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Z-40 「Fayeyoko」

Summary

En una ciudad donde ciertas zonas han sido borradas del mapa, una investigación aparentemente rutinaria arrastra a una comisaria hasta un territorio donde la ley ya no tiene alcance. Allí, algo antiguo y peligroso sigue latente, protegido por el olvido y por quienes saben esperar. Mientras un enemigo invisible mueve piezas con paciencia quirúrgica, la investigación se desplaza a espacios cerrados, silenciosos, donde cada dato cuenta y cada error puede ser irreversible. Lo que comienza como un caso más pronto se convierte en una carrera contra el tiempo, marcada por decisiones que no figuran en ningún protocolo. Entre vigilancia constante, estrategias medidas y amenazas que nunca se muestran del todo, la historia se adentra en los límites entre el deber y lo personal, entre lo que debe protegerse y lo que no puede sacrificarse. Porque hay verdades que no quieren ser encontradas. Y una vez que se despiertan... ya no hay vuelta atrás. ¿Te atreves a averiguar qué ocurrió realmente en la ciudad que decidió olvidar? FayeYoko +18

Genre
Mystery
Author
Jade
Status
Complete
Chapters
19
Rating
n/a
Age Rating
18+

1.Pasos En La Sombra

Yoko había llegado treinta minutos antes, por si se perdía. Lo hizo igual.

Después de preguntar dos veces, equivocarse de pasillo y sonreírle nerviosamente a un agente que no le devolvió la sonrisa, terminó frente a la puerta de vidrio esmerilado donde se leía:

Comisaria – Unidad de Patrullaje Sur

Inspiró hondo. Golpeó con los nudillos. Una voz seca respondió desde dentro.

-Adelante-.

Yoko se adentró en el despacho.

La mujer detrás del escritorio no levantó la vista de los papeles. Pelo oscuro recogido sin esfuerzo, uniforme perfectamente planchado, expresión neutra. Era exactamente como la describían. Impecable y lejana.

-¿Cadete Yoko Apasra? -Preguntó sin mirarla aún-.

-Sí, comisaria. -Respondió Yoko, firme pero no tanto como le habría gustado-.

La comisaria la observó por primera vez. No dijo nada durante un segundo más de lo necesario.

-Pareces más joven en persona-.

-Eh... técnicamente lo soy. -Intentó bromear Yoko-.

Nada. Ni una sonrisa.

-¿Primera asignación real?-.

-Sí, comisaria-.

-¿Sabes disparar?-.

-En la academia tenía buena puntería-.

-¿Y en la calle?-.

-Todavía no he tenido que comprobarlo-.

La comisaria asintió con una mínima inclinación de cabeza y se levantó, recogiendo una carpeta.

-Hoy salimos a patrullar juntas. No hables más de la cuenta. No interrumpas. Y no trates de impresionarme-.

Yoko abrió la boca, la cerró, y simplemente asintió.

-Sí, comisaria-.

Salieron al pasillo en silencio. Mientras bajaban las escaleras, Yoko notó cómo la comisaria saludaba con un leve gesto de cabeza a cada agente con el que se cruzaban. No hablaba, pero todos parecían respetarla... o temerla. Tal vez ambas cosas.

Antes de salir al exterior, la comisaria se detuvo de golpe y giró hacia un pasillo lateral.

-Primero, el vestuario. -Indicó sin esperar confirmación-.

Yoko la siguió intentando no perder el paso. El eco de sus botas nuevas contrastaba con el andar silencioso de la comisaria. Al abrir la puerta del vestuario femenino, el olor a detergente fuerte y metal pulido la golpeó de inmediato.

La comisaria se acercó a una taquilla y lo abrió con una llave que llevaba preparada. Dentro, perfectamente doblado, había un uniforme de cadete, una chaqueta táctica ligera y un cinturón de servicio aún sin desgaste.

-Tu talla. -Dijo simplemente, entregándole el uniforme. -Cámbiate rápido-.

Yoko asintió, tragando saliva. La comisaria, lejos de salir, esperó con los brazos cruzados, mirando hacia otro lado pero claramente pendiente del tiempo. Cuando Yoko terminó de ajustarse la chaqueta, la comisaria le tendió una radio portátil.

-Canal Z-40. Identifícate siempre antes de hablar. No la apagues-.

Luego agarró de la taquilla un cinturón preparado con lo básico. Funda para la linterna, guantes, un botiquín compacto, esposas y el estuche rígido para el arma de práctica que los cadetes llevaban hasta recibir autorización completa.

-Esto es lo mínimo para un patrullaje. Que no se te caiga nada. -Advirtió, ayudándole a ajustar un broche que había quedado suelto-.

Yoko se puso firme por puro reflejo.

-Sí, comisaria-.

La comisaria cerró la taquilla con un solo movimiento, giró sobre sus talones y salió del vestuario sin esperar más.

-Vamos. -Ordenó-.

Yoko respiró hondo, sintiendo el peso de la equipación por primera vez. Y corrió tras ella, lista para no quedarse atrás.

Al llegar al coche patrulla, la comisaria le lanzó las llaves.

-Conduce tú. Vamos a ver si lo tuyo con la puntería también se aplica al volante-.

-¿A dónde vamos?-.

-A donde la ciudad nos diga. -Respondió mientras se subía del lado del pasajero. -Pero si me haces derramar el café, te dejo patrullando sola en el centro a la hora pico-.

Yoko sonrió mientras giraba la llave en el encendido.

Primer día, y ya había sobrevivido a la primera conversación.

O eso creía.

El coche patrulla avanzaba por la avenida principal con las luces apagadas. la comisaria, en el asiento del copiloto, revisaba un informe desde su tablet. Yoko trataba de no mirarla más de lo estrictamente necesario.

-Unidad Malisorn en servicio, junto a cadete Apasra. -Dijo por la radio. -10-08-.

-Recibido, Malisorn. Manténganse en la zona sur con el Z-.

Yoko tragó saliva. A pesar del uniforme, el arma al cinto y la placa nueva brillando sobre su pecho, seguía sintiéndose nerviosa. No podía evitarlo.

-¿Cuánto tiempo lleva aquí, comisaria? -Se atrevió a preguntar-.

-Suficiente para no responder preguntas personales en una patrulla. -Replicó Faye sin levantar la mirada-.

Silencio. De nuevo.

-10-37, 10-37 -Saltó la radio de repente. -Vehículo sospechoso en las inmediaciones de Las Alondras, cerca de la gasolinera. Posible 487-.

Faye alzó la vista de inmediato.

-10-04, central. -Respondió Faye por radio. -Z-40 acude. Código 2-.

Yoko activó las luces del coche, sin sonido, y giró hacia la avenida secundaria. Sintió la adrenalina empezar a treparle por la espalda.

-¿Qué significa todo eso? -Preguntó Yoko, algo confundida. Había escuchado esos números y códigos en la academia, pero ahora se sentía completamente perdida-.

Faye la miró brevemente, su rostro serio pero comprensivo.

-Es normal que te suene a galimatías al principio. Te lo voy a explicar, pero debes aprender rápido porque estos códigos son nuestra forma de comunicarnos en la patrulla. Evitan malentendidos y ahorran tiempo-.

Yoko asintió, prestando atención.

-Por ejemplo,10-08significa que estamos en servicio. Cuando dices eso, quieres que la central sepa que estás disponible para cualquier tarea-.

-¿10-04? -Preguntó Yoko, todavía intentando ordenar las piezas-.

-10-04es un “recibido”, una manera rápida de confirmar que entendiste la orden. Si te dicen10-04, significa que te han entendido. Es como un “de acuerdo”, pero con más rapidez-.

-Entendido. -Yoko asintió, tratando de seguir el ritmo-.

La gasolinera apareció al doblar la esquina. Al fondo, un sedán negro mal aparcado, con las luces apagadas y el motor aún encendido. Una figura en el asiento del conductor.

-Código 6 -Murmuró Faye al activar la linterna táctica. -Vas a hacer tu primera parada de tráfico, cadete. ¿Lista?-.

Yoko tragó saliva, mirando el coche con el sospechoso. Sintió el peso de su primer caso real.

-¿Código 6? -Preguntó, nerviosa-.

Faye le lanzó una mirada rápida antes de explicarle, con tono tranquilo.

-Código 6significa que estamos deteniendo a alguien por una infracción. Aquí, es solo para verificar que todo esté en orden. Si el tipo no responde o hace algo raro, tenemos que retroceder y pedir apoyo-.

Bajaron del coche. El aire nocturno olía a lluvia y gasolina. La radio aún sonaba de fondo con llamadas lejanas, códigos que Yoko apenas podía procesar. Cada paso la acercaba más al coche. A la figura.

Entonces algo se movió.

-¡10-32! -Gritó por radio. -El sujeto tiene un arma-.

Faye ya lo había visto. En segundos, la comisaria desenfundó y se cubrió detrás de la puerta del coche patrulla.

-¡Manos arriba! ¡Policía!-.

El sujeto salió corriendo, pistola en mano.

-¡10-805! -Avisó Faye. -Persecución a pie. Suroeste, entre calle Las Alondras y pasaje 11-.

Faye se movió rápidamente, cubriéndose detrás del coche patrulla mientras Yoko ya corría tras el sospechoso.

-Recuerda,10-805es para cuando alguien huye y no está en un vehículo. Es clave avisar a la central para que la patrulla pueda coordinarse con los otros oficiales-.

Y sin esperar respuesta, Yoko siguió corriendo tras el sujeto.

Yoko respiraba con dificultad mientras sus pasos resonaban en la calle desierta. El aire fresco de la noche cortaba su rostro, pero su mente estaba centrada en el hombre frente a ella, corriendo con una pistola en mano.

¡No puedo perderlo!

pensó, mientras sus botas golpeaban el pavimento con fuerza. La figura delante de ella zigzagueaba entre las sombras, buscando tal vez alguna salida o un lugar donde esconderse. Pero Yoko no iba a dejar que eso pasara.

A su lado, la radio seguía zumbando con nuevos códigos, pero ya no prestaba atención a ellos. Solo pensaba en alcanzar al sospechoso, en evitar que se escapara.

-¡10-805! -Gritó por la radio esta vez, el eco de su propia voz devolviéndole algo de confianza. -Persecución a pie, hacia el suroeste, entre Las Alondras y pasaje 11. ¡Necesito apoyo!-.

La central respondió de inmediato, pero en ese momento, todo lo que tenía era su velocidad y su entrenamiento.

-¡Apasra! -Se escuchó la voz de Faye por la radio. -Mantén la calma. No te lances de cabeza. Si el tipo te ve agitada, puede que se ponga más violento-.

Yoko intentó calmar su respiración, pero la adrenalina estaba en su cuerpo. El sudor le caía por la frente, pero no se detuvo. Ya casi estaba a la altura del hombre.

Entonces, algo cambió.

El sujeto se detuvo de golpe, girándose hacia Yoko con la pistola en alto. Su rostro, ahora iluminado por las luces de la calle, mostraba una mezcla de desesperación y rabia.

-¡Detente! -Gritó Yoko, levantando las manos y poniendo distancia entre ellos. -¡Policía! ¡Tira el arma!-.

Pero él no lo hizo. Al contrario, se acercó un paso más, los dedos apretando el gatillo.

Yoko sintió el latido de su corazón en sus oídos. Recordó lo que le había dicho Faye.

-Recuerda el protocolo. Si el tipo no baja el arma, no dudes en retroceder. No importa lo que pienses, tu seguridad siempre viene primero-.

A pesar de la tensión, Yoko se forzó a recordar cada paso que había aprendido. Sabía lo que tenía que hacer.

-¡Tira el arma! -Repitió, con más firmeza en la voz. -No quiero usar mi arma, pero si no lo haces, no me dejará otra opción-.

El hombre titubeó por un momento. Su mirada vaciló, y Yoko aprovechó para dar un paso atrás, preparándose para moverse rápido si hacía falta.

Faye había dicho que en este tipo de situaciones, la paciencia era clave.

La tensión se rompió cuando el sujeto, con un grito de frustración, tiró la pistola al suelo y levantó las manos.

-¡No quiero problemas, solo quiero salir de aquí! -Gritó, respirando con dificultad-.

Yoko avanzó lentamente, con el arma aún en su funda, hasta llegar a él. No había confianza en su voz, pero sabía que había hecho lo correcto.

-Al suelo, ¡Ahora! -Ordenó, mientras se acercaba más-.

El hombre, sin más opciones, obedeció. Cayó al suelo con un golpe seco, las manos extendidas hacia adelante. Yoko rápidamente le puso las esposas.

-¡No te muevas! -Advirtió, mientras le aseguraba las muñecas. -Ahora, respira. Estás detenido por posesión ilegal de arma de fuego y resistencia a la autoridad-.

A lo lejos, oyó las sirenas acercándose. La patrulla de apoyo estaba en camino. Sin embargo, todo lo que sentía en ese momento era el alivio de haber controlado la situación.

De repente, la voz de Faye se coló por la radio de nuevo.

-¿Todo bajo control, cadete?-.

Yoko miró al hombre detenido en el suelo, todavía respirando agitadamente, y se permitió un suspiro de alivio.

-Sí, comisaria. Todo bajo control-.

Faye rió suavemente, su tono de voz menos severo que antes.

-No olvides que acabas de dar tu primer paso en este trabajo, Yoko. Las cosas van a ponerse más difíciles, pero si mantienes la calma y sigues el protocolo, siempre estarás bien. ¿Lo tienes claro?-.

Yoko sonrió, algo insegura, pero con la sensación de haber aprendido algo importante esa noche.

-Lo tengo claro, comisaria-.

Las luces de la patrulla finalmente llegaron, y los oficiales se hicieron cargo del arresto. Faye se acercó a Yoko mientras observaba la escena desde el coche patrulla.

-Bien hecho, cadete. Ahora, respira hondo. Pero recuerda, este es solo el principio-.

Yoko miró a Faye, la comisaria con la que acababa de compartir su primera verdadera experiencia en patrullaje, y por primera vez se sintió algo más que una cadete en prácticas.

La noche apenas comenzaba, y ella estaba lista para todo lo que viniera.

Los oficiales comenzaron a hacer preguntas, asegurándose de que todo estuviera bajo control mientras Yoko y Faye observaban desde un lado.

-Bien hecho, cadete. -Faye le dio una palmada en el hombro. -Has controlado la situación. No te preocupes si aún te sientes insegura. Es normal-.

Yoko asintió, pero la sensación de haber estado al borde de la incertidumbre todavía le rondaba en la mente.

-Lo sé, comisaria. Pero no entiendo... ¿Cómo sabré que lo estoy haciendo bien? ¿Qué pasa si la próxima vez me equivoco?-.

Faye la miró con una sonrisa pequeña pero genuina.

-Eso es lo que significa ser un oficial, Apasra. Estar lista para equivocarte, aprender de ello y seguir adelante. Nadie sabe todo desde el principio. Aprendemos con cada día, con cada situación-.

Se acercaron al coche patrulla mientras los demás oficiales se llevaban al sospechoso. Faye se acomodó en el asiento del copiloto y miró a Yoko, que aún estaba inmersa en sus pensamientos.

-Lo único que puedes hacer es seguir el protocolo, mantener la calma y confiar en tu instinto. Con el tiempo, lo demás vendrá-.

Yoko encendió el motor del coche, aún reflexionando sobre sus palabras.

-¿Y si no me siento lista? -Preguntó en voz baja-.

Faye se giró hacia ella, su rostro serio pero lleno de comprensión.

-Nunca te vas a sentir lista del todo. Pero lo importante es que sigas adelante. En este trabajo, lo más importante no es no cometer errores, sino aprender de ellos. Lo hiciste bien esta noche. Eso es lo que importa-.

Yoko asintió, sintiendo por primera vez una chispa de confianza en sí misma. No iba a ser fácil, pero estaba dispuesta a intentarlo. Con Faye a su lado, no estaba sola en esto.


Mientras avanzaban hacia la siguiente calle, Yoko miró la radio del coche, que estaba en silencio por un momento.

-¿Qué significa eso? -Preguntó, señalando los códigos que habían usado a lo largo de la noche-.

Faye sonrió levemente, como si esperara esa pregunta.

-Te los iré explicando, pero solo cuando estés lista. Cada uno de esos códigos tiene su propósito, y conocerlos es esencial para este trabajo-.

Yoko observó a Faye por un momento. Sabía que estaba en buenas manos. Había mucho por aprender, pero ahora entendía que ese era solo el principio. Un camino largo, pero uno que estaba lista para recorrer.

La radio se activó de nuevo, esta vez con un mensaje de la central.

-Unidad Z-40, se reporta otro10-50en la intersección de Calle 5 y Bulevar Luna. Necesitamos asistencia inmediata. Código 3. Repito, Código 3-.

Faye miró a Yoko, levantando una ceja.

-¿Lista para tu próxima lección?-.

Yoko sonrió, sintiendo el nudo en el estómago, pero también una pequeña chispa de emoción.

-Sí, comisaria. Vamos a ello-.

Y el coche patrulla se adentró en la noche, listo para enfrentar lo que viniera.

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