrófono con una expresión de absoluta incredulidad.
Entonces los jueces se levantaron de sus asientos al mismo tiempo. Collete, todavía en el suelo, llevó ambas manos a su rostro, miró la sangre, luego levantó la vista hacia Cerise, su expresión ya no era de superioridad, era de desconcierto, como si fuera incapaz de comprender que alguien hubiera osado golpearla.
— ¿Qué... qué acabas de hacer...? —murmuró Collete
Cerise respiraba con dificultad, su puño seguía cerrado, las lágrimas continuaban cayendo por sus mejillas y por un instante quiso gritarlo todo, quiso señalar al jurado, acusarlos delante de todos, decir que aquello era una farsa, que el concurso había sido manipulado desde el principio.
Pero...
¿Quién le creería?, no tenía pruebas, solo palabras y las palabras de una perdedora jamás tendrían el mismo peso que las de la campeona, o eso pensó, ya que al momento siguiente dijo todo lo que se estaba guardando, ya le importaba nada, señalo el hecho de que su abuelo fuera juez, señalo los errores que tuvo Collete en cada preparación, señalo las extrañas puntuaciones y por último señalo a Collete.
— Me acabas de decir que compraste al jurado…solo llegaste hasta la final gracias a eso…y sabes que…eso…eso me dice que tu…jamás estuviste a la altura de esta competencia.
Y sin decir alguna otra cosa, se dio media vuelta y comenzó a caminar.
— ¡Cerise! —gritó el presentador.
Pero ella no respondió.
— ¡Deténganla! —grito nuevamente.
Enseguida dos miembros de seguridad comenzaron a correr hacia ella, sin embargo, Cerise ya había bajado del escenario, en su camino por salir empujó a varias personas que intentaban acercarse y empezó a escuchar el sonido de decenas de pasos siguiéndola y justo entonces llegaron los periodistas.
— ¡Cerise!
— ¡¿Por qué la golpeaste?!
— ¡¿Estás acusando al jurado de favoritismo?!
— ¡¿Fue un ataque premeditado?!
— ¡¿Te arrepientes de lo que hiciste?!
— ¡¿Entonces todo fue un fraude?!
— ¡¿Lo que dijo Collete es cierto?!
Los flashes comenzaron a iluminar el pasillo una y otra vez, las cámaras la perseguían, los micrófonos casi chocaban contra su rostro, pero ella no contestó ninguna pregunta, simplemente siguió caminando.
Cada paso que daba era más rápido que el anterior y al llegar a la puerta principal la empujó y el aire frío del exterior golpeó su rostro. Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse mientras el cielo adquiría un tono anaranjado y detrás de ella aún podían escucharse voces, pero ya no importaban, solo siguió caminando, no sabía hacia dónde, solo quería alejarse muy lejos de aquel lugar.
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La Receta Del Corazón
Capitulo 1
Una oportunidad mas

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Durante varios minutos caminó sin rumbo fijo, las personas pasaban a su lado sin prestarle atención, los automóviles seguían circulando, los restaurantes comenzaban a llenarse, el mundo continuaba exactamente igual como si su vida no acabara de derrumbarse.
Levantó la vista y del otro lado de la avenida había una pequeña pastelería.
En el escaparate se exhibían tartas, panes recién horneados, galletas decoradas y pasteles cubiertos de fruta fresca, el dulce aroma de la mantequilla llegó hasta ella.
Aquella escena era exactamente el futuro que siempre imaginó, un pequeño negocio, clientes sonriendo, el olor a pan recién horneado y su nombre sobre un elegante letrero de madera.
«Pastelería Cerise.»
Ese era el nombre que había elegido desde hacía años, debido a eso sintió un nudo en la garganta, y desvió la mirada antes de comenzar a llorar otra vez.
Entonces su teléfono vibró, después otra vez y otra y otra vez, las notificaciones no dejaban de aparecer. Cerise sacó el celular lentamente.
Más de mil mensajes, decenas de llamadas perdidas, cientos de menciones en redes sociales, entró, casi por inercia, a una de las publicaciones.
“Qué vergüenza de competidora.”
Deslizó hacia abajo.
“Si no sabe perder, que no participe.”
Otra.
“Collete merecía ganar.”
Otra más.
“Esa chica debería quedar vetada de todos los concursos.”
Apretó el teléfono con fuerza, pero continuó leyendo, hasta que apareció un comentario distinto.
“Yo creo que si hubo fraude, vi todos los platillos. El de Cerise se veía muchísimo mejor.”
Luego otro.
“No entiendo cómo perdió, creo que ella está diciendo la verdad.”
Y otro.
“Yo también note algo raro ocurrió con las calificaciones.”
Durante un instante sintió un pequeño alivio, no estaba completamente sola, había personas que habían notado las inconsistencias, pero aquellos comentarios eran muy pocos y pronto quedaron enterrados bajo miles de insultos.
<< Cobarde, violenta, mala perdedora, ridícula, irresponsable >>
La pantalla comenzó a verse borrosa, no sabía si era por las lágrimas...o porque ya no quería seguir leyendo, Cerise apagó el teléfono, lo guardó nuevamente en el bolsillo y continuó caminando en silencio, cada paso parecía más pesado que el anterior, no sabía cuánto tiempo llevaba caminando y las calles comenzaron a vaciarse conforme avanzaba la noche.
Las luces de los edificios iluminaban tenuemente la acera mientras una ligera brisa movía los árboles que bordeaban la avenida.
Cerise seguía caminando, pero ya no lloraba, simplemente avanzaba, como si su cuerpo hubiera decidido moverse por sí solo y sin darse cuenta, había recorrido el mismo camino que hacía casi todos los días al regresar del trabajo.
Giró en una esquina, luego otra, hasta detenerse frente a un edificio de apartamentos de apenas tres pisos, sacó lentamente un pequeño llavero con forma de cupcake cuya pintura estaba desgastada por el uso, pero, aun así, sonrió con tristeza al verlo.
Aquel llavero había sido el primer regalo que se hizo a sí misma cuando consiguió su primer empleo en una cafetería, en ese momento se prometió que algún día tendría una pastelería propia.
Cerise respiró hondo, subió las escaleras, hasta la puerta de su departamento. Introdujo la llave, giró lentamente, entró y cerró con seguro.
El silencio la envolvió por completo, por primera vez desde que terminó el concurso...no había cámaras, no había aplausos, no había periodistas.
Solo ella y su pequeño hogar.
Su departamento era sencillo, no tenía muebles costosos ni una decoración llamativa. La sala apenas contaba con un sofá de dos plazas, una pequeña mesa de centro y un librero donde la mayoría de los espacios estaban ocupados por libros de cocina, repostería y gastronomía y, en una pared colgaban varias fotografías, en todas aparecía Cerise sonriendo mientras sostenía distintos postres, Macarons, tartas, cheesecakes, panes, pasteles de boda.
Cada fotografía representaba un nuevo logro, cada una había sido tomada el día en que, por fin, conseguía perfeccionar una receta, pero lo que más llamaba la atención era la cocina, era, sin duda, el lugar más cuidado de todo el departamento. Los utensilios colgaban perfectamente acomodados, los frascos de ingredientes estaban etiquetados a mano, las especias permanecían ordenadas por tamaño, cada molde ocupaba un lugar específico, todo estaba impecablemente limpio.
Era evidente que aquel lugar no era solo una cocina, era el sitio donde vivía su mayor sueño, Cerise dejó caer lentamente su delantal sobre una silla. Permaneció inmóvil observando la cocina.
Recordó la primera vez que había preparado galletas con su madre, el desastre que había hecho cubriendo toda la mesa con harina, la risa de ambas al sacar unas galletas completamente deformes.
Recordó cómo su madre le había dicho entre risas:
— La forma no importa... mientras estén hechas con cariño.
Y sin darse cuenta...sonrió, pero aquella sonrisa desapareció tan rápido como apareció, las lágrimas regresaron, caminó lentamente hasta una pequeña repisa situada junto al refrigerador.
Allí descansaba un cuaderno de tapas color crema, estaba gastado por el tiempo, en la portada podía leerse, escrito con marcador negro:
**Pastelería Cerise**
Lo tomó con ambas manos, era pesado, pero no por el papel, sino por todo lo que guardaba en su interior. Lentamente lo abrió, la primera página mostraba un dibujo hecho por ella misma, era una pequeña pastelería de estilo europeo, grandes ventanales, macetas con flores, una puerta de madera y un letrero elegante sobre la entrada con el nombre del local y en la esquina había una pequeña nota.
*“Algún día.“*
Pasó la siguiente hoja donde había planos, ideas para la distribución del local, colores para las paredes, tipos de vitrinas, modelos de lámparas, listas de proveedores, costos aproximados, Incluso había calculado cuánto tiempo necesitaría ahorrar para comprar un horno profesional.
Continuó pasando páginas donde cada receta tenía anotaciones.
“Más vainilla.”
“No volver a usar esa mantequilla.”
“Reducir cinco gramos de azúcar.”
“Temperatura perfecta.”
“Receta aprobada.”
En algunas hojas había pequeñas manchas de chocolate y sin darse cuenta, comenzó a acariciar una de las páginas y debido a eso una fotografía se deslizo de entre las hojas, era ella sonriendo junto a su madre, ambas sostenían un pastel bastante torcido y detrás de la fotografía había una frase escrita con letra infantil.
*“Cuando sea grande tendré la mejor pastelería del mundo.“*
Las manos comenzaron a temblarle, cerró el cuaderno con fuerza, lo abrazó contra su pecho y finalmente dejó de contenerse.
— ¿Por qué...? —sollozó.
Su voz apenas pudo escucharse.
— ¿Por qué tenía que terminar así...?
Se dejó caer de rodillas, mientras las lágrimas caían una tras otra sobre el piso.
— Me esforcé tanto...trabajé todos los días...practiqué hasta quedarme dormida sobre la mesa...renuncié a tantas cosas...
Su voz terminó por quebrarse.
—...¿Y de qué sirvió?
Nadie respondió.
Después de varios minutos consiguió levantarse, entró en su habitación, la cual era incluso más sencilla que el resto del departamento.
Una cama individual, un escritorio, un pequeño armario y, sobre una repisa, varios trofeos de concursos locales.
Se acercó a ellos, tomó el más antiguo.
<Primer lugar - Concurso Juvenil de Repostería.>
Al verlo sonrió con nostalgia, luego observó los demás.
<Segundo lugar- Mejor decoración.>
<Tercer lugar - Mejor técnica.>
<Reconocimiento especial.>
Todos esos premios la habían convencido de que algún día llegaría lejos y ahora...le parecían simples pedazos de metal. Cerise se giró y se dejó caer sobre la cama sin siquiera cambiarse de ropa, miró el techo durante un largo rato, su mente no dejaba de imaginar futuros que jamás existirían.
""¿Qué habría pasado si hubiera ganado?
Quizá en unos meses estaría buscando un local.
Quizá ya estaría diseñando el menú de apertura.
Quizá estaría comprando su primer horno profesional.
Quizá...""
Sin darse cuenta cerró los ojos, y todos esos ""quizá"" se desvanecieron.
Todo había terminado.
Además del escándalo, seguramente ningún organizador volvería a aceptarla en otro concurso, su nombre estaba manchado.
Y si Collete realmente tenía tantos contactos como decía...solo era cuestión de tiempo para que nadie quisiera contratarla y una pequeña risa escapó de sus labios.
Era una risa vacía, sin alegría.
— Qué irónico...siempre pensé que perder significaba que aún tenía cosas por aprender...pero…nunca imaginé que perder pudiera significar el final.
El cansancio comenzó a vencerla, las emociones de todo el día habían terminado por consumir sus últimas fuerzas, sus párpados se hicieron cada vez más pesados, pero antes de quedarse dormida, volvió a mirar el cuaderno que descansaba sobre el escritorio.
Extendió lentamente una mano hacia él y, con la voz casi apagada, murmuró:
— ...Solo quiero...una oportunidad más.
Sus ojos terminaron por cerrarse, el departamento quedó completamente en silencio y en el exterior, las primeras gotas de lluvia comenzaron a golpear la ventana.
Tac...
Tac...
Tac...
El reloj marcó la medianoche.
Las luces de la habitación parpadearon apenas un instante y una suave brisa recorrió el cuarto, a pesar de que todas las ventanas permanecían cerradas.
Sobre el escritorio, el cuaderno de recetas comenzó a emitir un tenue resplandor dorado, el libro se abrió de par en par y sus páginas comenzaron a moverse solas.
Una tras otra, como si una fuerza invisible las estuviera leyendo y después...todo volvió a quedar en calma.
Cerise dormía profundamente y no vio aquella luz, tampoco escuchó el extraño murmullo que pareció llenar la habitación por apenas unos segundos y tampoco sintió cómo una diminuta partícula luminosa descendía lentamente hasta posarse sobre su pecho y mucho menos imaginó que, cuando despertara...ya no estaría en el mismo mundo.
Aquella simple frase...
*“Una oportunidad más.“*
Había sido escuchada y cambiaría su vida para siempre








