El dragón
La tierra ya estaba cubierta de blanco una vez más, los árboles ya no tenían la misma cantidad de hojas de cuando había llegado o de la primera vez que había visitado ese lugar. Sus manos se encontraban dentro de sus bolsillos en busca de calor y de algo de tranquilidad, sus ojos recorrían el paisaje nevado mientras su mente se perdía en lo que estaba a punto de ocurrir.
Respiro profundo cuando vio a la causa de su pesar acercarse. Caminaba con apuración y sostenía algo en sus manos.
—Gracias por venir, Yoongi —habló la mujer cuando estuvo frente a él—, por un momento pensé que no vendrías.
—Tenía que hacerlo, fuiste muy insistente —apretó los labios en una sonrisa forzada, mientras su postura se ponía rígida, su tono, sin embargo, era tranquilo—. Tengo que ir a cuidar a Salem, ves que está en pleno crecimiento, así que lo que tienes que decirme que sea rápido por favor.
Noto como los ojos cansados de la mujer se entristecían y sus manos apretaban lo que tenía entre ellas. Pero no se iba a dejar conmover, no otra vez.
—Claro, yo, bueno… yo solo —tartamudeo con sus mejillas tintándose de un tenue rosa—, se que me dijiste que no te gusto ni quieres nada conmigo.
—No —interrumpió Yoongi, antes de que siguiera inventado palabras dichas por él—, yo jamás dije que no quería nada contigo —negó con la cabeza—, te dije que no te veía de la forma en la que tu me ves, pero que podríamos ser amigos si eso querías.
—¡Pero yo no quiero ser tu amiga! —dio un pisotón en la nieve—, sabes que te amo ¿Por qué me haces esto?
—Ya te lo dije, estoy demasiado enamorado de los dragones en este momento —cerró los ojos y alzó la cabeza—, no estoy interesado ahora en una relación.
—¿Enamorado de los dragones? Esa excusa es demasiado tonta —la mujer dio un paso atrás—, siempre me dices eso.
—Y por eso ya deberías saber que es verdad —Yoongi la miró con cansancio,
—Pues no te creo —la mujer negó repetidamente y dio un paso hacia atrás—, pero si tanto los amas, te haré uno de ellos —sacó su varita mágica y apuntó directamente a Yoongi.
—¿Qué? —Yoongi no tuvo tiempo de decir algo más cuando la mujer dictó un conjuro. De repente se sintió fuera de sí.
Un dolor agudo recorrió todo su cuerpo, sintió como sus extremidades parecían querer arrancarse, su pulso se aceleraba y comenzaba a ver borroso. El piso se le movía y el equilibrio le fallaba, de un momento a otro paso de ver el suelo de cerca a verlo desde muy alto. Como si estuviera volando, pero aun sentía sus pies tocando el suelo.
El dolor evitó que pensara con claridad y que cayera en cuenta de todo lo que estaba pasando en ese momento.
—¡Y hasta que no entregues tu corazón, serás un dragón! —fue lo último que escuchó antes de que su visión se tornara oscura y su mente se desconectará.