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El asesino azul

Summary

"El Asesino Azul", es un mercenario prófugo de la justicia interdimensional que termina varado en el turbulento continente de Eostia. En este mundo plagado de reinos caídos, guerras raciales y magia arcana, a Rex le trae completamente sin cuidado la moral, el honor o los ideales de revolución.

Genre
Action
Author
Drakey_334
Status
8d ago
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

La llegada de un asesino azul cap 1


El continente de Eostia es un bastión donde coexisten humanos, elfos de la luz, elfos oscuros y toda clase de criaturas. Sin embargo, la paz en estas tierras es solo un recuerdo lejano: una despiadada guerra ha devorado el mundo durante más de un siglo. Al frente del caos se encuentra Olga Discordia, la soberana de los elfos oscuros conocida como «la Gran Bruja» y encarnada como el mal supremo. Gracias a su inmenso poder arcano y a la aura oscura que emana, mantiene bajo su absoluto dominio a un temible ejército de monstruos que atemoriza a las naciones.

En el bando opuesto se alza Celestine Lucullus, una elfa de luz reverenciada como la reencarnación de la diosa Liara. Celestine lidera la alianza con los reinos humanos junto a las Siete Escudos, una orden de princesas guerreras unidas bajo la firme promesa de erradicar a Olga y devolverle la luz a Eostia.

No obstante, lejos de las batallas que desangran el continente, existe una región de los bosques donde la tranquilidad aún impera. Las aguas de un lago cristalino reposan en absoluta calma, ajenas a la crueldad del mundo exterior.

O al menos así era hasta este instante.

De pronto, la atmósfera del lugar se distorsionó de manera violenta. El aire comenzó a ser succionado hacia un único punto invisible, alterando la calma del agua y proyectando ondas aceleradas sobre la superficie del lago. Un instante después, chispas y relámpagos de un intenso color azul rasgaron la realidad.

El tejido del espacio y el tiempo sucumbió, abriéndose en un vórtice de pura electricidad celeste. Tan pronto como el portal alcanzó el tamaño suficiente, una silueta pesada fue expulsada de su interior, impactando fuertemente contra el agua. Tan rápido como se abrió, la hendidura dimensional se selló sobre sí misma, desapareciendo sin dejar rastro y devolviendo la falsa calma al entorno.

Pocos segundos después, una figura emergió de las profundidades del lago, arrastrándose con pesadez sobre la orilla hasta quedar tendida en la superficie.

De piel azul y estirpe imponente, poseía una estatura similar a la de los humanos, un cabello largo y negro que le caía hasta los hombros y unas orejas desproporcionadamente largas. Sus colmillos y su rostro expresivo sugerían el linaje de un goblin, pero distaba enormemente de los típicos monstruos verdes, pequeños, salvajes y estúpidos que poblaban las leyendas.

El sujeto vestía ropas completamente destrozadas. Al ponerse en pie, la firmeza de su contextura física dejó en evidencia que se trataba de un guerrero consumado. Sin embargo, no había salido ileso: una estaca de aspecto cristalino permanecía clavada en su espalda, emitiendo un brillo blanco similar al maná sólido. Otra más atravesaba la carne de su brazo izquierdo, haciendo que la sangre brotara de la herida.

Apurado por el tormento, se apoyó contra el tronco de un árbol cercano. Llevó la mano derecha al brazo y sujetó la estaca; la desbordante energía mágica de la pieza comenzó a abrasarle la piel al instante, pero él contuvo la mueca de dolor y tiró de ella con una fuerza brutal hasta arrancársela.

Hizo lo propio con el proyectil incrustado en su espalda. Fue un proceso doloroso y visceral, pero resistió la agonía en silencio hasta liberarse por completo, arrojando las dos estacas con desprecio hacia la hierba.

"Malditas armas de mierda... Maldigo el que las creó" decía para sus adentros en una ráfaga de rabia mental.

Sin más energía para sostenerse, colapsó sentado al pie del árbol. Miró el entorno por un segundo antes de dejar caer la cabeza; estaba exhausto.

"Tengo que descansar un momento para recuperar algo de maná", pensó mientras permitía que su cuerpo se relajara. Cerró los ojos para conciliar el sueño, manteniendo los sentidos alerta ante cualquier alteración en el murmullo del bosque.

Tras apenas media hora de reposo, su capacidad regenerativa ya había cerrado las laceraciones en su piel. Sintió cómo la vitalidad regresaba a sus músculos, otorgándole la fuerza necesaria para continuar.

Se puso de pie, pero antes de alejarse, fijó la mirada en las dos estacas cristalinas que descansaban sobre el pasto y dibujó una sonrisa socarrona.

Extendió la mano sobre ellas. En respuesta, un destello de luz azul envolvió los restos de maná sólido, haciéndolos desaparecer de la tierra. En su lugar, el sujeto sostuvo una sola carta entre los dedos.

La guardó entre sus harapos sin darle más importancia y se adentró en la espesura del bosque.

—Hay que aprovechar esta nueva libertad antes de que me busque la maldita ley —mormullo para sí mismo antes de perderse en lo desconocido de la espesura.

Tras un par de horas de caminata, dio con un camino de tierra. Sin embargo, no estaba desierto: a unos metros sobre la carretera, cuatro bandidos desvalijaban una caravana tras haber asesinado al anciano comerciante que la conducía.

"Pobre diablo, jajaja", se rió en sus adentros. Para él, ver muertos y saqueos era el pan de cada día, un espectáculo tan cotidiano que rozaba lo aburrido.

Se aproximó a los cuatro sujetos sin molestarse en ocultarse. Con dos destellos resplandecientes, invocó su par de espadas curvas, una en cada mano.

—Oigan, quiero ese botín y sus ropas —soltó sin un ápice de duda, esbozando una sonrisa afilada conforme acortaba distancia.

Los maleantes se giraron esperando encontrar a algún héroe novato y estúpido, pero la visión les congeló la sangre. Jamás imaginaron toparse con un sujeto de piel azul, alto y de complexión imponente. Las preguntas azotaron sus mentes: ¿era un elfo? Imposible, las facciones no encajaban. ¿Un demonio, una aberración jamás vista?

Apretaron los mangos de sus armas, tratando de infundirse valor en un cuatro contra uno.

—¡No sé qué mierda seas, pero largo de aquí, bestia del infierno! —amenazó el que parecía el líder, apuntándolo con la punta de su acero.

—¡Fuera, hombre azul! ¡Largo, engendro! —grito otro, mientras el resto adoptaba postura de combate.

—Me rompen el corazón, ¿saben? Tengo sentimientos muy sensibles —se burló, dando otro paso al frente sin perder la sonrisa.

—¡QUE NO TE MUEVAS! —ordenó el cabecilla con la voz quebrada.

El sujeto ignoró la advertencia, sacó la lengua con infantil descaro y, con un brinco, salió disparado hacia ellos convertído en una ráfaga.

—¡Tú te lo buscaste! —alcanzó a decir el líder haciendo una señal con la cabeza.

A sus espaldas, un arquero apostado disparó a quemarropa directo al rostro del intruso azul. Con un reflejo sobrehumano, este desvió la flecha de un espadazo en pleno vuelo antes de plantarse frente al primer tipo.

"Demonios...", alcanzó a pensar el bandido mientras alzaba torpemente su espada para decapitarlo.

En un parpadeo, el movimiento de los aceros cercenó los dos brazos del hombre. El tipo ahogó un grito de agonía que fue cortado de tajo cuando la hoja le rebanó limpiamente la boca por la mitad.

Los otros tres quedaron paralizados por el shock, el cual se convirtió de inmediato en pánico puro. No hubo tiempo para procesarlo: la mancha azul se desplazó a una velocidad absurda, agachándose entre dos de los sujetos para asestar un trazo bajo que les cercenó las piernas por debajo de las rodillas.

—¡AHHHHHHH! —los gritos desgarradores resonaron en el camino mientras ambos colapsaban sobre el charco de su propia sangre, sudando y llorando por el dolor insoportable.

—¡Espera un momento, yo...! —intentó suplicar uno, pero su cabeza salió volando por los aires antes de terminar la frase; el que estaba a su lado corrió la misma suerte medio segundo después.

El arquero arrojó el arco y echó a correr desesperadamente por su vida. El sujeto azul sopesó una de sus espadas curvas y la lanzó desde lejos. El arma giró en el aire zumbando ruidosamente hasta clavarse de lleno en la espalda del prófugo, atravesándolo e hincándolo en el polvo.

—Jaja, se los pedí de buena manera y resultaron ser unos racistas. Harán que mi corazón explote de tristeza —dijo entre risas burlonas mientras caminaba despreocupado a recuperar su espada incrustada en el cadáver.

Sin perder tiempo, despojó a los muertos de todo el oro, seleccionó ropa limpia para cambiarse y tomó una capucha para ocultar su rostro y sus largas orejas.

—Gracias por la ropa, señor —le agradeció con sarcasmo al cadáver del anciano, alejándose del sitio mientras le daba un mordisco a una manzana crujiente que encontró en la carroza.

El sol alcanzó su punto más alto en el firmamento; el calor abrasador era tal que el aire sobre la tierra parecía ondular en vapor. El sujeto continuaba su marcha a paso firme por el sendero, sumando unas dos horas de trayecto ininterrumpido.

"Rayos, pensé que los pueblos estaban más cerca... y el sol hoy está maldito".

Una gota de sudor le resbaló por la mejilla. El ambiente sofocaba, pero él alzó la mirada hacia el astro rey con cierta diversión.

"¿Qué pasa, Sol? ¿Me estás castigando? Pierdes el tiempo. No importa lo que hagas, me gusta sentir el aire en la cara y ver el cielo libre".

Inhaló hondo mientras avanzaba. A pesar del bochorno insoportable, una profunda sensación de satisfacción le llenaba el pecho: al fin era libre de caminar hacia donde le diera la gana.

"Me pregunto qué clase de comida tendrán por aquí. Espero que sea algo rico; no quisiera comer porquerías extrañas en mi primer día de libertad",

Pensó con algo de asco.

Recordó con una mueca el día en que tuvo que tragarse un plato de tentáculos vivos repletos de ojos; sabía a demonios, pero al menos le había aportado los nutrientes para sobrevivir.

"Las mujeres serán sexis aquí... espero que sí".

Se imaginó a distintas mujeres que había conocido en su recorrido por varios mundos: una con cara de rana; otra gigantesca, que no estaba nada mal pero requería a alguien intrépido como él; y una con el cuello ridículamente largo, un espíritu intangible al que logró meter en su cama tras encontrar la manera adecuada. Fue una gran experiencia.

"Rayos, llevo demasiado tiempo sin estar con una mujer. ¿Cuántos años eran?".

Intentó hacer memoria, pero en su celda no entraban los rayos del sol ni la luz de la luna. Aunque no era un genio de las matemáticas, pudo deducir una cifra estimada.

"Lo más probable es que hayan sido cien años sin tocar a una mujer. Maldita prisión aburrida", pensó mientras aceleraba el paso, entusiasmado por explorar este nuevo lugar.

Al menos tenía claro algo: había mujeres humanas aquí, y eso ya era un avance. Lo supo al analizar el ecosistema —el aire, la luz del sol, el agua del lago— y, sobre todo, porque los ladrones que despachó eran humanos.

"Entre las humanas hay mujeres muy hermosas, aunque no tengo idea de qué otras razas existan aquí", intentó adivinar. "No me voy a romper la cabeza; es mejor verlo con mis propios ojos. Al final, cada mundo es diferente". Sonrió y continuó por la carretera de tierra.

Tras cinco horas de caminata, divisó un pueblo pequeño y humilde. Contó apenas una veintena de soldados al cruzar la entrada; probablemente no eran guardias locales, sino cobradores de impuestos enviados desde algún castillo lejano.

Avanzó cubriéndose el rostro con la capucha hasta entrar en una taberna, donde subió al segundo piso para sentarse en una de las mesas del fondo.

"Los humanos siempre son una plaga, a donde vayas hay cientos", pensó mientras revisaba el menú.

La camarera no tardó en acercarse a su mesa.

—Oye, piernas sexis, quiero esto de aquí —dijo señalando el menú—. Traeme chuleta, arroz con frijoles y tres jarras de cerveza.

La camarera arrugó el entrecejo, pero se limitó a anotar el pedido y se retiró en silencio.

Rato después, regresó y azotó la comida sobre la mesa de mala gana. A Rex solo le pareció gracioso.

—Vaya mal humor. Te vas a quedar soltera si sigues así —se burló.

La mujer lo observó con fastidio. Ese encapuchado era la clase de cliente grosero que nadie quería atender.

—Piérdete, patán —respondió ella, tomando el dinero antes de darse la vuelta.

Rex la siguió con la mirada, fijándose en los muslos que asomaban bajo su falda.

—Aún pienso que tienes buenas piernas —murmuró en un susurro.

Probó la comida y quedó satisfecho; las chuletas estaban en su punto y la cerveza helada bajaba muy bien. La gastronomía humana rara vez decepcionaba.

Al terminar hasta el último bocado, se quedó sentado en tranquilidad.

"Bien, ¿cómo revivo mi negocio ahora?", comenzó a planear.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un estallido de gritos y choque de aceros en la planta baja. De pronto, la puerta principal saltó hecha pedazos cuando un caballero atravesó volando toda la sala tras recibir un golpe descomunal.

Los clientes entraron en pánico. Instantes después, cruzó el umbral un sujeto alto, musculoso y calvo, cargando una gigantesca espada sobre el hombro con una sola mano. A sus espaldas irrumpieron decenas de hombres armados.

—¡Escuchen bien! ¡Me llamo Bardock y a partir de hoy todos ustedes son mis esclavos! ¡Salgan afuera ahora mismo! —ordenó con voz de trueno.

Aterrorizada, la gente comenzó a evacuar la taberna.

"Qué molestia", pensó Rex poniéndose en pie para seguir a la multitud.

En el exterior, los soldados yacían muertos sobre el barro, mientras que las mujeres del pueblo habían sido agrupadas en el centro. Rex echó un vistazo rápido alrededor: setenta hombres en total. Probablemente una banda de bandidos buscando hacerse de un nombre en la región.

—¡Quemen todo y vámonos rápido! —ordenó Bardock.

Los maleantes comenzaron a prender fuego a las casas. Uno de ellos se acercó con una antorcha hacia la taberna.

"¿En serio? Van a echar a perder la comida", se quejó Rex en sus adentros.

—Oye, no puedes hacer eso —soltó con total tranquilidad.

Los bandidos se detuvieron, sorprendidos, antes de soltar una carcajada general.

—¿Quién dijo eso? ¡Da la cara! —demandó Bardock.

Rex salió de la multitud de civiles, vistiendo su ropa nueva y manteniendo la capucha puesta.

—Fui yo.

—Jajaja, eres un tipo valiente o muy estúpido. ¡Quítate la capucha! —exigió el líder con autoridad.

Rex se descubrió el rostro. La masa de gente ahogó un grito de asombro y los criminales se quedaron paralizados al ver su piel azul, sus colmillos y sus largas orejas.

Bardock parpadeó intentando procesar la escena. "¿Qué carajos es esa cosa? No importa, no me voy a dejar intimidar".

—No sé qué seas, pero está claro que eres un monstruo —dijo Bardock recuperando la compostura—. Únete a mi grupo. Las criaturas en Eostia son malvadas por naturaleza, puedo verlo en tus ojos. Tú no eres ningún santo. Deseas algo, ¿verdad? Dinero, mujeres... Por tu aspecto diría que eres un goblin mutado o un demonio, pero no me importa. Ven, hermano, únete a nosotros.

Se produjo un silencio de varios segundos. Rex esbozó una amplia sonrisa.

—Me llamo Rex —declaró mientras invocaba su par de espadas curvas en un destello de luz—. Y hoy me voy a hacer promoción.

Bardock se quedó atónito un momento antes de soltar una carcajada rasgada a la que se unieron sus hombres.

—Eres muy divertido, pitufo azul, pero parece que no entiendes la realidad. Nosotros somos...

Antes de que pudiera terminar la frase, Rex alzó una mano hacia adelante.

—¿Quién dijo que podías hablar? —sonrió con malicia.

Bardock se tensa, visiblemente irritado por la insolencia: —¿En verdad crees tú...?—

Pero Rex ya le quitó toda su atención. Ignorando por completo al gigantesco mercenario, desvía su mirada en otra dirección, fijándose fijamente en el jefe del pueblo, quien se encuentra encadenado y retenido a un costado por dos bandidos

–eschuchen jefe y gente del pueblo, Soy Rex soy un mercenario un asesino que mata por dinero.

El comenzó a explicar mientras ignora al grupo criminal.

–matar un Rey o alguien con mucho prestigio sube la paga, matar mostrous es menos pero no es barato pero matar gente pequeña éso está barato, me pueden pagar de diferentes maneras monedas o comida, también el alcohol es válido me gustaría llévarme un barril.

Dijo mientras todo están en silencio nadie se podía creer que en verdad se puso a venderse su negocio en éste momento

–¿Entonces jefe que dices? –mira el jefe intensamente.

Bardock siente la humillación más grande de su vida– "maldita alimaña"–penso mientras su espada comenzó a acumular magia cada rato, cada segundo se Haci más grande.

El jefe estaba impactado no sabía que decir su boca tiembla, ésto está encontra de todo lo que conoce hacer un trato con un mostrou es correcto.

–Jefe que pasá no le gusta mi oferta, bueno si eres de la vieja escuela también puedes ofrecerme tu esposa o hija si te gusta ése rollo –sonrio mientras lo mira– si no elegí el hombre calvo malvado me va a matar, no ve que éstoy atado de manos.

"¡Lo voy a matar!". Las ganas de Bardock por aniquilar a Rex alcanzaron su punto de quiebre. En el empuñadura de su espada brotó un ojo rojo maligno y la hoja metálica se transmutó por completo en maná puro y carmesí; un filo de energía pura que zumbaba con un chillido ensordecedor.

Antes de que nadie pudiera reaccionar, Bardock se acortó la distancia y apareció justo dentro de la guardia de su enemigo.

—¡Sí, sálvanos! —chilló desesperado el jefe del pueblo.

Rex giró sobre su eje apenas a tiempo. La hoja carmesí ya caía sobre su cuello, pero logró interponer la suya en un bloqueo agónico. El choque de los aceros desató un estruendo brutal, parecido al chasquido de la electricidad pura colisionando contra el calor sofocante de la energía manifestada.

Una onda de choque se expandió desde el centro del impacto, barriendo a los aldeanos y arrojándolos contra el suelo. A sus pies, la piedra cediéndose bajo la presión comenzó a resquebrajarse, haciendo flotar pequeños fragmentos al aire mientras ambos guerreros sostenían el forcejeo, midiendo sus fuerzas en un duelo mortal.

El cuerpo de Rex comenzó a abrasarse. El calor sofocante le abrasaba las mejillas y la piel del brazo que sostenía la espada en pleno bloqueo. La energía carmesí irradiaba una temperatura infernal que castigaba a cualquiera que se le acercara; Rex sentía el fuego devorarle la carne, pero, lejos de ceder, apretó los dientes y sonrió.

Sin romper el forcejeo, preguntó con socarronería:

—Dime, calvo... ¿quién te dio esa arma?

La furia de Bardock se disparó y la espada respondió emanando aún más maná.

—¿Y a ti qué te importa, maldito pitufo? —rugió, alimentando el filo con su odio desenfrenado.

No sabe usarla. Se nota a leguas, pensó Rex con frialdad.

De pronto, el torrente de energía carmesí comenzó a parpadear y perder fuerza, extinguiéndose drásticamente hasta revertir la hoja a su forma metálica habitual. El rostro de Bardock se desencajó mientras su cuerpo se consumía en segundos, reduciéndose a una figura famélica y exhausta. Perdió el equilibrio y cayó de rodillas contra el suelo.

—Vaya, qué mala suerte... —se burló Rex, bajando su arma con calma.

Mientras las quemaduras de Rex comenzaron a curarse poco a poco.

—¿Qué... Me esta pasando? – pregunto Bardock con dificultad parecia una momia viva.

–pues simplemente te comió la espada, se alimenta de odió y te deja en huesos–dijo mientras le quita el arma.

De manera natural como si ya supiera sacó del, arma el ojo rojo de la espada, se volvió normal mientras tiene el ojo mágico en sus manos.

"Que peligroso, que esté en este mundo, no quiero ser encontrado tan rápido" pensó sin dudarlo los destruyó.

Luego decapito a Bardock

Miró a los 70 hombres con sus dos espadas estába listo para matar–¿Entonces ustedes van a venir o que?.

"Maldición" pensaron la mayoría, tiemblan de miedo, cómo es posible que perdio el jefe, el tiene un arma legendaria que se lo dió un sujeto extraño.

Se supone que iban a hacer los mercenarios más famosos más que volt y el que Bardock sería el Rey, ¿Porque murió?

Los criminales tuvieron múltiples reacciones otros soltaron sus armas para escapar, otros fueron por rehenes para tener posibilidades de sobrevivir y otros por enojo atacaron a Rex ignorando a los demás.

El respira hondo se pone en posición de carrera mientras tiene las dos espadas en sus manos.

Su sangre dentro de él comenzó a reaccionar tirando electricidad azúl, conectandose entre sí, se ve reflejado al exterior en su Piel cómo brilla más de lo normal salen chispas.

Se acumula en su cuerpo sale disparado lo suficiente para desaparecer la vista humana dejó de ser capas de verlo.

Las cabezas salen volando cada rato sin detenerse nadie se da cuenta de nada, parece pelotas saltando en el aire, sangre saliendo disparado.

Rex está corriendo extremadamente rápido todo lo veía Lento, no pensaba sólo cortaba cada cabeza, que se cruce.

Asta que se detuvo su cuerpo estaba tirando vapor de su Piel, comenzó a respirar pesado estaba agotado su cuerpo estaba poniéndolese nuevamente normal sentía el agotamiento cuando su sangre de calmó.

"Maldita sea estoy oxidado maldita prisión" pensó mientras suspira.

Atrás de él y alrededor todos los hombres cayeron al suelo sin cabeza al mismo tiempo.

Los aldeanos estaban impactados un mostrou los salvó y es extremadamente fuerte, ¿Quien es él? Se preguntaban, cuando todo se relajó, los aldeanos gritaron de felicidad y fueron agradecer al extraño llamado Rex.

Desde ese momento la fama de él en Eostia sería enorme y más en el futuro ésto es sólo el comienzo del llamado asesino Azul.

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