Mooo! 🐮
Era una mañana normal.
Los pájaros cantaban, las flores... Florecían y Chigiri hacía su rutina de cabello matutina; peinándose de medios a puntas con delicadeza y repetir el mismo proceso una y otra vez para desenredar su cabello.
A su lado, con nada de ropa y marcas hasta en la parte interna de los muslos; estaba Rensuke, totalmente dormido, la respiración pausada y profunda, notablemente cansado por todo el ajetreo de la noche anterior que tuvo con Hyoma.
La princesa soltó un suspiro relajado, agarrando unos cuantos mechones más de su cabello para peinarlos de igual manera, de no ser por una persona que entró empujando la puerta con dramatismo exagerado, pero con su apariencia algo... cambiada.
—¡Chigiri!, ¡Esto es horrible! — entró completamente paniqueado, agitando los brazos en reclamos a vaya a saber quién, pero se notaba que estaba aterrado y furioso.
—¡Desperté así!, ¿¡Lo puedes creer!? — chilló, caminando en círculos, mirando a Hyoma como si esperara que él resolviera todas sus dudas.
La apariencia; habiendo cambios no tan notables en Reo, era de lo más curiosa; unos pequeños cuernos asomando entre los mechones morados, dándole un aspecto algo "exótico". Una cola que se balanceaba de un lado a otro ansiosa al igual que él, cubierta por pequeñas manchitas cafés y un blanco perlado, terminando en una punta peluda que golpeaba el aire.
Incluso en la misma cara del heredero había una pequeña sección en la mejilla derecha cubierta por un café un poquito más oscuro que el de su cola.
—¿¡Cómo podré vivir así?! — se volvió a quejar, ahora parado frente al pelirrojo, sus manos tensas mientras las cerraba en puños.
Chigiri, que hasta el momento había estado en completo silencio, inició a reírse; primero una risa contenida, de esas que no quieres que salgan pero no las puedes evitar, pero a los segundos se volvieron carcajadas fuertes, con el pelirrojo tumbado en la cama mientras se agarraba su estómago, tratando de callarse pero no lográndolo.
A su costado; una figura que Reo había ignorado olímpicamente, Kunigami se levantó con pesadez por el ruido de las risas escandalosas, encontrándose de lleno con la nueva imagen del heredero.
Nuevamente, Rensuke lo miró confundido; la cabeza ladeada mientras la somnolencia desaparecía, y después de ahí llegó la mayor humillación de Reo.
El antes héroe, comenzó con las mismas risas, solo que lo intentó pasar con una tos mal disimulada. El que antes no reía porque la Wild Cart le jugó una mala pasada ahora se aguantaba la risa como un niño pequeño que estaba en un momento inoportuno.
Indignado; pero también rojo de la vergüenza, soltó un grito de pura frustración, yéndose de la habitación con un poco menos de orgullo del que ya tenía.
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Como ir a quejarse y tratar de pedir ayuda con el pelirrojo no funcionó de nada; decidió ir al lugar que estaba evitando desde el segundo uno.
Chocando con uno que otro jugador; la mayoría mirándolo como si le hubiera crecido una segunda cabeza, pero otros simplemente pasaban de largo con intención de bañarse luego de su contacto con un supuesto therian mal hecho.
Al llegar, la enfermera lo miró con una cara de pocos amigos; hace unos momentos un jugador había llegado diciéndole algo sobre un mounstro y su fútbol, y ahora no estaba de humor para recibir a otro jóven que le hacía perder el tiempo.
Segundos después se arrepintió cuando lo reconoció, atendiendolo con una sonrisa tensa y llamando al doctor con una voz más amigable que con la que lo recibió.
No pasaron ni diez minutos antes de que la situación se volviera inexplicable.
Ahora, en esa pequeña habitación; estaban presentes dos médicos, la enfermera que lo recibió, un asistente, el psicólogo y hasta el fisioterapeuta, todos rodeándolo en un círculo mientras lo apuntaban con linternas.
Todos hablando al mismo tiempo, casi aplastandolo mientras se acercaban un poco más, intrigados luego de verificar que no sea una broma o una parafilia rara, como otro de los chicos que fue ese día; resultando ser un sádico.
A los segundos, se escuchó como una persona abría la puerta y los dispersaba.
—¿Se puede saber por qué hacen tanto alboroto? — la aparición de Ego, ¿Se podía tomar como una bendición? —Reporte de la situación — pidió con la misma voz de siempre; como si todo a su alrededor resultara insípido.
Los médicos empezaron a explicar, usando palabras cómo; "defecto biológico", "mutación repentina" e incluso "posibles cambios debido al estrés" (lo último dicho de manera insegura por el psicólogo, que no sabía ni porqué estaba ahí).
Ligeras insinuaciones de algo más, pero sin llegar a nada en específico.
Con todo lo anterior dicho, Ego miró al Mikage, su expresión sin mostrar algo de interés por su situación.
—Resuélvelo tú mismo, Blue Lock no espera a la gente desafortunada — y sin más, salió por la puerta, dejando ver a Anri que estaba ahí desde el inició, mirando con algo de pena y sorpresa evidente al heredero.
La sala de quedó en silencio.
Anri siguió a Ego, dejando un ambiente incómodo en esa habitación.
El primero en estallar fue Reo, obviamente. Tumbó una de las tantas linternas que seguían pegadas a su cara y salió hecha una furia, maldiciendo entre dientes al Slenderman por no preocuparse lo suficiente por sus jugadores.
—¿¡"Gente desafortunada"?!, ¡Por favor! — gruñó alto, soltando otra maldición en nombre de Jinpanchi.
Jura que pronto recibirá una denuncia de su parte.
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Los días pasaron y su problema fue aumentando gradualmente.
Lo más incómodo eran las miradas. Toques indebidos que no quería, pero de todas formas persistían.
Pero sobre todo, la presencia constante de una cabellera azul y unos ojos igual de intensos que los suyos propios.
Solo que, él no sentía incomodidad.
Claro que no.
No era miedo. No era vergüenza, al menos no del todo.
Era un sentimiento más profundo, peligroso. No quería ser visto, al menos por los demás. No buscaba llamar la atención, pero cada vez que él aparecía en una misma sala, no lo podía evitar.
Se aterró de sí mismo cuando descubrió que sentía verdaderamente.
Ya no era Nagi.
Nunca lo fue.
Lo confundió desde el segundo uno.
Solo él. Él y lo que sentía.
Un deseo profundo. Lujuria neta que lo alimentaba a seguirse paseando como si fuera animal de circo. La excitación vibrante cada que él lo encontraba en los baños como si fuera una coincidencia.
Isagi Yoichi lo estaba volviendo loco.
Loco con su presencia. Con los sueños que lo atormentaban día y noche, aún si estaba despierto.
Esas manos tocando, explorando, conociendo. En sus muslos, en sus pechos, en todo él.
Con que le quitara eso que "estaba guardando para alguien especial".
Simplemente soñaba con eso.
No eran citas. No era ese enamoramiento lento y "bonito" que los demás querían. No eran conversaciones espontáneas con silencios cómodos.
Al contrario. Quería acción, sentirlo, apoderarse de él; pero, por ahora, prefería guardar la compostura; esa calma fría que sus padres le enseñaron para una negociación.
Efectiva, sí.
No era lo que quería.
...
Si bien era cierto que la nueva apariencia de Reo era novedad que poco a poco iba pasando de moda, para él simplemente era fascinante los cambios que había traído consigo.
Cosas pequeñas que nadie más, hasta el momento, había notado.
La cola de Reo siempre de movía del lado izquierdo primero, luego se mecía levemente dependiendo de su estado de ánimo. Las orejas se estremecían como si estuvieran latigando el aire, ansiosas o nerviosas ante cualquier ruido. Los cuernitos no hacían nada, pero casi siempre estaban cubiertas por los mechones morados, tratando de estar ocultas.
Lo que más le quitaba el sueño eran las manchas que le cubrían el cuerpo. Grandes. Dispersas por su torso y muslos como un manto delicado.
Lo vió una vez. Dos veces. Cada que podía.
Las duchas eran su "lugar libre".
Podía mirar, más no tocar.
Y no sabía si eso le aliviaba o no.
Se limitaba a observar, a desear.
Quería que sus manos cubran la cadera ancha del heredero, sus manos pálidas haciendo un perfecto contraste con las manchas cafés que cubrían ambos lados.
Lo quería manejar, controlar.
Moverlo a su antojo, hacerlo bajar una y otra vez en su polla, escucharlo gemir. La boca entreabierta y los labios hinchados por la insistencia de sus besos, de chuparle su miembro.
—Mmgh —soltó un jadeo bajo, su espalda pegada a la pared mientras su mano se movía de manera insistente en su intimidad.
—¡Ah¡... Reo — lo nombró en un susurro pesado, su labio inferior siendo mordido hasta sacar gotitas de sangre.
Sabía que no debía. No podía, pero ahí estaba.
Se complacía con la imagen del pelimorado debajo suyo.
Gimiendo. Suplicando.
Haciéndolo suyo.
"Suyo", sonaba bien. Propio.
—¡Mierda!, ¡Ngh! —gimió ahogado, líneas de semen llenando sus manos. Su respiración entrecortada pero satisfecha.
Sentía pena, vergüenza, pero no lo podía evitar.
Estaba enamorado.
Enamorado de alguien que seguramente no sentía lo mismo.
Que tenía a alguien más. Alguien que él mismo se encargó de "separar" tiempo atrás. Pero aún así seguían juntos.
Soltó un suspiro pesado, limpiándose para salir y volver a entrenar como si no hubiera hecho nada.
Pero no.
Anri; tan linda como siempre, lo interceptó en medio del pasillo, pidiéndole de manera casi desesperada que buscara al ojilila y le dijera que en una media hora Ego se reuniría con él para resolver su problema.
—Señorita Anri. Verá, yo no... — intentó negarse, no podía ni verla a la cara por lo que hecho anteriormente.
—¡Por favor, Isagi-san!, ¡Ego me mandó a hacer otras cosas y no tendré tiempo para nada! — explicó a prisas, apretando contra su pecho la lista que tenía pendiente, sus ojos un poco más abiertos de costumbre, mirándolo esperanzada.
—E-está bien-— respondió nervioso. No bastó más, Tieiri dió una reverencia breve y regresó por donde vino a paso rápido.
Y él se quedó en el pasillo pensando en qué podrá hacer para evitarlo.
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Buscó en los baños, comedores comunales, salas de entrenamiento vacías y llenas, los campos de práctica, diferentes estratos. Nada.
Ni una pista del heredero.
Le preguntó a Chigiri.
—No lo veo desde la mañana, actuaba extraño —.
A su lado, nuevamente y de manera sospechosa; estaba Rensuke, asintiendo mientras masticaba lentamente, sentado de manera rígida y algo extraña.
No le tomó importancia.
Cambió de destino. Si no estaba en ningún lado visible, entonces estaría en su habitación.
Sus pasos eran lentos, resonando en la soledad del pasillo. Manos apretadas a los lados mientras su respiración empezaba a volverse pesada.
Estaba cerca, muy cerca.
Dobló el pasillo, la primera puerta de los dormitorios recibiéndolo.
Reo debía estar ahí.
Miró indeciso la puerta de metal, no sabiendo si tocar o ingresar sin más.
Quizás encuentre a Reo en un mal momento. Quizá con alguien más.
Lo último lo enfureció. Un pinchazo de posesividad repentina.
Abrió la puerta sin pedir permiso.
La luz iluminó el cuarto que estaba a oscuras, una figura que estaba frente a él, sentado de piernas cruzadas sobre la cama mientras tenía semidesnudo el torso, sujetando la camiseta con sus dientes.
Pechos al aire, más grandes, derramando un líquido extraño; blanquecino, no muy espeso, bajando de los pezones hasta perderse en los dedos del pelimorado.
Quejidos ahogados; bajos y frustados, a duras penas cubiertos por la tela en su boca.
Su propia respiración se cortó. Sus ojos no vacilaron; fueron directo hasta los senos, el líquido resultando ser lo más interesante que jamás había visto, la figura semi expuesta que tantas veces había visto en las duchas.
El Mikage lo vió, sus ojos abriéndose en pánico al sentir otra presencia dónde se suponía que no debía ingresar nadie más.
—¿¡I-Isagi?!-— gritó... ¿Asustado? Bajando rápidamente su camiseta, la cara roja de pena y quizás algo más.
Yoichi, que seguía con la boca ligeramente abierta, dio un paso hacia adentro de manera inconsciente, arrepintiéndose al segundo.
—¡L-Lo lamento! — intentó disculparse, dando una medida vuelta de manera mecánica, sus manos todavía cerradas en puños para largarse de ahí de una vez por todas.
Su polla empezando a reaccionar ante la vista y la tensión.
Isagi supuso qué, debido a la pena y negarse a ser nuevamente humillado, Reo lo jaló hacia adentro, cerrando la puerta detrás de él para aventarlo a la cama.
—¡Tú no te vas! — el pelimorado replicó, caminado a pasos rápidos hasta la cama para sentarse encima del regazo del peliazul.
Una pose extraña para una confrontación.
Admite que se emocionó un poquito.
—¡No le dirás a nadie de esto!, ¿¡Entendido!? — siguió, sus manos apretando la parte superior de la ropa de entrenamiento del ojiazul.
Bingo. Pensó de manera rápida.
Sabía que Reo no podía mirarlo de otra manera que no sea con molestia.
Aunque no ayudaba el hecho de que el pelimorado por poco le colocaba las tetas en su cara.
...
Él no lo comprende.
¿Cómo era posible que sus, ahora senos, pudieran producir leche?
¡Simplemente era ilógico!
Desde hace días comenzó a sentir una ligera presión que poco a poco iba en aumento.
Una presión tan insoportable que no lo dejaba entrenar con "normalidad"; de por sí algo raro por su reciente problema. La sensación era molesta, asfixiante hasta cierto punto, pero por más que intentaba buscarle una explicación lógica no encontraba nada.
No hasta que una mañana normal encontró la parte superior de su pijama totalmente empapada.
Asustado (tampoco era como si pudiera expresar otra cosa desde entonces), se dirigió hasta el baño; sacándose la parte de arriba de su ropa, viendo como de sus pezones notablemente endurecidos escurría un líquido blanco.
No pudo hacer otra cosa más que soltar un grito tan alto que hasta se llegó a escuchar en el estrato alemán (palabras dichas del propio Rensuke, que de nuevo, estaba cerca de Chigiri).
Y desde entonces tiene que lidiar con su "problema de lactancia"; que se negaba a decirle a los demás por vergüenza.
Ya tenía suficiente con las burlas de sus demás compañeros después de descubrir su situación.
Agradecimiento especial a Meguru que lo gritó en medio comedor luego de ver su cola, y desde ahí empezaron los tocamientos" indebidos" (simplemente adolescentes que seguían pensando en, bueno; ponerla).
Dejando eso de lado.
Ahora ya no podía pasar un día sin tratar de vaciarse, sufriendo en silencio mientras sus pezones, demasiado irritados, derramaban apenas y gotitas de todo el líquido que sentía en sus pechos.
—Ugwh —gimoteó, apretando con los dientes la camiseta que tenía, dejando al aire sus tetas.
Su cola se removía incómoda de un lado a otro y sus orejas inquietas captando cualquier ruido alto; temeroso por ser descubierto.
Esa mañana amaneció completamente empapado, desde el torso hasta parte de sus pantalones, nuevamente.
No era algo que ya no le hubiera pasado, pero aún así era frustrante tener que repetir el mismo proceso una y otra vez, aguantado las ligeras lágrimas por la presión que no lograba liberar del todo mientras que ligeras gotas salían de sus pezones.
Incluso no fue a desayunar, el propio Hyoma lo buscó antes de irse al comedor preguntando si estaba bien después de escuchar unos ruidos extraños.
Y ahora no sabía cómo había llegado hasta esa situación.
Estaba encima de Isagi, tratando de apegarlo a él mientras supuestamente se quejaba por irrumpir en su habitación sin permiso.
Aunque en realidad estaba completamente agradecido; excitado, a decir verdad, por el contacto y la ligera resistencia que tenía Yoichi debajo de su cuerpo. Miraba atento como las manos del peliazul seguían cerradas a los costados, tan peligrosamente cerca de su cintura que se sentía ofendido por no recibir el tacto sobre su piel todavía vestida.
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Isagi se sentía... inquieto.
La figura sobre él no hacia más que llevarlo al límite.
A pesar de las tantas quejas que el pelimorado seguía soltando, pudo notar como se restregaba contra su erección, aparentemente encantando por sentirlo.
Vio como Reo abrió de nuevo su boca, seguramente para regañarlo de nuevo, pero la queja nunca llegó.
El Mikage arqueó su espalda, pegando por completo los pechos a su cara, dejando su rostro en medio de ellos, soltando un gemido ahogado mientras sentía como algunas gotitas de aquel extraño líquido humedecian sus mejillas.
Sonrojado a más no poder, se atrevió a preguntar.
—¿T-te duele? — cuestionó con timidez, sus manos subiendo un poco para llegar hasta la cadera, pero todavía sin atreverse a tocarla.
—E-eso no... ¡Ngh! — volvió a jadear, la presión en sus pechos se presentaba nuevamente. De su boca salían suspiros pesados, leves murmullos y ahora sus manos buscaban aferrarse a los hombros del ojiazul, la cola revoloteando de un lado a otro ansiosa.
—¿P-puedo ayudarte? — genial, Isagi, una razón más para que Reo te bote y no te quiera ver más por ser un pervertido de primera, y muy seguramente te acabes matando a pajas como el vírgen patético que eres, un grande.
Gracias, sentido de auto-ayuda.
En lugar de hecharlo a patadas, Reo miró a Isagi con ojitos brillantes, aliviado por la ayuda de la persona que quería.
—¿Seguro? — preguntó, sujetando la cara de Yoichi para levantarla, obligándolo a mirarlo. Su cara notablemente roja y algunas gotas de sudor corriendo por su frente; sus ojos algo empañados por el calor.
El peliazul pasó saliva ante la vista.
—¡Completamente! — gritó, sujetando ahora (por fin) la cadera del pelimorado con firmeza, que soltó otro gemido al sentir como sus glúteos chocaban de lleno contra la erección cubierta de Isagi.
—Entonces hazlo, Yoichi-— ordenó, y él inmediatamente supo que hacer.
Se posicionó de mejor manera, acomodando el peso del heredero sobre su regazo, dejando las tetas hasta la altura adecuada para poder acceder a ellas sin ningún tipo de dificultad.
Miró al pelimorado, esperando a ver una duda o una negación, pero solo recibió un asentimiento y leve tirón en su cabello.
Se acercó a los senos, su respiración chocando contra los pezones sensibles, recibiendo un estremecimiento y un jadeo del ojilila.
Los labios del peliazul se abrieron en un pequeño círculo, mordiendo el pezón izquierdo.
Curvó su lengua debajo de la protuberancia, iniciando a succionar sin tanta fuerza.
El líquido empezó a llenar su boca, un sabor similar al de la leche; solo que un poco más dulce y completamente adictivo a comparación de cualquier otra cosa que haya probado.
—Ah... ¡Mmh! — el Mikage soltaba ligeros gimoteos, sintiendo como las palmas de las manos de Isagi acunaban sus pechos, apretándolos.
Yoichi sonrió, sus labios agarrando un poco más de la carne de los senos, chupando rítmicamente el líquido que poco a poco se iba vaciando.
—Y-Yoichi, un poco más despacio — pidió entre gimoteos, sujetando algunos mechones azules entre sus dedos.
Inmediatamente se contradijo, atrayendo aún más la cara del más bajo contra ambas tetas.
Isagi aprovechó el contacto, pellizcando el otro pezón; la leche escurriendo por sus dedos para manchar su ropa de entrenamiento.
Reo soltó un gemido agudo, removiéndose incómodo por la presión en sus pechos, sus caderas presionando contra la zona pélvica y la evidente erección del ojiazul.
Finalmente Isagi soltó un pecho, dejando el pezón hinchado y rojo. Levantó su mirada para observar al Mikage y esperar su aprobación para seguir, después de todo; no lo quería arruinar.
Aún así no pudo evitar bajar una mano para acariciar los muslos del heredero.
El pelimorado captó todo de inmediato, asintiendo lentamente mientras soltaba los mechones de Isagi y soltaba jadeos pesados, tratando de regular su respiración, limpiando la saliva que en algún momento empezó a crearse en la comisura de sus labios.
—T-tócame, por favor — rogó, levantándose levemente para darle acceso a que Isagi bajara sus pantalones.
Y obviamente; Yoichi se los bajó de inmediato, dejándolo solo en ropa interior.
A partir de ahí los muslos del pelimorado eran tocados, pellizcados, e incluso Isagi se atrevió a frotarse contra ellos un poco. Solo para probar.
Yoichi aprovechó lo máximo posible, apretando la piel hasta dejar la marca de sus manos sobre él.
Las tetas nunca fueron dejadas de lado; es más, motivaron al peliazul a frotarse con más insistencia entre los muslos de Reo.
El Mikage soltaba gemidos ahogados, a veces bajos y otros agudos y ansiosos, apretando más su agarre entre los mechones azules.
—¡A-ah!, ¡Ya... Ya casi! — gimoteó, echando la cabeza para atrás por el placer y la estimulación.
Yoichi, ya ansioso al creer que llegarían hasta el final, tomó el miembro del pelimorado entre sus dedos, subiendo y bajando por la polla, igualandolo con sus succiones.
—¡B-basta, ahí no! — sollozó, empujando su cadera, aunque había dicho lo contrario.
No bastó mucho para que el Mikage gimiera alto, corriéndose en líneas blancas y espesas de semen, manchando parte de su ropa interior y la mano de Isagi.
El ojiazul finalmente dejó los pechos, ya vacíos mientras soltaba jadeos. Su rostro sonrojado mirando a Reo, esperando otra señal para continuar.
Él nunca tenía suerte.
—¡Reo, ya sal! — era la voz de Hyoma, que golpeaba la puerta notablemente impaciente —¿¡No han mandado a ese enano a buscarte?! — gritó del otro lado, refiriéndose a Isagi.
El pelimorado se tensó, botando a Isagi de la cama mientras se acomodaba la ropa, tratando de limpiarse.
—¡N-no!, ¡Ni siquiera lo ví cerca! — dijo, mirando como Isagi había caído de cara contra el suelo, preocupándose por él -¿¡Por qué?! -
—¡Ego dijo que tenían una reunión pendiente! — siguió, ya separándose de la puerta, dispuesto a irse —Dice que dentro de poco te quería en su oficina —.
Y sin más, Chigiri regresó por donde vino, caminando tranquilamente. Recibiendo la mirada de algunos que habían escuchado todo el griterío.
Reo volteó a mirar nuevamente a Isagi, sintiendo pena al ver como el rostro del peliazul estaba rojo y ligeramente hinchado.
—Lo lamento, Isagi, pero yo... —.
—Ya entendí la indirecta — murmuró, sobándose la frente mientras salía de la habitación sin ser visto.
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Y cómo era de esperarse; Yoichi se fue a su habitación para masturbarse.
¿Por qué no?
Se lo merecía después de agarrarle las tetas a Reo y frotarse contra él como animal en celo.
Ahora que lo piensa, eso ya no suena bien.
¡Pero que más daba!, ¡Logró uno de sus tantos objetivos!
Isagi 1 - 0 Los demás
¡Aún mejor, Reo no quiso denunciarlo después de eso!
Simplemente se podía decir que triunfó en la vida.
Y ahora su mente tenía el material suficiente como para matarse a pajas y morir felíz por eso.
—Aah~ — soltó un suspiro de ensoñación, su mano trabajando alrededor de su miembro mientras pensaba en Reo.
Bien, Isagi. Definitivamente mereces una orden de alejamiento.
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Con Yoichi sintiéndose como un ganador, y con Reo ansioso por sentir nuevamente las manos de Isagi sobre él; eso no pasó de un simple "encuentro", y más, intensificaron la cantidad de veces que se veían.
Ya no era solo para entrenar y odiarse; como pensaban algunos luego de lo que pasó con un albino, *cof* Nagi *cof*. Era todo lo contrario, se buscaban de noche, en los baños, en las salas de entrenamiento.
El pobre establecimiento ya tenía casi todos sus rincones cubiertos de sus encuentros, si no es que todo.
Y evidentemente; alguien se tenía que dar cuenta.
—¡Y ese tipo me miró raro!-— Reo frunció el ceño, murmurando sobre un extraño que lo miró demás —Me dió asco. Eww —.
Hyoma sentando a su lado; justo en pleno comedor comunal, se atrevió a hablar.
—No fuera Isagi, porque sino... —
Reo, con la boca abierta y el rostro completamente rojo, desbordando indignación hasta por los codos; no se quedó callado.
—¿¡Qué te pasa?! —fingió asco, indignación, y miles de sentimientos negativos en contra.
—¡Nunca estaría con ese enano!, ¡Me tendría que agachar para besarlo, Chigiri! — lloriqueó, aunque por dentro su mente se llenó de una imagen... ¿Tierna?
—Aaah, ¿Pero los encontrones en los baños qué? — bien dicho Hyoma, bien dicho.
—Ese día parecía que quería comer camaleón — le dió un codazo ligero, susurrándole cerca de su oído.
Y, finalmente, Reo no pudo decir nada en contra de eso, yéndose con el orgullo herido.
...
—Y-y... ¡Uhm!, eso dijo Chi-Chigiri — jadeó, apretando algunos mechones azules, apegando a Isagi aún más contra su pecho.
Yoichi, que seguía con su labor de "ordeñar" a la vaca, ignoró por completo que el pelimorado le había hablado. La cola del pelimorado aferrándose a su muñeca derecha con fuerza.
—¡Yoichi! — regañó, pero no lo apartó.
El peliazul dió una cuantas succiones más, separándose de los pechos —Entonces tendremos que tener más cuidado, solo en nuestras habitaciones — contestó simple, jalando la cola que seguía en su muñeca.
Reo soltó un ¿mugido? indignado, negando con la cabeza, aunque no mostraba protesta ante lo último dicho.
—Eres imposible —.
—Aún así no me botas todavía —.
—Imposiblemente listo —.
—Y lindo —.
—Pides mucho, Isagi —.
Mientras seguían hablándose como si no estuvieran caldeando en una habitación; Reo se movía de manera lenta sobre el regazo del peliazul, sintiendo como un bulto presionaba contra sus nalgas vestidas.
Un silencio se formó.
—Reo, es normal- — intentó justificarse.
—¿Puedo chúpartela? —.
Otro silencio.
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Cuando Isagi se bajó la ropa interior, Reo simplemente no lo podía creer.
Digamos que, tras ser el segundo miembro con el que "interactuaba" (el primero era el suyo); se sentía algo... ¿Cohibido?
La polla, a pesar de tener un tamaño consideradable (le calculaba unos dieciocho centímetros) era... Impresionante.
No es que fuera "wow", simplemente era totalmente nuevo para él ver otra verga tan de cerca.
O al menos eso, en su mente desordenada, tenía sentido.
Podía notar, sin exagerar; algunas venas que sobresalían de la piel del tronco, el cuál tenía un tono más oscuro que del resto de su piel. El glande, de un color rojo; pulsando líquido preseminal, mientras que las bolas estaban notablemente tensas, al igual que Isagi.
El ojiazul, por su parte, se sentía avergonzado por estar siendo "examinado" de esa manera, moviendo sus piernas ligeramente en un gesto nervioso.
—Es... es tan grande — susurró con la voz quebrada, y las mejillas rojas. Él no mentía, de verdad era, a sus parámetros; grande.
Sintió cómo su propia erección palpitaba con fuerza contra su vientre, goteando algo de presemen de la punta.
La cola, que para ese punto estaba tensa; se enredó en la pantorrilla del peliazul con lentitud, apretando con suavidad mientras Reo intentaba controlar los latidos de su corazón (y también los de su zona íntima, ajam).
Sin poder contenerse más, el heredero se inclinó hacia adelante, rodeando la base del miembro de Isagi con sus manos temblando por el nerviosismo.
El calor que emanaba de la verga era embriagador.
Abrió la boca, acercando sus labios a la punta, dejando un suspiro caliente, humedeciendo sus labios antes de rodear la polla con su lengua, "saboreando" ligeramente la salinidad del miembro.
—¡Ah!, ¡Uhm!... — murmuró bajito apenas había recibido el contacto, casi tímido. Después de todo; se sentía bien.
Reo se sonrojó más (si es que se podía), dejándose guiar por los jadeos y su deseo de seguir explorando.
Mikage, después de minutos de dar algunas lamidas torpes que recorrían el tronco y la uretra; dejó de lado la timidez inicial para volverse un poco más atrevido.
Sus mejillas se hundieron hasta un poco más abajo del glande, intentado tomar todo de una.
Claro que su inexperiencia podía más.
Por un pequeño error se terminó atragantando.
Avergonzado, se retiró por completo, tosiendo mientras sentía ligeras ganas de llorar.
Yoichi, que miró el pequeño "error" de Reo, simplemente se dedicó a acariciarle el cabello, olvidándose por un segundo el placer.
—Ya... Reo, todo está bien, lo estabas haciendo excelente — animó, arrodillándose a su lado para darle mimos.
El pelimorado, que liberó unas lágrimitas por la vergüenza; lo miró. Se sentía nervioso, confundido, y en cierta parte humillado por su propia inexperiencia, pero con Isagi ahí al menos no estaba solo.
Minutos largos, que para ellos pasaron como segundos tras una breve charla para distraerse de la vergüenza de ambas reacciones, Reo se animó a intentarlo de nuevo.
—Seguro? — preguntó el ojiazul algo inseguro —Sabes que no te presionaré, nos detenemos aquí si quieres — murmuró, abrazando a Reo.
El otro negó con la cabeza, dándole un ligero empujón para que se vuelva a sentar en el borde de la cama.
—Estoy completamente seguro... Y también confío en tí — sentenció con firmeza, aunque algunos temblores en la voz delataban que todavía estaba nervioso.
Yoichi soltó un suspiro, asintiendo mientras le daba un besito en la mejilla, volviendo a poner en el borde de la cama.
El pelimorado, que ya había aprendido (magia fanfic); se dedicó a lamer y succionar de manera lenta el glande, acostumbrando poco a poco su boca, teniendo como misión tomarlo todo.
Isagi, que simplemente se dedicaba a susurrarle palabras dulces mientras gimoteaba; sintió que estaba al límite, nuevamente.
Al cabo de pocos minutos, el heredero se atrevió a tomarlo todo. Aunque se le seguía dificultando, relajó su garganta; utilizando a la par su lengua para lamer algunas venitas que sobresalían.
—¡Mmgh! — jadeó de forma ahogada, sus ojos lagrimeando por la profundidad de la penetración contra su boca.
El placer era abrumador; sentía el sabor salado y el olor característico del amizcle inundando sus sentidos. La suave presión que ejercía su barbilla cada que se animaba a tomarlo todo lo hacía sentir extrañamente seguro, nublando su mente.
Sus manos y la cola que seguía de manera insistente en la pantorrilla; apretaban las piernas con fuerza, buscando equilibrio mientras su cabeza se movía frenéticamente al ritmo de los ligeros movimientos de caderas de su amante.
Estaba ansioso y seguro por recibirlo todo.
Yoichi, que ya estaba en su propio delirio mental se sintió peligrosamente cerca de su clímax, miró como los senos de Reo se balanceaban junto con él. E Isagi, obviamente fijó su mira en ellos.
Así que se atrevió a pedir algo que había visto por ahí, haciendo que el Mikage retirara su polla para mirarlo.
—¿M-mis pechos?, ¿Quieres qué....? — Reo tartamudeó con el rostro encendido, la vergüenza volviendo a recorrer todo su cuerpo mientras miraba como la polla de Yoichi soltaba más presemen contra sus labios.
La idea de usar sus tetas de manera tan inusual para complacer a Isagi lo hacía temblar de los nervios, aún así, el placer y sus propias hormonas le jugaban una "mala pasada".
Se posicionó con torpeza, encontrando algo de estabilidad para realizar la acción pedida. Sus grandes y gordos pechos se balancearon hacia adelante, llevándose inmediatamente la mirada del ojiazul.
Apretó la carne suave y sonrosada de sus mamas para rodear la erección del delantero, sintiendo como el calor de la verga de Isagi lo mareaba.
—Uh... A-así... ¿Así está bien? — gimió tímido, presionando su pecho contra la verga caliente, sintiendo cómo la punta de Isagi se hundía más entre sus senos.
El roce húmedo y el calor del pene ajeno penetró contra la piel sensible de sus pechos, golpeando con fuerza sus sentidos, provocando un escalofrío de placer puro e inmediato.
—A-así, Reo... Mierda — jadeo, mordiendo la piel de sus nudillos; su mano había subido para callar su boca, aunque no funcionaba.
Dió un leve tirón a los mechones morados, sus ojos nublados ante la vista erótica que el Mikage le daba.
Reo soltó un gemido agudo al sentir el tirón en su cabello, aumentando de manera desmedida la erección que tenía entre sus propias piernas, chorreando de presemen solo por utilizar sus tetas.
Se inclinó más, apretando sus pechos con fuerza para que la polla de Yoichi quedara completamente atrapada entre la carne blanda y rosada.
El roce de la piel sensible de sus senos contra el miembro caliente era una sensación constante que le hacia perder sus sentidos.
—¡Ah!, ¡Y-Yoichi!, ¡Se siente t-tan bien! — gimoteó, moviendo su torso con un ritmo frenético y torpe, haciendo que sus pechos se frotaran contra el tronco de Isagi de arriba a abajo.
Sus ojos se cerraron con fuerza, curvando sus pequeñas cejas mientras su cola revoloteaba de un lado a otro, entregándose al placer de ver a su "compañero" perder la compostura gracias a su "trabajito".
Yoichi comenzó a elevar su cadera, buscando igualar el ritmo de la masturbación.
Soltó un gruñido bajo cuando los pechos se apretaron un poco más a su alrededor.
—Reo, lo haces increíble — murmuró entre jadeos, echando la cabeza hacia atrás.
El pelimorado sintió un escalofrío recorrer su espalda. El hecho que, hace poco no sabía casi nada; y ahora estar haciéndole una felación con las tetas lo estaba volviendo loco.
Soltó un gimoteo desesperado, arqueando la espalda para que sus pechos se apretaran aún más contra la verga caliente y palpitante.
Sus pezones; ligeramente erectos por el encuentro, rozaban ocasionalmente la polla del peliazul, logrando que él soltara algunos gemidos ahogados. Todavia cubiertos por la mano en su boca.
El ritmo, después de unos cuantos minutos, se volvió menos frenético y más moderado; Reo apretaba sus senos contra el tronco, rozando el glande de manera continua mientras bajaba y subía, encontrando movimientos estables para aumentar el placer.
Sus grandes pechos rebotaban contra la pelvis del delantero, creando un sonido húmedo y rítmico que llenaba la habitación mientras Isagi se acercaba peligrosamente al clímax.
Reo, tras notar como Isagi parecía morder su mano con más fuerza a comparación de segundos antes, pudo deducir que él estaba en un punto de no retorno; tan cerca de llegar al clímax pero sin hacerlo.
El ritmo de Yoichi, moviendo su pelvis, se volvió errático y descoordinado, golpeando con fuerza contra la base de sus pechos. El calor que emanaba de la entrepierna del peliazul era casi insoportable, una presión constante de piel caliente y deseo que parecía quemarlo contra su propio cuerpo.
—¡Y-Ya... ya casi!, ¡No pares, por favor! — gritó, la voz entrecortandose mientras se seguia aferrando a algunos mechones, la mirada perdida y la respiración convertida en jadeos desesperados y erráticos.
Su mano izquierda se aferraba con fuerza a los cabellos morados, mientras que sus piernas temblaban en espasmos incontrolables, indicando que su clímax estaba tan cerca que dolía.
De repente; un espasmos más fuerte que los otros, logró hacer que soltara un ligero sollozo, jalando con fuerza los mechones morados, provocando un quejido de parte del otro.
Un chorro caliente y espeso de semen salió disparado, seguido por otros. Salpicó la piel cubierta de manchas cafés de los pechos y mezclándose con la humedad del sudor del Mikage.
Reo quedó hecho un desastre; sus tetas cubiertas de semen, su respiración igual o peor de irregular que la de Isagi, mientras, por fin, soltaba sus pechos para intentar acomodarse el cabello deshecho gracias al constante jaloneo del peliazul.
Yoichi se dejó caer en la cama, jadeando con fuerza mientras su semen goteaba lentamente por la curvatura de los senos.
El líquido blanco y espeso contrastaba de manera casi perfecta con la piel pálida, algunas gotas deslizándose por su abdomen mientras que otras, que habían caído cerca de la boca de Reo, bajaban por sus mejillas.
—Mmgh... Yoichi — gimió bajito, las mejillas encendidas en un rojo fuerte, su propia mirada estando perdida y una sonrisa débil adornando sus labios mientras sentía que el calor residual de la eyaculación seguía su piel.
Con sus manos, aunque todavía temblorosas por el esfuerzo, comenzaron a intentar limpiar el líquido vizcoso, pero solo terminó por esparcirlo más. Soltó un pequeño jadeo en forma de quejido al ver aquello.
Su cola, que antes parecía olvidada, se removió nuevamente de un lado a otro; sus propias orejas también comenzaron a dar señales, agitándose ligeramente mientras parecía seguir buscando algo.
—Yoichi... ¿Podemos...? — no hizo falta más para que él ojiazul supiera de lo que Reo hablaba.
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Ahora; con el Mikage alzando la cadera mientras la cola se enrollaba en su muñeca y debajo suyo había una almohada para evitar incomodarse o perder el equilibrio, el que estaba nervioso e indeciso era Isagi.
Sí, sabía que hacer.
Sí, vió incontables videos para su "preparación".
No, no estaba seguro de poder hacerlo bien.
Después de todo, el porno te arruina la percepción e Isagi lo estaba experimentando de primera mano.
No podía simplemente meterlo.
Gracias a preguntas incómodas con cierto pelinaranja, supo muy bien que eso sería la peor opción posible.
Así que, en contra toda lógica; decidió pensar con la cabeza de arriba por primera vez.
Buscó de manera rápida un pote de lubricante que hace poco habia "canjeado" (ahora agradecía a su yo de hace unos momentos por ser un pajero sin límites) en uno de los cajones de su mesita de noche.
Abrió la tapa y con cierto nerviosismo vacío un poco entre las nalgas de Reo, recibiendo un estremecimiento y un pequeño gemido, seguido de un.
—S-se siente frío... — acompañado de otro gimoteo al final.
Yoichi lo miró apenado; como si hace unos segundos no le hubieran hecho una paja con las tetas, irónico. Separó con ayuda de una mano, las nalgas del heredero; dejando a relucir el ano de Reo.
Soltó un gimoteo bajo, sin saber el motivo real, simplemente acercó un dedo para tantear la entrada, presionando lo suficiente para no llegar a penetrar.
Mikage por su parte, chilló bajito, sorprendiéndose momentáneamente por el contacto. Aún así; no se atrevió a alejarse. Sin olvidar que su cola le dió un golpecito en el brazo del ojiazul, enredándose segundos después en la muñeca.
Yoichi, ya un poco más decidido y soltando una pequeña risita; penetró lentamente, hundiendo el dedo hasta el nudillo, mientras que a su vez miraba a Reo para cualquier rastro de incomodidad o rechazo.
Mikage lo miró; sus ojitos brillosos por algunas lágrimas mientras se aferraba a otra almohada para hundir su mejilla contra ella. Hizo un puchero con los labios, soltando leves quejidos mientras murmuraba un ligero.
—S-se siente... raro —.
Raro.
Más no era un "incómodo" o "molesto", así que lo miró una última vez; al menos durante ese rato para asegurarse que podía continuar, a lo cuál recibió un asentimiento torpe acompañado de un gemido ahogado.
Él siguió retirando su dedo lentamente para luego volver a hundirlo, repitiendo la acción hasta que escuchaba como Reo dejaba de soltar quejidos leves para empezar a jadear contra la almohada, notando a su vez como las paredes anales parecían estar un poco más relajadas.
Sonrió poquito, vaciando un poco más de lubricante, atento a cualquier reacción de su acompañante.
Tanteó con un segundo dedo, acercándolo para tocar de manera superficial la entrada, viendo que efectivamente, podía recibir otro dedo con algo de dificultad.
Lo adentró despacio, escuchando como el pelimorado gimoteaba, despegando su rostro parcialmente de la almohada para mirarlo.
La cola se apretó con más fuerza, dejando una marca evidente en la muñeca en dónde estaba, indicando que, por el momento, debía dejar que Reo se acostumbrara a la invasión.
Algunos minutos; y palabras dulces de parte de Isagi diciéndole al pelimorado lo bonito que era, después, el ojiazul movió sus dedos, abriéndolos a modo de tijeras para expandir la entrada.
Reo soltó un gemido entrecortado, mezclando el ligero dolor y su propio placer cuando sintió los movimientos dentro suyo.
La presión constante contra sus paredes anales; ahora bañada en una capa extra de lubricante frío, lo hacía sentir como si su cuerpo se estuviera abriendo en dos.
Sus grandes pechos se sacudían en cada gemido y respiración pesada que daba, rozando ligeramente las sábanas mientras su espalda se arqueaba para buscar un poco más de contacto.
—¡Aah!, ¡S-se siente tan... tan bien, Yoichi! — jadeó con la voz rota y leves lágrimas asomando en sus ojos debido al placer.
Sus glúteos temblaban al igual que el resto de su cuerpo, con el ano estirándose al máximo para intentar acomodar la expansión de los falanges.
Se sentía expuesto, pero no le disgustaba para nada. Al contrario, se sentía seguro con cada movimiento nervioso de Isagi contra su propia inexperiencia ante esas sensaciones abrumadoras.
Mikage sentía que sus paredes anales se relajaban con facilidad. El rostro ardiendo, y su respiración siendo una combinación de gemidos y jadeos agitados contra la almohada bajo su cara.
Su interior; siendo expandido al límite por el movimiento de los dedos de Isagi, le provocaban espasmos placenteros. Sus pechos rebotaban contra el colchón, generando que vuelva a gotear leche por el placer que poco a poco iba ganando más terreno, mientras el sudor hacía que su piel resbalara.
Estaba completamente dilatado, esperando a que Isagi siguiera con su preparación. La colita ya se había soltado de la muñeca del ojiazul, tensándose en el aire, dando ligeros latigazos a los brazos del más bajo.
—¡Uhm, Yoichi!, ¡Por favor! — gimió con la voz ahogada por el placer y la "rareza" que para ese punto ya no existía.
Sus músculos internos se contraían desesperadamente alrededor de los dedos, succionando el lubricante y la intrusión con una facilidad avergonzante para sí mismo.
—Eres tan hermoso, Reo — halagó, soltando un pequeño jadeo pesado, mirando como el ano del heredero engullia sus dedos.
El pelimorado gimoteó, meciendo su cadera para tratar de acomodar y profundizar aún más los dedos. Ante eso, Isagi supo que tenía que ingresar otro (déjenlo, él solito se entiende).
El peliazul metió un tercer dedo con lentitud, simulando embestidas profundas y lentas.
La presión del tercer dedo, simulando los movimientos que aparentaban ser de una penetración real, le hizo nublar su mente por completo, soltando gemidos ocasionales.
Los pechos se sacudían rítmicamente contra la cama, golpeando el colchón con un sonido mullido. La cola dándole otro golpe al brazo del otro.
—¡Ngh!, ¡Y-Yoichi! — jadeó, con la voz rota por la sobreestimulación. Su espalda se arqueó de manera inconsciente, mientras que su esfínter; dilatado y empapado del lubricante que había sido utilizado, lo hacía sentir cada empuje.
Su ano succionó los tres dedos con hambre, soltando un espasmo de placer y ligera desesperación por lo que vendría.
Pero Isagi quería probar algo... Algo que había visto en su "exploración científica" toda cochina.
Así que, recontra atrevido; retiró los dedos del interior del ojilila.
Reo soltó un gemido confundido cuando sintió el vacío repentino de los dedos.
Se sintió tan vacío que ahora dolía.
Pero, al sentir como el aliento caliente de Yoichi cerca de su entrada, su cuerpo entero se estremeció, arqueando la espalda en una mezcla de nerviosismo y expectativa deseosa.
—Uhm... ¿Yoichi, qué...?, ¿Qué vas a hacer? — balbuceó con el rostro hundido la almohada y sus mejillas recuperando un tono agresivo de rojo.
Isagi, sin decir palabras, simplemente separó aún más las nalgas, acercando su lengua.
Un completo caliente.
Y por atrevido la cola de Reo terminó impactando contra su cara, sacándole un grito de dolor.
El heredero se volvió a avergonzar, hundiendo su rostro en la almohada, queriendo que la cama se lo tragara.
Isagi, con el entrecejo rojo y el puente de su nariz del mismo color debido al golpe, soltó una risita baja para ocultar las ganas de llorar; porque de verdad dolió.
Pero volvió a la acción.
Cuando la punta de la lengua de Isagi rozó su ano, Reo soltó un alarido alto.
El contacto húmedo y cálido de la lengua contra su entrada; que aún se contraía por la penetración anterior, fue una nueva sensación eléctrica que le volvió a nublar la vista.
La entrada; roja, empapada y dilatada, se abrió ligeramente ante la primera succión que él se atrevió a dar, permitiendo que el placer lo golpeara con una intensidad casi insoportable.
Casi.
Mikage soltó un gritito agudo que rompió por completo la vergüenza inicial de ambos.
Cuando la lengua de Isagi comenzó a lamer de manera superficial se dejó caer contra la cama, siendo únicamente levantado por la almohada que estaba dejando suyo, y la otra que utilizaba para tapar su rostro.
Y la sensación de plenitud se intensificó después que Yoichi lo comenzara a penetrar lentamente.
—¡Hmm!, ¡Yoichi, por favor! — lloriqueó, su cuerpo sufriendo de espasmos que le hacían perder de manera parcial el poco equilibrio que tenía.
Los glúteos temblaron sin control, empujando su propia pelvis para encontrarse con la lengua en cada embestida. Su ano, sonrosado y abierto, se contraía contra la lengua, atrapando al músculo en un encuentro desesperado.
Las embestidas eran lentas, casi precisas de no ser porque Isagi también exploraba a Reo, y llevaban una fuerza que hacía sentir al heredero seguro; perdiéndose en las sensaciones mientras apretaba la almohada.
Los gemidos poco a poco se volvieron sollozos controlados, preocupando a Isagi de cierta manera.
Pensando en verificar su estado, se comenzó a retirar de manera lenta para no asustarlo... Pero la cola lo detuvo, aferrándose en su brazo suavemente; indicando que todo estaba bien.
Y para confirmarlo, el heredero habló.
—Se... Se siente bien, Yoichi— murmuró bajito, volteando su rostro sonrojado para mirar a su acompañante -Estoy seguro contigo -.
E Isagi se quedó sin palabras, mirándolo con ojos abiertos y embobados, con una pequeña frase repitiéndose dentro de sí tras notar que, efectivamente, Mikage no mentía.
Una serie de "te amo's" casi infantiles llenaron su mente de al instante.
Aún así, no había tiempo para detenerse; Reo seguia moviendo su pelvis hacia arriba para autoempalarse con la lengua.
La humedad de la lengua y el aliento de Isagi chocando contra sus nalgas lo estaba llevando al borde de su propio clímax. Se sentía reclamado, seguro y acompañado en esa dulce y ligeramente aterradora primera vez.
Las succiones se volvieron rítmicas, constantes y más profundas contra su entrada, haciéndolo jadear de manera agitada mientras sus uñas se hundían en la cobertura de la almohada bajo su rostro.
—¡A-ah!, ¡Así, Isagi, sigue! — lloriqueó, con el cuerpo sacudiéndose en espasmos violentos sobre las sábanas.
Yoichi, para darle una especie de consuelo, bajó la mano (que seguía siendo apretada por la cola) para rodear con sus dedos la polla del pelimorado, deslizándolos de manera delicada y firme.
El doble estímulo fue demasiado para su propia bien, sintiendo como perdía la poca cordura que le quedaba desde que habían comenzado.
Sentir la lengua de Isagi succionando su ano a la par que embestía contra sus paredes anales mientras su mano apretaba y bombeaba su pene con la misma intensidad lo llevó a gimotear alto, olvidándose de la almohada y su vergüenza por unos instantes.
—¡Yoi-Yoichi! — soltó un hipido, mezclándose con un jadeo de éxtasis puro. Meció su cadera para ayudarlo con los embistes y el movimiento de la mano contra su entrepierna.
Reo gimoteó, y sin poder aguantarlo más; se terminó corriendo, con su pene sensible rozando la funda de la almohada, jadeando por haberse venido nuevamente.
Su cuerpo tembló de manera incontrolable mientras que su entrada, abierta y llena de saliva seguía buscando algo a lo cuál aferrarse.
Reo levantó la cabeza apenas unos centímetros, con la mirada nublada y los ojos vidriosos, un leve rastro de lágrimas en sus mejillas todavía sonrosadas.
Al ver nuevamente la polla, se tensó ligeramente; su cola apretó con más fuerza el brazo del peliazul, denotando su nerviosismo.
—¿Quieres continuar, Reo? — preguntó Yoichi en un susurro bajito, acariciando la cadera del pelimorado con lentitud.
Mikage lo pensó durante unos segundos.
¿Estaba asustado? Sí.
¿Quería continuar? También.
Asintió lentamente, y sus orejas se estremecieron de pura anticipación.
—Quiero llegar contigo hasta el final, Yoichi — susurró, volteando su rostro para mirarlo, sonriendo levemente.
La pequeña sonrisa sirvió para tranquilizar al peliazul, que dejó un beso en la espalda del millonario; provocándole un leve escalofrío.
Se inclinó un poco más, dejando que Yoichi tomara sus nalgas entre ambas manos, separándolas para exponer nuevamente su ano.
Isagi suspiró, ahora él ya no estaba tan seguro.
Acercó tímidamente la punta de su polla contra la entrada, presionando lentamente.
Leves gimoteos escaparon de la boca del heredero, volteando apenas su cabeza para mirar al peliazul.
Ambos conectaron sus ojos.
Ambos estaban inseguros.
Pero estaban juntos.
...
Cuando Reo sintió el glande de Isagi presionando contra su entrada; supo que iba a doler.
—Hmmgh — gimoteó bajito, levemente incómodo mientras el peliazul seguía intentando acomodarse adecuadamente.
Ocultó su rostro en la almohada, frunciendo ligeramente el ceño mientras su cola revoloteaba de un lado a otro.
Su entrada; dilatada y húmeda, palpitaba contra la punta del miembro, estirándose casi tímidamente mientras el ojiazul lo miraba nervioso.
—¿T-todo bien? — le preguntó Yoichi, sosteniendo suavemente la cadera de Reo para mantenerlo quieto.
Él solo pudo asentir con cierta torpeza, mirándolo de reojo y esperando que siguiera.
Isagi gimió bajito, introduciendo la punta de su pene mientras escuchaba como el heredero soltando leves quejidos, preocupándolo.
—¡N-ngh!, ¡A-ah... Lento! — pidió el ojilila, aferrándose a la tela de la almohada mientras gimoteaba; su propio miembro rozando contra la almohada que elevaba su pelvis.
Yoichi obedeció, asintiendo frenéticamente a causa del nerviosismo.
Introdujo un poco más, pasando del glande solo para comprobar.
Reo soltó otro quejido, esta vez más bajo y un poquito más agudo. Su cola enredándose en la muñeca del brazo de Isagi; justo el que sostenía su cadera.
—D-duele un poco — murmuró, la voz quebrada gracias a su misma respiración agitada.
Momentos después, y tras introducir apenas la mitad; Reo se sentía completamente lleno, pero seguía sintiéndose bien.
Su esfínter se contraía alrededor de la polla; sintiendo como el líquido preseminal empapaba sus paredes mientras la fricción, con Isagi aún quieto, se hacía frustante por no recibir estimulación.
El pelimorado arqueó la espalda; ofreciendo su interior, rogando en silencio que esa incomodidad y leve dolor se convirtiera en la plenitud total que su cuerpo reclamaba.
—¿Todavía duele? — preguntó en un jadeo, apretando un poco más la cadera de Reo, ahora con ambas manos.
Yoichi miraba, casi fascinado, como las piernas del heredero temblaban; sobre todo los muslos, que se apretaban entre sí.
—N-no mucho — suspiró, su propia respiración agitada mezclándose con la del delantero, aumentando la tensión entre ellos.
Isagi asintió, sintiéndose repentinamente tímido ante los leves quejidos del pelimorado; y sin poder evitarlo, se inclinó para besarlo.
Ambos gimotearon, iniciando un beso torpe mientras que él seguía sujetando la cadera del Mikage, haciendo círculos con sus pulgares en la piel sonrojada.
Al terminar de introducir el resto de su miembro, ambos jadearon; todavía entre besos y caricias de parte del peliazul.
Claro que, no pasó mucho tiempo para que Reo moviera suavemente su pelvis; empujándola hacia abajo para forzar una embestida suave.
Isagi bajó sus labios brevemente, dejando una suave mordida en el cuello del Mikage apretando la piel de la cadera para dejarlo quieto.
—P-por favor... — pidió con un gemido ahogado, moviendo nuevamente su pelvis.
—¿Seguro?, n-no quiero lastimarte — gimió ronco, dejando otro beso; ahora en el hombro del pelimorado, apartando un poco de los mechones que rozaban la piel.
—Deja de decirlo, no me voy a romper — regañó, volteando su rostro para mirarlo con el ceño fruncido.
Y ahí sacó un poquito de su personalidad caprichosa.
—B-bueno — murmuró, sonrojándose fuertemente, mirando hacia las sábanas de la pura timidez gracias al regaño.
Las embestidas comenzaron lentas; retirándose hasta la mitad para luego volver a meterlo con lentitud, repitiendo lo mismo hasta que el heredero se acostumbrara por completo.
Reo, por su parte, sentía como sus pechos se apretaban contra el colchón; con los pezones derramando nuevas gotitas de leche que se formaron por la excitación que sentía.
—¡A-ah!... ¡Y-yoichi, m-más! — pidió entre gimoteos, ayudando con movimientos de su pelvis para profundizar las embestidas.
Sus paredes cerrándose para "tragar" la verga que estaba en su interior.
Isagi gimió alto, agudo; se sentía tan malditamente bien que no lo pudo evitar.
Reo lo miró, soltando una risita al confirmar que ambos lo estaban disfrutando.
Yoichi se avergonzó, aún así no se amedrentó para sujetar con más fuerza la cadera del heredero y aumentar el ritmo de las embestidas.
Ambos gemían, claro que uno más que otro; ¿No, Isagi?
—¡N-ngh, Reo! — gimió alto, en sus ojos formándose ligeras lágrimas, pero sin llegar a derramarlas.
El Mikage por su lado jadeaba, apretando la sábana mientras arqueaba su espalda para recibir todas las embestidas.
Su propio interior apretando repetidamente la polla que lo llenaba de manera exquisita.
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Al cabo de unos minutos el placer era casi insostenible; Isagi volvió a chupar sus pechos, ahora frente a frente mientras que el ojiazul seguía embistiendo.
El Mikage apretaba algunos mechones azules de su acompañante, gimiendo ya un poco más alto.
Yoichi ya para ese punto estaba soltando algunas lágrimas de lo bien que se sentía; sus labios volviendo a succionar los pezones que seguían derramando leche.
Los empujes se hicieron más rápidos, descoordinados, y la pelvis de Reo ya no se movía con calma; sino por la pura desesperación de acabar.
—¡A-ah, Yoichi! — gimoteó, apretando las mejillas del peliazul para atraerlo a un beso hambriento.
El delantero jadeó contra sus labios, subiendo la mano que seguía siendo apretada por la cola del heredero; ya con marcas visibles por la presión constante. Apretando una teta, mientras su pulgar hacía movimientos circulares en el pezón.
—¡Y-ya... Ya casi! — gritó al separarse, su interior contrayéndose en espasmos placenteros; tan cerca del clímax que dolía.
El pelimorado sollozó, sus orejas pegándose a su cabeza del placer asfixiante que amenazaba con hacerlo terminar pronto.
El peliazul estaba en un estado similar; gimiendo ya un poquito más bajo que antes, pero igual de sensible.
Y segundos después él también se sentía a su propio límite.
—¿P-puedo correrme dentro? — preguntó en un susurro tímido, besando nuevamente a Reo para volver a bajar a los senos; alternándose para chupar.
Mikage asintió frenéticamente, jadeando pesadamente, su cuerpo sufriendo de espasmos constantes y su pezones derramando leche a montones.
Isagi lo volvió a besar, su miembro palpitando dentro del recto del heredero.
—¡D-dentro!, ¡Y-Yoichi! — exigió entre gemidos ahogados. Sus uñas presionando y marcando la piel de la espalda del peliazul; surcos rosas que rápidamente se volvían rojos en medio de todo el vaivén.
—¡Hazlo dentro! — suplicó, mordiendo su labio inferior mientras sentía que su límite ya lo estaba alcanzando.
Isagi no lo pudo soportar más; se terminó corriendo dentro de Reo, besándolo mientras líneas espesas de semen llenaban el interior del pelimorado.
El Mikage le siguió, gimiendo en medio del beso mientras que manchaba su vientre y el de Isagi, apretando los hombros del peliazul para apoyarse en algo.
Después de ahí, ambos tortolitos se acostaron y como no; tuvieron una conversación para intentar relajarse.
Todo entre risas nerviosas, besos cortos y palabras entrecortadas.
...
𝖡𝗅𝗎𝖾 𝖫𝗈𝖼𝗄 ¡𝖳𝗂𝖾𝗆𝗉𝗈 𝖽𝖾 𝖽𝖾𝗌𝖼𝗎𝖾𝗇𝗍𝗈!
⚽ ⏤͟͟͞͞
Tras dejarlos un tiempo libre para que puedan descansar después del NEL, los padres de Reo no estaban para nada contentos con la relación que su único hijo formó con Yoichi.
Aún así nada impedía que ellos se vieran.
Nada que una escalada, y la ayuda indirecta de su nana ambos se volvieron a reunir... Para seguir intentando reproducirse, ¡Bien ahí!
Mientras que Reo montaba suavemente a su pareja, Isagi se encargó de decir la frase que a cualquier lo hubiera hecho parar.
—¡Estoy en tu césped Nebbercracker! — jadeó/dijo, soltando una risita mientras le agarraba la cintura para ayudarlo a bajar.
El Mikage obviamente paró al escucharlo.
...
Luego se rió de verdad, acostándose en el pecho de Isagi por la pura risa.
—Buen momazo — le siguió, ya olvidándose que estaba haciendo segundos antes.
...
Oli. *Desaparece otro año*
Nomentira
En fin.
Gente, buenas noticias, por fin me estoy bienviendo Blue Lock el anime, en el manga me tengo que poner al día!
Para los que no sepan, no me veía el anime por la animación xddd
Y ahora shi
Así que tengo una teoría; en el capítulo donde Ego presenta el proyecto, pone un ejemplejemplo donde llegan a la final con Alemania, Isagi aparece pateando el "gol" final... Pero no lo vemos anotar, y creo que esto podría ser una señal muy obvia, y ahora más con todo lo que el autor dijo que le pasaría con el prota.








