La vampira problematica
CAPíTULO UNO
—¿En serio, Frida? —dijo Yoko Takana mientras se ajustaba sus gafas de sol, a pesar de que el cielo estaba completamente nublado—. Por Dios, ya supéralo. ¿Cuántos años llevas detrás de ella como perrito faldero? ¿Tres? ¿Cuatro?
—¡Ustedes no entienden! —gritó Frida, haciendo que algunos estudiantes que pasaban por el pasillo voltearan a mirarla—. Amo a Alessandra con todo mi ser. Es una mujer preciosa, misteriosa... es mi todo, literalmente. No es tan fácil como ustedes creen. ¿Acaso no vieron Crepúsculo?
Yoko se quedó mirándola durante unos segundos.
—Eso es precisamente lo preocupante.
—¿Qué?
—Que estés utilizando Crepúsculo como referencia para justificar que estás enamorada de una vampira.
Frida hizo un pequeño puchero y se acomodó los lentes.
—Pero no tiene nada de malo.
—Tiene muchas cosas de malo —respondió Bianca, recostada contra el tronco de un árbol cercano—. Te entiendo, Frida. De verdad. Pero es una chica difícil. Se mete constantemente en problemas y, aunque le partan la madre, no aprende. Arruinaría tu reputación.
—Mi reputación ya está arruinada.
—No es cierto.
—El mes pasado me encontraron aullando en el comedor.
—Estabas borracha.
—ESO NO CAMBIA EL HECHO
Yoko suspiró.
—El punto es que Alessandra no es precisamente conocida por ser una persona agradable.
Frida bajó ligeramente la mirada.
—Ella es diferente conmigo...
Las dos chicas se quedaron en silencio.
Yoko levantó una ceja.
—¿Cuándo ha sido diferente contigo?
Frida abrió la boca.
La cerró.
Y la volvió a abrirla.
—Bueno...
—Exactamente...
—Una vez me sostuvo la puerta.
—Eso se llama educación.
—Me miró...
—Frida.
—¡DURANTE MÁS DE TRES SEGUNDOS!
Bianca se llevó una mano a la frente.
—Dios mío.
Frida sonrió soñadoramente.
—Fue precioso.
—Necesitas ayuda —murmuró Yoko.
—Necesito amor.
—Necesitas terapia.
Antes de que Frida pudiera responder, una voz fría sonó detrás de ellas.
—Qué conversación tan conmovedora.
Las tres se quedaron completamente quietas.
Frida reconoció aquella voz inmediatamente.
No necesitó girarse.
Su rostro comenzó a ponerse rojo.
Yoko cerró los ojos lentamente, como si estuviera pidiendo paciencia a cualquier entidad superior que estuviera escuchando.
Bianca simplemente sonrió.
—Hablando del demonio.
Frida se giró.
Alessandra estaba a unos metros de ellas.
Su cabello rizado estaba ligeramente despeinado por el viento y sus ojos marrón claro observaban al grupo con una expresion prácticamente inexpresiva.
Vestía completamente de negro.
Por supuesto.
Era Alessandra.
La chica que tenía la extraña habilidad de aparecer justo cuando alguien estaba hablando de ella.
Frida tragó saliva.
—A-Alessandra...
—Frida.
—Hola.
—Hola.
Silencio.
Frida sonrió nerviosamente.
—Qué bonito día.
Alessandra levantó la mirada hacia el cielo gris.
—Está a punto de llover.
—Sí.
—Y hace frío.
—Sí.
—Entonces no es un bonito día.
Frida bajó la cabeza.
—...Sí.
Yoko tuvo que contener una carcajada.
Alessandra dirigió su atención hacia ella.
—¿De qué hablaban?
—De nada —respondió Yoko inmediatamente.
—Mentira.
—De meteorología.
—Yoko.
—¿Qué?
Alessandra entrecerró los ojos.
Luego miró a Frida.
Frida estaba completamente roja.
—¿Estaban hablando de mí?
—No —dijo Frida demasiado rápido.
Alessandra arqueó una ceja.
—Sí —respondió Bianca.
—¡BIANCA!
Alessandra suspiró.
—Qué interesante.
Frida sintió que quería desaparecer.
—No era nada malo.
—No me interesa.
—Ah...
—Aunque —continuó Alessandra—, escuché la parte en la que aparentemente soy tu "todo".
El rostro de Frida pasó de rojo a prácticamente escarlata.
—¡¿Tú... tú escuchaste eso?!
—Estaba detrás de ti.
—¡No sabía!
—Eso quedó bastante claro.
Yoko se giró para ocultar la sonrisa.
Frida quería enterrarse bajo tierra.
— Puedo explicarlo.
—No necesitas hacerlo.
—Pero—
—Frida.
La forma en que pronunció su nombre hizo que se callara inmediatamente.
Alessandra dio un paso hacia ella.
Era más baja, pero su presencia hacía que pareciera exactamente lo contrario.
—Si vas a seguir hablando de mí a mis espaldas —dijo con calma—, al menos intenta decir cosas interesantes.
Frida parpadeo.
—¿Eso significa que puedo seguir hablando de ti?
Alessandra la observó durante unos segundos.
—No.
Se dio la vuelta y comenzó a alejarse.
Frida la siguió con la mirada.
Yoko miro a Frida.
—¿Todavía estás enamorada?
Frida suspiró.
—Más que antes...
—Estamos perdidas —murmuró Bianca.
Alessandra, que todavía podía escucharlas desde unos metros de distancia, se detuvo.
Cerró los ojos.
Respiró profundamente.
—Qué fastidio.
Y continuó caminando.
Sin saber que aquella molesta licántropa terminaría convirtiéndose en la única persona capaz de hacerla perder completamente la compostura.








