Capítulo 1: Un paciente...........
Mateo tenía cáncer en fase terminal.
Los médicos ya habían sido claros con él: no quedaban tratamientos que pudieran curarlo. Podían darle medicamentos para el dolor, quizá algunas semanas más con algo de comodidad, pero nada iba a cambiar el final.
Durante días casi no salió de casa.
No quería hablar con nadie.
No quería escuchar frases de ánimo.
No quería pensar en hospitales.
Hasta que una tarde decidió hacer algo distinto.
—Si ya no puedo hacer nada… por lo menos voy a salir.
Caminó sin rumbo hasta llegar a una feria que se había instalado en una plaza.
Había puestos de comida, juegos, ropa usada, juguetes viejos y mesas llenas de objetos extraños.
Mateo caminó entre ellos sin demasiado interés.
Hasta que vio un pequeño puesto atendido por una anciana.
Sobre una tela negra había relojes, monedas, collares y un solo anillo.
Era extraño.
Completamente negro, excepto por una línea plateada que recorría el centro.
Mateo lo tomó.
—¿Cuánto cuesta?
La anciana lo miró durante unos segundos.
—Cinco.
—¿Cinco dólares?
—Sí.
Mateo rio.
—Pensé que ibas a decir quinientos.
Pagó.
No sabía por qué lo había comprado.
Simple curiosidad.
Se alejó del puesto y, mientras caminaba, se puso el anillo.
Le quedaba perfecto.
Demasiado perfecto.
Entonces escuchó:
TIN.
Mateo se detuvo.
Miró alrededor.
Nadie parecía haberlo oído.
Y entonces una voz artificial habló directamente dentro de su cabeza.
—USUARIO VINCULADO.
Mateo abrió los ojos.
—¿Qué?
La voz continuó.
—TIENES EL PODER DE CREAR UN MUNDO.
Se quedó completamente inmóvil.
—Estoy alucinando.
—NEGATIVO.
Mateo miró el anillo.
La línea plateada empezó a brillar.
—DEFINE TU MUNDO.
—¿Mi mundo?
—SÍ.
Mateo tragó saliva.
—¿Puedo crear cualquier cosa?
Hubo una pausa de apenas un segundo.
—CASI CUALQUIER COSA.
Eso hizo que dejara de respirar por un momento.
La primera idea que apareció en su cabeza fue obvia.
—¿Puedo crear un mundo donde no tenga cáncer?
La voz respondió:
—PUEDES CREAR UN MUNDO DONDE TU CUERPO NO ESTÉ ENFERMO.
Mateo sintió que las piernas casi le fallaban.
—¿Y puedo entrar?
—SÍ.
Por primera vez en meses sintió algo que había dejado de sentir.
Esperanza.
Pero la voz todavía no había terminado.
—ADVERTENCIA.
Mateo apretó el anillo.
—Claro. Siempre hay una advertencia.
—UN MUNDO CREADO NO ES UN SUEÑO.
—TODO LO QUE CREES PUEDE DESARROLLARSE, CAMBIAR Y ACTUAR POR CUENTA PROPIA.
Mateo miró la feria a su alrededor.
La gente seguía caminando.
Los niños seguían jugando.
Nadie sabía que él acababa de recibir algo imposible.
—Entonces… si creo personas…
—SERÁN REALES DENTRO DE ESE MUNDO.
—¿Y si creo monstruos?
—TAMBIÉN.
Mateo guardó silencio.
Después sonrió ligeramente.
—Entonces mejor empiezo con algo sencillo.
La voz respondió:
—INDICA EL PRIMER ELEMENTO.
Mateo cerró los ojos.
Pensó en un cielo azul.
Un campo enorme.
Una casa.
Un lugar sin hospitales.
Sin agujas.
Sin dolor.
El anillo comenzó a calentarse.
Y delante de él apareció una pequeña esfera luminosa, flotando en el aire.
Dentro de ella se veía un paisaje diminuto.
Un cielo.
Un bosque.
Una casa.
Mateo abrió los ojos.
La voz dijo:
—MUNDO 001 CREADO.
Y por primera vez entendió que los días que le quedaban quizá no iban a ser el final de su historia.
Quizá apenas eran el principio.
La voz artificial continuó hablando dentro de su cabeza.
—ACLARACIÓN.
Mateo volvió a mirar la pequeña esfera luminosa que flotaba frente a él.
Dentro, el mundo que acababa de crear seguía creciendo lentamente.
—¿Qué pasa ahora?
—ESTE MUNDO NO PERMANECERÁ IGUAL PARA SIEMPRE.
La imagen dentro de la esfera cambió.
Mateo vio árboles creciendo.
Ríos apareciendo.
Animales recorriendo el paisaje.
Después aparecieron pequeñas construcciones.
Aldeas.
Ciudades.
Carreteras.
—Espera...
La voz continuó:
—SI EXISTEN LAS CONDICIONES ADECUADAS, TU MUNDO PUEDE DESARROLLARSE HASTA ALCANZAR UN NIVEL SIMILAR AL DE LA TIERRA.
La esfera mostró edificios enormes.
Aviones.
Hospitales.
Laboratorios.
Y luego estructuras que Mateo ni siquiera reconocía.
—O SUPERARLO.
Mateo se quedó completamente inmóvil.
Fue como si una luz se encendiera dentro de su cabeza.
Un mundo entero.
Millones de personas.
Científicos.
Médicos.
Décadas o siglos de investigación.
Miró el anillo.
—Entonces...
Su corazón empezó a latir más rápido.
—Si dejo que ese mundo avance lo suficiente...
La voz respondió:
—PODRÍA DESARROLLAR TECNOLOGÍA QUE NO EXISTE EN TU MUNDO.
Mateo abrió mucho los ojos.
—¿Incluso medicina?
—SÍ.
—¿Podrían encontrar una cura para el cáncer?
Hubo unos segundos de silencio.
Mateo apretó los puños.
Finalmente la voz respondió:
—ES POSIBLE.
Sintió un escalofrío.
Por primera vez desde que los médicos le habían dicho que ya no podían hacer nada, Mateo no estaba pensando en cuánto tiempo le quedaba.
Estaba pensando en cómo sobrevivir.
—Entonces necesito científicos.
—PUEDES CREARLOS.
—Hospitales.
—PUEDES CREARLOS.
—Universidades, laboratorios, tecnología...
—PUEDES ESTABLECER LAS CONDICIONES INICIALES.
Mateo sonrió.
—Perfecto.
Pero la voz añadió:
—ADVERTENCIA.
Su sonrisa desapareció.
—Otra vez.
—NO PUEDES ORDENAR DIRECTAMENTE QUE DESCUBRAN UNA CURA QUE TÚ MISMO DESCONOCES.
Mateo frunció el ceño.
—¿Por qué?
—PUEDES CREAR PERSONAS INTELIGENTES. PUEDES DARLES RECURSOS. PUEDES ACELERAR EL DESARROLLO DEL MUNDO.
—PERO LOS DESCUBRIMIENTOS REALES DEBEN SER REALIZADOS POR ELLOS.
Mateo pensó unos segundos.
Eso seguía siendo suficiente.
No necesitaba conocer la cura.
Solo necesitaba construir un mundo capaz de encontrarla.
—Entonces voy a crear la mejor civilización científica posible.
La esfera comenzó a brillar.
—Un mundo donde la medicina sea una prioridad.
—ORDEN REGISTRADA.
—Donde investigar enfermedades sea una de las profesiones más importantes.
—ORDEN REGISTRADA.
—Donde tengan mejores laboratorios que nosotros.
—ORDEN REGISTRADA.
Mateo respiró profundamente.
Después añadió:
—Y quiero que el tiempo avance más rápido allí.
La esfera se detuvo.
La voz tardó un poco más en responder.
—DEFINE LA RELACIÓN TEMPORAL.
Mateo parpadeó.
—¿Puedo hacer eso?
—SÍ.
Sintió otra vez aquella emoción imposible.
—Entonces... una hora aquí...
Miró el mundo diminuto.
—...que sean cien años allí.
Silencio.
Después:
TIN.
—RELACIÓN TEMPORAL ESTABLECIDA.
1 HORA EXTERNA = 100 AÑOS INTERNOS.
Mateo se quedó sin palabras.
Una hora.
Cien años de investigación.
Un día entero para él significaría...
2.400 años dentro de aquel mundo.
—Dios mío...
Mateo observó la pequeña esfera flotando frente a él.
Al principio solo había un cielo azul, montañas, mares y enormes extensiones de bosque.
Pero entonces empezó a aparecer vida.
Primero vio pequeños animales corriendo entre la hierba.
Después aves.
Miles.
Bandadas enteras cruzaban el cielo del nuevo mundo.
En los océanos aparecieron peces de todos los tamaños, criaturas parecidas a ballenas y otras que Mateo jamás había visto en la Tierra.
—Espera… —murmuró—. Yo no creé todo eso.
La voz artificial respondió:
—CORRECTO.
Mateo acercó la esfera.
En una llanura había enormes animales de cuatro patas, parecidos a elefantes, pero cubiertos de un pelaje azulado.
En otro lugar encontró criaturas del tamaño de perros que saltaban entre árboles de hojas rojas.
También había insectos.
Reptiles.
Animales voladores.
Depredadores.
Herbívoros.
Y especies que no se parecían a nada conocido.
—¿De dónde salieron?
—TU MUNDO ESTÁ DESARROLLANDO SU PROPIO ECOSISTEMA.
Mateo abrió los ojos.
—¿Entonces puede crear cosas que yo no imaginé?
—SÍ.
Eso cambió completamente su forma de verlo.
Él había creado las condiciones iniciales.
Pero el mundo ya estaba empezando a tomar sus propias decisiones.
La voz continuó:
—UN MUNDO COMPLETO NO NECESITA QUE DISEÑES CADA SER VIVO.
—LA VIDA PUEDE CAMBIAR, ADAPTARSE Y EVOLUCIONAR.
Mateo observó durante varios minutos.
Un pequeño animal era perseguido por una criatura mucho más grande.
En un lago, decenas de seres con seis patas bebían agua.
Una especie de mono cubierto de pelo blanco golpeaba piedras contra el suelo para abrir una fruta dura.
Mateo se quedó mirando especialmente a ese último.
—Eso está usando una herramienta.
—CORRECTO.
Su corazón empezó a acelerarse.
—Entonces…
La idea apareció de nuevo.
Si los animales podían evolucionar…
si algún día aparecía una especie inteligente…
si esa especie llegaba a construir una civilización…
Quizá podrían desarrollar medicina.
Tecnología.
Ciencia.
Mateo miró el anillo.
—¿Este mundo puede llegar a desarrollarse como la Tierra?
—SÍ.
La línea plateada brilló.
—O SUPERARLA.
Mateo sintió como si una luz se encendiera dentro de su cabeza.
Miró otra vez al pequeño animal utilizando piedras.
—Entonces puede que algún día…
Se tocó el pecho.
—…ellos encuentren una forma de curar mi cáncer.
La voz respondió:
—ES POSIBLE.
Mateo sonrió por primera vez en mucho tiempo.
No tenía una cura.
Todavía no.
Pero ahora tenía algo que ningún médico de la Tierra podía ofrecerle:
un mundo entero con millones de años por delante para intentar encontrarla.
A la mañana siguiente, Mateo despertó de una forma que ya casi había olvidado.
No abrió los ojos con desesperación.
No pensó primero en el dolor.
Ni en los médicos.
Ni en cuánto tiempo le quedaba.
Por primera vez en mucho tiempo, despertó con esperanza.
Y también con una curiosidad inmensa.
Lo primero que hizo fue mirar el anillo.
La línea plateada seguía brillando débilmente.
—A ver qué pasó contigo durante la noche... —murmuró.
Activó la esfera del mundo y la sostuvo frente a él.
En cuanto miró en su interior, se dio cuenta de que todo había cambiado otra vez.
Los bosques eran más densos.
Las montañas parecían más antiguas.
Los océanos estaban llenos de nuevas formas de vida.
Pero lo que más llamó su atención fue otra cosa.
Habían aparecido animales enormes.
No eran exactamente dinosaurios de la Tierra, pero se parecían mucho.
Algunos caminaban sobre cuatro patas enormes, con cuellos largos y cuerpos tan grandes que parecían colinas en movimiento.
Otros corrían sobre dos patas musculosas, con mandíbulas llenas de dientes y colas pesadas que barrían árboles enteros al pasar.
También había criaturas aladas gigantes, planeando sobre los valles como si fueran dueñas del cielo.
Mateo abrió los ojos.
—Son como dinosaurios...
La voz artificial respondió de inmediato:
—EL MUNDO ESTÁ DESARROLLANDO ESPECIES DE GRAN TAMAÑO.
Mateo observó fascinado.
Uno de aquellos animales herbívoros arrancó un árbol entero de un mordisco.
Más lejos, un depredador enorme perseguía a una manada de criaturas acorazadas cubiertas de placas oscuras.
Todo parecía salvaje, primitivo, inmenso.
—Entonces todavía está en una etapa antigua.
—CORRECTO.
Mateo siguió mirando.
Los nuevos animales dominaban casi todos los paisajes. En aquel momento, su mundo no era un lugar de ciudades ni laboratorios.
Era un mundo de bestias gigantes.
Un mundo joven.
Peligroso.
Y, al mismo tiempo, lleno de posibilidades.
Mateo sonrió levemente.
No le molestaba.
Al contrario.
Le resultaba asombroso ver cómo aquel pequeño universo seguía creciendo por sí solo, como si tuviera una voluntad propia.
—Primero animales pequeños... y ahora gigantes.
La voz respondió:
—LA VIDA EVOLUCIONA SEGÚN LAS CONDICIONES DEL MUNDO.
Mateo bajó un poco la esfera, pensativo.
Si seguía avanzando...
si el tiempo continuaba corriendo allí...
algún día aquellas criaturas desaparecerían o cambiarían.
Y después vendrían otras.
Más inteligentes.
Más complejas.
Quizá una de ellas terminaría creando una civilización.
Volvió a mirar los enormes animales que recorrían aquel mundo.
—Todavía falta mucho para que aparezcan médicos, ¿verdad?
—SÍ.
Mateo soltó una pequeña risa.
—Bueno. Puedo esperar un poco más.
Y se quedó observando su mundo, mientras aquellos colosos, parecidos a dinosaurios, rugían, cazaban y caminaban bajo un cielo que, con el tiempo, tal vez algún día vería nacer a quienes podrían salvarle la vida.






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