Prólogo
Jungkook, el heredero pelirrojo del trono de Jeon, fue arrancado de su palacio en la oscuridad de la noche y entregado a una bruja sedienta de venganza. Lo maldijo con un hechizo de calor voraz que consumía su sangre y su cordura, el príncipe se convirtió en una bestia en llamas: un cuerpo atormentado que solo una Omega podía apagar. Cada latido era agonía. Cada aliento, un ruego silencioso de carne y sumisión.
Kang SeoYeon, la guerrera Omega más letal del reino, llevaba años amándolo en secreto. Por él estaba dispuesta a cruzar el infierno. Infiltrándose en la guarida de la bruja, encontró al príncipe encadenado, desnudo y delirando de deseo. Lo que comenzó como un acto de salvación se transformó en algo mucho más peligroso: SeoYeon se entregó a él, en cuerpo y alma, para calmar el fuego que lo devoraba. Piel contra piel. Gemidos ahogados entre las paredes húmedas de la cueva. Un placer tan intenso como pecaminoso.
Pero el precio de romper el hechizo fue más alto de lo que jamás imaginó.
Unidos para siempre por la magia antigua, el destino los obligó a contraer matrimonio ante los ojos de todo el reino. Jungkook, con la mirada ardiendo de rabia y humillación, juró ante el altar que nunca la perdonaría. Ella era solo un remedio. Un cuerpo cálido al que usaría cada vez que el maldito calor regresara a torturarlo, una y otra vez, sin piedad. Frío, cruel y distante fuera de la cama, el príncipe se prometió mantenerla encerrada en su jaula dorada, solo para saciar sus instintos más oscuros.
Sin embargo, entre encuentros brutales cargados de resentimiento y deseo, algo comenzó a resquebrajarse. Detrás de la fuerza implacable de SeoYeon, Jungkook descubrió una mujer cuya entrega era tan feroz como su orgullo. Cada vez que la tomaba con rabia, terminaba abrazándola con una desesperación que no quería nombrar. Cada vez que intentaba odiarla, se encontraba ahogándose en la necesidad de poseerla más allá del cuerpo: su mente, su corazón, su alma.
Lo que nació como un matrimonio forzado y un odio visceral, se convirtió en una obsesión peligrosa. Porque cuando Jungkook intentaba resistirse, más se rendía ante la única Omega capaz de romperlo... y de salvarlo.








