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Tu recuerdo me llama//Gewis

Summary

One shot Au: F1 + Boys love 🩵 George y Lewis se conocieron en Mercedes, ambos sentían una atracción tan fuerte el uno por el otro. Sin embargo Lewis se fue a Ferrari y su relación se enfrió ambos cortaron el contacto hasta que por azares del destino se volvieron hablar y en ese momento Lewis comprendió que: No podia dejar que George se fuera de su vida. Basado en la canción "Regálame la silla donde te esperé". de Alejandro Sanz.

Genre
Lgbtq
Author
Abril
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Único

RECOMENDACIÓN: Escuchar Regálame la silla donde te esperé de Alejandro Sanz mientras lean.


Lewis permanecía recostado, mirando fijamente el techo. La decisión ya estaba tomada. Después de tantos años en Mercedes, había decidido marcharse y comenzar una nueva etapa en Ferrari.


A su lado, George lloraba desconsoladamente. Tenía los ojos enrojecidos y las lágrimas seguían deslizándose por sus mejillas mientras intentaba asimilar lo que Lewis acababa de decirle.


-¿Acaso no me tomaste en cuenta cuando tomaste esta decisión? -preguntó con la voz quebrada-. ¡Voltea, Lewis! Mírame.


Lewis cerró los ojos durante unos segundos. No quería hacerlo. Sabía que, si miraba a George, todo sería mucho más difícil. Sin embargo, terminó girando el rostro hacia él.


Sus miradas se encontraron.


Claro que sentía algo por George. Era hermoso, sí, pero no se trataba únicamente de eso. Con el paso del tiempo, habían construido algo mucho más profundo que una simple amistad. Durante todos aquellos años en Mercedes se habían vuelto inseparables, y George había estado a su lado en cada momento importante.


Lewis había sido el paño de lágrimas de George cuando terminó su relación con Alex después de descubrir su infidelidad con otra chica. Había escuchado sus problemas, soportado sus días malos y celebrado con él cada uno de sus triunfos. Lewis había estado ahí cuando George más lo necesitaba, sin pedir nada a cambio.


Por eso sabía que marcharse no sería fácil.


-George...


-No, Lewis -lo interrumpió, con la voz temblorosa-. No me digas que es lo mejor para ti. No quiero escuchar eso.


Lewis guardó silencio.


-Te vas a Ferrari -continuó George, mientras las lágrimas volvían a llenar sus ojos-. Te vas de Mercedes, de nuestro equipo, de todo lo que hemos construido durante estos años... y ni siquiera pensaste en cómo iba a sentirme yo.


-Claro que pensé en ti.


-Entonces, ¿por qué no me lo dijiste antes?


Lewis bajó la mirada.


-Porque sabía que intentarías convencerme de que me quedara.


-¡Porque quiero que te quedes! -exclamó George, completamente desesperado-. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Que sonriera y te felicitara mientras me dices que vas a irte a Ferrari?


Lewis sintió un nudo en la garganta.


-No quiero que pienses que me estoy marchando por ti.


George lo miró confundido.


-¿Qué significa eso?


Lewis respiró profundamente antes de responder.


-Significa que esta decisión la tomé por mí, George. Quiero saber qué puedo hacer en Ferrari, quiero enfrentarme a un nuevo desafío. Pero eso no significa que no me importe dejarte aquí.


George se quedó mirándolo, incapaz de contener el llanto.


-Entonces, ¿por qué siento que estás dejándome atrás?


Aquella pregunta golpeó a Lewis más fuerte de lo que esperaba.


Lewis no respondió.


El silencio fue la única respuesta que George recibió.


Y eso fue suficiente.


George apretó los labios, intentando contener las lágrimas que amenazaban con volver a desbordarse. Había esperado cualquier cosa de Lewis, incluso una mentira, pero no aquel silencio que parecía confirmar todos sus temores.


Se levantó de la cama y caminó hacia la puerta.


-George... -murmuró Lewis.


El joven no se detuvo.


-Creo que será mejor que dejemos las cosas así.


-Espera.


George abrió la puerta.


-Durante el tiempo que nos queda en Mercedes -continuó con la voz temblorosa-, hablaremos únicamente de trabajo. Nada más.


Lewis se incorporó de inmediato.


-George, no tienes que hacer esto.


Por primera vez, George se volvió para mirarlo.


-Sí tengo que hacerlo.


Lewis extendió una mano hacia él, como si aquel simple gesto pudiera detenerlo, como si todavía tuviera derecho a pedirle que se quedara.


Pero no llegó a tocarlo.


George salió de la habitación y cerró la puerta detrás de él.


Lewis se quedó con la mano extendida durante unos segundos.


Después la dejó caer lentamente.


Y fue entonces cuando comprendió que, por primera vez, había sido él quien había dejado escapar a George.


El tiempo pasó.


Y George cumplió su palabra.


Durante los meses que les quedaban juntos en Mercedes, su relación se redujo exclusivamente al trabajo. Hablaban sobre las reuniones, los entrenamientos, las estrategias y las actividades que tenían programadas con el equipo. Sonreían frente a las cámaras, participaban en eventos de marketing y convivían con los aficionados como si nada hubiera ocurrido.


Pero cuando las cámaras se apagaban, George se marchaba.


Ya no había conversaciones hasta altas horas de la noche.


Ya no había mensajes preguntándole cómo estaba.


Ya no había confidencias.


Ni abrazos.


Ni esa cercanía que alguna vez había parecido tan natural entre ellos.


Lewis lo extrañaba.


Lo extrañaba mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.


Sin embargo, el orgullo y el miedo lo mantenían en silencio.


Y entonces llegó el nuevo año.


Sus caminos se separaron.


Lewis comenzó su nueva etapa en Ferrari, mientras George continuó con Mercedes. La distancia hizo que los recuerdos se volvieran todavía más persistentes.


Lewis se lamentaba en silencio de que las cosas hubieran terminado de aquella manera. A veces se preguntaba si había podido hacer algo diferente, si debió responder aquella noche, si debió detener a George antes de que saliera por aquella puerta.


George, por su parte, pasaba gran parte de su tiempo con su familia. Intentaba concentrarse en su vida, en su carrera y en todo aquello que tenía por delante.


Pero, de vez en cuando, ambos pensaban el uno en el otro.


Una canción.


Una fotografía.


Un recuerdo inesperado.


Cualquier cosa podía devolverlos durante unos segundos a aquellos años en Mercedes.


Y ninguno de los dos sabía qué hacer con esa nostalgia.


La nueva temporada finalmente comenzó.


Lewis ya vestía los colores de Ferrari.


El paddock estaba lleno de movimiento, periodistas, aficionados y miembros de los equipos caminando de un lado a otro. Era el comienzo de una nueva etapa, pero Lewis no podía evitar sentir que había algo del pasado que seguía persiguiéndolo.


Entonces lo vio.


George.


Estaba a unos metros de distancia, caminando tranquilamente junto a su nuevo compañero de equipo, Kimi Antonelli. Ambos conversaban con naturalidad, aparentemente cómodos en aquella nueva dinámica.


Lewis los observó de reojo.


George parecía feliz.


Y eso debería haberlo hecho sentir bien.


Pero, en cambio, sintió una punzada de tristeza.


-¿Por qué no te acercas? -preguntó Charles, apareciendo a su lado.


Lewis apartó rápidamente la mirada.


-¿A quién?


Charles soltó una pequeña risa.


-A George.


Lewis lo miró.


-No creo que sea buena idea.


Charles siguió la dirección de su mirada y observó a George durante unos segundos.


-¿Sabes? -dijo finalmente-. Siempre pensé que ustedes se querían mucho.


Lewis bajó la mirada.


-Nos queríamos.


-No me refiero a eso.


Charles volvió a mirarlo.


-Incluso aunque no eran una pareja oficial, ustedes derrochaban amor por todas partes. Era imposible no darse cuenta.


Una sonrisa triste apareció en los labios de Lewis.


-Él tomó la decisión de alejarse de mí.


-¿Y tú qué hiciste para detenerlo?


Lewis guardó silencio.


Charles comprendió la respuesta.


-Nada.


Lewis negó lentamente con la cabeza.


-Habría dado lo que fuera por ser su pareja, Charles. Todo este tiempo... -su voz se quebró ligeramente-. Pero él me alejó.


Charles lo observó con seriedad.


-¿O fuiste tú quien lo dejó ir?


Aquellas palabras hicieron que Lewis levantara la mirada.


Al otro lado del paddock, George continuaba caminando junto a Kimi.


Lewis volvió a observarlo.


-Sí -admitió finalmente-. Quizá fui yo él que lo aleje.


Charles suspiró.


-Entonces tal vez deberías dejar de mirar desde lejos y hablar con él.


Lewis sonrió con tristeza.


-¿Y qué se supone que debo decirle después de todo este tiempo?


Charles se encogió de hombros.


-La verdad.


Lewis volvió a mirar a George.


Quizá esa había sido su equivocación desde el principio.


Había tomado una decisión que cambió su carrera.


Pero había dejado que el silencio destruyera algo que podía haber cambiado su vida.


Charles le dio una palmada en el hombro antes de alejarse en dirección al hospitality de Ferrari, dejando a Lewis completamente solo con sus pensamientos.


El moreno permaneció unos segundos en el mismo lugar, observando cómo George se alejaba junto a Kimi.


Tenía que encontrar la manera de acercarse a él.


Pero ¿cómo?


Después de tanto tiempo, no podía simplemente aparecer frente a George y fingir que nada había ocurrido. Había demasiado entre ellos. Demasiadas palabras que nunca se dijeron, demasiadas preguntas que quedaron sin respuesta y una distancia que ambos habían permitido crecer.


Lewis suspiró y comenzó a caminar hacia el hospitality.


Entonces recordó algo.


La cena de pilotos.


Meses atrás, antes de que terminara la temporada, se había ofrecido a pagar la siguiente cena que organizaran entre todos los pilotos. En aquel momento había sido una promesa hecha casi sin pensar, una simple broma entre compañeros.


Pero ahora podía convertirse en algo mucho más importante.


Una oportunidad.


Lewis sonrió ligeramente.


-La cena... -murmuró para sí.


Ahí hablaría con George.


No podía seguir observándolo desde lejos, esperando que las cosas se arreglaran por sí solas. Si quería recuperar la relación que alguna vez habían tenido, tendría que dar el primer paso.


Y esta vez no pensaba permitir que el miedo decidiera por él.


Hablaría con George.


Le diría todo lo que nunca había podido decirle.


Le explicaría por qué había guardado silencio aquella noche y cuánto había lamentado después que las cosas terminaran de aquella manera. No sabía si George estaría dispuesto a escucharlo, ni siquiera si todavía quería tenerlo en su vida.


Pero necesitaba intentarlo.


Porque si algo había aprendido durante aquel tiempo separados era que no quería perderlo otra vez.


Lewis sonrió para sí mismo mientras continuaba caminando.


Esta vez haría las cosas bien.


Y si George todavía estaba dispuesto a darle una oportunidad, Lewis estaba decidido a recuperar, poco a poco, aquello que habían perdido.


Aunque para eso tuviera que volver a ganarse su confianza desde cero.


La noche finalmente llegó y, poco a poco, todos los pilotos comenzaron a llegar al restaurante.


George apareció acompañado de Kimi, conversando animadamente sobre las nuevas mejoras del monoplaza. Lewis los observó desde su lugar mientras intentaba concentrarse en la conversación que mantenía con Fernando.


Todos terminaron sentándose alrededor de la mesa. La cena avanzó entre bromas, conversaciones sobre la temporada y comentarios sobre los nuevos monoplazas. Lewis intentaba comportarse con naturalidad, pero no podía evitar mirar de vez en cuando hacia George.


Hasta que finalmente lo vio levantarse.


-Voy al baño -dijo George.


Lewis siguió sus movimientos con la mirada.


Era su oportunidad.


Esperó unos segundos antes de levantarse.


-¿A dónde vas? -preguntó Fernando.


-Ahora vuelvo.


Sin dar más explicaciones, Lewis salió detrás de él.


George entró al baño y se acercó al lavamanos. Abrió el grifo y dejó que el agua fría recorriera sus manos antes de llevarla hasta su rostro. Necesitaba despejarse. Había intentado comportarse con normalidad toda la noche, pero tener a Lewis tan cerca después de tantos meses no estaba resultando tan sencillo como había imaginado.


De repente, escuchó la puerta abrirse.


George levantó la mirada.


Sus ojos se encontraron a través del espejo.


Lewis.


El corazón de George comenzó a latir con fuerza.


El moreno cerró la puerta detrás de él y avanzó lentamente.


-Lewis...


-Perdóname, George.


Aquellas palabras hicieron que George se quedara inmóvil.


Lewis se detuvo frente a él.


-Perdóname por haber sido tan cobarde. Por no haberte dicho lo que estaba pasando, por haber tomado aquella decisión sin tener el valor de hablar contigo. -Su voz se volvió más suave-. Durante todo este tiempo he pensado en lo que ocurrió aquella noche y me he dado cuenta de algo.


George bajó lentamente la mirada.


-¿De qué?


Lewis dio un paso hacia él.


-De que lo que perdí fue muchísimo más de lo que imaginaba.


George sintió que se le hacía un nudo en la garganta.


Lewis se acercó un poco más.


-Te perdí a ti.


George levantó la mirada de golpe.


Lewis estaba frente a él, tan cerca que podía sentir su respiración.


-Y no quiero seguir viviendo con eso -continuó Lewis-. Así que, por favor, dame una oportunidad.


George permaneció en silencio.


-Una oportunidad para empezar todo de nuevo -susurró Lewis-. Esta vez quiero hacer las cosas bien.


Lewis avanzó otro paso, hasta quedar frente a él, apoyando una mano sobre el lavamanos.


George quedó acorralado entre Lewis y la encimera.


El rostro del joven comenzó a ponerse completamente rojo.


-Lewis...


-Dime que me vaya y lo haré.


George abrió la boca, pero ninguna palabra salió de ella.


Lewis lo observó durante unos segundos.


Entonces levantó suavemente una mano y tomó su rostro por la mandíbula, obligándolo a mirarlo a los ojos.


-George...


Y antes de que pudiera decir algo más, Lewis lo besó.


George se quedó paralizado durante un instante.


Después cerró los ojos.


Habían pasado tantos meses.


Demasiado tiempo fingiendo que no lo extrañaba. Demasiado tiempo intentando convencerse de que podía vivir sin él.


Y ahora Lewis estaba ahí.


Besándolo.


George terminó aferrándose a su camisa, como si temiera que, si lo soltaba, Lewis pudiera desaparecer nuevamente.


El beso se volvió más intenso, cargado de todos aquellos sentimientos que habían permanecido enterrados durante meses. Era un beso desesperado, lleno de arrepentimiento, de añoranza y de todo aquello que ninguno de los dos había sido capaz de decir en voz alta.


Cuando finalmente se separaron, ambos permanecieron muy cerca, respirando con dificultad.


George tenía las mejillas encendidas.


Lewis apoyó su frente contra la de él.


-Dime que todavía hay una oportunidad para nosotros.


George cerró los ojos.


Por primera vez en mucho tiempo, una pequeña sonrisa apareció en sus labios.


-Eres un idiota, Lewis Hamilton.


Lewis sonrió.


-Lo sé.


George abrió los ojos y lo miró.


-Un idiota que tardó demasiado en darse cuenta.


-Lo sé.


-Y no pienses que voy a olvidar todo así de fácil.


-No te estoy pidiendo que lo olvides.


Lewis acarició suavemente su mejilla.


-Solo te estoy pidiendo que me dejes demostrarte que esta vez puedo hacerlo bien.


George lo observó en silencio.


Después, lentamente, apoyó una mano sobre el pecho de Lewis.


-Entonces tendrás que empezar desde cero.


La sonrisa de Lewis se hizo más amplia.


-Puedo hacerlo.


George negó con la cabeza, aunque no pudo evitar sonreír.


-Ya veremos.


Y, por primera vez desde que habían tomado caminos separados, ambos sintieron que quizá aquella historia todavía no había terminado.

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One shot que salio mientras escuchaba música jaja. 🫶🏻


Abril 💜



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