Prólogo
En la habitación tras completar aquellos rituales para recuperar el cuerpo de Issei, la energía mágica perteneciente a la momia fue expulsado y de su sarcófago revivió.
El hombre de tez oscura como su cabello y un cuerpo bastante delgado cubierto de las vendas típicas de la momificación, en sus manos yacían objetos sagrados en su época. Un bastón faraónico, un Ankh en la otra y una corona con la forma de una serpiente. Cada detalle de una vida renovada, como si de verdad hubiera escapado de la muerte.

Una leve aura oscura lo rodeaba y sus ojos con un iris carmesí brillaban en poder, venganza y deseo a partes iguales.
– ¡Tras tantos siglos por fin he regresado! – Soltó una carcajada al tiempo que su mirada ardía en un deseo sin igual – Tras que esa zorra de Agares me maldijera, por fin puedo vengarme – Ideas pasaban por su cabeza con lascivas intenciones en sus palabras, soltando un leve rastro de sangre de su nariz.
– Desde el principio nos utilizó con ese fin – Issei gruño mientras invocaba el guantelete carmesí en su mano izquierda que retumbo con un poderoso [Boost] y su fuerza se duplicaba.
– Lo supuse desde el comienzo – Una voz familiar comentó con simpleza y todos voltearon a ver dónde provenía la voz.
Parada frente a una pequeña copia exacta de una de las esfinges, Rias Gremory se encontraba todavía con el traje de danza del vientre, sin embargo, todavía mantenía intacta su belleza y poderío, adjunto a su sensualidad nata.

Issei y el mismo mago Unas sonrieron lascivamente al verla y aunque Rias podía dejarlo pasar a Issei por ser de su nobleza, no pudo ignorar el desagrado en la mirada de Unas, demasiado familiar a como Raiser solía verla en reuniones o eventos. Aprovechando su posición como prometido para intentar más de lo que debía.
No obstante, se mantuvo con la calma de siempre acostumbrada a cosas como esa.
– No le importa que le haga una pregunta ¿verdad? – La bella diablesa preguntó con un tono suave mirando a Unas.
– Lo permito – Con un tono algo pedante, como si quisiera hacerse ver más importante de lo que realmente era, espero la pregunta.
– ¿Por qué una Archiduquesa del nivel de Agares le pondría una maldición? – Usando el tono más dulce y encantador posible hizo su pregunta, mirando al mago directamente sin decir ni hacer más que eso.
– Ugh – Unas se tensó por un instante, antes de recomponerse a toda prisa – Buscando más conocimiento invoque a un demonio, no esperaba que se invocara una diablesa tan hermosa y al verla mi deseo fue; Que se volviera mi espo… – Relatando con un tono más bajo, tosió en la parte final desviando la mirada un instante – ¡Mi esclava! Desee que se volviera mi esclava – Remarco con prisa extendiendo su cetro hacía adelante con una sonrisa pedante e invocando un poco de su poder levemente.
Koneko tenía una mirada en blanco murmurando – Ahora hay dos Issei-senpai – Más para sí misma.
– Ara ara~ – Akeno por su parte llevo una mano a su mejilla con esa sonrisa característica suya.
Kiba se abstuvo de decir comentario alguno e incluso intento evitar mirar a su kohai de paso.
– Una diablesa Ojou-sama esclava, suena demasiado a un doujinshi que Motohama me podría prestar – Issei por su parte tenía una imagen mental en ese instante con Rias en aquel traje tan escaso con un collar en su cuello – Jejeje.
Asia por su parte no parecía entender del todo, quizá por su inocente naturaleza.
– Un deseo un tanto excesivo – Rias tomo la palabra una vez más – Pedir algo como eso a una diablesa de tan alto rango infernal requeriría de un precio muy alto, sin algo que pueda compensar tal costo… no es de extrañar que terminara maldiciéndote – La diablesa carmesí niega con cierta suficiencia que molesto al mago sellado.
– Esa arrogancia me recuerda demasiado a esa maldita de Agares – El mago rechina los dientes mientras vierte su poder en sus vendas para levantarlas similar a los tentáculos de un pulpo, en cada venda un jeroglífico se iba dibujando.
– Koneko-chan, Issei-kun – Kiba invoca su espada mientras llama a sus compañeros para la pelea.
Koneko se pone en pose de pelea mientras Issei empieza a acumular más y más boosteos a su favor.
Akeno y Rias se posicionan por delante con Rias invocando el poder de la destrucción en su mano y Akeno liberando unos pocos rayos en la punta de los dedos, pues ellas en concreto tenían un par de cosas que agradecer al mago, no por nada tuvieron que volverse partes para romper la maldición…
Fue en medio de eso que la sala se llenó de un inesperado frío.
Las paredes poco a poco se congelaban por el descenso de temperatura.
La iluminación parecía apagarse con cada segundo que pasaba.
Incluso más de uno pudo ver su aliento por el frío que hacía.
Lo más raro de todo el asunto era que además de Unas, quien temblaba como gelatina al ser presionada, el resto solo tenía una sensación inquietante y poco más. No temblaban ni parecían sentir de todo el frío casi mortal.
– ¿Q-qué está pasando? – Unas se abrazó a si mismo por culpa del sepulcral frío…
– Unas…
Una voz resonó.
Una gélida voz que parecía carecer de calor, como si nunca hubiera tenido un respiro.
– Mago enloquecido sellado y con un destino evitado…
La voz continuó como si estuviera en cada parte de la sala, incluso a espaldas de todo, a tal punto que más de uno tuvo que girar y cerciorarse que no hubiera nada.
– Con tu alma liberada, tu destino aguarda…
En medio de la sala el aire se arremolinaba con fuerza y el frío se concentraba.
Del remolino de viento mortal se manifestaba con una túnica negra que ocultaba su cuerpo y lo llenaba de un misticismo, en su mano enguantada blanca, que daba la imagen de una mano muerta, casi esquelética, sujetando una hoz y con su otra mano le señalaba.

– ¿Una parca? – Rias y Akeno estaban sorprendidas ante uno de los mensajeros de Hades en ese lugar.
– ¿Qué se supone que eres? – Unas retrocedió sintiendo su cuerpo congelarse de forma metafórica y literal, cambiando los jeroglíficos de sus vendajes para poder escapar.
Sabía que no podría ganar una pelea, pero si escapaba podría tener un día más para completar su venganza.
– Mi alma debería ser para Anubis-sama no para lo que seas – Invocando poder en su cetro y lo señalo, más el poder no era disparado, solo se concentraba igual que una finta.
La parca no respondió, donde de la sombra de la capucha una amplia sonrisa se mostró. Su mano sujeto con más fuerza el mango de la hoz para moverla, indicando que no respondería más de lo ya dicho.
Unas pronto comenzó a recitar un hechizo para poder escapar.
Algo que fue notado por Rias y Akeno, quienes, aunque confundidas por lo que pasaba, no iban a dejarlo escapar tan fácilmente sin hacerle pagar lo que les hizo hacer.
– Oh mago Unas~ – Ambas llamaron al unisonó.
El mago quien, centrado en su escape, miró un segundo hacía quien lo llamaba por aquel tono seductor, se congelo con una mirada pervertida y sangre saliendo de su nariz cuando vio a Akeno y Rias abrazadas la una a la otra con sus pechos juntos y la falda de Akeno ligeramente alzada.

Una técnica tan potente… que incluso Issei cayó en ella.
No obstante, ese solo instante de distracción fue suficiente.
La parca en un movimiento que la mirada no podría seguir, la hoz se encontraba a escaso cm de su cuello e incapaz de terminar su hechizo de escape, la hoja fantasma de la parca toco su alma y con ella fue separado de su cuerpo, que pronto pareció volverse frío e inerte.
El mensajero de la muerte giro la hoja rasgando la realidad misma y se retiró con el alma de Unas en su poder.
Con esto la misión fue cumplida.
– Excelente – Rias dio una sonrisa confiada, deseosa de cambiarse del traje a su uniforme una vez más.
– ¿No se ha hecho más pequeña Akeno-senpai y Bucho? – Issei cuestiono inclinando su cabeza suavemente.
Dicho comentario dejo confundidos a todos, hasta que notaron efectivamente que parecían más pequeñas de la nada.
Cuando todo el mundo bajo la mirada, a los pies de ambas se había abierto un portal inesperadamente.
Tras eso todo se había convertido en oscuridad…
Rias y Akeno fruncieron el ceño con los ojos cerrados.
Sonidos misteriosos resonaban cercanamente, el mecer de las ramas, pájaros cantando en el cielo y un eco donde todo se amplificaba de cierta manera.
Perezosamente abrieron los ojos y parpadearon un poco.
Cuando sus ojos por fin se abrieron lo primero que vieron fue a la otra.
Los ojos azul aguamarina se clavaron en los rubís de su mejor amiga y compañera más antigua, e incluso cuando no era una escena rara y podían contar un sinfín de momentos donde la imagen de la otra era lo normal, aquella ocasión hubo un problema…
No podían recordar cuando se acostaron juntas.
Ni siquiera que estuvieran abrazadas era tan raro. Rias tenía esa costumbre desde mucho tiempo en el pasado y Akeno solía responder el gesto con normalidad, buscando un poco del calor que no recordaba de los brazos de su madre.
Al intentar moverse…
– Hmmm~
Un gemido involuntario escapó de sus labios cuando se habían separado y notando cosas que antes no.
De alguna manera ambas estaban desnudas.
Su alrededor no era ni la sala del club, alguna habitación familiar o un tipo de hotel.
Las paredes eran rocosas, había un olor como a leña quemada y un rastro de sudor, además de eso nada y eso las confundió.
Ambas se miraron detenidamente y no para ver el cuerpo desnudo de la otra, buscaban señales, pruebas de algo que no querían ni nombrar…

Fue un alivio escuchar el suspiro de la otra al no haber indicio alguno de una agresión.
Al saber que estaban bien solo quedaba encontrar más respuestas, quizá escapar antes de que sea quien sea que las encontró decida cambiar de opinión.
Hasta que…
– No puedo hacer uso de mis poderes – Rias sintió el color escapar de su rostro al decir eso.
Akeno rápido intento hacer uso de su poder, aunque podía sentir un cosquilleo, indicando que existía, pero era incapaz de hacer uso del mismo, como un sello.
Eso ya las había puesto más nerviosas.
En medio de eso…
– Grrhm – Un gruñido resonó.
Rias y Akeno instintivamente se habían cubierto con sus brazos y voltearon a ver hacía lo que parecía ser la salida, donde pudieron ver al responsable de tal sonido extraño.
Un joven quizá de su edad o ligeramente mayor que estaba prácticamente desnudo. Poseía una tez acanelada ligeramente marcada, su cabello como ojos eran de un negro intenso. La única muda de ropa era prácticamente un taparrabos insuficiente. En su mano derecha se encontraba una lanza de madera y piedra rudimentaria con la punta rojiza y arrastrando con su otra mano, lo que ambas podían identificar como un tigre dientes de sable muerto.

La imagen del joven armado las congelo y con la ausencia de poderes estaban a su merced.
Vieron como esos ojos negros las miraron directamente, recorriendo sus cuerpos desnudos y tras eso…
Se fue…
No se acercó a ellas.
No las miro con la lasciva de Issei o Unas.
Solo las analizo, como si buscara algo que no encontró y paso de ellas…








