Frágiles Memorias Parte 1
Flashforward
En un día de ardiente sol, está a la vista una terrible zona árida, que un día llegó a ser un hermoso valle verde. Cientos de personas se encuentran fuertemente encadenadas del cuello hasta el punto que apenas pueden respirar. Entre ellas se encuentra un chico de apenas unos 15 años, según la edad dreida, que entre el dolor y el cansancio había perdido la conciencia, pero su voluntad lo impulsó a seguir adelante.
El joven recupera la conciencia y se detiene para tomar un breve descanso. En ese momento un hombre choca con él.
—¿Por qué te detienes? —le susurra el hombre que se ve muy agotado y asustado.
En ese momento el hombre emite un grito desgarrador y el joven ve como otro hombre lo golpea fuertemente con un látigo en su espalda.
El joven, sintiéndose culpable por lo que le pasa al hombre, no sabe que hacer hasta que escucha una feroz voz —¡Avanza! —al mismo tiempo que siente como también es golpeada su muy lastimada espalda. Puede sentir como se desprende su piel con cada golpe del látigo que corta tan profundo que llega hasta el hueso.
La sangre de ambos se esparce por el piso de tierra creando un pantano rojizo en el que el hombre cae inconsciente por el dolor.
El niño, que apenas puede soportar el sufrimiento, voltea a ver quien lo golpea. El reflejo del sol lo cega por un momento, hasta que sus ojos se adaptan a la luz, y pude ver una brillante armadura dorada que apenas y cubre el cuerpo de aquel musculoso hombre.
El hombre toma al joven por su cabello, el cual se empieza a enredar en los dedos del hombre como si tratara de soltarse por su cuenta, mientras que éste se acerca a la oreja del joven y le grita con una voz llena de ira —¡Dije que avanzará mocoso! —. Luego se acerca a su oído y le susurra para que nadie más escuche —¿o es que quieres que continuemos con lo de anoche, Arion? —, al terminar saca su lengua y la mete dentro oído del Joven.
Este se aleja con asco mientras contiene sus lágrimas llenas de ira. El soldado al fin lo suelta y se aleja unos pasos, para darse la vuelta y golpearlo nuevamente con su látigo, esta vez en sus cansadas y sucias piernas, desgarrándole la piel y dificultando aun más su camino
—¡Mueve esas nalgas maldito mocoso! —le grita el soldado mientras azota contra el suelo su látigo, levantando el polvo y cegando a todos los prisioneros que están a su alrededor.
—¡Si alguno vuelve a retrasar el paso, hoy tampoco habrá comida! —grita el soldado antes de irse.
—Y si se les ocurre ayudar a este inútil, personalmente los haré sufrir a todos —grita el soldado mientras señala al delgado e inconsciente hombre al que acaban de golpear.
Arion sin poder aguantar más, comienza a llorar mientras trata de levantarse. Entre el horrible dolor de su espalda y su pierna; la sed y el hambre; las lastimadas y sangrante planta de sus pies descalzos y el odio que le tiene a ese soldado, Arion comienza a escuchar una voz familiar, el susurro de un joven que repite su nombre una y otra vez.
Camina tambaleándose y apunto de caerse del cansancio mientras que seguía escuchando su nombre de aquella voz que poco a poco se hace más fuerte.
Arion levanta su mirada para sentir el ardiente sol del desierto en su golpeado rostro, mientras a su mente le vienen los recuerdos de un bosque y un hermoso campo de cultivos por donde solía correr con sus amigos.
Llanos del Zamora-
—Rápido, muevan las nalgas o se nos hará muy tarde. —Grita Arion mientras corre
—Espera Arion, no seas un idiota —grita uno de sus amigos.
—Jushur, espérame, yo no corro tan rápido — grita otro joven desde aún más lejos, tanto que Arion no alcanza a escuchar.
Arion corre a toda velocidad a través de los campos de cosechas alzando la mirada al radiante cielo azul, mientras la brisa hace ondear su rebelde y dorada cabellera rubia y marca aún más distancia entre sus amigos.
—Si que parecen unas tortugas. Me sorprende lo lento que eres Jushur, así jamás podrás meterla en el trasero de nadie —lo grita mientras alza su mirada en dirección a Jushur y señala a Birs con su dedo, quien aún está muy lejos.
Estos recuerdos hacen sonreír al lastimado Arion quién apenas y puede sostenerse en pie cuando escucha un fuerte grito tras de él.
—¡Si no quitas esa cara de idiota está noche recibirás lo que mereces! —grita el mismo soldado mientras pasa su lengua por los labios resecos.
Arion no hace más que ignorarlo y se pierde una vez más entre los recuerdos de sus amigos.
Jushur se molesta al escuchar el comentario que dijo su amigo, sobre todo después de ver la cara de Birs, quien se encuentra avergonzado por el comentario.
Al llegar, Jushur empuja a Arion mientras le dice —no me importa que te metas conmigo, idiota, aunque hayas llegado esta vez de primero, puedo ganarte en cualquier cosa, así que no te metas con Birs.
Arion empuja de vuelta a Jushur mientras le grita —¿Qué te pasa? Solo fue una broma. Hacemos lo mismo con cada tonto Omega que se nos atraviesa.
—Chicos, no peleen, vinimos aquí para buscar frutas, no para perder el tiempo en tonterías —susurra Birs de manera tímida.
—Si, Arion, no perdamos el tiempo en tonterías —dice Jushur molesto
—y. Que vinimos a buscar exactamente, Arion. —dice Birs, en voz baja.
—Idiota ¿acaso crees que lo he olvidado? —grita Arion enfadado, que si lo había olvidado.
Birs apenado, desvía la mirada mientras trata de ignorar a Arion, y la detiene justo en la espalda de Jushur, viéndolo de arriba a bajo y prestando mucha atención a sus músculos que apenas empezaban a formarse, en ese momento se da la vuelta sintiéndose avergonzado.
Su corazón comenzaba a acelerarse y sus pensamientos lo obligan a voltear para ver a sus dos amigos que empezaban a discutir otra vez.
Viéndolos, comienza a imaginarse a él y a sus dos amigos en una situación más íntima, lo que lo hace sacudir con fuerza su cabeza para quitarse esos pensamientos.
—Que vergüenza ¿Por qué me imagino esas cosas? Aún soy un niño. —piensa Birs mientras aplasta con sus manos sus mejillas enrojecidas y se da la vuelta avergonzado. —No, Madre Naina, ¿por qué tengo estos pensamientos?.
Arion y Jushur ven que su amigo luce extraño y se preocupan por el.
—¿Birs, estás bien? —pregunta Arion mientras lo mira extrañado.
Jushur se acerca a él para ver más de cerca lo que le sucede —¿que tienes Birs? —pregunta mientras pone la mano en el hombro de su amigo.
Birs tiembla de la vergüenza al sentir la mano de su Jushur y rápidamente se voltea a verlo, estando tan cerca de él lo mira detenidamente de arriba a abajo, no puede contenerse y lo abraza sin siquiera pensarlo.
Lo abraza con fuerza mientras que Jushur sorprendido no sabe cómo reaccionar. Por la mente de Birs pasan un sin fin de pensamientos, trata de buscar una excusa para detener este vergonzoso momento. .
—¿Qué te pasa? ¿Por qué lo abrazas de esa manera? —pregunta Arion confundido.
—Al ver que no tiene respuesta de ninguno de los dos se molesta, pero sus instintos lo delatan, mostrando entre sus piernas el interés que tiene por la escena. Avergonzado, se tapa con las manos y por fin recuerda lo que vinieron a hacer en este lugar.
—¡Ehhhh! Oigan. Ya recordé lo que debíamos hacer aquí —grita Arion para detener todo lo que está sucediendo, Jushur y Birs voltean avergonzados y escuchan lo que su amigo tiene que decir.
—Mi mamá me pidió que buscara Acerolas, pero parece que no hay suficientes, y están muy pequeñas. Debemos ir a la montaña de la luna.
Sus amigos se le quedan viendo, pues saben lo peligroso que es eso y ninguno está dispuesto a arriesgar sus vidas.
—Eso es muy peligroso, Arion —dice Birs aún avergonzado.
—Cállate, no tienes derecho a decirme que hacer y que no hacer —dice Arion avergonzado por lo que sucedió hace algún momento.
—Te dije que no te metiera con el, Arion. Además, tiene razón, es muy peligroso, ni siquiera los adultos Alfa van hay, y menos tan tarde, dentro de poco anochecerá.
—Son unos cobardes ¿o acaso es que quieren quedarse aquí solos y seguir dándose cariño? —dice Arion burlándose de sus amigos para animarlos a ir con él.
—No seas tonto, podríamos morir ahí —dice Birs cuyo cabello se estremece del miedo.
—Entonces iré sólo —dice Arion dándose rápidamente la vuelta para que no noten el bulto que se ve entre las ropas de sus piernas, y rápidamente se apresura al interior de la peligrosa selva, alejándose de sus amigos de sus amigos y acercándose más y más al peligro de la selva de Zukarda.






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