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El oro que se rompiΓ³
Jeon Jungkook no siempre fue un hombre perdido.
Hubo un tiempo en que su nombre se pronunciaba con orgullo en gimnasios, escuelas deportivas y transmisiones televisadas. Un tiempo en que su vida tenΓa orden, propΓ³sito y una identidad clara que parecΓa hecha para triunfar.
Desde que presentΓ³ su segundo despertar, a los quince aΓ±os, no hubo dudas: era alfa.
Un alfa fuerte, de feromonas limpias y dominantes, de esos que nacΓan con el cuerpo y la mente alineados para liderar. En Corea, donde el boxeo profesional era un terreno ferozmente competitivo, ser alfa no garantizaba la victoria... pero sΓ elevaba las expectativas hasta niveles asfixiantes.
Jungkook naciΓ³ en una familia humilde, pero estable. Sus padres no eran ricos, pero habΓan construido una vida digna con esfuerzo y constancia. Nunca le faltΓ³ comida ni cuidados, y cuando su subgΓ©nero se manifestΓ³, lo acompaΓ±aron con responsabilidad, pagando supresores, controles mΓ©dicos y orientaciΓ³n especializada para que su desarrollo como alfa no se volviera un obstΓ‘culo.
Tal vez por eso encajΓ³ tan bien en la Escuela Nacional de Deportes de Corea.Desde el primer dΓa, destacΓ³. No solo por su fΓsico, rΓ‘pido, resistente, brutalmente fuerte, sino por su disciplina. Jungkook no era el tΓpico alfa arrogante que confiaba solo en su biologΓa. Entrenaba mΓ‘s que nadie, escuchaba, corregΓa, repetΓa hasta la extenuaciΓ³n.
A los diecisΓ©is aΓ±os, ya era un prodigio.A los dieciocho, una promesa nacional.A los veinte, el orgullo del boxeo coreano.
La prensa lo bautizΓ³ como el Golden Maknae, el alfa mΓ‘s joven en escalar tan alto dentro del circuito profesional. Su historia vendΓa: origen humilde, talento natural, feromonas controladas, sonrisa tΓmida fuera del ring y ferocidad absoluta dentro de Γ©l.
Cuando peleaba, su presencia se sentΓa incluso antes del primer golpe. Los otros boxeadores lo percibΓan en el aire: ese instinto alfa que presionaba, que obligaba a retroceder. Jungkook no necesitaba intimidar; su cuerpo lo hacΓa por Γ©l.
El ascenso fue tan rΓ‘pido que parecΓa irreal.
Y entonces, llegΓ³ la oportunidad definitiva.
El Campeonato Nacional Absoluto de la Korea Boxing Commission, el tΓtulo mΓ‘s alto al que podΓa aspirar un boxeador profesional en Corea. El cinturΓ³n que abrΓa las puertas al circuito internacional, a JapΓ³n, a Estados Unidos, a Europa. El nombre que quedaba grabado para siempre.
Jungkook se preparΓ³ como si su vida dependiera de ello. Entrenamientos dobles y triples. Dietas milimΓ©tricas. Supresores ajustados para mantener sus feromonas estables durante la pelea. Madrugadas corriendo con el pecho ardiendo y las manos envueltas en vendas empapadas de sudor y sangre.Su entrenador lo observaba con una mezcla de orgullo y temor.
- No eres solo un alfa fuerte.- Le decΓa.- Eres inteligente. No lo olvides ahΓ arriba.
Las expectativas eran insoportables.Patrocinadores. Analistas. Titulares que ya lo proclamaban campeΓ³n antes de subir al ring. Sus padres, sentados en primera fila, con el corazΓ³n en la garganta y los ojos brillantes de orgullo.
El contrincante era Kang Minjae.
TambiΓ©n alfa. MΓ‘s grande. MΓ‘s tosco. Con una presencia pesada, respaldada por un equipo influyente y patrocinadores con demasiados contactos. No tenΓa la tΓ©cnica de Jungkook, ni su velocidad, pero tenΓa algo igual de peligroso: poder fuera del ring.
La pelea fue brutal.
Jungkook dominΓ³ los primeros rounds. Se movΓa con precisiΓ³n, respiraba con control, marcaba puntos claros. Cada golpe conectaba limpio. Cada esquiva arrancaba aplausos. Su alfa interior estaba perfectamente contenido, enfocado, afilado.
Pero algo no cuadraba.
Golpes evidentes no sumaban. Asaltos ganados se marcaban dudosos. Minjae recibΓa castigos que deberΓan haber pesado en las tarjetas... pero los jueces miraban a otro lado.
El aire empezΓ³ a oler mal.
En el ΓΊltimo round, Jungkook saliΓ³ decidido a acabarlo.
No pensΓ³. No calculΓ³. AtacΓ³ con todo lo que tenΓa.
Cuando sonΓ³ la campana final, estaba exhausto, jadeando, con los mΓΊsculos en llamas... pero seguro de la victoria.
La decisiΓ³n se anunciΓ³.
- Por decisiΓ³n unΓ‘nime... ganador... Kang Minjae.
El mundo se le vino abajo.
El silencio durΓ³ apenas un segundo antes de que estallaran los abucheos. Jungkook se quedΓ³ inmΓ³vil, los guantes aΓΊn puestos, la mirada fija en la lona. Su alfa, acostumbrado a imponerse, no entendΓa cΓ³mo habΓa sido doblegado de una forma tan sucia.
La verdad llegΓ³ despuΓ©s.En susurros.En llamadas que no se devolvΓan.En reuniones canceladas.
Los jueces habΓan sido comprados. Los puntos manipulados desde el inicio. La pelea estaba arreglada. Minjae era una inversiΓ³n mΓ‘s rentable.
Pero el cinturΓ³n ya tenΓa dueΓ±o.Y nadie iba a tocarlo.
Jungkook no gritΓ³. No denunciΓ³. No hizo escΓ‘ndalo.
Simplemente... se apagΓ³.
DejΓ³ de ir al gimnasio.DejΓ³ de responder mensajes.
Su alfa, entrenado para competir y liderar, se quedΓ³ sin propΓ³sito. Sus padres intentaron convencerlo de apelar, de seguir, de no rendirse. Le hablaron de injusticias, de segundas oportunidades.
- No importa lo bueno que seas.- Les dijo una noche, con la voz hueca.- Si no tienes poder, siempre pierdes.
EmpacΓ³ pocas cosas y se fue.
El alcohol llegΓ³ primero. DespuΓ©s los bares baratos, donde nadie sabΓa quiΓ©n habΓa sido. Una noche, borracho, se metiΓ³ en una pelea absurda contra otro hombre igual de ebrio.
GanΓ³ sin esfuerzo.Alguien lo viΓ³.
- Tienes madera.- Le dijeron.- PodrΓas ganar unos wons con eso.
AsΓ llegaron las peleas clandestinas.SΓ³tanos. Almacenes. Lugares donde los instintos alfa se desataban sin reglas ni Γ©tica. Jungkook no entrenaba, no se cuidaba, no usaba supresores. Peleaba guiado por rabia y frustraciΓ³n.
Golpeaba.BebΓa.VolvΓa a golpear.
A los veintitrΓ©s aΓ±os, el Golden Maknae era solo un recuerdo. VivΓa en un piso destartalado, en un barrio que olΓa a humedad y derrota. Sus manos seguΓan siendo letales, su alfa seguΓa ahΓ... pero estaba dormido, roto.
Hasta aquella noche.
La noche en que peleΓ³ borracho.
La noche en que perdiΓ³.
La noche en que un omega poderoso apostΓ³ por Γ©l.
Park Jimin.
Y sin saberlo aΓΊn, Jungkook acababa de caer en manos del ΓΊnico hombre capaz de domar, o destruir, al alfa que una vez fue de oro.
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