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Bunny Ears G¡P | WENCLAIR

Summary

Wednesday Addams no creía en el amor a primera vista. De hecho, no creía en el amor, punto. El amor era una construcción social diseñada para vender tarjetas de felicitación y chocolates mediocres. Era una debilidad, una distracción, un error químico en el cerebro que la gente romantizaba para sentirse menos sola en un universo frío y vacío. Hasta que la vio. No le prestó atención al principio. La gente no le interesaba. Pero cuando se sentó y la chica se movió ligeramente, Wednesday vio algo que la dejó paralizada. La chica llevaba una sudadera rosa. Y en la capucha, cosidas con un cuidado que delataba horas de trabajo manual, había dos orejas de conejo. Orejas. De conejo. Rosa. Wednesday sintió algo extraño en el pecho. Algo que no había sentido nunca. Algo que se negó a identificar como "ternura" porque esa palabra no existía en su vocabulario. Siempre preguntándose cómo sería hablar con ella, tocarla, hacerla reír. Pero Wednesday no sabía hablar con la gente. No sabía acercarse sin parecer una amenaza. No sabía ser suave o tierna o normal. Así que se quedaba atrás, observando, acumulando datos inútiles sobre conejos por si algún día, en algún universo paralelo, se armaba de valor para decirle algo. Y en medio de todo eso, una sudadera rosa con orejas de conejo se convirtió en el centro del universo de Wednesday Addams. Sin que Enid lo supiera. Sin que Wednesda

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1


Enid Sinclair estaba convencida de que la clase de Historia del Arte Contemporáneo sería, como siempre, terriblemente aburrida.


Lo que no sabía era que hoy, por primera vez en todo el semestre, algo diferente iba a pasar. Algo que llevaba semanas esperando sin siquiera saberlo.


Cuando entró al aula con Yoko y Divina, los únicos asientos disponibles estaban en las últimas filas. Enid suspiró y se dejó caer en una silla, justo detrás de una chica de cabello negro que vestía completamente de oscuro.


Su corazón dio un pequeño vuelco.


Era Wednesday Addams.


La chica más misteriosa de toda la universidad. La de las miradas intensas. La de los rumores. La que, sin saberlo, se había convertido en el centro de los pensamientos de Enid desde el primer día de clases.


—Nos tocó atrás de Wednesday Addams —susurró Yoko a su lado.


—Ya vi —respondió Enid, tratando de sonar casual.


—Dicen que es narcotraficante. O algo así.


—Yoko, no digas eso —la reprendió Divina—. Solo son rumores.


—Pero algo de cierto deben tener.


Enid no escuchaba. Estaba demasiado ocupada mirando la espalda de Wednesday. Su cabello negro caía en dos trenzas perfectas. Su postura era erguida, casi militar. Parecía una princesa oscura de algún cuento gótico.


Es tan linda, pensó Enid, y luego se sonrojó por pensarlo.


En ese momento, Wednesday giró ligeramente la cabeza. Solo lo suficiente para mirar de reojo hacia atrás. Y sus ojos...


Enid sintió que el corazón se le detenía.


Eran ojos negros. Profundos. Intensos. Y la estaban mirando a ella.


Pero no era una mirada bonita. Era una mirada fría, casi amenazante. Wednesday parecía estar examinándola como si fuera un espécimen de laboratorio, evaluando si valía la pena su atención.


Enid desvió la mirada rápidamente, sintiendo un nudo en el estómago.


—¿Viste eso? —susurró a Yoko.


—¿Qué?


—Me miró. Wednesday Addams me miró.


—¿Y?


—Y... dio miedo.


Yoko se rió suavemente.


—Bienvenida al club. Esa chica da miedo a todo el mundo.


Pero Enid no podía dejar de pensar en esa mirada. Había sido fría, sí, pero también... no sabía. ¿Intensa? ¿Profunda? ¿Como si Wednesday hubiera visto algo en ella que nadie más veía?


O tal vez solo estaba imaginando cosas.


Volvió a mirar hacia adelante. Wednesday ya había girado la cabeza, pero su espalda seguía igual de rígida. Enid suspiró y trató de concentrarse en la clase, aunque era imposible con esa nuca tan bonita justo enfrente.


Wednesday Addams estaba teniendo un mal día.


No es que los días buenos fueran comunes, pero hoy era particularmente insoportable. El profesor llevaba veinte minutos hablando del expresionismo abstracto y ella no había escuchado ni una palabra. En lugar de eso, había pasado todo ese tiempo luchando contra un impulso irrefrenable: mirar hacia atrás.


Porque detrás de ella, en la fila de atrás, estaba Enid Sinclair.


La chica de la sudadera con orejas de conejo.


La chica más linda que había visto en su vida.


La chica que le robaba el sueño desde el primer día de clases.


Wednesday había intentado no mirarla. Lo había intentado de verdad. Pero su cuello tenía mente propia, y cada pocos minutos giraba ligeramente para verla de reojo.


El problema era su cara.


Wednesday era consciente de que no tenía una expresión amigable. Su rostro, cuando no estaba controlando activamente cada músculo, tendía a parecer amenazante. Era algo genético, supongo. Los Addams no eran conocidos por su calidez.


Y cada vez que miraba a Enid, veía cómo la chica se encogía ligeramente, cómo desviaba la mirada, cómo sus manos se movían nerviosas.


Mierda, pensó Wednesday. Le estoy dando miedo. La estoy asustando sin querer.


Pero no podía dejar de mirar. Era más fuerte que ella. Necesitaba verla, aunque fuera de reojo, aunque fuera con esa cara que parecía sacada de una película de terror.


—Wednesday —susurró Thing a su izquierda—. Deja de mirarla. Vas a asustarla.


—No la estoy mirando —mintió Wednesday.


—Llevas diez minutos girando la cabeza cada treinta segundos. Pareces un búho con problemas.


Tyler, al otro lado, soltó una risita.


—Déjala, Thing. Es la primera vez que se interesa por alguien que no sea ella misma.


—Cállense los dos —gruñó Wednesday.


Pero ellos tenían razón. Estaba siendo patética. Y lo peor era que no podía evitarlo.


La clase se arrastraba con la lentitud de un funeral. Wednesday estaba tan aburrida que podía sentir cómo sus neuronas morían una por una. Y encima, la culpa de haber asustado a Enid la carcomía por dentro.


Necesitaba algo. Cualquier cosa.


Sacó su estuche de lápices y, con movimientos rápidos y practicados, extrajo una pequeña pastilla de color rosado. Éxtasis. Tyler se las había conseguido la noche anterior, diciendo que "la ayudarían a relajarse".


—¿Otra vez, hermana? —susurró Thing con desaprobación.


—El aburrimiento es una forma de tortura —respondió Wednesday—. Esto es medicina.


—No es medicina.


—Para mí sí.


Tyler ya estaba tomando la suya, y Thing suspiró y también aceptó. Los tres hermanos tenían sus propios métodos para sobrevivir a la universidad.


Wednesday se llevó la pastilla a la boca y la tragó sin agua. Luego cerró los ojos un momento, esperando el efecto.


Enid vio todo.


Vio cómo Wednesday sacaba algo de su estuche. Vio cómo ella y sus hermanos intercambiaban miradas. Vio cómo se llevaban algo a la boca.


—Yoko —susurró, tocando el brazo de su amiga—. ¿Qué están haciendo?


Yoko, que tenía vista de águila, entrecerró los ojos.


—Creo que... se están drogando. En clase.


Enid abrió los ojos como platos.


—¿En serio?


—Sí. Mira sus caras. Ya están empezando a ponerse... raros.


Era cierto. Wednesday, que antes estaba rígida como una estatua, ahora parecía más relajada. Su espalda ya no estaba tan tensa. Incluso movía ligeramente la cabeza, como siguiendo una música que solo ella escuchaba.


—Qué locura —murmuró Divina—. Son unos inconscientes.


Pero Enid no podía dejar de mirar. Había algo fascinante en ver a la misteriosa Wednesday Addams en ese estado. Parecía... más humana. Menos amenazante.


Hasta que el profesor dejó de hablar.


—Señorita Addams —dijo con voz de cansancio infinito—. ¿Se encuentra bien?


Enid vio cómo Wednesday se enderezaba lentamente. Sus movimientos eran más suaves de lo normal, casi flotantes.


—Perfectamente, profesor —respondió, y su voz sonaba diferente. Más lenta. Más relajada. Casi dulce.


El profesor entrecerró los ojos.


—Porque la veo un poco... distraída. Usted y sus hermanos. Llevan toda la clase moviéndose de forma extraña.


Wednesday no respondió. Sus ojos estaban vidriosos, su expresión demasiado tranquila. Demasiado vulnerable.


El profesor se levantó de su escritorio y comenzó a caminar hacia ellas.


El pánico se instaló en Enid. No sabía por qué, pero no quería que Wednesday se metiera en problemas. No quería que la expulsaran. No quería que nadie la lastimara.


Sin pensar, sin dudar, levantó la mano.


—¡Profesor!


Todos se giraron hacia ella. Incluyendo Wednesday. Esos ojos negros y vidriosos se clavaron en los suyos, y Enid sintió que el corazón se le aceleraba. Pero no de miedo. De algo más. Algo que no sabía nombrar.


—¿Señorita Sinclair? —preguntó el profesor, sorprendido—. ¿Ocurre algo?


Enid tragó saliva. Su corazón latía tan fuerte que seguro todos podían escucharlo.


—Es que... —buscó rápido una excusa—. No entiendo la diferencia entre el pop art y el expresionismo abstracto. Ha mencionado varias veces que son diferentes, pero no termino de comprender por qué. ¿Podría explicarlo de nuevo? Es que es muy importante para el examen.


Hubo un momento de silencio. Luego otro.


El profesor la miró fijamente. Luego miró hacia la fila de los Addams. Luego suspiró con el cansancio de alguien que lleva veinte años dando la misma clase.


—Muy bien. Presten atención, porque no voy a repetirlo.


Y volvió a la pizarra.


Enid exhaló, aliviada. Cuando se atrevió a mirar hacia adelante, Wednesday la estaba observando. Directamente a los ojos. Y en ellos, por primera vez, no había amenaza. Había algo más. Algo que parecía gratitud. O curiosidad. O quizás las dos cosas.


Enid sintió que las mejillas le ardían y bajó la mirada.


La clase terminó veinte minutos después, aunque para Enid parecieron veinte segundos. No pudo concentrarse en nada de lo que dijo el profesor porque sentía la mirada de Wednesday clavada en ella durante todo el tiempo. O quizás era su imaginación. O quizás no.


Cuando sonó la campana, Enid comenzó a guardar sus cosas con movimientos torpes, evitando mirar hacia adelante. Sabía que Wednesday probablemente ya se había ido, y una parte de ella se sintió decepcionada.


—Eso fue... interesante —dijo Yoko con una sonrisa maliciosa—. ¿Distraer al profesor para salvar a Wednesday Addams? Muy sutil, Sinclair.


—No la salvé —protestó Enid—. Solo... no quería que se metiera en problemas.


—Claro. Porque te importa mucho su bienestar académico.


—¡Yoko!


Pero Yoko ya estaba levantándose, tomando a Divina de la mano.


—Nos vemos en el café. ¿Vienes?


—En un rato —respondió Enid—. Tengo que terminar de guardar.


Mentira. Ya había terminado. Solo quería quedarse un momento más, por si acaso.


Y entonces escuchó una voz detrás de ella.


—¿Enid?


Era una voz grave, un poco ronca, que nunca había escuchado antes pero que reconoció al instante.


Cuando se giró, Wednesday estaba allí. De pie, a unos pasos de distancia, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón negro. Sus ojos seguían vidriosos por la droga, pero su expresión era diferente. Ya no era la mirada fría de antes. Ahora parecía... nerviosa. Insegura. Casi vulnerable.


—Hola —dijo Enid, y su voz sonó más aguda de lo normal.


—Hola —respondió Wednesday.


Silencio.


Wednesday movió el peso de un pie a otro, algo que Enid no esperaba de alguien que siempre parecía tan segura de sí misma.


—Quería... —Wednesday carraspeó—. Quería agradecerte. Por lo de antes. El profesor... me iba a descubrir. No tenías por qué hacer eso.


—Oh. —Enid sintió que se sonrojaba de nuevo—. No fue nada. Solo... no quería que te metieras en problemas.


—Mentir no es nada para ti.


No fue una pregunta. Fue una afirmación, dicha con un tono que Enid no supo si era admiración o simple curiosidad.


—Bueno, no es que mienta normalmente —se apresuró a aclarar—. Es solo que... parecías necesitar ayuda.


Wednesday asintió lentamente. Luego abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir. Parecía estar forcejeando con algo.


—Tú... —comenzó—. Tu sudadera. Tiene orejas.


Enid miró hacia abajo, como si hubiera olvidado lo que llevaba puesto. Las orejas rosadas colgaban a los lados de su capucha.


—Sí —dijo, sonriendo—. ¿Te gusta?


—Está... —Wednesday tragó saliva—. Es linda. Muy linda. Las orejas. El color. Todo.


Enid parpadeó, sorprendida. ¿Wednesday Addams acababa de llamar lindo algo?


—Gracias —dijo, y su sonrisa se ensanchó.


Wednesday asintió. Demasiado rápido. Sus dedos tamborilearon contra sus muslos.


—¿Sabías que los conejos se comen a sus crías? —soltó de repente.


Enid se quedó con la sonrisa congelada.


—¿Qué?


—Los conejos. Cuando están estresados o no tienen suficiente comida, a veces se comen a sus crías. Es un comportamiento documentado en la naturaleza. También se comen sus propias heces para obtener más nutrientes. Y tienen una visión de casi 360 grados, pero tienen un punto ciego justo delante de su nariz, lo cual es irónico porque su nariz es muy sensible y—


—Wednesday —la interrumpió Enid, y Wednesday se calló de inmediato, como si recién se hubiera dado cuenta de que estaba hablando.


Hubo un silencio incómodo.


—Lo siento —dijo Wednesday, y por primera vez Enid notó un ligero rubor en sus mejillas pálidas—. No sé por qué dije eso. Tyler dice que cuando estoy nerviosa digo cosas raras. No es que esté nerviosa. No tengo motivos para estar nerviosa. Solo... quería agradecerte. Y ya. Eso es todo.


Enid la miró. Realmente la miró. A los ojos oscuros que no dejaban de moverse, a los dedos que no paraban de tamborilear, a la mandíbula apretada. Wednesday Addams, la chica de la que todos decían que daba miedo, la narcotraficante, la mujeriega, estaba nerviosa. Nerviosa por hablar con ella.


Y de repente, todos los rumores sonaron falsos.


Enid sintió que su corazón se derretía.


—Gracias por los datos sobre conejos —dijo suavemente—. Son... muy interesantes.


—¿No te parecen perturbadores?


—Un poco. —Enid sonrió—. Pero también son interesantes. Y demuestran que sabes muchas cosas.


—Sé muchas cosas inútiles —admitió Wednesday.


—No son inútiles. Ahora sé que los conejos tienen un punto ciego. Eso puede servirme algún día.


—¿Para qué?


—No lo sé. —Enid se rió—. Pero servirá.


Wednesday la miró, y por un momento su expresión se suavizó. Casi parecía... feliz.


—Bueno —dijo Enid, ajustándose la correa de la mochila—, tengo que irme. Mis amigas me esperan.


—Sí. Claro. —Wednesday dio un paso atrás—. Nos vemos.


—Nos vemos, Wednesday.


Enid comenzó a caminar hacia la puerta. Cuando llegó al umbral, se giró. Wednesday seguía allí, de pie junto al escritorio.


—¡Wednesday! —llamó.


Wednesday levantó la vista.


—Los conejos también son muy suaves y tiernos —dijo Enid con una sonrisa—. Eso también es un dato. Y es más bonito.


Y antes de que Wednesday pudiera responder, Enid salió del aula con el corazón latiendo a mil por hora.


Wednesday se quedó inmóvil durante un largo rato después de que Enid se fuera.


Su corazón latía con fuerza. Sus mejillas aún estaban calientes. Su mente era un torbellino de pensamientos confusos.


—¿Hermana?


La voz de Thing la sacó de su trance. Estaba en la puerta, con Tyler asomándose detrás de él.


—¿Qué pasó con Sinclair? —preguntó Tyler.


Wednesday no respondió. Llevó una mano a su pecho, donde el corazón seguía latiendo desbocado.


—Creo —dijo lentamente— que le he dicho que los conejos se comen a sus crías.


Thing y Tyler intercambiaron una mirada.


—¿Por qué? —preguntó Thing.


—No lo sé.


—¿Y ella qué dijo?


—Que los conejos también son suaves y tiernos.


Tyler soltó una risita.


—Hermana, eres un caso perdido.


—Lo sé —respondió Wednesday, y por primera vez en mucho tiempo, no sonó molesta al admitirlo.


Salió del aula con sus hermanos, pero su mente se quedó atrás, en una imagen: Enid Sinclair sonriendo, con sus orejas de conejo rosadas y sus ojos brillantes, diciéndole que los conejos también son tiernos.


Quizás, pensó Wednesday, ella también podía intentar serlo.

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