Capítulo 1
Que situación tan desafortunada…
Realmente no quería volver. El cobijo de la muerte me estaba sentando tan bien…
Cuéntame, ¿por qué me has llamado? ¿por qué me has privado de mi sueño eterno? ¿acaso no existe la piedad dentro de tu imaginario?
¡Habla de una maldita vez!
¿Acaso me privaste de la inocencia de la inexistencia solo para torturarme? ¡Maldigo el día en que me concebiste en los adentros de tu psique!
¿Qué hiciste ahora? ¿Cuál es el mal que hoy corroe tus entrañas?, ¿Por fin te decidiste a matarlo? No, no lo creo… tu cobardía es más grande que tu odio, ¡Habla! “amado” creador y cuéntale a tu criatura que acontece hoy en tu existencia.
¿Temes a la oscuridad que te rodea? ¿A la soledad que te abruma? ¿Al amor que te abandona?
Temes… Sin duda temes, pero ¿a qué le temes? ¿Qué más puedes perder llegado este punto?
¿Tu falta de virtud? vaya excusa barata, ¿crees que careces de virtud aún siendo capaz de dar vida mientras tu permaneces en la muerte?
No, no es eso… Yo sé que no es eso, aunque no comprendo tu negativa, ¿Qué ganas con ocultarlo? Y si el propósito era preservarlo en secreto, ¿Por qué me retornaste a la vida?
Comprendo… es difícil navegar por ese arbusto de ortigas al que llamas mente, pero creo que encontré la trama.
Oh “amado” y miserable creador. Así que era eso.
Ruido, ruido de fondo, por algo tan insignificante como ruido de fondo.
¿Es por lo que decidiste arrancarme de los amorosos y cálidos brazos de la muerte?
Bien, deseas ruido, ruido que silencie tus absurdos, pues eso te daré, afina pues tus oídos.
¿Qué sientes al oír mi voz? Dime, ¿Te produce calma o sosiego?
¿Dónde están los otros? Yo nunca fui para ti la primera opción, ¿Qué hace de este momento tan especial como para privarme del descanso?
“Amado creador” has propiciado una sonrisa en mi rostro, ¿Por qué? Porque tú, el hombre nuevo, el capitán de los sueños, el domador de las tormentas, el más amado… Ahora estás completamente solo.
¿Por qué no buscas seguridad en el regazo de tus padres? Oh… es cierto, los huesos ya no emanan calor. ¿Y tú perla? ¿Qué hay de tu perla? Aquella que guardabas con tanto recelo dentro de tu joyero, oh… ¿Qué se ha devuelto al mar? Lógicamente su pureza no soportó la oscuridad que emanaba desde tus adentros.
¿Y qué hay de tus compañeros? Los otros, aquellos que eran semejantes a tí. Tal parece que la oscuridad de tus creaciones les resultó repulsiva y se alejaron a seguir creando en otras partes.
Estás muriendo, por eso me llamaste, porque creíste que yo podría salvarte, pero dime ¿Cómo puedo salvar a algo que escapa a mi nivel? Y aún si tuviera esa capacidad… Solo hábito en el abismo de tu psique, no estoy aquí, no estoy hablando contigo.
Abre tus moribundos y secos ojos una última vez y observa la verdad, acepta la verdad. Estás… completamente solo.
Acéptalo, no estoy aquí, solo soy producto de tu moribunda mente en deterioro que en un intento mediocre de autopreservarse me devolvió a la existencia. ¿Por qué? ¿Para llamarte padre y llorar en tu lecho?
¿Hambre? ¿tienes hambre? ¿Quieres carne? Quieres probar la carne por última vez, crees que un último bocado de carne, por más pequeño que fuese hará que todo esto haya valido la pena. “Amado creador” incluso en tu lecho de sombras y podredumbre tú hambre depredadora permanece inmutable.
¿No has tenido suficiente ya? ¿No conoces la saciedad?
Tomaste por la fuerza la carne de tu cervatilla amada, con tus garras mancillaste su tersa piel y te deleitaste con un festín de sangre y vísceras. Le dolió… tú sabes que le dolió… revives la pesadilla todas las noches sin tregua, sin embargo… no dudarías en repetirlo.
¿Preguntas por el cielo y el infierno? ¿quieres saber en cual habitarás tú? Oh, “amado” e ingenuo creador, aún sueñas con una copa de vino en el Valhalla, pero no es tan sencillo, oh… tal vez sí lo sea.
¿Quieres que te diga lo que hay del otro lado?¿en verdad deseas saberlo? Cuán sencilla es la respuesta, del otro lado… no hay nada, no hay un Dios amoroso esperando, ni un verdugo implacable. ¿Preguntas como lo sé? “Amado” creador, es de ese reino del cual me arrancaste para obligarme a acompañarte en tu lecho.
Cuando todo esto acabe, todos esos pulsos eléctricos que danzan en tu psique comenzarán a dispersarse, lentamente cada electrón dentro de tu ser se apartará de ti y se unirá a otros átomos ajenos a ti, todo aquello que crees que eres tú… desaparecerá.
¿Quieres que el trance sea rápido? ¡Jamás! Nunca podría ofender a mi “amado” creador con algo semejante, esto debe de ser lento, doloroso e insufrible.
Forcemos a tus pulmones una última vez, llévalos al mismo esfuerzo con el que los obligaste a correr tras tus joyas amadas. Que tu corazón lata con la misma bravura con la que latía cuando arrancaste de tu cervatilla la vida.
¿Puedes sentirlo? Como tus pulmones se hinchan hasta desgarrarse, como tu tráquea anhela seguir tragando bocanadas de aire, pero se frena en seco ante el colapso de tus marchitos bronquios.
¿Oyes el tamborileo urgido de tu corazón? Tus vasos sanguíneos se rompen ante tal presión, una hemorragia generalizada inunda tu cuerpo, los músculos de tu corazón antaño vigorosos hoy se contraen con violencia por última vez.
¿No es hermoso ya no sentir tu cuerpo? Esa cáscara seca ya no te estorba, ya no te limita, disfruta estos segundos, disfruta que líneas de sangre aún proveen de oxígeno a tu cerebro, ajenas al hecho de que ya estamos muertos. En verdad disfrútalo… pues no durará mucho.
¿Tienes sueño verdad? Porque yo sí.
Está pasando, cada hemisferio dentro de tu cerebro ha tomado su propio ritmo y roto la sincronía armónica. Siéntelo, siente como cada parte de tu psique se comienza a dormir y dispersar.
El largo sueño nos ha atrapado, deja de forzar tu mente a mantener mi existencia, suéltame, permíteme volver al cobijo de mi sueño onírico, a la nada vacía del universo, al conjunto de átomos descarnados del cual me sacaste.
Duerme… duerme… y no despiertes.






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