...
El entrenamiento de Karasuno había terminado hacía unos minutos.
El gimnasio poco a poco comenzaba a quedarse vacío. Algunos jugadores guardaban sus cosas mientras otros seguían hablando sobre el entrenamiento.
y/n esperaba afuera, sentada en una de las bancas cercanas a la entrada.
Era algo que ya se había vuelto costumbre.
Esperar a Tsukishima.
Antes ni siquiera tenía que hacerlo.
Él siempre salía y la encontraba primero.
A veces simplemente caminaban juntos.
Otras veces discutían sobre alguna tontería.
Y en algunas ocasiones, Tsukishima compraba algo de camino a casa y fingía que no lo había comprado pensando en ella.
Pero esa tarde...
No aparecía.
y/n miró la hora en su teléfono.
Habían pasado diez minutos.
—Qué raro...
murmuró.
Decidió esperar un poco más.
Dentro del gimnasio todavía se escuchaban algunas voces.
Entonces la puerta se abrió.
Yamaguchi salió cargando su mochila.
—¡Yamaguchi!
Él levantó la mirada.
—¿y/n?
—¿Tsukishima sigue adentro?
Yamaguchi parpadeó.
—¿Tsukki?
—Sí.
—No.
—¿No?
—Se fue hace rato.
La sonrisa de y/n desapareció lentamente.
—¿Hace cuánto?
—Como diez minutos.
Ella miró nuevamente su teléfono.
—Ah...
Yamaguchi pareció darse cuenta de algo.
—¿No te estaba esperando?
y/n negó con la cabeza.
—Supongo que no.
—Tal vez tuvo que irse por algo.
—Sí.
Intentó sonreír.
—Seguro fue eso.
Yamaguchi no dijo nada.
Porque conocía demasiado bien a Tsukishima.
Y también conocía demasiado bien a y/n.
—¿Quieres que lo llame?
—No.
respondió rápidamente.
—No hace falta.
—Pero...
—Está bien, Yamaguchi.
Ella se levantó de la banca.
—Nos vemos mañana.
—¿Segura?
—Sí.
Y comenzó a caminar.
Yamaguchi la observó alejarse.
Algo no estaba bien.
---
Al día siguiente ocurrió lo mismo.
y/n salió de clases y esperó cerca del gimnasio.
Esta vez no se sentó.
Se quedó de pie junto a la entrada.
Cuando Tsukishima finalmente salió...
Estaba hablando con Yamaguchi.
y/n sonrió inmediatamente.
—¡Tsukishima!
Él levantó la mirada.
—Ah.
Solo eso.
Un simple "ah".
—¿Ya terminaste?
—Sí.
—¿Vamos?
Tsukishima se acomodó los lentes.
—No puedo.
La sonrisa de y/n se apagó un poco.
—¿Por qué?
—Tengo que irme.
—¿A dónde?
—A casa.
Ella soltó una pequeña risa.
—Eso no cuenta como respuesta.
—Pues es la respuesta.
Yamaguchi miró a Tsukishima.
—Tsukki, ¿no habíamos quedado en...?
Tsukishima lo interrumpió.
—Lo olvidé.
—Ah.
y/n bajó la mirada.
—Está bien.
Tsukishima comenzó a caminar.
Yamaguchi se quedó un segundo atrás.
Miró a y/n.
—Lo siento.
—No pasa nada.
—¿Segura?
—Sí.
Pero esta vez su sonrisa no parecía real.
---
Durante los siguientes días comenzó a convertirse en una rutina.
Tsukishima terminaba el entrenamiento.
Y se iba.
Sin esperarla.
Al principio y/n pensó que era algo temporal.
Quizá estaba cansado.
Quizá tenía cosas que hacer.
Quizá simplemente se había olvidado.
Pero después de una semana...
Ya no parecía un accidente.
Una tarde, y/n salió del salón y caminó hasta el gimnasio.
Se quedó afuera.
Esperando.
Esta vez no estaba segura de por qué lo hacía.
Quizá esperaba que aquella tarde fuera diferente.
Las puertas finalmente se abrieron.
Hinata salió corriendo.
—¡POR FIN TERMINAMOS!
Detrás de él apareció Kageyama.
Luego Nishinoya.
Tanaka.
Yamaguchi.
Y finalmente...
Tsukishima.
Sus ojos se encontraron.
Por un momento, y/n pensó que él se acercaría.
Como antes.
Pero Tsukishima simplemente apartó la mirada y siguió caminando.
Yamaguchi lo siguió.
y/n sintió una presión extraña en el pecho.
No era tristeza exactamente.
Era esa sensación de darse cuenta de algo que no quería aceptar.
—¿Tsukishima?
Él se detuvo.
—¿Qué?
—¿Te vas?
—Sí.
—¿No vas a esperarme?
Hubo un silencio.
Los demás continuaron caminando unos metros delante de ellos.
Tsukishima la miró.
—Pensé que podías irte sola.
La respuesta fue sencilla.
Demasiado sencilla.
—Sí.
y/n asintió lentamente.
—Puedo.
Tsukishima pareció querer decir algo.
Pero no dijo nada.
—Entonces nos vemos mañana.
—Sí.
Él se dio la vuelta.
Y se fue.
y/n permaneció parada frente al gimnasio.
Mirándolo alejarse.
Antes, esa caminata a casa había sido una de sus partes favoritas del día.
Ahora...
Ni siquiera sabía cuándo había dejado de ser importante para él.
---
Esa noche, y/n abrió su conversación con Tsukishima.
Escribió:
y/n:
¿Llegaste?
Se quedó mirando el mensaje.
Pasaron varios minutos.
Finalmente apareció la respuesta.
Tsukishima:
Sí.
Ella escribió otra cosa.
y/n:
¿Estás bien?
La respuesta tardó un poco más.
Tsukishima:
Sí.
y/n miró la pantalla.
Esperó.
Nada más.
Antes, él habría agregado algo.
Un comentario sarcástico.
Una pregunta.
Cualquier cosa.
Pero ahora solo había una palabra.
Sí.
y/n apagó el teléfono.
Y por primera vez...
Decidió no mandarle otro mensaje.
Quizá si dejaba de buscarlo...
Él también dejaría de notar su ausencia.
Y, aunque no quería admitirlo, una pequeña parte de ella esperaba estar equivocada.








