En Las Cunas De La Luna 🌕 by Nameless Biitch at Inkitt
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En las cunas de la luna 🌕

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Summary

¿Qué es lo primero que se malpiensa de una joven pareja que se casa pronto? "Embarazo". Pero la gente no podría estar más equivocada. Porque se equivocan; cuando critican, cuando juzgan... Boat Yongyut y Oat Pasakorn se casaron por no más que la sencilla razón de que se aman muchísimo. De lo demás se encargarán después. BoatOat 🦦🐇 Omegaverse. ✨ 14/02/26.

Status
2h ago
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

🦦🐇

"y si todo ha terminado..

me llevo este momento...

conmigo."

♡

Pretty Boy.

The Neighbourhood.


🌕

El turno había sido muy agotador.

Como siempre.

Horas y horas de sirenas incesantes, atención rápida y precisa llena de estrés y exigencia, sangre en las manos enguantadas, el dolor y el miedo de los pacientes ahogados por el ruido del motor de la ambulancia, o su silencio interrumpido por el pitido constante del monitor de signos vitales.

Boat salió del hospital con los hombros hundidos y el uniforme pegado a la piel por el calor. El olor de los antisépticos y los fármacos todavía adheridos a su nariz. Pero al final del día, sólo quedaba un pensamiento: casa.

Subió los dos escalones de la entrada. Giró la llave con un tic-tac-tic de la cerradura y la puerta se abrió. Lo primero en recibirlo fue el aroma de su hogar, bañándolo como una brisa tibia. Té de limón y jengibre, el suavizante de lavanda que siempre usaban, y por encima de todo eso, él. Su omega.

Oat.

El aroma de Oat, dulce y cálido, con ese matiz floral que Boat puede reconocer a kilómetros de distancia.

Pero está vez había algo más.

Más intenso, espeso, palpable en el aire.

Celo.

Oat, su lindo esposo, había entrado en celo.

Boat dejó caer las llaves que tintinearon en el platito de nácar sobre el mueble del teléfono en la entrada. Se bajó la mochila dejándola junto al mueble y se quitó las botas de un movimiento sintiendo el fresco piso de madera bajo los calcetines tibios.

Cada paso hacía crujir levemente la madera, un sonido familiar, pero que ahora sólo amplificaba la sensación de urgencia.

La sala estaba a oscuras, salvo por la lámpara de pie que Oat siempre dejaba encendida cuando Boat llegaba tarde, derramando un charco ámbar sobre el sofá. La frazada favorita de Oat estaba ovillada ahí, como si Oat se hubiera levantado rápidamente.

Encima del cajón al lado del sofá, había una taza fría, la lila con asa en forma de Kuromi, con restos del té dentro. Ahí también, el celular de Oat boca abajo. Boat lo giró y la pantalla le mostró una foto de los dos. Tenían la misma contraseña, pero nunca se espiaban entre sí.

Dejó el celular en su lugar, y salió de la sala para ir al dormitorio.

Subió las escaleras despacio, la barandilla estaba fría bajo su palma.

No iba a mentir, el rastro del cansancio le pesaba en los músculos, en los párpados, aunque no más de lo que el corazón le latía en los oídos con cada escalón.

Pero más tardó en abrir la puerta que en lo que se aferró a ella.

Boat fue abatido por una ola de atrapado calor empalagoso.

La habitación, saturada del dulzón de Oat, como miel pegajosa derramándose sobre piel caliente mezclada con su propio olor alfa residual, estaba envuelta en penumbra; la lámpara en forma de Júpiter al lado de la cama proyectaba un resplandor anaranjado en las paredes blancas.

Y, en la cama, un caos viviente.

Un nido.

Sábanas y ropa suya formando una barrera circular: camisas del trabajo desdobladas, sudaderas del fondo del clóset, incluso la chaqueta de cuero que algunas veces usaba. Todo olía a él, a ellos. Un refugio protector con su aroma combinado alrededor del centro donde Oat yacía acurrucado, temblando y jadeando.

Su cabello revuelto, pegado a la frente sudorosa, las mejillas sonrojadas, y los labios rojos entreabiertos balbuceando por él. Su alfa.

Oat vestía solamente una camisa de Boat, la blanca de algodón que había usado en una cita que tuvieron y que aún olía fuerte a él: feromonas alfa cargadas después de la cena romántica, sudor limpio, y la colonia amaderada que Oat adoraba. La camisa estaba abierta sobre su pecho, los botones desabrochados hasta la mitad, dejando ver el rubor en su piel dorada iluminada por el sudor del celo.

Boat tragó saliva.

Sus ojos bajaron lentamente: las hermosas piernas desnudas de Oat flexionadas con las rodillas aferradas a una almohada suya con la que frotaba su linda erección enrojecida que goteaba. Una mano, moviéndose en medio de sus muslos cremosos y sus dedos hundidos en el vértice creando sonidos sorbidos, la otra, con dos dedos en la boca, chupándolos como si fuera Boat.

Así como así, el nudo de Boat se hinchó en su base. Su propio pene endureciéndose contra el pantalón en una rápida respuesta. Apretó la mandíbula. El cansancio después de todo se convirtió en una sombra.

Porque no necesitaba más estímulo que el de su omega rogando por él.

Boat respiró.

Aunque abrumador, el olor a celo de Oat no dejaba de ser delicioso.

Cerró la puerta detrás de él. Cruzó la habitación y se arrodilló al borde del nido.

Acercó una mano, acariciando su cabello castaño.

Oat se giró.

Sus ojos vidriosos se abrieron de golpe, casi asustados mientras su nariz aleteaba, aspirando, reconociendo a Boat en el aire.

Oat exhaló y dejó que Boat le apartara el cabello mojado de la frente. Luego la almohada entre sus piernas, y después la mano del fondo de sus muslos. Estaba empapada. Su lubricación brillando en sus dedos como almíbar dulce.

-Alfa... -Susurró Oat, su voz ronca, quebrada por el ardor que lo consumía desde adentro. -Llegaste...

Boat supo que no era un celo normal.

Era uno de esos que llegan inesperadamente agobiantes después de tanto tiempo sin lograr concebir.

-Lo siento. Te necesitaba... Te necesito.

Oat intentó incorporarse, apoyarse en una palma, pero no lo logró. Su cuerpo pesaba y volvió a hundirse en el nido.

Boat negó despacio. Llevó esa mano a su boca, besándole los nudillos con devoción.

Saboreando con gusto.

-Shh, mi conejito. Ya estoy aquí.

Y los volvió a besar.

Oat gimoteó bajito ante el toque. Se mordió el labio inferior, tan gordito como el superior, y luego lo soltó con un chasquido.

-¿Me dejas entrar? -Pidió Boat.

Los nidos son territorio sagrado, por lo que los alfas, aunque sean de sus omegas, no debían meterse en los nidos sólo porque sí.

Oat asintió frenético. -Sí, sí... Ven aquí.

Boat sonrió. Pero antes se quitó la camisa por la cabeza, luego se sacó el cinturón, soltó el botón de su pantalón y se bajó el cierre.

Oat volvió a gimotear con tan sólo verlo. Su cuerpo moldeado gracias a años de ejercicio por el trabajo, capaz de soportar cualquier peso, y a esa mirada amorosa, con un brillo sólo para él, sosegada como siempre.

Algunas personas podrían creer que Boat era demasiado inexpresivo, incluso frío.

Pero no para Oat.

Sólo él podía encontrar la agitación y la fragilidad en los estoicos ojos de su alfa de aparente semblante inescrutable.

Boat entró al nido. Oat se aferró a él en un abrazo caluroso y posesivo que Boat le devolvió, sus fuertes brazos rodeándolo y apretándolo contra su pecho.

Se quedaron quietos unos segundos, suspirando ante el contacto.

Pero Oat no tardó en restregar la nariz alrededor del cuello y clavículas de su alfa. Su respiración caliente erizaba su piel tibia a comparación de la de Oat.

La diferencia de temperatura entre sus cuerpos era mucho más evidente así, en medio del abrazo.

-Alfa... Hueles tan bien. -Oat ronroneó de gusto. -Te extrañé. Te extrañé todo el día.

Boat sonrió contra su cabello, deslizando una mano por su cadera. Oat cepillaba ansiosamente la pelvis en el muslo de Boat sin que tuviera, aparentemente, consciencia de ello.

Empujó una rodilla en medio de las piernas de Oat, arrancándole un gemido.

-¿Cuánto tiempo llevas así? ¿Eh? -Boat se inclinó y besó su sien, sus mejillas, la comisura de sus labios. -Tocándote solo.

Oat se sonrojó pero volvió a ronronear, bajo y gutural.

-No lo sé. -Enredó sus piernas con las de Boat mientras subía las manos a su rostro. -Pero dolía esperarte... Mucho.

Oat humedeció su boca esponjosa y buscó a ciegas la de Boat.

Boat no lo hizo esperar.

El beso empezó lento, devoto. Oat lamiendo suave, Boat rindiéndose. Luego más profundo, lenguas encontrándose, mordiscos suaves en el labio inferior.

Boat lo dejó tomar el control un momento, besándolo profundo. Oat se aferró a Boat gimiendo en medio del beso, pegándose más a él como si quisiera metérsele en la piel. Boat lo giró con cuidado para que quedaran frente a frente. Las piernas de Oat alrededor de la cadera de Boat mientras este se apoyaba en sus brazos para no aplastarlo.

-¿Por qué no me llamaste? -Preguntó juntando sus frentes antes de rozar sus narices en un besito esquimal. Oat cerró los ojos. -Habría venido tan rápido como hubiera sentido un tirón de nuestro lazo.

Se sostuvieron así por un segundo, respirando juntos.

-No quería... molestarte. -Dijo Oat.

El aroma de Boat lo envolvió con sus notas dominantes que hacían a sus rodillas flaquear incluso en los días normales. Sus manos bajaron por el pecho de Boat, explorando los músculos definidos, las cicatrices leves de antiguos accidentes en el trabajo.

Boat apretó el ceño y su quijada se tensó.

Levantó un poco la cabeza.

-¿Qué? ¿Molestarme?

Oat parpadeó. El café de sus ojos como el vidrio resplandeció con la luz directa de la lámpara.

-E-Estas cansado. No quería ser una molestia. Tu trabajo...

Boat negó con la cabeza, su expresión suavizándose a pesar de la tensión en su mandíbula. Sus ojos, oscuros y profundos como un bosque nocturno se clavaron en los de Oat con una intensidad que siempre hacía que el omega se sintiera tan indefenso como seguro en los brazos de su alfa.

-Jamás serás una molestia, Oat. Nunca lo has sido. -Susurró, su voz grave pero llena de ternura. Bajó la cabeza, y posó sus labios en su frente perlada dejando un beso. -Eres mi hogar, mi amor.

Las manos de Oat rodearon la espalda de Boat, clavando las uñas ligeramente cuando Boat comenzó a moverse contra él, frotando sus erecciones a través de la tela que aún los separaba.

Oat dejó escapar suspiros temblorosos. El calor del celo lo tenía hipersensible, ido por momentos, mareado, cada roce era electricidad pura, nadaba en la nebulosa púrpura entre el aquí y el ahora.

Se mordió el labio de nuevo, sus ojos llenos de lágrimas no solo por el ardor del celo, sino por un detalle más profundo.

Ladeó la cabeza, exponiendo su cuello a su alfa en el acto más genuino de sumisión, donde se vislumbraba su marca plateada perfectamente cicatrizada.

Boat gruñó, un sonido ronco que reverberó en el espacio.

Y enterró la nariz ahí, en el cuello de Oat, inhalando profundamente su intensificado aroma, con ese ligero matiz de desesperación que Boat reconocía demasiado bien. Era el mismo que había sentido en otros ciclos, esos que terminaban en lágrimas azules.

Boat besó su marca. El pulso de Oat latía en su boca. Quería sacar sus colmillos y morderlo, drogarlo con su bebedizo, llenarlo de su aroma... Pero se contuvo.

Primero, lo hará sentir bien en cada rincón de su cuerpo.

Le estiró la camisa, descubriéndole los hombros ruborizados, dejando un camino de besos hacia abajo, lamiendo el sudor de su piel, soltando el resto de los botones.

Oat gimió suavemente. El toque de los labios de Boat en su piel sensitiva lo hizo arquear la espalda, buscando más fricción, ese alivio que sólo su alfa le puede dar. Su cuerpo ardía, el calor del celo pulsando desde su vientre, haciéndolo incapaz de mantener sus caderas quietas.

-Te tengo, amor. -Murmuró Boat contra su ombligo, su aliento provocando escalofríos en Oat. Bajó más, separando las piernas de su omega con manos firmes pero cariñosas. El aroma ahí era embriagador, haciendo que la boca de Boat se hiciera agua. - Voy a cuidar de ti.

Oat soltó un sollozo ahogado cuando la lengua de Boat lo tocó en su agujero, lamiendo con hambre, saboreando cada gota de su lubricación deliciosa, y su pene goteaba adolorido sobre su vientre. Sus manos se enredaron en el cabello de Boat, tirando suavemente mientras el placer lo invadía en oleadas. El celo hacía que todo fuera más intenso, más urgente, pero Boat lo mantenía en su lugar, sus feromonas calmando el fuego lo suficiente para que Oat se balanceara en el cielo sin despegarse del colchón.

Los dedos de Boat remplazaron su lengua. Más largos y menos blandos, delinearon el borde mojado con un toque gentil al principio, exploratorio, pero pronto se volvió más intencional, deslizándose en su entrada resbaladiza sin poner resistencia. Sus yemas presionaron el dulce punto rojo en Oat que se aferró a la espalda de Boat, clavando las uñas en su piel, rasguñando.

Pronto, tres de sus dedos dejaron de ser suficientes.

-Mírate... -Susurró Boat, ronco. -Como succionas mis dedos... No los dejas escapar...

-Ya... Ahh... Alfa, por favor...

Suplicó Oat.

-¿Uhm, sí? -Los dedos de Boat saliendo y entrando del vértice de Oat creando sonidos húmedos, jugando con él. -¿Qué necesitas, amor?

Oat se volvió a morder el labio inferior. Estaba rojo, lastimado.

Boat sacó sus dedos, envueltos en lubricación y saliva. Oat soltó su labio, jadeando fuerte.

-Tú... Tú en mí, cogiéndome. -Oat se escondió, desviando la mirada antes de devolverla a Boat. -Por favor... Házmelo...

Su voz bajita, pero demasiado excitado como para avergonzarse de verdad. Llevó sus manos por atrás de la cara interna de sus muslos y los separó exponiendo su entrada que palpitaba alrededor de la nada.

-Adentro. -Rogó Oat abriéndose al límite. -Anda, metémela...

Boat no necesitó más palabras.

Se incorporó lo justo para quitarse el resto de su ropa de un movimiento fluido, dejando que su cuerpo desnudo cubriera de nuevo el de Oat. Era más grande, más ancho y pesado. La camisa abierta de Oat era lo único que quedaba y Boat se la deslizó por los brazos. Se enfocó en los pezones endurecidos de Oat, lamiendo con la punta de la lengua para luego chupar con su boca cerrada alrededor, bajar por su vientre plano que subía y bajaba con respiraciones agitadas.

Boat se agarró el falo con una mano, el nudo estaba prominente en su base, y rodó el puño a lo largo un par de veces antes de alinearse en la entrada de Oat. Presionó la punta gorda, entrando en él centímetro a centímetro, lento y tortuoso, dejando que Oat sintiera cada parte de él, aguantando y jadeando. Ambos soltaron un gemido largo cuando Boat estuvo completamente dentro, estirando y apretando duro, abultando el vientre de Oat, pero sin sellar el nudo. Los vellos de su pelvis pincharon la piel lisa de su perineo.

Pero Boat se tomó unos segundos antes de moverse, pues sintió venirse con sólo ponerla en Oat. Las venas en sus sienes estaban visibles mientras apretaba los ojos.

El ajuste era perfecto, como siempre, caliente y mojado. Sus cuerpos encajando como piezas de un rompecabezas que sólo ellos podían complementar.

Boat comenzó a moverse, una vez que Oat le dio una señal con su cadera intentando un movimiento. Mantuvo un ritmo constante mientras lo besaba en la boca, construyendo el placer capa por capa, haciendo vibrar el nido pero sin desmoronarlo. Una mano sujetaba las de Oat sobre la cabeza, y la otra sostenía su cadera, manteniéndola firme, haciendo la piel sobresalir de sus dedos, presionando huellas rojas que durarían hasta el siguiente día.

Luego lo dobló a la mitad con ambas manos. Las rodillas de Oat alcanzaban sus axilas, y sus uñas le hacían líneas rectas en sus hombros y espalda que ardían al rojo vivo por el sudor que lo estaba cubriendo.

Boat besó las lágrimas que se escapaban de los ojos de Oat de pura sobrecarga sensorial. Recordaba acariciar la erección ajena entre sus embestidas, en las que se hundía entero después de sólo dejar la punta adentro. Era demasiado. Su omega, como él, lo estaba llevando a lo alto. Sus pensamientos se trasladaban a su nudo y los altos gemidos de Oat directos a su sangre fluyendo, golpeando el interior de su omega sobreestimulando su próstata escondida bajo su útero. Y sólo podía desear y desear y enterrarse en Oat para hacerlo venirse hasta desmayarse.

-Eres tan hermoso... -Susurró Boat en su oído. -Tan mío. Mío. Mío.

Oat asintió. Nubes de su vaho escapaban de su boca. Lágrimas de placer y emoción amontonándose en sus pestañas mientras el clímax se acercaba. -Tuyo... alfa. Siempre tuyo. Ah... Te amo. Te amo.

-También... Te amo. -Jadeó Boat.

Oat se aferró a él, piernas alrededor de su cintura, y talones clavándose en sus glúteos. El placer creció en una marea imparable. El nudo finalmente los trabó, expandiendo las paredes rugosas de Oat hasta el límite de romperse, uniéndolos en ese lazo íntimo e inquebrantable mientras el dolor y el placer se perseguían entre sí. Oat gritó bajito, el clímax golpeando su cuerpo y sus sentidos, convulsionando debajo de su alfa llegando en su propio estómago y un poco en el abdomen de Boat, apretando el nudo en pulsos rítmicos que lo llevaban al borde.

Boat gruñó su nombre, su respiración entrecortada, los músculos tensos mientras sentía el orgasmo de Oat arrastrándolo consigo. Justo cuando el placer lo atravesaba, cuando su semen empezaba a derramarse en líneas gruesas dentro de su omega, Boat inclinó la cabeza y hundió los colmillos filosos en la marca que le hizo a Oat hace algunos años atrás, renovando la unión con una nueva mordida profunda y posesiva.

El ardiente placer hizo que Oat arqueara la espalda en un medio círculo con un fuerte sollozo, sus manos desesperadamente agarradas en la nuca de Boat mientras un nuevo éxtasis lo recorría prolongando su orgasmo hasta que ambos temblaron, unidos por el nudo y la marca fresca que palpitaba al ritmo de sus corazones.

Se quedaron así, anudados, con los labios irritados, respirando agitados, acurrucados juntos en el nido desbaratado que olía a ellos dos. Boat lamió suavemente la nueva marca, limpiando la sangre y calmando la piel irritada con besos tiernos, mientras Oat acariciaba su cabello con dedos débiles pero llenos de amor.

Su celo había mermado. Por lo pronto. El nudo tardaría en bajar.

El sudor los pegaba uno al otro, sus respiraciones se sincronizaban lentamente. La ropa del nido esparcida a su alrededor.

Oat se durmió primero, agotado y lleno, la mejilla sobre el pectoral de Boat, escuchando el latido fuerte y constante que aún galopaba dentro de su tórax.

Boat miró hacia arriba, hacia el techo bañado por el resplandor anaranjado de la lámpara de Júpiter. La luz teñía la habitación de tonos cálidos. Acarició distraídamente la espalda de su omega, trazando círculos lentos con la yema de los dedos, mientras sus ojos seguían fijos en esa luz suave que parecía envolverlos a ambos.

Y entonces, sin aviso, un pensamiento lo atravesó como un rayo frío.

¿Y si es él el que no puede?

El aire se le atoró en la garganta.

🦦🐇

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