1. PRÓLOGO
Junio de 2025
La realidad de que una pérdida es para siempre nunca se asimila de inmediato. Ya sea física o metafórica, el malestar emocional que la acompaña es igualmente intenso, creando un círculo vicioso de confusión que se vuelve insoportable en la soledad nocturna. Porque es precisamente durante ese momento del día cuando más reflexionas sobre las experiencias compartidas con la persona que perdiste y te preguntas cómo seguir adelante. Pero el vacío que deja no te paraliza por completo hasta que tu imaginación se calma, el pánico disminuye y comprendes plenamente que nada volverá a ser igual.
Jimin no era ajeno a ese tipo de dolor y, esa noche, a sus veintisiete años, sumó una nueva cicatriz a su ya maltrecha alma. Enterarse de todo lo que Jungkook había pasado, de lo completamente solo y desamparado que se había sentido, era, sin duda, la más profunda de todas sus heridas.
Jimin caminaba de un lado a otro de la sala como un león enjaulado, sin saber qué hacer con las ideas homicidas que crecían en su interior. Se revolvió el pelo y resopló. Sentía que toda su existencia estaba en tensión, pero no era ni remotamente tan doloroso como la sensación que lo atormentaba desde que trajo a Jungkook a casa.
Jimin nunca había experimentado nada parecido a la cruel realidad en la que vivía Jungkook, pero aquello era consecuencia de sus propios errores, y eso le hacía sentir un tipo de culpa diferente.
Jimin había abandonado a Jungkook cuando más lo necesitaba.
¿Cómo podía alguien recuperarse de algo así?
¿Cómo se pedía perdón por algo así o se perdonaba uno a sí mismo?
¿Cómo podía Jungkook siquiera mirarlo, mucho menos querer tocarlo?
Una vez que se calmó un poco, Jimin caminó descalzo hasta la tenue tranquilidad de su habitación y se sentó sobre el escritorio, con los pies descalzos apoyados en la silla. Después de su conversación, Jimin había puesto su vinilo de Wish You Were Here para ayudar a Jungkook a relajarse, pero hacía ya un rato que solo se escuchaba el crepitar de fondo mientras la aguja rozaba una y otra vez la zona sin música del vinilo. Afuera, las luces borrosas parecían danzar, mientras el suave repiqueteo de la lluvia tamborileaba contra la ventana, haciendo que Jimin perdiera de vista su propio reflejo.
Había intentado mantener la compostura cuando Jungkook se derrumbó ante sus ojos, cuidándolo lo mejor que pudo, pero ahora no sabía a quién culpar.
¿A sí mismo? ¿A la familia de Jungkook? ¿A la sociedad? ¿Un poco de todo?
Sin duda, Jungkook era el único inocente aquí.
Secándose la lágrima que le rodaba por la mejilla, Jimin sorbió por la nariz. No tenía derecho a llorar ni a sentirse herido. No cuando no había estado ahí para Jungkook.
Jimin deseaba poder retroceder en el tiempo y volver a cuando tenían dieciséis años. Aunque la vida no había sido un cuento de hadas, sobre todo después de la muerte de Nikolaj, al menos tendrían la oportunidad de tomar un camino diferente, mejorar las cosas, cambiar su destino.
Frotándose la cara con la palma de la mano, el cansancio le oprimía los hombros. Jimin contempló a Jungkook, que dormía en su cama. Necesitaba descansar un poco, pero esto… él… era todo lo que Jimin siempre había querido. ¿Y si cerraba los ojos y Jungkook volvía a desaparecer? No sobreviviría a perderlo una vez más. Incluso ahora que Jungkook dejaba al descubierto todas sus asperezas. Incluso con todas esas partes desagradables de sí mismo esparcidas por todas partes. Ese hombre no era simplemente parte del camino. Era, y siempre había sido, su principio y todos sus finales.
Jimin apretó la mandíbula, luchando por contener las lágrimas mientras lo observaba. Su mente estaba tan confusa, sumida en una montaña rusa de esperanza y rabia visceral, que no podía pensar con claridad. La idea de una hoja atravesando la carne de Jesper se mezclaba con los innumerables recuerdos de las manos y los labios de Jungkook acariciándolo, de su sonrisa, de su voz ronca que vibraba en el interior de Jimin como el latido que lo mantenía con vida.
¿Cómo pudo alguien que se suponía que debía protegerte, hacerte daño de esa manera?
Un murmullo ininteligible distrajo a Jimin de sus retorcidas cavilaciones, atrayendo de nuevo su atención hacia Jungkook. Estaba completamente inconsciente y, aun así, era evidente que no estaba tranquilo.
¿Cómo no vi las señales?
Jimin quería gritar.
Durante los últimos meses, mientras estaban de gira, Jungkook se había despertado agitado más de una vez. Las pesadillas eran tan fuertes a veces que incluso dejaba que Jimin lo abrazara para volver a dormirse, cuando lo único que hacían era discutir de día y follar de noche. Pero ahora… podía leer entre líneas todo lo que Jungkook decía y hacía. Podía oír la frustración en sus respuestas airadas y la tristeza en sus mentiras. Podía saborear su angustia en la forma en que lo besaba. Podía sentir el amor eterno en la forma en que follaban.
Sin miedo, sin importar si terminaba lastimado, Jimin por fin podía admitir que eran dos mitades perdidas de un mismo ser que anhelaban reencontrarse.
Incapaz de controlarse, Jimin bajó del escritorio y se dirigió a su cama. El colchón se hundió bajo sus rodillas, lo que hizo que Jungkook se removiera. Con el ceño fruncido y un nudo en la garganta, Jimin lo abrazó con fuerza mientras le daba un beso en la nuca, acariciándolo y aspirando su aroma.
Era como si, en el subconsciente, Jungkook reconociera a Jimin. Como si su sola presencia bastara para que se sintiera seguro mientras se relajaba en sus brazos.
Finalmente habían encontrado el camino de regreso a casa.








