No me conoces para decirme «me gustas»
—Oye… es que me gustas.
—¿Me gustas? No sabes ni quién soy.
No sabes de mis silencios,
ni de todo lo que escondo cuando digo que estoy bien,
no sabes cuánto pesa un pensamiento
cuando mi cabeza decide volverlo a pensar también.
No sabes que amo sonreír a todo pulmón,
aunque muchas veces sonría con el corazón hecho pedazos,
que ayudo a los demás sin medir la ocasión
y termino recogiendo mis propios fracasos.
Soy demasiado buena, dicen,
y quizá ese sea mi mayor defecto:
dar tanto de mí que a veces olvidan
que yo también necesito afecto.
Sufro problemas que no son míos,
me culpo por cosas que jamás causé,
y aunque nadie me lo pida,
cargo dolores que ni siquiera provoqué.
Soy sensible, intensa,
de esas personas que sienten de más,
que guardan cartas, pequeños recuerdos
y cualquier detalle que les devuelva un momento de paz.
Soy detallista con quien amo
y fotógrafa de instantes que no quiero perder,
porque a veces una fotografía es la única forma
de volver a un lugar sin tener que volver.
Miro mi galería y termino llorando,
viendo personas que amo, momentos que ya pasaron,
sonrisas que congelé sin saberlo
y recuerdos que el tiempo jamás me preguntaron.
Amo leer historias de amor
y también inventarlas mientras friego;
sí, suena gracioso,
pero mi imaginación nunca sabe cuándo quedarse en silencio.
Bailo de la nada, escucho música como si fuera hogar,
amo nadar y decir que sí cuando puedo estar,
aunque dentro de mi cabeza haya una guerra diaria,
aunque sobrepiense hasta lo que parecía una tontería.
Necesito que me expliquen las cosas más de una vez,
porque mi mente encuentra preguntas donde nadie las ve.
A veces extraño a mis amigas
y deseo a alguien que simplemente quiera quedarse.
No pido perfección
ni promesas imposibles de cumplir,
solo alguien que esté presente,
incluso cuando sea difícil seguir.
Amo los girasoles,
las cartas escritas con intención,
las canciones antiguas de amor
que parecen hablarle directamente al corazón.
Soy creativa cuando me lo propongo
y cuando decido algo, difícilmente me detengo.
Puedo tardar en empezar,
pero cuando empiezo, lo intento.
Tengo ansiedad
y casi nunca quiero preocupar a quien quiero.
Por eso muchas veces digo «estoy bien»
cuando por dentro ni siquiera sé qué estoy sintiendo.
Puedo hablar durante horas
y de repente quedarme sin palabras.
Puedo llenar un cuarto con mi risa
y después perderme en mis propias miradas.
Odio sentirme excluida,
odio que me lastimen sin razón,
pero aunque me hayan herido tantas veces,
todavía sonrío con el mismo corazón.
Porque sí, me han lastimado por ser buena,
por dar oportunidades que quizá no merecían,
y aun así sigo siendo yo,
aunque algunas heridas todavía duelan y todavía existan.
Me fijo en las pequeñas cosas,
en una mirada, un gesto, una canción.
Amo el helado de chocolate,
cocinar, investigar y crear recetas desde la imaginación.
Lloro por todo,
por una película, una canción, una despedida,
porque siento demasiado
y sentir tanto también es parte de mi vida.
Amo La noche estrellada,
porque Van Gogh entendió algo que pocos podían ver:
que incluso en medio de la oscuridad
pueden existir luces que nos hagan querer permanecer.
Amo a Spider-Man,
amo mis pequeñas rarezas, mi forma de ser;
y sí, soy una buena chica,
aunque no siempre sepa cómo demostrarlo también.
Así que no…
No me digas simplemente:
«me gustas».
Porque gustar es fácil.
Es mirar una sonrisa y quererla cerca.
Es quedarse con lo bonito
sin conocer lo que hay detrás de la puerta.
Tú no sabes de mis pensamientos,
ni de mis recuerdos guardados,
ni de las veces que he llorado en silencio
para que nadie se sienta preocupado.
No sabes cuánto amo,
cuánto siento, cuánto doy,
ni cuántas veces me han roto
y aun así aquí estoy.
Así que, si algún día quieres decirme «me gustas»,
primero conoce mi forma de reír,
mis silencios, mis miedos, mis sueños
y la manera en que intento no rendirme al vivir.
Conoce a la chica que fotografía recuerdos
porque teme que el tiempo se los lleve.
A la que inventa historias mientras friega,
a la que baila sola y de repente se queda quieta.
Conoce mis girasoles,
mis cartas, mis canciones y mi café,
mis recetas inventadas, mis lágrimas,
mis ganas de querer.
Conoce la parte de mí que nadie ve,
la que necesita explicaciones y también comprensión.
Y cuando hayas conocido todo eso,
si todavía quieres quedarte…
Entonces quizá puedas decir:
«Ahora sí sé quién eres.
Y no es que simplemente me gustes.
Me gusta tu manera de sentir,
tu forma de amar,
tu caos, tu luz,
tus pequeñas cosas…
Me gustas tú.
Y ahora sí sé por qué.»








