Chapter 01. El fantasma de la ciudad
El primer sonido de la mañana no fue la alarma, sino el
chillido de unos neumáticos al otro lado de la avenida.
Taehyung abrió los ojos antes de que el teléfono vibrara.
Permaneció inmóvil, contando los segundos hasta el
siguiente ruido. El motor rugió, cambió de marcha y se
perdió entre los edificios. Después llegó el silencio sucio de
la ciudad: un autobús frenando, una persiana metálica
alzándose, el zumbido lejano de una sirena.
Se incorporó y tendió la sábana con ambas manos. La
esquina izquierda había quedado torcida. La corrigió.
El uniforme esperaba sobre la silla, planchado desde la
noche anterior. Se vistió sin encender la luz. Camisa, placa,
cinturón, botas. Revisó dos veces la funda, el cargador y la
libreta de bolsillo. En el espejo, su rostro parecía más joven
que el uniforme. Eso cambiaría cuando cruzara las puertas
de la unidad.
En la cocina, el café sabía a metal porque la cafetera
llevaba semanas pidiendo una limpieza. Taehyung lo bebió
de pie, junto a la ventana. La avenida se llenaba devehículos y reflejos pálidos. Entre ellos, una motocicleta negra se deslizó por el carril contrario, demasiado rápida,
demasiado segura de que nadie la detendría.
Taehyung dejó la taza en el fregadero.
En la sede central, el ascensor olía a humedad y
desinfectante. Dos agentes subieron en el tercer piso; uno
miró su placa nueva, el otro sus botas recién lustradas.
Taehyung mantuvo la vista al frente hasta que las puertas se
abrieron.
La unidad de delitos de tránsito ocupaba un corredor
estrecho del cuarto piso. Había mapas de la ciudad pegados
a las paredes, fotografías de vehículos destrozados y una
pizarra cubierta de matrículas, horas y flechas que se
cruzaban sin orden aparente. Un ventilador giraba sobre los
escritorios y empujaba el olor de café recalentado, papel
húmedo y aceite de motor.
Taehyung llegó a las seis cincuenta y ocho.
El comisario aún no había aparecido. Una mujer dormía
sobre una pila de informes. Al fondo, un hombre de
chaqueta gris levantó la cabeza desde su escritorio.
-Eres el nuevo.
-Oficial Kim Taehyung -respondió él-. Transferido desde patrullaje urbano.
-Aquí no nos impresionan las presentaciones.
-No he venido a impresionar a nadie.
El hombre señaló el escritorio vacío junto a la ventana.
-Entonces siéntate y procura no estorbar.
Taehyung dejó su carpeta sobre la mesa. La superficie
estaba marcada por círculos de vasos y una quemadura
negra. Sacó un paño del bolsillo, limpió el espacio y alineó
la libreta con el borde. El hombre de gris lo observó durante
unos segundos.
-Gabriel.
-¿Perdón?
-Mi nombre. Gabriel. Si vas a trabajar aquí, aprende
quién se sienta a tu lado.
Taehyung asintió.
-¿Qué investiga la unidad?
Gabriel soltó una risa corta y volvió a sus papeles.
-Lo que queda después de que todos los demás terminan
de culparse.Antes de que Taehyung pudiera preguntar, un teléfono
empezó a sonar. Nadie se movió. Sonó una segunda vez. A
la tercera, Gabriel levantó el auricular.
-Delitos de tránsito.
Escuchó. Su expresión cambió apenas, pero sus dedos
dejaron de golpear la mesa.
-¿Dónde?
La respuesta llegó distorsionada desde el otro lado de la
línea. Gabriel buscó un bolígrafo, arrancó una hoja y anotó
una dirección.
-¿Heridos?
Miró a Taehyung.
-¿Cuántos vehículos?
Otra pausa.
-Entendido. No muevan nada hasta que lleguemos.
Colgó y se puso de pie.
-Parece que tu primer día ha decidido darte la
bienvenida.
Taehyung tomó su chaqueta.Antes de que Taehyung pudiera preguntar, un teléfono
empezó a sonar. Nadie se movió. Sonó una segunda vez. A
la tercera, Gabriel levantó el auricular.
-Delitos de tránsito.
Escuchó. Su expresión cambió apenas, pero sus dedos
dejaron de golpear la mesa.
-¿Dónde?
La respuesta llegó distorsionada desde el otro lado de la
línea. Gabriel buscó un bolígrafo, arrancó una hoja y anotó
una dirección.
-¿Heridos?
Miró a Taehyung.
-¿Cuántos vehículos?
Otra pausa.
-Entendido. No muevan nada hasta que lleguemos.
Colgó y se puso de pie.
-Parece que tu primer día ha decidido darte la
bienvenida.
Taehyung tomó su chaqueta.
6-¿Qué ocurrió?
Gabriel dobló la hoja y se la entregó.
-Un accidente en el túnel del distrito norte. Un coche
contra la barrera. El conductor dice que fue una falla
mecánica.
-¿Y no le crees?
Gabriel se dirigió al ascensor.
-Todavía no creo nada.
Taehyung lo siguió. Al pasar junto a la pizarra, vio una
fotografía clavada en una esquina. Era un tramo de asfalto
nocturno, vacío salvo por dos líneas negras que se
extendían hasta una barrera de seguridad. Sobre la imagen
alguien había escrito una palabra con marcador rojo.
Fantasma
Las puertas del ascensor se cerraron antes de que pudiera
leer el resto.
El túnel del distrito norte estaba cerrado en ambos
sentidos. Las luces del techo parpadeaban sobre una fila de
vehículos detenidos y el humo blanco que salía del capó de
un sedán azul. Un agente uniformado hacía retroceder a los
conductores con el brazo extendido.Gabriel mostró la placa al pasar la cinta.
-¿Cuánto lleva así?
-Diez minutos desde que llamaron -respondió el agente-.
Bomberos están dentro.
El sedán había golpeado la barrera lateral casi de frente.
El metal se había plegado hacia el habitáculo y una de las
ruedas delanteras apuntaba en un ángulo imposible. El
conductor permanecía sentado con la cabeza apoyada
contra el volante. Una paramédica le sujetaba el cuello
mientras otro técnico cortaba el cinturón de seguridad.
Taehyung se agachó junto a la marca de frenado. El
caucho había dejado dos trazos oscuros sobre el pavimento,
pero terminaban demasiado pronto. Después había una
franja irregular, como si el automóvil hubiera perdido el
control de una rueda.
-No fue una falla de frenos -dijo.
Gabriel observó el asfalto sin agacharse.
-Eso dice el conductor.
-La rueda no responde.
-Aún no sabemos por qué.Taehyung se acercó al vehículo cuando los paramédicos
retiraron la puerta. Olía a gasolina, plástico quemado y
sangre. El conductor tenía un corte sobre la ceja. Al lado
del pedal del freno, una pieza metálica sobresalía de la
carcasa inferior.
-No toques eso -ordenó Gabriel.
Taehyung retiró la mano.
Un teléfono vibró dentro del bolsillo de Gabriel. Él lo
sacó, escuchó durante unos segundos y miró hacia la
entrada del túnel.
-Otro accidente. Avenida del puerto. Dos motocicletas y
una furgoneta.
-¿Misma hora?
-Casi.
Gabriel guardó el teléfono.
-Quédate con la escena. Voy a llamar a la central.
-Dijiste que era mi bienvenida.
-No dije que fuera una buena bienvenida.
Gabriel se alejó entre los destellos azules de las patrullas.
Taehyung se puso los guantes y rodeó el sedán. La pinturadel costado estaba cubierta de polvo gris, salvo una línea
limpia que cruzaba la puerta trasera. Alguien había rozado
el coche con otro vehículo antes del impacto. En el borde
de la línea quedaron pequeños fragmentos de pintura negra.
Un bombero salió del túnel sosteniendo una bolsa
transparente.
-Encontramos esto debajo del asiento.
Dentro había una placa rectangular, gruesa como una
tarjeta bancaria. Tenía un cable cortado y dos tornillos
sueltos.
-¿Parte del coche?
-No pertenece al sistema original. El mecánico podrá
decirte más.
Taehyung acercó la bolsa a la luz. La superficie estaba
manchada de aceite. En una esquina se distinguía una
marca amarilla, casi borrada.
-¿La retiraron antes del choque?
-La encontramos suelta. Puede haberse desprendido.
-¿Dónde estaba instalada?
El bombero señaló el interior.Junto al módulo de control.
Desde el fondo del túnel llegó el chillido de una
ambulancia. El sonido rebotó contra las paredes y se
mezcló con los motores encendidos de los vehículos
atrapados. Un hombre golpeó el capó de un taxi y gritó que
llevaba cuarenta minutos sin avanzar.
Taehyung anotó la hora, la posición del vehículo y la
pieza encontrada. Luego fotografió la barrera, las marcas de
neumáticos y los fragmentos de pintura. No había huellas
claras. El suelo estaba cubierto de polvo, agua sucia y
restos de vidrio.
El conductor fue sacado del sedán. Al pasar junto a
Taehyung, abrió los ojos con dificultad.
-No quería correr -murmuró.
-¿Correr qué?
La paramédica empujó la camilla.
-Necesita atención.
-¿Quién lo perseguía? -preguntó Taehyung.
El hombre movió los labios. La sangre le había bajado
hasta la mandíbula.-Tres... tres luces.
La camilla desapareció detrás de la ambulancia.
Gabriel regresó con el teléfono en la mano.
-La avenida del puerto tiene un herido grave y dos leves.
Una de las motocicletas ardió. También hubo un choque en el paso elevado del distrito oeste.
-¿Tres accidentes en menos de media hora?
-Tres que conocemos.
-¿Carreras?
Gabriel miró la pieza dentro de la bolsa.
-En el puerto, los testigos hablan de vehículos
modificados. En el paso elevado, nadie vio nada. Las
cámaras dejaron de funcionar justo antes del impacto.
Taehyung volvió la vista hacia el túnel. Sobre la barrera
metálica, una marca negra ascendía en diagonal y
terminaba a la altura de su hombro. Más arriba, prendido
entre dos tornillos, había un hilo de tela gris.
-Alguien estuvo aquí antes de que llegáramos.
Gabriel siguió la dirección de su mirada.
-Los curiosos siempre llegan antes.Los curiosos no desmontan un módulo de control.
Gabriel no respondió. Se acercó a la barrera, tomó el hilo
con unas pinzas y lo guardó en otra bolsa. Después observó
la entrada del túnel, donde los conductores impacientes
hacían sonar las bocinas.
-Fotografía todo. Y pide las grabaciones de las cámaras
del acceso.
-Si todavía funcionan.
-Pide también las que dejaron de funcionar.
Un agente apareció corriendo desde el extremo norte.
-Han encontrado otro coche en la salida sur.
Gabriel se volvió.
-¿Accidentado?
-Abandonado. Motor encendido. No hay conductor.
El ruido del motor llegaba débil desde el interior del
túnel, constante y grave. Taehyung guardó la libreta y
avanzó hacia la oscuridad.
Gabriel lo detuvo con una mano en el brazo.
-Primero el equipo.
-El coche está encendido.
-Y seguirá encendido treinta segundos más.
El agente ya estaba llamando a los técnicos. Taehyung se quedó junto a la cinta mientras las luces del sedán azul se apagaban. En el cristal trasero alguien había dibujado una línea curva con un dedo sobre el polvo.
Parecía una sonrisa.

El equipo tardó ocho minutos en llegar. Para entonces, el
coche abandonado había dejado de ser un rumor al fondo
del túnel y se había convertido en otra escena acordonada.
Era un cupé negro, bajo y estrecho, detenido junto a la
salida sur con las puertas cerradas. El motor seguía
encendido. Los faros iluminaban la pared de hormigón,
donde el agua formaba una película brillante. No había
placas.
Taehyung se mantuvo detrás de los técnicos mientras
fotografiaban el vehículo. El olor a combustible era más
intenso allí. En el asiento del conductor encontraron un
guante de tela gris, una botella de agua a medio terminar y
una pequeña mancha de sangre en el borde del volante.
-No parece un abandono improvisado -dijo Gabriel.
Taehyung miró el espacio entre el coche y la pared.
Apenas cabía una persona.
-Salió por el otro lado.
-O alguien lo sacó.
Un técnico levantó el capó. La batería estaba conectada a
un interruptor auxiliar. Dos cables rojos cruzaban el
compartimento del motor y desaparecían bajo una cubierta negra.
-Otra modificación -dijo Taehyung.
Gabriel anotó algo en su libreta.
-Ya tenemos tres accidentes y dos vehículos
manipulados. La central quiere que dejemos de llamarlos
accidentes.
-¿Qué quiere que sean?
-Lo que sea que permita cerrar el informe antes del
cambio de turno.
Un camión de bomberos salió por la boca del túnel. El
viento de sus sirenas hizo vibrar la cinta amarilla.
Taehyung volvió la mirada al cupé. En el polvo de la
carrocería, justo encima de la rueda trasera, había una
figura trazada con un dedo: una línea curva atravesada por
dos cortes verticales.
La misma forma del cristal del sedán.
-Gabriel.
-La he visto.
-¿Es una firma?
-Es una marca sobre polvo.
-Dos coches. Dos marcas.
Gabriel cerró la libreta.
-Fotografíala antes de que alguien la convierta en una
teoría.
El resto de la mañana se consumió entre formularios,
llamadas y el ruido de las impresoras. La unidad de delitos
de tránsito ocupaba el tercer piso de un edificio municipal
donde los ascensores se detenían entre plantas y las
ventanas no cerraban del todo. Desde el pasillo llegaba el
olor de café recalentado y papel húmedo.
Taehyung dejó la bolsa con la pieza metálica sobre la
mesa de pruebas y entregó las fotografías al técnico. En la
pantalla, las marcas de neumáticos aparecían ampliadas en
franjas grises. La rueda había perdido presión después de la
primera corrección, no antes. El sedán había sido obligado
a desviarse.
-¿Quién autorizó el traslado? -preguntó Gabriel.
-El comisario.
-Entonces será mejor que no lo hagamos esperar.
El despacho del comisario quedaba al final del corredor,
detrás de una puerta de vidrio esmerilado. Gabriel llamó
una vez y entró sin esperar respuesta. Taehyung lo siguió.
El comisario no levantó la cabeza de los documentos.
Tenía una radio apagada junto al teléfono y una taza con un
borde de café seco. En la pared, un mapa de la ciudad
estaba cubierto de chinchetas rojas. Algunas se agrupaban
alrededor del puerto. Otras seguían la línea de los pasos
elevados y los túneles del norte.
-Cierren la puerta -dijo.
Gabriel obedeció.
-¿Cuántos heridos? -preguntó el comisario.
-Cuatro confirmados. Uno grave.
-¿Y el conductor del sedán?
-Vivo. Inconsciente cuando salió. Alcanzó a decir que no
quería correr y que vio tres luces.
El comisario tomó una hoja de la pila.
-En el puerto, un testigo menciona un coche negro. En el
paso elevado, una cámara se apagó cuarenta segundos antes
del choque. En el túnel, aparece un vehículo sin placas y
una pieza que no pertenece al sistema original.
-Hay indicios de sabotaje -dijo Taehyung.
El comisario lo miró por primera vez.
-¿Nombre?
-Taehyung, señor.
-Ya sé quién es. Leí su expediente esta mañana.
Taehyung mantuvo las manos a los costados.
-No parece una cadena de fallos mecánicos.
-No lo es.
El comisario deslizó una carpeta hacia el borde del
escritorio. La cubierta estaba gastada y tenía una etiqueta
escrita a máquina: FANTASMA.
-Hace seis meses empezaron a circular vídeos de carreras
en los túneles, las avenidas de servicio y los polígonos del
este. Siempre aparece el mismo conductor. Sin rostro, sin
matrícula, sin una ruta fija. Los corredores lo llaman el
Fantasma.
Gabriel apoyó dos dedos sobre la carpeta.
-¿Y cree que está relacionado con los accidentes?
-Creo que alguien está usando las carreras para probar
vehículos y eliminar a quienes se interponen.
-Eso no está demostrado.
-Por eso los he llamado.
El comisario sacó una fotografía de un coche plateado
volcado contra una barrera. La imagen tenía la fecha de tres
semanas atrás. En la esquina inferior, alguien había escrito
un número de caso con tinta azul.
-El conductor murió antes de llegar al hospital. No había
cámaras útiles. Tampoco testigos que quisieran declarar.
Taehyung miró la fotografía. La barrera había quedado
doblada en el mismo ángulo que la del túnel. Sobre el
asfalto se veía una curva negra, incompleta.
-Quiero que se encargue de identificar al Fantasma -dijo
el comisario.
Gabriel giró la cabeza hacia él.
-La unidad ya tiene una investigación abierta.
-Ahora tendrá otra.
-¿Con qué personal?
-Con ustedes dos.
La radio apagada emitió un chasquido breve. Nadie la
había tocado. El comisario la golpeó con un dedo y el
sonido cesó.
-No quiero filtraciones -dijo-. Revisarán los registros de carreras, talleres, cámaras y hospitales.
Hablarán con los testigos antes de que cambien de versión.
Si encuentran al conductor, lo traen.
Si encuentran a quien está saboteando los coches, también.
Taehyung tomó la carpeta.
-¿Qué sabemos de él?
-Que conduce rápido.
Gabriel soltó una risa corta, sin humor.
-Una descripción precisa.
El comisario volvió a sus papeles.
-Consigan algo mejor antes de la noche.
Taehyung abrió la carpeta mientras salían. La primera
página contenía una lista de fechas, lugares y vehículos.
En casi todas las fotografías, la matrícula había sido cubierta
por una sombra o un reflejo.
En la última imagen, tomada desde lejos, un automóvil oscuro desaparecía bajo un puente.
La esquina del encuadre estaba ocupada por una señal de tráfico doblada.
Su luz amarilla parpadeaba sobre el techo del coche.
Gabriel caminó hacia los escritorios.
-No te acostumbres a que te entreguen casos importantes
el primer día.
-No parece un premio.
-No lo es.
Taehyung dejó la carpeta junto al teclado. El teléfono de
la unidad empezó a sonar antes de que pudiera sentarse.
El teléfono dejó de sonar al cuarto tono.
Gabriel levantó el auricular.
-Delitos de tránsito.
Escuchó sin sentarse. Frente a él, la impresora expulsó
una hoja y se detuvo con un zumbido seco. Taehyung abrió
la carpeta del Fantasma. El papel olía a tóner caliente. En la
primera página, una de las fechas aparecía tachada con tinta
azul.
-¿Quién autorizó eso? -preguntó Gabriel.
Volvió a escuchar.
-No. No lo retire todavía.
Su mirada recorrió la sala.
Los escritorios seguían ocupados.
Dos agentes discutían junto a la ventana.
 Una mujer de la mesa contigua hablaba por teléfono con la cabeza inclinada, como si el aparato pudiera protegerla de las conversaciones ajenas.
-He dicho que no lo retire -repitió-. Envíeme una copia
antes de hacer cualquier cosa.
Colgó.
-¿Qué pasó? -preguntó Taehyung.
Gabriel se acercó, pero no miró la pantalla.
-La grabación del paso elevado ha desaparecido del
servidor.
-¿La cámara se apagó o borraron el archivo?
-La cámara se apagó durante cuarenta segundos. El
archivo completo estaba allí hace una hora.
Taehyung pasó una página. El informe de la muerte tenía
tres firmas. La última pertenecía a un inspector cuyo
nombre no reconoció.
-¿Quién lo retiró?
-La solicitud llegó desde sistemas.
-Eso no responde.
-No quieren que responda.
Gabriel tomó la hoja que había quedado atrapada en la
impresora. La leyó por encima y la dobló una vez.
-El accidente del puerto también cambió de categoría.
-¿De qué a qué?
-De posible sabotaje a conducción temeraria. Sin
inspección del módulo.
Taehyung levantó la vista.
-¿Cuándo?
-Hace veintisiete minutos.
Al fondo de la sala, una máquina de café comenzó a
moler los granos. El ruido cubrió las voces durante unos
segundos. Gabriel metió la hoja en el bolsillo de su
chaqueta.
-¿Quién tiene acceso a los informes?
-Toda la unidad.
-¿Y a las pruebas?
-Personal autorizado.
-Eso incluye al comisario.
-También a los técnicos, al archivo central y a cualquiera que tenga una contraseña prestada.
Gabriel apoyó una mano en el respaldo de la silla de
Taehyung. No ejerció presión. Solo la mantuvo allí, entre
ambos y el resto de la oficina.
-No hables de esto aquí.
Taehyung miró hacia la mesa contigua. La mujer del
teléfono había dejado de fingir que escuchaba. Sus dedos
descansaban sobre un bloc abierto. En la parte superior
había escrito un número de caso y lo había cubierto con una
línea gruesa.
-¿Crees que alguien está borrando pruebas?
-Creo que alguien sabe qué pruebas buscar.
-Eso no es lo mismo.
-Para nosotros sí.
Gabriel sacó la libreta y escribió una dirección en una
esquina de la página. Después arrancó el papel y lo deslizó
hacia Taehyung.
-Archivo de vehículos incautados. Ve a preguntar por el
coche del puerto.
-¿Y tú?
-Voy a comprobar si el registro de la cámara sigue en la
copia de seguridad.
-Podemos hacerlo juntos.
Gabriel negó con la cabeza.
-Si alguien está mirando los movimientos del caso, dos
personas siguiendo la misma pista llaman más la atención
que una.
Taehyung sostuvo el papel entre los dedos. La dirección
pertenecía a un depósito municipal al otro lado del río. Bajo
ella, Gabriel había escrito una hora y un nombre.
-¿Quién es Min?
-Un técnico que todavía contesta mis llamadas.
-¿Todavía?
Gabriel cerró la libreta.
-Los otros dejaron de hacerlo después de que el coche
plateado desapareciera.
Taehyung volvió a mirar la carpeta. En la fotografía del
vehículo volcado, la curva negra sobre el asfalto parecía
una marca incompleta, borrada por las ruedas de los peritos.
En el borde inferior de la imagen, una sombra se extendía bajo la barrera. No podía distinguir si pertenecía a una
persona o a un poste.
-¿Qué significa que desapareciera?
-Que salió del depósito antes de que terminaran la
inspección.
-¿Con una orden?
-Con una orden sellada.
-¿Firmada por quién?
Gabriel miró hacia el corredor. La puerta de vidrio del
despacho del comisario estaba cerrada. Detrás del
esmerilado, una silueta cruzó de un lado a otro y se detuvo
junto al teléfono.
-Todavía no lo sé.
El teléfono de Gabriel vibró en su bolsillo. No lo sacó.
Esperó hasta que dejó de hacerlo.
-Hay alguien dentro de la policía protegiendo a los
organizadores -dijo.
Taehyung dejó el papel sobre la carpeta.
-Eso es una acusación.
-Es una advertencia.
A quién se lo has dicho?
-A nadie.
-¿Por qué confiar en mí?
Gabriel observó su uniforme nuevo, la placa aún sin una
marca en la superficie y el nudo exacto de la corbata.
-No confío en ti. Todavía.
El corredor volvió a llenarse de pasos. Gabriel recogió la
carpeta y la metió bajo el brazo.
-Confío menos en todos los demás.
Taehyung guardó la dirección en el bolsillo interior de la
chaqueta.
En la pantalla de su ordenador, el sistema mostró una
notificación breve: archivo actualizado. La fecha del
informe del puerto había cambiado. La hora también.
Antes de que pudiera abrirlo, la notificación desapareció.

La notificación desapareció, pero el cursor siguió
parpadeando sobre el espacio vacío.
El teléfono de Gabriel sonó otra vez. Esta vez lo tomó al
primer tono.
-Delitos de tránsito.
Escuchó. Su rostro no cambió. Solo apartó la vista de
Taehyung y miró el reloj de pared.
-¿Dónde?
La respuesta llegó entrecortada por estática.
-¿Hay unidades en el lugar?
Gabriel tomó las llaves del escritorio.
-No toquen el vehículo. Llegamos en seis minutos.
Colgó y le lanzó un juego de guantes.
-Túnel de Seongsu. Otro choque.
Taehyung se puso de pie.
-¿El coche?
-Un coupé negro. Sin matrícula.
-¿Heridos?
Gabriel ya caminaba hacia la salida.
-Uno confirmado.
El pasillo estaba lleno de uniformes, teléfonos y puertas
que se abrían demasiado deprisa. La mujer de la mesa
contigua cerró su bloc cuando ellos pasaron. Taehyung
alcanzó a ver la línea gruesa sobre el número de caso.
En el ascensor, Gabriel pulsó el botón del
estacionamiento.
-¿Qué no me estás diciendo?
-Que el coche apareció encendido dentro del túnel.
Que alguien encontró un rastro de neumáticos en sentido
contrario.
Que el operador oyó a un testigo decir "el Fantasma" antes de que cortaran la llamada.
-¿Y el conductor?
-No lo saben.
Las puertas se abrieron con un golpe metálico.
La lluvia había dejado el pavimento cubierto de reflejos
amarillos. Gabriel condujo sin encender la sirena hasta la
salida del edificio. Cuando entraron en la avenida, el ruido
del motor subió por el tablero. Taehyung llamó a la central
y pidió el registro de las unidades enviadas al túnel.
-Tres patrullas -dijo la operadora-. Una ambulancia.
Rescate en camino.
-¿Quién hizo la llamada?
-Un teléfono público del acceso norte.
La línea quedó en silencio.
El túnel apareció bajo la lluvia como una boca iluminada.
Dos patrullas bloqueaban un carril. Las luces azules
resbalaban por las paredes húmedas. Un agente levantó la
cinta para dejar pasar el sedán de Gabriel.
El coupé negro estaba detenido contra la barrera central.
El capó había quedado hundido y el parabrisas mostraba
una estrella de grietas. El motor seguía encendido. Los
gases del escape se mezclaban con el olor a caucho
quemado y concreto mojado.
Taehyung bajó del vehículo.
-¿Dónde está el conductor?
Una paramédica señaló la parte trasera del coche. Había
un cuerpo tendido junto al muro, cubierto hasta el pecho
con una manta gris. Una rueda de la camilla permanecía
atascada en una junta del pavimento.
-Lo sacaron antes de que llegaran ustedes -dijo el -Tres patrullas -dijo la operadora-. Una ambulancia.
Rescate en camino.
-¿Quién hizo la llamada?
-Un teléfono público del acceso norte.
La línea quedó en silencio.
El túnel apareció bajo la lluvia como una boca iluminada.
Dos patrullas bloqueaban un carril. Las luces azules
resbalaban por las paredes húmedas.
Un agente levantó la cinta para dejar pasar el sedán de Gabriel.
El coupé negro estaba detenido contra la barrera central.
El capó había quedado hundido y el parabrisas mostraba
una estrella de grietas. El motor seguía encendido. Los
gases del escape se mezclaban con el olor a caucho
quemado y concreto mojado.
Taehyung bajó del vehículo.
-¿Dónde está el conductor?
Una paramédica señaló la parte trasera del coche. Había
un cuerpo tendido junto al muro, cubierto hasta el pecho
con una manta gris. Una rueda de la camilla permanecía
atascada en una junta del pavimento.
-Lo sacaron antes de que llegaran ustedes -dijo el agente-. El otro vehículo se fue.
-¿Otro?
-Un sedán plateado. Testigo único.
Gabriel se agachó junto al coupé sin tocarlo.
-¿Quién avisó de que había un segundo coche?
El agente miró hacia la entrada del túnel.
-Un hombre que estaba aquí cuando llegamos.
Desapareció antes de que pudiéramos tomarle los datos.
Taehyung avanzó hasta la barrera. En el concreto, por
debajo de la pintura desconchada, alguien había trazado una
sonrisa con el dedo. El polvo se había acumulado en dos
líneas curvas y una marca vertical en el centro. La misma
figura estaba dibujada sobre el lateral del coupé, apenas
visible bajo el barro.
Gabriel fotografió el símbolo.
-No lo limpies.
Taehyung se inclinó junto a la puerta del conductor. El
vidrio roto había dejado pequeños fragmentos sobre el
asiento. El cinturón estaba abrochado. En el suelo, junto al pedal, encontró una pieza de plástico ennegrecida.
La levantó con las pinzas.
-El módulo de control.
Gabriel se volvió hacia él.
-¿Lo han manipulado?
Taehyung observó los cables cortados. No era una rotura
producida por el impacto. Las fibras de cobre estaban
limpias, separadas en ángulos regulares.
-Antes del choque.
Una puerta de ambulancia se cerró al fondo.
La paramédica que había señalado el cuerpo se acercó con la manta doblada sobre un brazo.
-No pudimos reanimarlo.
-¿Nombre? -preguntó Gabriel.
La mujer consultó la tarjeta que llevaba en la mano.
-Han Min-jae.
Taehyung oyó el nombre antes de verlo. En el bolsillo de
la chaqueta del muerto había una cartera abierta. La tarjeta
de identificación no pertenecía a un civil. Mostraba el sello
de la policía y un número de agente que no coincidía con la
unidad de tránsito Gabriel la tomó con los guantes.
-No es un agente regular.
El teléfono de la paramédica vibró. Ella miró la pantalla
y se apartó unos pasos.
Taehyung se quedó junto al cuerpo. La manta se había
levantado en una esquina. Debajo, el zapato izquierdo tenía
una tira de cinta plateada en el talón. Una señal. Quizá para
alguien que debía reconocerlo entre los corredores. Quizá
para quien ya sabía que no saldría del túnel.
Gabriel guardó la identificación en una bolsa de pruebas.
-Era un informante.
Taehyung miró el coupé. El motor tosió una vez. El
símbolo de polvo sobre la carrocería se deshizo bajo una
gota de lluvia que entró desde la rampa.
-¿Quién lo envió?
-Todavía no lo sé.
-¿Qué estaba haciendo aquí?
Gabriel observó los cables cortados, las marcas de
neumáticos y el sedán ausente.
-Siguiendo al Fantasma.
Al otro lado del túnel, una cámara de vigilancia giró
lentamente sobre su soporte. La luz roja no estaba
encendida.
Taehyung volvió a mirar el rostro cubierto por la manta.
Luego señaló la carretera que desaparecía bajo la lluvia.
-Voy a encontrarlo.
Gabriel no preguntó si hablaba del conductor, del
hombre que había borrado las grabaciones o de quien había
dejado el coche encendido.
-Entonces aprende a mirar quién te está siguiendo.
Taehyung guardó las pinzas en la bandeja de pruebas. En
la entrada del túnel, un motor aceleró y se perdió entre los
edificios.








