Prólogo
Hay días en que creemos tener el mapa bien dibujado: sabemos por dónde ir, qué caminos tomar y qué cosas debemos evitar a toda costa. Nos cerramos a lo inesperado, convencidos de que nuestra voluntad es más fuerte que cualquier señal que el mundo quiera darnos.
A veces trazamos cada paso con excesivo cuidado: ponemos reglas, fijamos metas y nos prometemos no desviarnos jamás. Creemos tener el control de todo, sin saber que el destino tiene su propia forma de movernos el tablero cuando menos lo esperamos.
Pero basta un segundo un tropiezo, una mirada, una carta que llega a manos equivocadas para que todo lo planeado se deshaga como arena entre los dedos. Nos empeñamos en llamar "destino" a lo que anhelamos, y "error" a lo que sale de nuestro control; sin saber que a veces lo que juzgamos como fallo es solo la vida abriéndonos los ojos, mostrándonos que lo que buscábamos no era lo que realmente necesitábamos.
Un simple encuentro, una mirada que cruza el camino, y todas nuestras promesas se desvanecen como humo. Nos aferramos a la ilusión de conquistar lo que creemos querer, convencidos de que con palabras y ternura podemos cambiar lo que alguien más es. Sin imaginar que lo que buscamos no está a nuestra espera, mientras que quien nos espera a nosotros pasa desapercibido por estar mirando hacia otro lado.
Buscamos derribar muros que no nos pertenecen, sin notar que hay alguien que desde lejos nos cuida, respetando nuestro sentir, callando su verdad solo para no estorbar. Y sucede entonces lo que llamamos error: un pequeño desvío, algo que sale mal, algo que parece arruinarlo todo... y que en realidad no es más que el empujón suave que el tiempo nos da para llevarnos al lugar donde siempre debimos estar.
Hay quienes aman sin mirar, quienes observan sin atreverse, y quienes escriben con el alma sin saber si sus palabras encontrarán el lugar correcto. Y al final, todo encaja: no porque lo hayamos forzado, sino porque el corazón siempre supo a dónde pertenecía, mucho antes de que nosotros mismos lo descubriéramos.
Porque el amor no es forzar lo que no es. Es cuando lo imprevisto toca a tu puerta, y descubres que todo lo que creías perder era en realidad todo lo que te faltaba para ser feliz.
Jungkook creía estar enamorado de Sunghoon, ¿pero y si lo que sentía por el solo era atracción física y no amor verdadero? ¿y si todo el tiempo estuvo equivocado respecto a sus sentimientos?
Jungkook no lo sabía, pero a lo lejos en las sombras había alguien que si lo amaba sinceramente alguien que lo recordaba pero que él no recordaba.
Solo basto una equivocación para hacer que el verdadero amor tocara las puertas de su corazón haciéndo presencua de que él también podía ser amado a la distancia y en secreto.








