Capítulo 1
Estar de pie frente a su antiguo colegio era, para Park Jimin, una contradicción que jamás había, conseguido resolver, una parte de él quería marcharse y la otra necesitaba quedarse
Cada vez que contemplaba aquellos enormes edificios, los pasillos que se alcanzaban a distinguir detrás de las ventanas y los jardines donde alguna vez había caminado junto a él, algo dentro de su pecho se desgarraba lentamente
Habían pasado muchos años, demasiados y aun así, aquel lugar continuaba teniendo su nombre
Jimin tenía cuarenta años, cuarenta años de vida, de experiencias, de decisiones, de pérdidas y de caminos que había recorrido sin aquella persona a su lado. Pero había algo que el tiempo jamás había logrado cambiar
Su amor
Desde que había abandonado aquel colegio, cinco años después de haberlo conocido, Jimin había regresado cada año, siempre solo, siempre en silencio, siempre con el mismo nudo en la garganta
No lo hacía porque esperara encontrarlo, sabía que nunca volvería a verlo y tal vez eso dolía más que vivir sin él. Lo hacía porque necesitaba recordar, porque algunos recuerdos dolían, sí, pero también mantenían viva una parte de él y aquel amor era precisamente eso
Su ancla
Su primer amor de otoño y también el último, porque después de él, Jimin nunca volvió a entregarse de la misma manera. Había conocido personas, había tenido oportunidades incluso había intentado convencerse de que podía volver a enamorarse
Pero nadie había conseguido hacer que su corazón latiera de aquella manera
Nadie había logrado convertirse en hogar, nadie había conseguido ocupar el espacio que él dejó, porque para Jimin, aquello no había sido simplemente un romance de colegio, había sido el amor de su vida
El único, el definitivo, el eterno y aunque la vida había continuado, una parte de Jimin se había quedado detenida en aquellos años. En aquel otoño, en aquellos pasillos, en aquella mirada, en aquel hombre que había visto por primera vez y que, sin saberlo, se había convertido en el centro de su mundo
Jimin respiró profundamente mientras observaba la entrada de la universidad
—Otra vez aquí...
La voz a su espalda lo hizo girarse, era uno de los trabajadores administrativos que ya lo había visto varias veces durante los últimos años. Jimin sonrió débilmente
—Sí
—Vienes todos los años
—Lo sé —el hombre sonrió con cierta curiosidad
—¿Esperas a alguien? —Jimin volvió la mirada hacia el edificio y tardó unos segundos en responder
—No
Y aquella palabra llevaba dentro toda una historia, no esperaba a nadie porque sabía que el hombre al que había amado no regresaría. Solo esperaba sentirlo un poco aunque fuera a través de los recuerdos
Aunque fuera imaginándolo caminando nuevamente por aquellos jardines, aunque solo fuera durante unos minutos. Jimin cerró los ojos, todavía podía recordarlo
Su voz, su manera de caminar la forma en que pronunciaba su nombre, aquella primera mirada que había cambiado su vida y entonces recordó algo que nunca había podido olvidar. El decano de aquel colegio, sólo tenía cincuenta años cuando Jimin lo conoció
Un hombre maduro, inteligente, elegante y seguro de sí mismo
Jimin apenas podía explicar qué había sentido aquella primera vez, había sido un amor a primera vista, uno de esos amores que no piden permiso, que no preguntan si es conveniente, que simplemente llegan y arrasan con todo
Y quizá por eso había sido tan difícil sobrevivir después de perderlo, porque Jimin no había amado a medias, había amado completamente con todo lo que tenía, con todo lo que era. Por eso, incluso veinticinco años después, seguía extrañándolo
El tiempo podía llevarse las fotografías, podía cambiar los rostros, podía cubrir de polvo los edificios, podía transformar a las personas. Pero no podía borrar lo que había sentido
Jimin abrió los ojos y observó nuevamente el colegio, su antiguo colegio de amor
—¿Sabes qué es lo peor? —murmuró para sí mismo, nadie respondió —Que todavía lo extraño —una sonrisa triste apareció en sus labios —Después de tantos años... todavía lo extraño como si hubiera sido ayer
Se llevó una mano al pecho y allí seguía, ese pequeño dolor, esa nostalgia, ese amor que nunca había encontrado un final verdadero. Jimin sabía que probablemente otras personas considerarían aquello una locura
¿Cómo podía seguir amando a alguien después de tantos años?
¿Cómo podía continuar visitando el mismo lugar?
¿Cómo podía permanecer atado a un recuerdo?
Pero él tenía su propia respuesta
Porque cuando un amor era verdaderamente grande, no desaparecía simplemente porque los años pasaran, aprendías a vivir con su ausencia, aprendías a respirar alrededor del vacío, aprendías a continuar pero nunca dejabas de amar
Y ese era el caso de Jimin, aquel hombre había sido su otoño, su primavera, su verano, su invierno. Había sido todas las estaciones de su vida y aunque nunca volvió a tenerlo entre sus brazos, Jimin continuó llevándolo consigo
Cada año regresaba al mismo lugar, al mismo colegio, cada año caminaba por aquellos mismos lugares, cada año se permitía recordarlo. Porque aquel recuerdo, por doloroso que fuera, era una de las pocas cosas que todavía conseguían hacerlo sentir vivo
Jimin tomó aire y sonrió
—Mi primer amor... —susurró— Y mi último
Miró una última vez las ventanas del edificio, después se dio la vuelta como todos los años, se marcharía solo pero se llevaría nuevamente aquel recuerdo consigo. Porque habían pasado veinticinco años y para él, eso no significaba nada
Cuando se trataba de aquel hombre, el corazón de Jimin seguía teniendo la misma edad que el día en que lo conoció, seguía amándolo, seguía extrañándolo y en algún lugar muy profundo de su alma, seguía esperando que la vida algún día volviera a cruzar sus caminos
Aunque fuera una sola vez, aunque fuera solo para poder mirarlo nuevamente a los ojos, porque algunas historias terminan, pero algunos amores... simplemente se niegan a morir








