Prólogo
Sus manos temblaban. Tenía la frente cubierta de sudor y los ojos le ardían, pero apenas era capaz de parpadear.
¿Cómo había llegado hasta ese punto?
¿Cómo había sucedido todo?
Las preguntas se repetían una y otra vez dentro de su cabeza, chocando entre sí hasta convertirse en un ruido insoportable. Intentó encontrar una explicación, reconstruir lo ocurrido, recordar en qué momento todo había tomado aquel rumbo. Entonces giró lentamente la mirada hacia Bill.
Allí estaba. Temblando, con las lágrimas recorriendo sus mejillas y el miedo reflejado en sus ojos. Parecía completamente perdido, como si tampoco comprendiera cómo habían terminado allí. Por un instante, Tom solo pudo observarlo.
Incluso en aquel estado, sin maquillaje y con el rostro empapado en lágrimas, Bill seguía siendo hermoso. Entonces lo comprendió. Y esa realización hizo que un escalofrío le recorriera todo el cuerpo.
Estaban ahí por su culpa.
Sufrían y los perseguían por su culpa.
Por su culpa, ahora Bill dependía totalmente de él.
Sabía que si se lo llevaban, Bill moriría.
Y todo tuvo sentido.
Él no era su salvador...
Era el lobo que lo había condenado.
── ⋆⋅☆⋅⋆ ──








