one shot
|| *Othello: es un personaje de Shakespeare celoso con dificultad para controlar sus emociones jajaja
Valentín odiaba las jodas. No le gustaba el alcohol, detestaba bailar porque estaba más duro que pata de pirata, le desagradaban los colores fuertes, las luces le hacían mal a la vista y la lista podría seguir extendiéndose. Si bien le daba risa ver al resto hacer el ridículo, había un punto donde ya le parecía demasiada vergüenza ajena.
Pero amaba a Agustín, y a él sí le gustaban estas cosas. Así que acá estaban, en la fiesta de cumpleaños que hizo Matías en su casa en Mar del Plata. El castaño tardó en convencerlo para ir, mucho. Pero, como siempre, Barco y su debilidad por esos ojos pardos se interponía ante su incapacidad de decirle que no a algo que quería el mayor.
Giay era una mariposa social, otra cosa que le encantaba de su novio pero que le generaba un poco de inseguridad. Él era un ojete en comparación, más tímido, callado, retraído... pero al menos tenía claro que Agustín lo quería. Es decir, las ofertas al castaño le llovían de todos lados, como le gritaba siempre Luka “¡Te llueven las putas!”. No podía evitarlo.
A pesar de todo eso, el de piel bronceada decidió quedarse a su lado. Se sentía afortunado y orgulloso. Lo eligió a él, entre tantas opciones, solo a él.
Eso no quitaba el hecho de que el pecoso era un poco celoso. Si Valentín tuviera que enumerar la cantidad de veces que quiso ahogar a alguien con sus manos, o patear ortos de personas (mujeres, varones, no binaries) que se le acercaban a su novio, rozaría fácilmente las cinco millones. El colorado no hacía escenitas, usualmente Agus tenía los huevos bien puestos para rechazar a los insoportables e insufribles.
Es que había otro factor: nadie sabía de su noviazgo, para el resto era un secreto. Los dos pensaban que era mejor que el grupo no lo supiera, se ahorraban las descansadas y que los jodieran todo el día.
Valentín fue el primero que dijo que no quería que nadie se enterara, porque encima que ya tenía que aguantar que le tocaran el culo porque era cábala manosear al colorado, no necesitaba que además le gritaran pollera o gobernado. Giay estuvo de acuerdo (siempre que los toca culos de sus compañeros, se metieran la mano adentro de la concha su madre).
Pero ahora, realmente hubiera querido gritar a los cuatro vientos que Agustín era suyo para que todos lo supieran.
La casa de Soulé era bastante grande y estaban todos adentro, la cumbia fuerte resonaba pero quedó en segundo lugar. Su mirada andaba enfocada en donde se encontraba Agus llevando un vaso de agua a Matías, que ya estaba completamente en pedo. El hincha de San Lorenzo tenía una expresión divertida en la cara. Soulé lo estaba acechando con una mirada pícara y una sonrisa coqueta. Qué horror, pensó el pecoso.
—Mati, tomá eso y quedate sentado un ratito, no seas boludo.
Y hubiera terminado ahí, pero no. Matías le pasó los brazos alrededor del cuello bronceado acercándolo hacia su pecho.
—Nooo, yo quiero bailar con vos Agus, daleee –dijo con la tonada más seductora que tenía (bueno, considerando que estaba borracho, más que seductora parecía la voz del payaso de “IT” 1990).
—Estás en pedo hermano, bailás un paso y te caés a la mierda –se rió el castaño. Intentó sentarlo nuevamente con cuidado pero fue imposible, el morocho lo tenía bien agarrado del cuello.
—No me importaría caerme encima tuyooo –comentó con total sinceridad. Al fin y al cabo, el alcohol lo hacía más descarado–. Con esos brazos quien no quiereee.
El de ojos pardos negó divertido pero no lo separó tampoco. Soulé era su amigo desde hacía bastante, jamás se le hubiera pasado por la mente que tuviera otras intenciones, no le daba la cabeza. A veces pecaba de ingenuo.
Pero Valen era muy vivo. No era boludo, sabía cómo lo miraba Matías a su novio cuando nadie se daba cuenta. Matías y otros.
¿Por qué lo tiene que cuidar?, que lo cuide su vieja, pensaba Barco sin dejar de mirar la escenita. Estaba en un costado parado, una luz de mierda violeta le pegaba en la jeta a cada rato. Tenía un vasito de jugo multifruta (encima eso, a él le gustaba el Baggio de naranja, el de multifruta le parecía una verga asquerosa).
—No te vas a acordar nada si seguís chupando, bajá un cambio.
—Si estoy con vos y no me acuerdo de naaada me mato –exclamó el hincha de Independiente sin vergüenza en el oído del menor.
Barco pestañeó y sintió el enojo correrle por las venas nuevamente. Odiaba sentir celos. Pero es que en este caso, tenía razón. Agustín todavía no lo había mandado a la mierda, y Matías le acababa de decir algo en el oído. Él solo podía decirle cosas en el oído, nadie más. Y él solo podía agarrarlo del cuello así. Quería a Soulé a cien metros de distancia. Consideró que ya había pasado los límites y se abrió camino hasta el dúo ridículo.
Si tantas ganas de coger tiene, que se vaya a garchar a Véliz y le deje de romper las bolas a mi novio, seguía pensando con su cara neutra. Se repitió varias veces: no soy celoso, no soy celoso, no soy celoso.
Cuando Barco llegó, Giay le dio una mirada cargada de ternura haciendo señas de que “Mati estaba para atrás”.
—Matías sentate –comentó en voz baja el pecoso tironeando de la remera floreada para separarlos. Lo. Estaba. Abrazando.
El mayor de los tres le dio una mirada de bronca pero no le hizo caso. Es más, con una tonada desafiante, apoyó la cabeza en el amplio pecho del castaño y habló.
—¿Por qué?
Qué trola de mierda, pensó Valen con total humildad.
—Porque estás en pedo y hacés el ridículo –acotó el menor demasiado molesto.
El Colo ”no era celoso”, las pelotas. Era muy celoso.
—Es mi cumpleee –reprochó con una voz asquerosa acostándose más sobre Agus.
Ese era su límite.
—Y a mi qué poronga me importa que sea tu cumple, soltá a Agustín –le tiró lo que quedaba en el vaso de jugo multifruta con sabor a bosta. No pudo contenerlo, le salió del alma.
Giay lo miró incrédulo y levantó una ceja sorprendido. Soltó una risita, confundido. Barco acababa de caer en qué fue lo que dijo y en dónde lo dijo. Los rodeaban varios de sus compañeros, que miraban expectantes. Luka, Redondo, Gauto, Véliz, y no siguió contando más. Su rostro se puso completamente rojo. Soulé tenía los pantalones mojados.
Agustín seguía sin hacer nada.
—Me voy –dijo y se dirigió con furia hacia la puerta. El hincha de San Lorenzo tardó en reaccionar.
—Esperá Colo, ¡vení! –gritó el castaño empujando a Matías a la mierda intentando detener a su novio. Evidentemente el otro estaba muy furioso, ni se giró a mirarlo.
—¿Qué pasa Agus? –susurró Gauto intrigado detrás de él.
—¡Me voy chicos! –comentó rápido y salió por la puerta sin siquiera agarrar su mochila. Por suerte, tenía el celular y las llaves del auto en el pantalón. Los demás se quedaron demasiado intrigados con lo de recién.
Pero la música seguía sonando y la fiesta recién había empezado.
Agustín corrió rápido detrás de él mientras le gritaba varias cosas.
—¿Qué te pasó? Valen, pará –lo agarró del hombro para frenarlo. El otro se soltó en un movimiento brusco, ni siquiera sabía a dónde iban–. Tengo el auto para el otro lado...
—Me chupa tres huevos donde tenés el auto.
Giay se sobresaltó. El xeneize estaba enojado en serio. Su rostro con el ceño fruncido era más ojete que lo habitual. Le parecía hasta lindo.
—Pará, pará. Vamos al hotel y hablamos. No vas a hacer una escenita en el medio de la calle, tenemos 20 años.
—Para qué si la escenita la hiciste vos allá adentro, pelotudo –soltó con veneno.
Agustín empezó a conectar cables y suspiró.
—Dale, ¿fue por eso? pero somos amigos, Valen –se cruzó de brazos.
—Amigos son mis dos huevos Agustín, dejate de joder.
Una sensación extraña creció en el pecho del mayor. No podía describirlo con palabras.
—Dale, vamos al hotel y hablamos como personas adultas, ¿sí? –imploró. Lo agarró de la cintura y le dio un beso en la mejilla–. Dale, vamos.
Barco nuevamente era débil y persuadirlo no era difícil, menos con ese tono de voz de mierda que le gustaba tanto. Lo dejaba en default, como la economía del país.
Agustín pasó la mano por los hombros del colorado y lo llevó caminando al auto. Se había rendido, o eso creyó hasta que el menor lo alejó y se adelantó entrando de copiloto, cerrando con brutalidad la puerta.
—No tomaste, ¿no? –se puso el cinturón con violencia sin mirarlo. Lo que les faltaba era que un policía los parara en la calle y que Agustín sople la pipeta para dar positivo. Los dos en cana.
—Te prometí que no iba a chupar, esa fue la condición para que vengas conmigo –el castaño se subió al auto y después de ponerse el cinto arrancó despacito.
Ninguno dijo nada durante el viaje, había sido muy tenso todo. No estaban tan lejos, a menos de veinte minutos. Cuando Agus metió el auto en el garaje, estacionó y se formó un silencio mortal; sacó la llave apagando el motor. Los dos se quedaron mirando el parabrisas.
—¿Estás celoso? ¿De Mati? –habló primero el conductor asignado mientras se sacaba el cinturón.
—¿No tengo qué? El pajero ese se te tiró encima, y te decía cosas al oído. Si te lo querías coger me avisabas ayer y me ahorraba todo el teatrito pedorro de “acompañame dale”
—No digas boludeces, Valen. Estaba en pedo Mati, no sabía quién chota era yo.
—Sí claro, claro –el xeneize también procedió a sacarse el cinturón y cruzar los brazos sobre su pecho.
Algo en Giay, seguía burbujeando con emoción. Las veces que peleaban eran nulas, literalmente nunca discutían por nada, y si lo hacían era por alguna boludés, como quién tenía de hijo a quién en el fútbol.
—No digas eso, ni se te ocurra repetir lo de quererme coger a alguien que no seas vos –comentó en tono serio.
—Tampoco hiciste mucho para alejarlo si tan en pedo estaba, eh. Buenísimo lo tuyo –los celos lo consumían por completo.
—¿Y era necesario tirarle el jugo encima? ¿Qué vas a decirle mañana?
—Que era una mierda ese jugo con sabor a zanja y que se lo meta bien en el orto la próxima –abrió la puerta y salió cerrándola con fuerza. Sentía que el otro no estaba razonando. Y es que, era muy difícil para cualquier persona meterse en la mente agónica del colorado en ese momento.
—No me hagas la puerta giratoria, lo compré hace dos meses –se bajó también–. Me parece que estás exagerando un poquito.
—Chupame la pija Agustín.
El hincha de San Lorenzo resopló metiendo las manos adentro de sus ajustados jeans negros y lo siguió como un perrito. Salieron del garaje y entraron a la recepción para irse a la habitación. En el ascensor ninguno habló. El Colo ni siquiera lo miró una vez.
Cuando entraron al piso, el más bajo se sacó la campera y tiró todo encima de la mesa de manera descuidada. Iba a ir al baño hasta que sintió los fuertes brazos rodeando su cintura.
—Sos muy lindo chinchudo, ¿sabías? –le empezó a dar besos recorriendo el cuello pálido.
—No me rompas las bolas –advirtió el menor con una voz más suave que antes. No podía evitar ceder ante las caricias de este hijo de puta.
—Valen, yo solo te quiero a vos, nadie me encanta más que vos. No tenés que estar celoso –le mordió suavemente el lóbulo de la oreja. Las piernas del pelirrojo temblaron un segundo, pero se recompuso al toque alejándose hacia su habitación.
Agustín, que no se rendía nunca, lo siguió y de un brazo lo tironeó hacia él haciendo que sus pechos se choquen. El mayor le dio una sonrisa y lo besó mientras rodeaba su cintura. Valentín, correspondió el beso en menos de un segundo, pasando las manos por su cuello. El castaño lo llevó lentamente a la cama, y lo tiró sobre esta posicionándose encima. Siguió besándolo con exaspero, mientras se iba desvistiendo desesperado. Ambos se sacaron las zapatillas rápidamente sin dejar de manosearse. El Colo celoso lo había calentado un poquito.
La nube de placer se arruinó cuando el pecoso se acordó de Matías rodeando los brazos alrededor del cuello de su novio. En un hábil movimiento, ya más cómodos sobre la cama, el menor cambió las posiciones. El colorado quedó arriba, sentado a horcajadas sobre el castaño. Cuando los brazos bronceados recorrieron la cintura intentando desvestirlo, el xeneize se lo impidió.
—Esta noche no me vas a tocar –advirtió con la mirada amenazante. No estaba jodiendo. Seguía muy enojado. Ante la regla, Agustín tragó saliva y lo observó con emoción, quieto. Giay lo soltó siguiendo las órdenes de su novio, mientras las pálidas manos colocaban ambas muñecas bronceadas arriba del cabello castaño asegurándose de que no se pueda mover. El mayor levantó una ceja. Iba a preguntar qué quería hacer hasta que sintió los labios suaves sobre los suyos y se olvidó de todo para fundirse en el dulce beso. El jugo de multifruta no sabía para nada mal, y las palmas del colorado inmovilizándolo sobre las almohadas se sentían bien, no estaba acostumbrado pero el entusiasmo le ganaba.
Barco bajó dando besos por el mentón, tenía un poco de barba que le raspaba, pero no se quejó. Siguió por su cuello y dejó varios chupones. Tenía mucha bronca todavía. Lo de imaginar a Agus con cualquier persona lo volvía loco insanamente, no podía evitarlo. Le hervía la sangre. Es que El Colo no solo era celoso, sino que también posesivo como la mierda.
Se encargó de levantarle la remera rosa y ajustada que tenía puesta, para deslizarla por su cabeza y tirarla por ahí. Barco también se sacó su buzo blanco, haciendo un espectáculo hermoso ante los ojos del mayor que quería tocarlo con muchas ganas.
Valentín volvió a inclinarse para frotar sus pieles cálidas y besar el trabajado pecho, bajó por sus abdominales marcados y se quedó en el borde del pantalón negro ajustado. Lo desabrochó con lentitud, pero terminó de sacarlo de esas musculosas gambas bronceadas tirándolo por ahí. Ya podía ver la carpa en los boxers color negro que cubría la última parte vestida de Giay. Masajeó el miembro duro y vestido, muy despacio. Quería tomarse su tiempo y torturarlo al máximo. Solo pensaba en desquitar todos esos sentimientos feos que se formaron en su pecho de alguna manera, haciéndolo sufrir un poquito. Necesitaba darle una lección para que no vuelva a repetirse más lo de esta noche.
Mientras pensaba en eso, paró los movimientos para sacarse su propio jogging quedando en el calzoncillo blanco que combinaba con su pálida y tersa piel.
El mayor pensó que su novio era el más hermoso de todo el mundo y en lo afortunado que era de tener tremenda obra de arte encima suyo. El castaño dudó y sin aguantarse amagó a tocarlo. El otro se le adelantó al ver las intenciones.
—Me tocás y me voy. Sabés que no jodo –lo fulminó con la mirada.
Agustín largó un gemido, ahora sí tenía ganas de quejarse. Sin embargo, tomó aire y volvió su mirada al vientre plano y marcado, enfocado en esos muslos grandes con pecas situados sobre sus caderas. Barco posicionó su erección por encima del otro bulto mientras se frotaba con suavidad. Ambos estaban duros, con la tela del bóxer separándolos. Giay soltó un quejido, el menor ya no tenía las manos en sus muñecas, así que tuvo que sacar el autocontrol que perdía a cada segundo y aferrarse de la almohada para no terminar tocándolo. La fricción se sentía bien, pero necesitaba más...
—Dale Valen, p-por favor –rogó el más alto de los dos.
–Shh, ahora bancatela.
Sin embargo cedió a las súplicas, dejando de frotar ambos miembros cubiertos para bajar el boxer negro de una vez. La pija dura y parada de Agus saltó como si fuera una catapulta, deslizó el resto de la prenda tirándola al piso. Acercó la mano pálida y rodeó el miembro empezando a masturbarlo de arriba hacia abajo, primero lento y después aumentando la velocidad. La cabeza hinchada y húmeda se empezaba a poner cada vez más rojiza, el líquido que salía de la punta ayudaba a lubricar la extensión. Barco formó una media sonrisa victoriosa, él solo podía poner así de desesperado a su novio. Con su olor, su tacto, su presencia. Nadie más.
Ninguna otra persona que no sea él, podía verlo desarmarse de ese modo debajo de su cuerpo. Jamás.
—Aaah, Valen –el hincha de San Lorenzo se mordió el labio inferior a la expectativa. Le estaba costando mucho mantenerse quieto. Movió sus caderas para que el otro lo toque más, que haga algo.
—¿Qué pasa? ¿No aguantás? –lo burló con un hilo de voz. Y es que, tenerlo así de indefenso bajo su cuerpo lo estaba volviendo loco. Tampoco podía aguantar dando tantas vueltas.
Deslizó su propio bóxer blanco por la piel, dando un tipo de espectáculo. Lo sacó con paciencia (disimulando lo desesperado que estaba) mostrando su pija parada atorada en la tela. Una vez fuera de su cuerpo lo tiró por ahí, mezclándose con el resto de la ropa esparcida por la habitación cuál stripper privado. Su miembro estaba duro e hinchado, era más chico que el de Agus pero igualmente hermoso. Tenía la cabeza brillante rosa y un poco de vello recortado que le cubría la pelvis. Los ojos del mayor lo seguían sin dejar de observar cada movimiento.
Ahora los dos estaban completamente desnudos, por fin. Sin ninguna prenda que los separe.
—Valen... dejame tocarte –pidió el mayor recibiendo la negación rotunda.
—Te dije que no, a ver si así aprendés para la próxima que te quieras hacer el buen samaritano.
Agustín tragó saliva con dificultad. Le encantaba ver a su novio así de posesivo con él, esa determinación que tenía en la cancha y que lo volvía loco la estaba trasladando acá. Usualmente, el que siempre tomaba la iniciativa y hacía todo el trabajo era el mayor, pero que el menor decida hacer esto de vez en cuando... su pija dio un salto de tan solo pensarlo.
El pecoso bajó por el cuerpo trabajado para alinear el miembro en su boca y lamer la cabeza como un gatito, comenzó a chupar con suavidad la punta sintiendo el líquido salado en su lengua. Tan lento lo hacía que Giay cerraba los ojos disfrutando la sensación. Los labios se sentían suaves y le partía el alma no poder agarrarlo de la nuca y hundirlo por completo. Pero le duró muy poco, porque en menos de cinco segundos, el colorado nuevamente se separó para observarlo una vez más. La mirada del xeneize era tan intensa, lujuriosa, prepotente. Le fascinaba, solo lograba excitarlo más (si eso era posible).
—Quiero que veas esto –avisó con la voz ronca haciendo temblar al hincha de San Lorenzo bajo él.
Barco de un momento para otro, sin pensarlo tanto, se metió dos dedos dentro de la boca, llenando de saliva cada falange. Chupó como un profesional hasta que los sacó bien mojados para llevarlos a su propio culo pecoso. Agustín se moría de ganas de poder ver eso mejor, pero solo quedaba aprovechar del show que le brindaba en esa posición. Los dedos pálidos rodearon su entrada y jugueteó alrededor del anillo de músculos antes de meter un dedo hasta el fondo, con mucho cuidado. Arrugó la cara por la intromisión, era un tanto extraña. Esto usualmente lo hacía su novio, así que había perdido la práctica. Cuando metió el segundo, empezó a moverlos lentamente. Sintió como sus paredes internas se estiraban de a poco y dejó caer la cabeza hacia un lado mostrando ese cuello pálido, besable, marcable, suave... ante la sensación de sus dedos gimió. Empezó a meterlos y a sacarlos, cada vez más rápido. Cuando notó que estaba algo flojo metió el tercero dejando escapar otro quejido lamentable, sentía perder el aliento mientras aumentaba el vaivén dentro de él. El mayor ahora estaba tironeando de las sábanas y mordiéndose el labio con fuerza para no decir ni hacer nada. Tenía que bancársela.
—¡Ah! –gimió de la nada con una voz más aguda. Era ahí.
El colorado aumentó un poco los movimientos y tocó su próstata, fue cuando perdió el aliento por completo.
En ese momento, Valentín se recompuso y miró directamente a los ojos de su novio, sin dejar de dedearse continuamente. La imagen de Agustín lo volvió loco; tenía esos ojos claros dilatados mientras se mordía el labio inferior con mucha fuerza. Podía escuchar los quejidos que salían de la garganta bronceada, lo de hacerlo sufrir le estaba saliendo diez puntos, evidentemente. Y el mayor pensaba si no era un sueño, tener a su novio estirándose sobre él era algo con lo que siempre fantaseó.
Abrió más las piernas pecosas, su verga estaba chorreando dura y colgando en su vientre, pero no podía parar. Gimió en voz bastante alta, especialmente cada vez que las yemas de sus dedos rozaban el punto especial. En lo único que pensaba ahora es en darle un buen espectáculo al otro, digno de recordar. Agustín seguía gimiendo ante la escena, mientras sentía que si seguía apretando los puños contra las sábanas, iba a romperlas de tanta fuerza. El hincha de San Lorenzo se moría por morderlo y marcarlo como de costumbre. Estaba siendo uno de los peores castigos que tuvo en su vida, ya no podía aguantar tanto sin al menos rozar sus brazos o su cintura.
Quería darlo vuelta y ser él quien le esté metiendo los dedos hasta volverlo loco de placer y conseguir la misma cara de éxtasis que mostraba el menor.
La parte más erótica era que, Valen, ante cada estocada con sus propios dedos, no podía dejar de sentir su cuerpo temblar. Sin embargo, no alejaba la mirada ni un segundo de esos ojos pardos que se derretían ante tal imagen gloriosa del pecoso dándose placer sin parar.
—Ah, si... –soltó sin dejar de mirarlo. Pero ya era suficiente, si seguía haciendo esto iba a acabar rápido. No era exactamente la idea.
Sacó los dedos, ahora bien abierto y estirado para nuevamente inclinarse sobre su novio desesperado dándole un poquito de atención. Olió su piel, y prosiguió. La lengua de Valentín pasó por la extensión del cuello bronceado, tenía un sabor más salado por la transpiración. Seguía tentado en dejarle un collar de chupones visibles, énfasis en que es mío, solo mío.
Las manos pálidas nuevamente se enfocaron en recorrerle el pecho fuerte, los brazos musculosos, arañando la piel sin lastimarlo. Con tan poco, Agustín se sentía estimulado, y es que mucho más no se necesitaba. La mirada llena de lujuria del colorado le encantaba, lo estaba observando de esa forma tan única, como si se lo quisiera comer por completo: recorriendo todo el cuerpo desnudo, desde los pectorales bronceados hasta los abdominales, para terminar en sus ojos claros opacos cargados de excitación.
El hincha de Boca se sentía increíble por el simple hecho de tener el poder. Le encantaba.
Agustín estaba a nada de rogarle nuevamente, pero el menor escupió en su palma para darle atención a la pija hinchada y pesada que no tocaba desde que se estiró. Al sentir el contacto el mayor no pudo evitar el movimiento involuntario de sus caderas, pero se quedó quieto al ver la mirada amenazante de su novio. Giay gimió al sentir la boca rosada nuevamente en su cabeza, esta vez el menor, juntó saliva entre sus labios y la escupió para mojar bien la punta y bajarla por todo el miembro venoso. Agus sintió su pija palpitar por la emoción, otro gruñido salió de sus labios. Con más seguridad sobre sus actos, el Colo se movía con rapidez y firmeza masturbando la extensión. Cerró los ojos claros para pensar en algo que no lo haga terminar en ese mismo instante cuando el pulgar rozó su orificio, las sensaciones eran bastante abrumadoras. Valentín conocía las expresiones del castaño, así que automáticamente retiró su mano y se levantó esta vez apoyándose mejor sobre las fuertes y trabajadas piernas, encima de su cadera jugando a introducir la punta en su entrada, frotándose juguetonamente.
Sin dejarlo esperar demasiado, introdujo con cuidado la punta para terminar empalándose ahí nomás mientras puteaba en voz alta. Agus frunció el ceño por la presión repentina y el calor en su pene, también insultando al aire gratituamente. La pija se deslizó con un poco de dificultad pero se logró, la tenía entera adentro, estaba completamente sentado sobre los muslos del otro. Molestaba, pero no se arrepentía. Era increíble estar así de lleno.
El colorado colocó las manos sobre el pecho de Agus para no irse a la mierda mientras intentaba acostumbrarse al tamaño. Empezó a empujar, subir y bajar sobre la longitud dura y palpitante mientras perdía el aliento. Las primeras embestidas fueron tentativas, quería ir lento, despacio para hacerlo sufrir cada segundo pero no podía aguantar. Lo hizo tres veces, y ya a la cuarta estaba saltando sobre su novio como un loco mientras su propia pija rebotaba ante aquellos movimientos bruscos. Los gemidos del mayor eran casi guturales, la imagen que tenía encima de él, Valentín perdido en placer y posiblemente enojo, le generaban cosas inexplicables. La presión, el calor y la fuerza que manejaba su novio lo volvían loco. Era como el cielo. Quería tocarlo, amagó a agarrarlo de la cintura pero la voz sin aliento y excitada habló.
—N-no se te ocurra, el ritmo lo marco yo.
El castaño estaba desesperado por mover sus caderas y aumentar la velocidad, pero no se iba a arriesgar a que el otro se enoje y se vaya a la mierda dejándolo ahí con la poronga parada apuntando a dios.
Luego de un tiempo rebotando sobre las caderas bronceadas, sintió cansancio. Gracias al fútbol y los entrenamientos constantes podía aguantar bastante, pero estaba tan enojado y excitado que sin darse cuenta sus piernas se iban fatigando, sintiendo sus músculos empezar a temblar y los muslos le empezaron a arder.
Dejó de pensar en eso al ver a Agustín deshecho bajo su cuerpo, notó la impotencia de su rostro por no poder tocarlo y su ego aumentó, procedió a aumentar el ritmo que estaba llevando mientras lo cabalgaba con mayor rapidez y fuerza. Mientras lo usaba prácticamente de consolador personal, sintió que le golpeó con la punta la próstata. La corriente de placer le recorrió todo el cuerpo. Un alarido salió de su garganta, no era ni parecido a la sensación de sus dedos, Imposible comparar esto con nada. Dobló la cabeza hacia atrás al sentir como repetidamente la verga de Agustín le daba en ese punto especial sin parar, su vientre se estaba tensando de a poco. El mayor sentía como el otro lo apretaba más y más alrededor de su extensión, las embestidas eran bastante rápidas ahora y no podía ni abrir los ojos del placer extremo.
—M-mirame, ahora –ordenó entre jadeos agotados. Dejó de moverse para bajar y lamer su pecho, dejando un chupón en la clavícula y besar su mandíbula.
—D-dale Val... ¡Aah! –el menor se retiró hasta la punta, y cayó en peso muerto sobre el miembro. El castaño podría haberse muerto en ese mismo instante.
Repitió esto algunas veces más, pero terminó montándolo sin descanso. Había encontrado la forma y posición justa para golpear reiteradas veces su próstata, gritando sin parar.
—¡Ah! La puta madre, qué bien –sollozó el pecoso en voz muy alta.
La vista del estado de Agustín era irreal; el oscuro flequillo húmedo pegado a la frente, esos ojos pardos hermosos entrecerrados por las sensaciones y la piel brillante lo estaban llevando al borde. Y ni hablar, de la chota que se estaba cogiendo. Increíble, diez de diez.
—S-sos mío, soy el único que puede tocarte, ¿entendiste? N-nadie más.
—S-sí, soy tuyo Valen, t-tuyo –Giay asintió repetidas veces ante la burbuja de placer que le nublaba los sentidos. Fue ahí cuando sintió las contracciones alrededor de su pija y el cuerpo pálido empezó a temblar sobre él.
Valen largó un grito mientras su vientre empezó a sufrir espasmos con violencia, el orgasmo lo había alcanzado con fuerza de la nada, sin avisar. Sus párpados se cerraron y sin dejar de cabalgar, acabó sobre los abdominales del mayor manchándolo. El cuerpo más delgado perdió fuerza, y, mientras disfrutaba del clímax con todos sus músculos contrayéndose, se desvaneció un poco. No podía pensar en nada.
Agustín jadeó y aprovechó para agarrarlo de la cintura y darlo vuelta en un movimiento brusco haciendo que la espalda pálida y pecosa chocara contra el colchón sin salir de adentro suyo. Al fin. Ahora era su turno.
—¡A-ah!, qué hacés –soltó todavía perdido en la nebulosa post-orgasmo.
Giay no respondió, se la iba a cobrar. Apretando los muslos hundiendo los dedos en la pálida piel, empezó un vaivén metiéndole la poronga bien adentro de una estocada violenta. Valentín empezó a sollozar de placer, acababa de venirse con mucha fuerza y el otro abusaba de su próstata sobreestimulándolo sin parar, estaba tan sensible porque ni siquiera se había recuperado de su orgasmo anterior.
—¡Ah! No p-puedo m-más, ah –lloró cubriéndose los ojos.
El glande hinchado rozando ese punto a cada rato lo hacía temblar, empezó a jadear por lo extraño que se sentía todo. Lo estaba cogiendo con brutalidad y bronca, pero le gustaba esa sensación en su cuerpo muy sensible.
—Vos sos mío también, acordate de eso.
Giay aumentó el ritmo de las embestidas, Barco no sabía qué decir, solo podía llorar y gemir con la boca abierta, mientras las ondas de calor se formaban en su vientre nuevamente, no iba a aguantar, no iba a poder. Lágrimas caían por sus mejillas debido a la estimulación excesiva.
—¡Ah!, ¡ah! –el pecoso mordió el nudillo de su dedo índice para no gritar. El castaño en su frenesí le sacó la mano que cubría sus labios y lo besó con ansias, callando esos gritos en su boca sin dejar de penetrarlo con una bestialidad increíble. Estaba a punto caramelo, no daba más.
Así fue como Agustín después de dos embestidas más, terminó adentro de las paredes del menor. El colorado al sentir el semen caliente en su interior, acabó otra vez, sin darse cuenta. Ni siquiera sabía si eso era posible, ahora estaba mareado por las sensaciones y muy débil. Respiraba de pedo. No sentía el cuerpo pero sí los temblores en sus músculos. Muchas emociones, no podía pensar en nada.
El mayor se tomó unos segundos para disfrutar del orgasmo, y los espasmos del otro para luego salir y tirarse al lado de la cama exhausto. El xeneize quedó todo relajado mirando el techo con una sonrisa embobada. Ninguno dijo nada mientras recuperaban la respiración, especialmente Valentín que había tenido dos orgasmos seguidos.
—No flashees dominante porque la próxima vez va a ser peor –dijo entre jadeos Giay, con una tonadita de burla.
—Cerrá el orto hijo de puta, vos no flashees tener a ningún trolo o trola encima, ¿entendiste? –murmuró el menor perdido en sus pensamientos. Sí, se había sentido increíble. Todavía estaba teniendo espasmos musculares, y las piernas le temblaban por la actividad anterior. Lo que lo trajo a la realidad fue la voz dulce de su novio que seguía hablando.
—No tenía idea que eras tan celoso, mi amor. Si sabía esto te ponía celoso antes, para la próxima será –se rió mientras sintió un manotazo en la cabeza, muy suave.
—La próxima vez te corto la garcha en juliana –afirmó con una sonrisa desvergonzada.
Los ojos pardos viajaron por su propio vientre bronceado viendo los fluidos brillar.
—Mirá todo lo que acabaste encima mío, una banda –suspiró mientras agarraba algo del líquido y se lo metía en la boca. En seguida recibió otro manotazo en su cabeza y largó una carcajada.
—Asqueroso de mierda.
—En serio, te amo –confesó mientras le acariciaba los cabellos húmedos y pelirrojos que tanto amaba. Le dio besos en los hombros tranquilizándolo–. Ninguna persona en el universo me hace sentir lo que me provocás vos.
Las mejillas del pecoso empezaron a arder. Y cerró los ojos sintiendo los mimos de su novio por su piel.
—Quiero decirle a los chicos lo nuestro.
Valentín abrió los ojos al escuchar esas palabras. No respondió nada, pero se quedó analizando un buen raro.
—No tiene que ser ahora, pero quiero que sepan que sos mío y que estás conmigo. No soporto que te toquen el culo ni te jodan, yo también soy celoso –aunque tenía más paciencia que su pareja evidentemente, todas esas cosas le molestaban.
Barco lo pensó y terminó asintiendo con suavidad. Ya le daba igual, se estaba quedando dormido de a poco. Sintió un beso en los labios, y en la frente.
Valentín comprendió que el castaño, también tenía ciertas inseguridades, no era el único.
Por otro lado, Agustín había aprendido algo nuevo de su novio en este tiempo: que era muy celoso y posesivo. A pesar de todo, no quería volver a hacerlo enojar. ¿O sí?
Al otro día los dos enamorados le contaron al grupo sobre su relación. Las reacciones fueron buenas, Matías se disculpó apenado después de escuchar toda la historia.
También Valentín le comentó a Soulé que el jugo de multifruta que compraba siempre era un asco, y que si volvía a comprarlo, lo iba a cagar a trompadas.
(...)
buenas buenas que tal!! otra vez escribiendo un delirio que leí en el cc de la s20, quería hacer algo mas divertido, ya mucho triste. Igual voy a intentar escribir de todos los géneros que pueda
gracias por los votos y los comentarios que me dejan; me ponen muy contenta y me hacen cagar de la risa loco, no paren
nos vemos en la próxima demencialidad








