Un día más
El despertador sonó a las siete de la mañana, pero Lilieth ya llevaba varios minutos despierta.
Se quedó mirando el techo de su habitación mientras escuchaba el suave murmullo de la ciudad al otro lado de la ventana. Por un instante cerró los ojos y sonrió.
—Un día más —susurró.
Para cualquiera, aquellas palabras podían parecer insignificantes. Para ella, significaban mucho más.
Lilieth se levantó de la cama y caminó hasta la ventana. Apartó las cortinas y dejó que los primeros rayos del sol iluminaran su habitación. Sobre su escritorio había una libreta de color azul. Era su tesoro más preciado.
En ella escribía todos sus sueños.
Viajar. Conocer el mar. Ayudar a niños que no tuvieran las mismas oportunidades que ella. Tener una casa llena de plantas. Aprender a tocar el piano. Y, sobre todo, dejar algo bueno en la vida de las personas que conociera.
Tomó la libreta y escribió una nueva frase:
“Hoy también quiero hacer algo que haga feliz a alguien.”
Lilieth sonrió.
Era así. Siempre había sido así.
Si veía a alguien triste, buscaba la manera de hacerlo sonreír. Si alguien necesitaba ayuda, no dudaba en ofrecer la suya. Y aunque muchas veces ella misma llevaba preocupaciones que nadie conocía, jamás permitía que eso le impidiera tenderle la mano a otra persona.
—¡Lilieth! —gritó su madre desde la cocina—. ¡Vas a llegar tarde!
—¡Ya voy!
Guardó rápidamente la libreta en su mochila y salió de la habitación.
Antes de cerrar la puerta, se detuvo un segundo.
Miró su cuarto, sus fotografías, sus libros y aquella pequeña colección de sueños que todavía esperaba cumplir.
No sabía que algunos días después, su vida cambiaría para siempre.
No sabía que tendría que aprender a luchar contra algo que no podía vencer.
Y tampoco sabía que, precisamente en los momentos más difíciles, descubriría que una vida no se mide por la cantidad de años que dura, sino por la cantidad de amor que deja detrás.
Ese era apenas el comienzo.
Y Lilieth todavía tenía mucho que vivir








