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Alpha [YeHyun/YeKyu]

Summary

Cho Kyu Hyun es un alfa. Fue concebido y destinado a cumplir con grandes expectativas, las que trae consigo nacer en una familia como la suya. Desafortunadamente nació como un macho alfa con un gen recesivo, lo que lo convierte en un exponente inferior al resto de alfas, los alfas dominantes. Ahora que está por graduarse, su padre se lo ha dejado bastante claro. Tiene que entrar a la universidad de medicina, para alfas, más prestigiosa de todo Seúl. Solo existe un problema. Si fuese un alfa normal, y no uno defectuoso, su entrada a la escuela estaría garantizada, pero, por desgracia, eso no es así. Es allí cuando recibe una interesante propuesta de parte del alfa dominante, Kim Kang Hoon, quien es el hijo del clan Kim e hijo del director Kim Sang On, él único que puede garantizar la admisión de Kyu Hyun a la universidad. ¿Dos alfas juntos? Eso es imposible. KyuBaby88 No permito copia ni adaptación de ninguna de mis obras originales ni intervenidas. Esta historia esta hecha sin la intención de ofender a nadie con su contenido. La clasificación es para mayores de edad, pues puede abordar contenido sensible. Si la temática a tratar, la pareja principal o el género no son de tu agrado, se te recomienda no leer. Gracias. YeHyun2026

Genre
Romance
Author
KyuBaby88
Status
15h ago
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cap. I Alfa

ACLARACIONES:

Esta historia está completamente separada de Love Bet en términos fisiológicos. En el omegaverse se toman ciertas libertades, dependiendo del autor, para cambiar algunas reglas ligadas a los omegas, alfas y betas.

Que no les extrañe encontrarse con aspectos nuevos del omegaverse a los que ya las tengo acostumbradas.

Al final habrá un apartado para cualquier duda que vaya surgiendo.

Gracias. Sin más, espero que disfruten leyendo.

Cap I.

ALFA

⫘ 𝓐ᥫ X 𝓐ᥫ ⫘










Pov Kyu Hyun

Las mañanas en mi habitación son frías; es lo primero que viene a la mente en cuanto abro los ojos. El aroma a madera y leños que inunda todo el lugar me hace fruncir el ceño y me revuelve el estómago. Suspiro con cierta frustración contenida y alejo las sábanas de mi cuerpo. Me deslizo descalzo por el piso de madera y luego por el frío azulejo del baño. Debo tomar una ducha e ir a la escuela, aunque la idea no me emociona ni un poco. Me veo en el espejo mientras me quito la ropa, mi cuerpo no es tan delgado. Mi piel es pálida y también se encuentra fría. Los ojos que veo frente a mí, los mismos que he estado viendo toda mi vida,

Dentro del cuarto de baño yace mi cuerpo desnudo. No soy demasiado delgado, mi piel es pálida y fría como el azulejo. Me observo a mí mismo en el espejo. Los ojos que yacen frente a mí, he estado viéndolos toda mi vida, pero de pronto luce desconocidos. Redondas cuencas marrones que oscilan de un lado a otro y con inseguridad evidente.

Débil. Inadecuado. Insuficiente. No me gustan este tipo de pensamientos, pero yacen en mí de forma constante. Decido que es mejor poner mi cabeza en blanco; lo hago por unos instantes, los que son efímeros e insignificantes, pero tan reconfortantes como la sensación del agua tibia mientras se desliza por mi cuerpo.

Muchos piensan que la vida de un alfa es sencilla. Tienen razón, es lo mejor que puede sucederte en lugar de nacer como un omega. Nacer bajo el género omega no te convertirte sino en un objeto de futura pertenencia degradado a los deseos de un alfa. Tampoco es conveniente nacer como un beta, lo que solo te aseguraría un futuro bajo el mando de los alfas, eso además de una existencia evidentemente invisible.

Por mi parte, me encuentro del lado de los que piensan que, en efecto, nacer alfa es lo mejor que puede sucederte. Aún mejor que nacer como un alfa, es nacer en una familia con el suficiente dinero y posición social para engrandecer aún más el grado que, por defecto, ya te coloca en la punta de la jerarquía.

Por si se lo preguntan, sí, tuve la suerte de nacer con ambas características. Nací como alfa en una familia con una buena posición llevando el título de hijo único del clan Cho. Mis padres se conocieron de la forma tradicional, una relación cimentada gracias a un conveniente arreglo. Un alfa de linaje y una omega de buena familia. Significa que estuve rodeado de enormes expectativas incluso antes de mi nacimiento. Ser un beta o un omega no estaba en los planes de nadie, de hecho, resultaba genéticamente imposible teniendo en cuenta el extraordinario árbol genealógico que precedía a mis padres. Por suerte no, no nací como un omega o un beta, nací siendo un alfa.

Aún así, las cosas no podían ser tan sencillas. A como lo veo, nacer en una familia de buena posición con el grado de alfa habría sido demasiado fácil, lo que nos deja al borde de una delicada balanza que separa lo sencillo de lo justo. Tuve la suerte de ser un alfa de buena familia, pero sin posibilidad alguna de beneficiarme de ello. Desgraciadamente nací con una extraña mutación en un par de cromosomas, justo el par que se encarga de definir cien por ciento mis características como alfa. Esta extraña condición me coloca dentro del 0.01% de toda la población coreana, un grupo al que definimos como alfas recesivos.

En pocas palabras, soy peor que un beta o un omega. Soy un alfa que ni siquiera puede jactarse de ello.

Mis feromonas difícilmente intimidarían a un alfa dominante normal, lo que coloca en entredicho la reputación que debo mantener frente todo el mundo. Contrario a la mayoría, cualquier clase de respeto que puedan sentir otros alfas, omegas y betas, hacia mí, depende de lo bien que puedo aparentar y no porque se sientan obligados debido a mi naturaleza.

He aprendido bien a cómo fingir, con todos, excepto con mis padres.

Esto no solo afecta a mis padres, sino a mí mismo. Entiendo que debe ser una vergüenza tener un hijo como yo, idealizado y engendrado en medio de grandes expectativas, aun cuando difícilmente podré cumplir alguna de estas. Claro está que mi padre culpó de todo a mi omma. Es decir, no es culpa de su indudable genética de alfa que yo haya nacido de esta forma, sino que es más suponer que todo fue culpa de mi madre, de una omega de carácter débil que falló en su único propósito, darle un hijo perfecto.

Mi madre, extrañamente, a pesar de todo, terminó enamorándose de él, aun así, jamás ha sido marcada, no hasta donde yo sé. Prácticas tales como esas fortalecen el vínculo entre un alfa y un omega, enlazándote a esa persona de por vida. Supongo que mi papá lo pensó demasiado bien y acordó que no lo haría a menos que el arreglo fuese completamente beneficioso para él. No lo fue. Mi madre no es más que una marioneta en sus manos, apegándose día a día a la imagen de una esposa perfecta. Mi madre y yo somos más parecidos de lo que pensé.

Una vez en mi habitación siento cómo los aromas se vuelven más fuertes, siempre es lo mismo cuando termino de ducharme. Como un alfa recesivo no soy capaz de percibir mis propias feromonas, también tengo dificultad para controlarlas y potenciarlas. Puedo percibir las feromonas de omegas y de otros alfas, aunque quisiera, con todas mis fuerzas, que esto último estuviese dentro de las cosas que no puedo hacer.

Camino a la cama y tomo mi uniforme, el que consiste en un saco y pantalón negros con una camisa blanca y una corbata de rayas azules y rojas. Una vez frente el espejo acomodo mi cabello lo mejor que puedo con una secadora y un peine. Cuando veo mi rostro me doy cuenta de cómo aprieto los labios ligeramente, casi con demasiada concentración, como si estuviese muy preocupado por mi aspecto. Una vez listo, me doy la tarea de ajustar el par de mancuernillas de plata en mi camisa, aquellas que tienen el logo del instituto grabado en ellas.

No me toma mucho tiempo, al menos unos cuantos minutos y finalmente salgo de la habitación sin siquiera preocuparme por hacer mi cama, pues sé que la servidumbre beta se hará cargo más tarde. Mi estómago está revuelto como todos los días. Para mí es normal sentirme así de enfermo especialmente en las mañanas, y, aun cuando lo único que quiero es salir de esta casa, tengo que ir al estudio de mi padre. La sola idea hace que me duela la cabeza.

Me aferro al barandal de madera tallado a mano mientras bajo la escalera. Una vez en el primer piso camino por una conocida alfombra marrón oscuro hasta la enorme puerta de su estudio, una que permanece siempre cerrada. Elevo mi mano con tiento y llamo dos veces. Sé lo que me espera allí dentro y, cuando mi padre, con una voz grave y atemorizante, me pide que entre, lo único que puedo hacer es contener la respiración.

Como hijo de los Cho, he asistido a reuniones con algunos de los socios y amigos de papá, los que están sujetos al círculo social que nos posiciona como un clan influyente. Muchos de estos alfas dicen que me parezco a mi padre, algo muy normal, algo que podría incluso considerarse un simple halago, pero para mi padre no es más que es un insulto. En cuanto a mí, sí, me gustaría ser un alfa dominante, pero no uno parecido a él.

El rostro y temple del hombre en la habitación es inflexible y duro. Lleva puesto uno de sus trajes a medida de un gris oscuro. Se desliza lentamente por la habitación oscura y carmesí. Con sus manos, unas ya marcadas por la edad, lo veo hojear uno de los libros. Él ignora mi presencia por completo. Se toma su tiempo hasta que finalmente deja el libro sobre el escritorio. Mi padre camina hacia mí con sus manos detrás de su espalda baja. Cuando me mira sus cejas están inclinadas, su ceño fruncido y el desprecio en sus ojos es evidente en demasía.

—Buenos días, padre —hago una reverencia, tal y como lo he hecho desde que tuve la habilidad de caminar.

No me regresa el saludo. Mi padre se mantiene firme en sus facciones, en ese afán suyo de proyectar su evidente desdén hacia mí. Cuando camina detrás de su escritorio me observa de arriba abajo con un gesto inquisitivo. Dudo que quiera preguntarme algo, es más bien que intenta cuestionarse a sí mismo. Quizá está desesperado por saber cómo romperme por completo. No tiene nada de qué preocuparse, ya que hasta ahora ha estado haciendo un magnifico trabajo.

—¿Estás al tanto de lo que debes decirle al director Kim una vez que lo veas, no es así? —mi padre no es un hombre que se vaya por las ramas.

No estaba esperando ninguna conversación fraternal ni palabras de aliento, aun así, terminé temblando de forma patética. En un instante, poco a poco, pero de manera constante, sentí cómo las feromonas de mi padre inundaban toda la habitación.

Los alfas no soportamos las feromonas de otros, nos resultan sumamente repulsivas. Para un alfa normal no sería problema anteponer sus feromonas frente a otro cuando se siente amenazado. Yo no puedo percibir mis feromonas, lo que hace esto todavía más insoportable. Aun así, ante una evidente amenaza, este hombre de aquí, aparte de ser mi padre, es un alfa dominante contra el que no puedo hacer nada. Las feromonas yacen y se producen dentro de nosotros como algo natural y tenemos la habilidad de hacer uso de estas cuando lo consideramos necesario. El aroma de mi padre siempre está presente en cada rincón de esta casa, pero se vuelve sumamente insoportable cuando proyecta sus feromonas hacia mí.

Cho Kyung Ha, mi padre, es un alfa dominante, líder del clan Cho. Sus feromonas son naturalmente intensas y abrumadoras; si se tratara de un omega, este ya estaría abriendo sus piernas para él justo después de haber entrado en celo. Sus feromonas no tienen efecto alguno sobre los betas, aun así, estos están obligados a mostrarle respeto. Conmigo las usa para recordarme su lugar por encima del mío y su profundo desdén hacia mí. Aun así, mi padre ha hecho de todo para que mi rango pase desapercibido para el resto del mundo, lo cual se logra solo con dinero e increíbles influencias.

La mayoría de colegios en Corea del Sur tienen alumnado estrictamente de alfas o de omegas, lo que significa que siempre he ido a colegios solo de alfas dominantes. Mi padre se las arregló para que mi rango no fuese importante para los directivos. Eso había funcionado bien hasta ahora, hasta ahora que tengo diecisiete años y debo entrar a una buena universidad. Específicamente, la universidad de medicina de Seúl. El director de dicha institución es Kim Sang On, un alfa dominante. Kim Sang On no solo es también el líder del clan Kim, sino que es el director general del hospital Asang, el más prestigioso de todo Seúl. En otras palabras, es el hombre a quien debo convencer para ser aceptado en esa universidad pese a mi condición, la que me vuelve un exponente inferior al resto de potenciales aspirantes alfas dominantes.

Nadie creería que mi padre es un hombre dispuesto a rogar para obtener lo que quiere, claro, que, enviarme a mí a hacerlo es un punto y aparte. Fue así que logró conseguirme una entrevista esta tarde, una entrevista con el director Kim, según parece. Eso vuelve las cosas aún más difíciles para mí.

—Lo sé, padre.

Jamás me atrevo a verlo a la cara, al menos, no cuando tengo bien previstas sus intenciones de intimidarme, las que resultan más intimidantes que otras veces. Mis labios se aprietan con impotencia mientras persisto en medio de la difícil tarea de contener la respiración. Mis manos se aprietan a mis costados, y me esfuerzo por mantenerme firme en mi lugar. Aun así, sé que él disfruta esto, disfruta doblegarme poco a poco.

Cuando por fin tengo el valor de alzar la vista es cuando me encuentro con sus fijos y fríos ojos, los que me miran detrás del reflejo de sus gafas. Su mueca muestra insatisfacción ante todo lo que yo significo.

Soy débil, lo sé, y mi padre goza al mismo tiempo que sufre debido a ello. Le mortifica y avergüenza profundamente tener un hijo como yo, pero la fascina el nivel de control y superioridad que consigue a costa mía. Sus feromonas se tornan aún más intensas. Si cubro mi nariz o mis labios, incluso si vomito en el piso, terminaré siendo reprendido fuertemente.

—Muy bien —usó su voz fría y autoritaria.

Lo escuché evocar un leve quejido desde lo más profundo de su garganta, acto seguido, tomó asiento en su silla de cuero detrás del escritorio.

En el estudio de papá hay muchos libros, pero no hay ni un solo retrato. Me gusta suponer que es porque no desea verme a mi madre o a mí en fotografías en este espacio que es solo suyo. Hay fotos familiares por el resto de la casa, de las cuales se jacta cada vez que puede cuando tiene visitas. Odio verme a mí mismo en esas fotos, es como si estas mostraran una persona que ni siquiera existe. Mi naturaleza es defectuosa. Soy tan consciente de ello que es aún más molesto. Me odio tanto o más de lo que lo hace mi padre. Para juzgar y condenarme, no hay nadie más indicado que yo mismo.

—Puedes irte —le ofrecí una reverencia en un rápido movimiento. Luego de incorporarme caminé a la puerta—. Y, Cho Kyu Hyun —me detuve. Mi cabeza giró unos cuantos centímetros y vi de reojo su rostro indiferente.

—¿Sí, padre?

Tomó un poco de aire—. Más te vale no seguir deshonrándome como lo has hecho hasta ahora —tragué con dificultad. Mis manos se apretaron levemente en forma de puño.

—No lo haré, padre —aseguré y salí de aquella habitación.

Siento cómo mis pulmones se hinchan dolorosamente, es porque en esta casa jamás he podido respirar con normalidad. Estando a unos cuantos metros del estudio es cuando me permito toser levemente. Tomo uno de mis pañuelos, el que está en mi bolsillo derecho, y lo llevo a mis labios. Huele a rosas. Vuelvo a respirar hondo una y dos veces hasta que logro calmarme.

Sé que no tengo tiempo para esto, para perder el control de esta manera, pero no puedo evitarlo. Estos son el tipo de pensamientos a los que tengo que enfrentarme todos los días así tenga una entrevista que definirá todo mi futuro o no. Llevo más de tres mes escuchando lo mismo, lo que sucederá si fallo, lo que sucederá conmigo si algo sale mal. Las posibilidades son infinitas, todas ellas desastrosas y dolorosas.

Finalmente cierro los ojos y me incorporo lentamente. El chofer ya se encuentra afuera esperándome. Tengo que mantenerme tranquilo, lo último que necesito es que esta persona me pregunte si estoy bien. Voy a la entrada, me pongo mis zapatos y sostengo mi maletín con fuerza antes de salir. Lo primero que hago es ver hacia arriba. El cielo, el que ayer estuvo despejado, ahora está plagado de miles de tonalidades grises que se funden una con la otra entre suaves tintes blancos y brillantes. El azul habrá dejado de existir de un momento a otro. El aire es fresco y frío, lo que seguramente prevé una próxima tormenta. Me gusta la lluvia, aun cuando eso significa que esta noche estará haciendo aún más frío en mi habitación.

Mi casa muchas otras mansiones de la zona tienen una fachada ostentosa; a mi padre le gusta alardear de ello como de muchas otras cosas. Al pie de la entrada hay una pequeña escalera. Cuento los diez escalones mientras bajo y mantengo la mirada en alto en mi camino al auto, donde el chofer, el señor Tae, se adelanta y abre la puerta de este con delicadeza mientras inclina su cuerpo hacia un costado. Antes de que sus ojos y los míos se crucen él me ofrece una reverencia.

El señor Tae es un beta. Los betas nacen para servir a los alfas, aun así, no tengo nada en contra del señor Tae. Si yo hubiese sido un alfa normal, un alfa dominante, probablemente jamás me hubiese cuestionado mi lugar en la jerarquía, pero siendo lo que soy lo único que puedo sentir hacia los betas es empatía. Yo también me encuentro por debajo de los alfas a expensas de sus deseos. Papá no me deja dirigirle la palabra al señor Tae, así que solo puedo hablar con algunas de las empleadas dentro de la casa. No es solo cosa de mi padre, todos los alfas de nuestra clase piensan de la misma forma.

He escuchado algunos rumores en la escuela, hablan sobre cosas como que, el gobierno está intentando validar un nuevo listado que protege los derechos humanos de los alfas y los betas. Los que componen mi clase social opinan lo mismo, están plenamente seguros de que los alfas del gran congreso jamás permitirán ofensa tal. He convivio con alfas y betas, pero jamás he estado demasiado cerca de un omega. Se me ha inculcado que los omegas son inferiores a los alfas en todos los sentidos. La única forma de estar cerca de uno es si mi caso con él. Claro que, si he de casarme algún día, tendrá que ser con un miembro de una buena familia que mi padre haya elegido como “conveniente”.

El señor Tae finalmente enciende el auto. La ruta al instituto es la misma de todos los días. Como ya mencioné, la preparatoria Hong es una academia bastante estricta en sus reglamentos de admisión así como lo son la mayoría de escuelas prestigiosas en Corea del Sur. Siempre he estado rodeado de alfas, pero jamás de omegas. Me pregunto cómo cambiará mi vida un vez que mi padre se decida a comprometerme con uno. Sin duda, al menos no antes del matrimonio, no se enterará de la clase de alfa que soy, mi padre jamás lo permitiría; más por salvaguardar su orgullo que el mío. ¿Podré llevar un matrimonio de esa forma?

Dejo caer pesadamente mi cabeza hacia atrás en el respaldo del asiento y cierro los ojos con una angustia más que evidente. Alguien de mi edad no debería estar tan preocupado por lo que puede salir bien o mal en su día a día, claro que, alguien normal tampoco finge durante cada segundo de su existencia.

Mi cuerpo se siente inquieto. Tengo un poco de calor. Llevo mi mano a mi nuca y rascó un poco sobre la piel. La sensación es igual de molesta a como si hubiese sido mordido por un insecto. Tal ves se deba a que, por alguna razón, me encuentro más inquieto que de costumbre. Me pregunto sin tiene que ver con mi naturaleza, aquella que es malamente influenciada por las feromonas repulsivas e intimidantes del resto de los alfas.

Eso es lo más probable. Un alfa recesivo en una escuela solo de alfas dominantes es una tarea difícil y arriesgada.

Las feromonas de los omegas funcionan más o menos de la misma forma cuando ambos están completamente sanos. Las feromonas de los omegas son atrayentes naturales y muy potentes. Suelen ser fragancias dulces que estimulan al alfa, estas suelen ser aún más intensas cuando el omega está en celo. Un omega puede provocar el celo de un alfa dependiendo de la compatibilidad genética entre ambos. Las feromonas de un alfa funcionan casi de la misma forma con los omegas, con la diferencia de que cualquier alfa dominante puede incitar el celo de un omega.

La adolescencia es la etapa más difícil para controlar la producción de feromonas, es cuando el celo se presenta y cuando somos más incontrolables. Para esta etapa y el resto de nuestra vida es que existen los inhibidores. Mi celo jamás resultó un problema, quizá por mi condición, no estoy completamente seguro.

Uno no va por allí emitiendo sus feromonas todo el tiempo, solo las proyectamos cuando nos sentimos amenazados o cuando queremos aparearnos. Mis feromonas no son tan fuertes como las de cualquier alfa, lo que acorta mis posibilidades de defenderme o de cortejar a algún omega. Debido al maltrato psicológico que he recibido de mi padre todos estos años, soy más sensible a las feromonas de los alfas aun cuando estas no están proyectadas hacia mí.

Los medicamentos ayudan, no solo inhiben la reacción a las feromonas de otros alfas sino que tienen un efecto potenciador en las mías, no las vuelve lo suficientemente fuertes como para hacerle frente a a la intimidación de alguno, pero si me ayudan a para pasar desapercibido si hace falta. Por suerte, debido a mi perfil bajo, los alfas jamás me han visto como una amenaza, lo que no ha dado pie a ningún tipo de enfrentamiento en el que seguramente saldré perdiendo. Jamás dejo salir mis feromonas en la escuela, lo que, ante la vista de todos, me convierte en un alfa que sabe controlarse y no en uno que está defectuoso.

Lo que me recuerda. Tomo mi mochila. En el bolso interno tengo guardado un frasco con pastillas. Como dije, soy sensible a las feromonas de otros alfas, el medicamento, aunque amargo y ciertamente asqueroso, es lo único que me ayuda a que el aroma natural de los alfas no resulte tan insoportable.

—Comeré algo dulce durante el almuerzo —dije y tragué con dificultad aquel par de pastillas.

—Llegamos, joven Cho.

No me molestaría abrir la puerta del auto por mi cuenta, pero no puedo hacerlo. Ahora mismo hemos entrado al nido de los alfas de clase alta. La mayoría aquí, demás de subsistir gracias a una perfecta imagen aparentada, sobreviven gracias a los rumores. Si alguien de aquí, quien sea, ve al hijo del clan Cho haciendo el trabajo que le corresponde a su chofer beta, despertaría habladurías que, tarde o temprano, llegarían a oídos de mi padre.

Una vez fuera del auto me limité a asentir. El señor Tae me dio una reverencia, luego volvió a subir al auto y se marchó. En realidad me agrada el señor Tae. Me gusta pensar en él como el tipo de persona intuitiva, alguien que sabe que no es realmente mi intención actuar de esta manera y, que si lo hago, es porque mi padre así lo dispone.

—¡Kyu Hyun! —aquella es una voz bastante conocida.

Como dije, uno no va por ahí proyectando sus feromonas a su paso, el aroma permanece en uno como una fragancia, casi como un perfume personal. Intento que el aroma de esta persona no me parezca del todo desagradable a pesar de que no está emitiendo feromonas, sin embargo, resulta igualmente abrumador de un segundo a otro. Es frustrante.

Giré por sobre mi hombro. Me percaté de la presencia de aquel alfa dueño de ese aroma, uno que es dueño también de un encantador y atractivo aspecto.

Lo veo sonreír—. Que bien que llegaste, ahora puedo terminar mi tarea de matemáticas.

Suspiro ligeramente—. Un “buenos días” no viene mal de vez en cuando, Hae —el alfa frente a mí rascó levemente su cabeza en un acto que mezclaba pena y su misma efusividad de siempre.

Este atractivo ejemplo de alfa es Lee Dong Hae. Pertenece a uno de los cuatro clanes Lee más importantes en todo Corea del Sur. A quien yo llamo amistosamente, Hae, es el tercero de cinco hijos. Podría decirse que mi amigo está más acostumbrado que yo a lidiar con alfas en un contexto más cercano, aunque, claro, para un alfa como Hae, soportar las feromonas de sus hermanos o de cualquier otro alfa, no debe ser un problema como lo es para mí. Jamás he sido muy bueno haciendo amigos. Mi actitud fría y, mayormente reservada, es un buen repelente, también ayuda a mantener alejada cualquier circunstancia que comprometa mi imagen de alfa. Hae es el único amigo que he tenido desde hace tiempo, desde que nos conocimos hace casi seis años en secundaria.

El pelinegro lleva el mismo uniforme que yo, pero, no importa cómo, a él sigue viéndosele mejor. Tal vez es algo relacionado al aspecto descuidado de su corbata y de su camisa mal abrochada o de su saco un poco arrugado. Su cabello tampoco está en orden, seguramente porque se levantó tarde y no quiso perder tiempo. No es pulcro ni elegante, aun así, sigue siendo atractivo.

A decir verdad, resulta un poco inútil negar lo atractiva que me resulta su apariencia a pesar de que sea un alfa dominante. Si las cosas hubiesen sido de otra forma, de la forma sencilla, y Hae hubiese sido un omega, o si lo hubiese yo, y él un alfa, probablemente habría resultado un conveniente arreglo de matrimonio que habría funcionado para mi padre; claro, eso suponiendo que mi padre hubiese siquiera considerado la idea de conservar un hijo omega.

Hae y yo solo somos buenos amigos, eso aun cuando nuestras personalidades distan la una de la otra. Hae es un tipo alegre, mayormente despreocupado y entusiasta. Siendo el tercero en la línea de cinco alfas no tiene nada de que preocuparse, sin responsabilidades y sin expectativas. Además, sigue siendo un alfa dominante, lo que, con todo lo demás, le asegura un buen futuro al lado de cualquier omega que él quiera. Que envidia.

—Igual vas a ayudarme con mi tarea, ¿o no? —lo miré con cierta reprobación en la mirada, aun así, él tiene razón, de todas formas voy a ayudarlo.

La campana suena al mismo tiempo que el resto de estudiantes termina de bajar de sus elegantes autos. Distintos grupos de alfas caminan a la puerta, todos ellos con un temple lleno de seguridad, con la misma seguridad que yo debo proyectar. Hae dice que nos demos prisa y eso es lo que hago, lo hago, pero primero me encargo de acomodar la correa de mi maletín detrás de mi hombro, luego caminamos a las escaleras de concreto que nos llevan a las puertas de cristal en la entrada del edificio. Nuestro instituto, aunque solo es de alfas, también está dividido en secciones. Los de primer año se encuentran en el edifico Norte, los de segundo están en ala Este y nosotros, tercer año, en la Oeste.

Es bastante común que los líderes de algunos clanes le asignen guardaespaldas a sus hijos, mayormente cuando son hijos únicos o cuando se trata de omegas. Los hombres uniformados de negro siempre los acompañan todo el tiempo hasta la puerta del salón y se quedan allí montando guardia. Soy el hijo único de la familia Cho, pero papá es de la opinión de que cosas como esas solo están justificadas cuando se trata de omegas, omegas de buena familia, claro, los que tengan algo de valor. Si un alfa no es capaz de defenderse por su cuenta, entonces no vale nada. Bueno, mi seguridad no pende de un hilo por completo. La escuela asigna guardias en cada salida del instituto y también en la cafetería.

—Buenos días, joven Cho, joven Lee —el guardia nos saludó con una leve reverencia y un gesto inflexivo al igual que todos los días.

Hae sonrió levemente, pero yo desvié la mirada. Caminamos a nuestros casilleros, el mío es el número ochenta y ocho y el de Hae el ochenta y seis. Tenemos un casillero asignado para dejar nuestros zapatos y tomar los que debemos usar dentro del edifico. Lo hago en silencio y con la mirada fija en el movimiento de mis manos.

—¿Tu entrevista es hoy, no es así? —preguntó el alfa a solo dos espacios de mí.

Jamás alardearía al respecto. Lo último que necesito es obtener la atención de todo el mundo, tampoco me ilusiona la idea de entrar a una universidad de medicina, pero no tengo ningún otro plan para el futuro salvo seguir acatando las ordenes de mi padre. Terminé contándole esto Dong Hae porque es la única persona con la que puedo hablar libremente sobre ciertos temas. Además, como dije, los rumores aquí son el pan de cada día. Hae lo sabe porque se lo dije, pero el resto de miradas inquisitivas seguramente se enteraron porque mi padre se encargó de anunciarlo con algunos de sus conocidos.

Asentí sin mucho entusiasmo

—Estoy seguro de que te admitirán —dijo con una enorme sonrisa.

La sonrisa de Hae tiene ciertos tintes reconfortantes, eso lo hace un buen amigo. Intento corresponder a su evidente interés, pero, como dije, no me entusiasma ni un poco esa entrevista.

—Eso espero....

—¿Admisión?

Aquella voz resonó intensamente dentro de mi cabeza. Fue como si se transformara en un eco permanente y bastante persistente. Mi cuerpo reaccionó de manera inesperada. Mis manos comenzaron a temblar y la incomodidad en mi cuello aumentó considerablemente. Me dije a mí mismo que debía mantenerme quieto y conservar la calma. Tragué con dificultad antes de tomar aire de la forma más disimulada que pude, lo hice aun cuando creí que terminaría hiperventilándome en cualquier momento.

Este tipo de reacción exagerada no suela sucederme con la mayoría de alfas aun cuando todos aquí con alfas dominantes. Este tipo de reacción se debe a una sola persona.

Giro suavemente por sobre mi hombro. Mis movimientos son tensos y temerosos, se siente como si mi cuerpo no fuese capaz de conservar el equilibrio. Allí se encuentra él, sencillamente existiendo. Me preguntó qué lo trajo hasta aquí. Por qué escuchó mi conversación con Dong Hae y por qué me está mirando de esa forma.

Puedo pasar tan desapercibido para otros alfas como ellos para mí, pero hay algo en este sujeto que me hace ser terriblemente consciente de su existencia. De alguna forma, aunque arrogante de mi parte, me dá la impresión de que es lo mismo para él. Lo pienso y lo rechazo en un segundo. ¿Qué podría tener en mi contra? No tiene porque verme como una amenaza. Aun así, me siento tan intimidado solo con escuchar su voz.

Me encuentro con sus ojos rasgados, aquellos de una forma especialmente particular y con un contorno oscuro. Su expresión me resulta impenetrable como siempre. Su presencia emana perfección en toda la extensión de la palabra. Su cabello, de un negro intenso, cae ligeramente a los costados de su frente. No es un desconocido, tampoco es la primera vez que lo veo a los ojos, aun así, estos, de un verde profundo, resultan abrumadores.

Aquí frente a mí está el más claro ejemplo de un alfa perfecto. Kim Kang Hoon.

Como no podía ser de otra forma, me pone los pelos de punta. No es resentimiento lo que siento hacia él. No tengo motivos para odiarlo, pero si para sentirme abrumado por todo lo que su existencia acarrea. Como un alfa recesivo, soy vulnerable a sus feromonas. Mi cuerpo se pone en alerta, casi como si quisiera salir huyendo, pero no puedo hacerlo.

Su presencia, además de inquietante, termina siendo atrayente. Kim Kang Hoon es un alfa dominante indudable e injustamente apuesto e inteligente. No solo eso, por si fuese poco, también es el hijo heredero del clan Kim, lo que lo convierte en, sí, el hijo del director Kim Sang On.

Kim Kang Hoon es tan perfecto que no debería ser cierto. Lo único que puedo sentir hacia él es aversión, no porque lo odie, sino porque todo en mí le teme.

—Buenos días, Kang Hoon —saludó Dong Hae. La mirada del pelinegro se desvió ligeramente hacia mi amigo, pero su expresión no se deformó. Se comportó como si Dong Hae fuese un beta sin importancia a quien podía ignorar.

Sentí cómo sus ojos apuntaban fieramente hacia mí como si un lobo me observara desde la oscuridad.

Tragué con dificultad—. ¿Siempre acostumbras escuchar conversaciones ajenas? —física y mentalmente no puedo hacer nada contra Kim Kang Hoon, las palabras y una falsa seguridad son lo único que tengo.

Los labios de Kim, generosamente inexpresivos, formaron una pequeña sonrisa ladina. Cuando giré por completo, vi cómo sus ojos verdes brillaban bajo la luz que entraba por las puertas de cristal detrás de mí, casi como los de un felino en la oscuridad.

—No te sientas tan importante, Cho —la forma en cómo usa mi apellido. Todo el tiempo, aun cuando rara vez cruzamos palabra, siento como si solo quisiera provocarme—. Es de lo que todo el mundo habla. Como si tu padre no se hubiese encargado de divulgarlo —dijo con esa voz suya profunda y rasposa—. Pretendes entrar al instituto de medicina, ¿no es así?

El tono en que lo dijo no me gustó—. ¿Qué hay con eso? —aun cuando siempre es mi intención guardar distancia entre los alfas, aun con todo en mí grita que me aleje de los problemas que puede acarrearme hablar con Kim Kang Hoon, no puedo evitar ceder a sus presiones.

Cualquier alfa normal lo suficientemente seguro de sí mismo podría controlarse ante tan obvias provocaciones, pero yo no soy ese tipo de alfa. De alguna forma, solo quiero mostrarle a Kim que, aun cuando soy un alfa recesivo, no puede menospreciarme.

El pelinegro se quedó en silencio. Vi cómo sus ojos se movían ligeramente de abajo y de vuelta hacia arriba, como si estuviese tomándose su tiempo en analizarme. El aroma que viene de él me recuerda al sentimiento abrumador que me invade cada vez que me encuentro bajo el efecto de las feromonas de mi padre. Sus feromonas están bajo control, no las proyecta hacia mí. Kim Kang Hoon no es el tipo de alfa que usaría sus feromonas para validar su estatus con nadie. No, a diferencia de mi padre, él no necesita de algo como eso.

—Mmph —emitió un sonido que, siento, se encontraba a medio camino entre un pequeño bufido y una risa seca—. Nada en particular —se encogió de hombros. Sus ojos verdes, a veces aceitunados o de vez en cuando con la apariencia de dos esmeraldas, resplandecieron.

Tragué con dificultad. El alfa metió sus manos en sus bolsillos, cerró su casillero y se alejó de allí a paso lento. Su espalda lucía recta en su andar, siempre con la cabeza en alto. Así es Kim Kang Hoon. Todo él emana perfección y grandeza a su paso.

—¿No deberías ser más amable con él? —preguntó Hae luego de que ambos nos dirigiéramos al salón de clases.

—¿Con quién?

—Kim Kang Hoon.

Aun cuando no está presente, la mención de su nombre logra ponerme alerta nuevamente—. ¿Por qué debería? —inquirí con una mueca de evidente fastidio.

Lejos de odiarlo, sé que Kim Kang Hoon es mejor que yo en todos los sentidos. Aun así, Hae no tiene porque saberlo.

—Eres inteligente Kyu, sabes que es el hijo del director del instituto de medicina y el futuro heredero de todo lo que posee el clan Kim —así es, eso es lo que mi padre planea—. Si eres amable con él, su padre podría tener ciertas consideraciones contigo cuando seas alumno de su instituto, hasta conseguirte trabajo en su hospital.

—¿Insinúas que me vea beneficiado por el nepotismo? —Hae me miró con confusión—. Si dejo que un alfa como Kim me ayude, no solo heriré mi orgullo, sino el de todo el clan Cho —rogarle al padre de Kang Hoon es una cosa, pero rogarle a Kim suena como algo que nunca haría. Sería humillante, lo más humillante que haría en mi vida.

—Bueno, solo estaba diciendo —me siento en mi pupitre y Hae se sienta al lado mío.

—Mejor concéntrate en terminar la tarea —negué suavemente.

La clase por fin comenzó.

Como dije, he sido terriblemente consciente de la existencia de Kim Kang Hoon prácticamente desde que entré a esta escuela. Ignorarlo es una tarea imposible. Puedo pasar por alto al resto de alfas dominantes, pero no a él. Cuando me encuentro perdido en mis pensamientos, siento como si alguien taladrara insistentemente a un costado mío o detrás de mi espalda. Giro suavemente y me encuentro con sus ojos. No quiere retarme, lo sé, no hay forma de que se sienta amenazado por mí, aun así, busca presionarme de alguna forma. Desconozco el por qué y no soy tan estúpido como para preguntárselo.

Kim desvía la mirada hacia el pizarrón y me permito observarlo con más libertad. Todo en él repele mi naturaleza, pero no puedo evitarlo. Su espalda permanece recta contra el respaldo de la silla. Sus codos descansan sobre la superficie del pupitre y ni siquiera se molesta en tomar apuntes, solo parece escuchar con atención. Luce tranquilo y lleno de seguridad. Tan inamovible. Tan perfecto.

Cuando menos me doy cuenta él vuelve la vista hacia mí y entonces regreso la mirada hacia la ventana al lado de mi asiento. Mis manos se aprietan sobre el pupitre cuando me doy cuenta que mis pensamientos siguen dando vueltas en torno a él por alguna razón. Prefiero pensar que es otro de los efectos comunes que tiene un alfa como él en alguien como yo, es la única respuesta que me parece sensata.

Hay algo dentro de mí que golpea insistentemente ante la sola existencia de este alfa. Hoy más que otros días es como si Kim Kang Hoon y cada aspecto inherente a él buscase abrumarme. Detesto que mi cuerpo no pueda eludirlo. Hay algo en ese alfa, algo que no puedo explicar, que resulta tan desagradable y atrayente al mismo tiempo.

Mis sentidos, todo lo que soy, repudia naturalmente a Kim Kang Hoon. Aun así, sé que hay algo muy dentro de mí profundamente fascinado por él.

⫘⫘⫘⫘

Clase de gimnasia, la mejor excusa para que los alfas puedan jactarse unos con otros de sus habilidades. La mayoría de aquí son chicos ricos y egocéntricos, fielmente engrandecidos por los pensamientos de superioridad que les han inculcado sus familias. Todos aquí hacen su parte para destacar, excepto Kim Kang Hoon. El sujeto ni siquiera se esfuerza, lo que lo convierte en el tipo de alfa con quien no quieres tener nada que ver. Todos aquí saben que es mejor mantenerse al margen de Kim. Saben que pueden competir entre ellos para descubrir quién es superior, pero todos aquí sabemos que Kim Kang Hoon es mejor que nosotros en todos los sentidos.

Respetar y admirar a Kim Kang Hoon prevalece como una de las tantas reglas que todos siguen en silencio, de esa forma las cosas siguen funcionando.

Lejos del resto, mientras Hae está entretenido jugando baloncesto, yo estiro mis músculos con gran concentración en ello. Inclino mi espalda hacia enfrente y cruzo mis piernas en un intento por tocar la punta de mis tenis con mis manos. Mi físico, mi estatura y mi complexión es como la del resto de alfas normales, lo mismo sucede con mi resistencia., pero estoy perdido en lo que se refiere a mis feromonas y el control que puedo ejercer sobre otros. Si quisiera hacer de mi físico algo destacable, algo que me ayudara a seguir fingiendo que soy un alfa dominante, podría ejercitarme como el resto, pero prefiero correr.

Termino el calentamiento y comienzo a dar vueltas alrededor de la pista. Luego de casi quince vueltas trotando y corriendo alternadamente, siento como mis pulmones están a punto de explotar; es una suerte que sea un experto en eso de contener la respiración. Al cabo de unos segundos percibo un conocido y peculiar regusto a sangre en mi garganta. Siento cómo el sudor corre por mi frente y me nubla poco a poco la vista. Siento cómo las plantas de mis pies y pantorrillas padecen como si estuviesen siendo amartilladas, aun así, decido no detenerme, continuo corriendo como si quisiera tratar de alcanzar algo que, sé muy bien, no existe.

Es como si estuviese a punto de caer muerto, pero la idea no resulta del todo desagradable. Toda mi vida ha sido de esta forma. Siempre lo he dado todo hasta desfallecer, pero jamás es suficiente por mucho que lo intente. Aquí y en cada instante de mi vida, es como si estuviese dando vueltas en círculos.

¿Se siente de esta forma por qué no soy un verdadero alfa?

Los sonidos dejaron de existir a mi alrededor. Sentí como mis oídos se tapaban y solo pude escuchar el errático sonido de mi respiración. Me detuve finalmente luego de un instante y dejé caer todo mi peso hacia el frente mientras mis manos se posaban sobre mis rodillas, fue en ese momento que cerré los ojos, cuando sentí cómo mi pecho se hinchaba dolorosamente.

Mi corazón late fuertemente, también lo hacen los pensamientos agolpándose dentro de mi cabeza. Estoy aún más nervioso por esa entrevista de lo que creí. Lo había llevado con calma estos meses y semanas, pero a un par de horas de tener que verme cara a cara con el director Kim, me doy cuenta de lo descuidado que fui al tomármelo tan a la ligera.

Yo solo en una habitación con semejante prospecto de alfa. Me pregunto si es del tipo que proyectaría sus feromonas para ponerme a prueba. Maldición. Tengo ganas de vomitar.

—¿Estás bien?

Aun con los ojos cerrados, aun aturdido por el esfuerzo físico y el intenso ruido de mis pensamientos, mis instintos entran en alerta nuevamente gracias a la voz de esta persona, la voz de un alfa entre muchos con una habilidad única, la de descontrolarme.

Su voz me resulta tan clara, como el agua cristalina de un estanque, aun así, el tono de su voz es rasposo y profundo. No quiero que este alfa me vea en estas condiciones. Pienso y me incorporo lentamente. Mis ojos aún están empañados gracias al sudor que escurre por mi frente, dicha sensación me causa picazón. Con una de mis manos cubro mis labios en un intento de aparentar estabilidad.

Allí se encuentra nuevamente la mirada de Kim Kang Hoon, viéndome de manera ufana, con demasiada autosuficiencia en ella. Sus ojos son fríos e intimidantes, con esa aureola oscura rodeándolos. Sus labios están tan apretados como siempre. Intento inspeccionarlo, pero no hay nada en esa expresión pulcra y atractiva que me dé una idea de lo que en verdad está pensando. Pero, ¿por qué me gustaría saber lo que ocurre dentro de la mente de esta persona? Sí, ¿qué es realmente lo que puede pensar un hombre como este?

—¿Es mi imaginación o has estado rondando a mi alrededor todo el día, Kim? —lo acepto, el tono de mi voz es algo brusco, pero no puedo evitarlo. No puedo ser amable con él porque siempre siento como si estuviese tratando de ponerme a prueba.

No lo odio. ¿Cómo podría odiarlo? Ni yo mismo entiendo perfectamente qué es lo que me provoca exactamente Kim Kang Hoon, solo sé que no me gusta tenerlo así de cerca. Todo en mí, como un alfa recesivo, tiembla ante todo lo que él representa.

Con mi mano trato de secar el sudor que cae por mi frente. Antes de ser realmente consiente, intento liberar un poco de mis feromonas. Estas no sirven de mucho, no lo intimidan en lo absoluto, solo lo previenen ligeramente, aunque dudo que le importe. Mis feromonas están potenciadas gracias al medicamento, pero jamás se compararan con las suyas, con lo que estas podrían hacer en alguien como yo si Kim Kang Hoon fuese el tipo de alfa que quisiera usarlas a diestra y siniestra en mi contra.

Su expresión no cambia y, por alguna razón, eso me molesta.

—Mejor te lo pregunto de una vez. Dime, ¿tienes algún tipo problema conmigo, Cho? —intenté esquivar aquellos penetrantes ojos verdes.

Mi corazón sigue latiendo como loco, pero prefiero culpar al esfuerzo físico que a la cercanía y aparente interés del pelinegro.

Si piensas que te odio, supongo que he hecho un buen trabajo después de todo. Es mejor a que me veas como alguien inferior—. Solo alguien con el ego tan grande como tú, Kim, pensaría algo como eso —ni siquiera puedo tomarme la libertad de respirar profundamente, no con Kim Kang Hoon tan cerca.

Demasiado inteligente, incluso en eso me ganas. Aun así, debo seguir manteniendo mi distancia contigo.

Le di la espalda y caminé hasta la botella de agua que dejé en las gradas antes del entrenamiento. Observé de soslayo a la cancha de baloncesto luego de haberle dado un vistazo al reloj en mi muñeca. Es hora de ir a casa, pero Hae, alguien mucho más sociable que no tiene problema alguno en relacionarse con el resto de alfas, luce demasiado ocupado jugando como para interrumpirlo. Tendré que enviarle un mensaje antes de entrar a las duchas, diciéndole que tuve que irme porque debo prepararme para la entrevista, él entenderá.

Pensé en ello mientras el agua bajaba por mi garganta. Kim Kang Hoon se mantuvo cerca de mí, no se movió ni un solo centímetro. Me dio la impresión de que seguía esperando una respuesta, pero no tengo más nada que hablar con él. Tengo mis propios y enormes problemas justo en este momento como para preocuparme por él.

Termino de beber agua y retomo el camino hasta los vestidores. No fue allí cuando me libré de la presencia del alfa. Escuché unos pasos detrás de mi y por el aroma supe que se trataba de él.

Hoy ha estado actuando demasiado extraño. Me gustaría preguntarle por qué me está siguiendo, por qué ha mostrado tanto interés en mí desde esta mañana, pero sería un poco egocéntrico de mi parte pensar que el gran alfa Kim Kang Hoon pueda tener algún tipo de curiosidad sobre lo que sea que suceda conmigo. Alguien como yo no significa ninguna amenaza ni para él ni para ningún otro alfa dominante.

Mi corazón vuelve a ir más rápido de pronto. La idea de que este sujeto sepa que en realidad soy muy distinto a él y al resto me hiela la sangre. Nadie de aquí y, mucho menos Kim, debe saber que en realidad no soy digno de estar entre ellos.

—Supongo que tu mal humor no tiene nada que ver con tu entrevista, ¿no es así? —preguntó de la nada.

Su voz rasposa con ese timbre tan particular hizo vibrar algunos discos de mi columna.

—Sigues metiéndote en donde te llaman —tragué el agua con dificultad—. ¿Tu padre te pone al tanto de todo?

El alfa soltó una pequeña risita seca. Escucharlo reír me resulta tan irreal por alguna razón—. Mi padre jamás se hace cargo de cosas como esas —lo dicho captó mi atención. Cuando giré sobre mis talones para verlo a la cara, jamás imaginé que el alfa estuviese tan cerca de mi rostro.

—¿De qué.... —aclaré mi voz lo mejor que pude—. ¿A qué te refieres con eso?

—Sé la clase de hombre que es tu padre, Cho, pero lamento decepcionarlos, mi appa no es un alguien a quien puedas disuadir con ese tipo de influencias —dijo en un tono frío.

Bueno, sabe que mi padre es el tipo de hombre que si se vale de su posición. Aun así, no puedo dejar que diga algo como eso.

—No necesito de tretas como esas para entrar a la escuela que se me dé la gana, Kim —fruncí mi ceño. Mi cuerpo se encuentra completamente tenso. Sin darme cuenta había acortado aún más la distancia entre el alfa y yo. Fue ahí cuando pude sentir como su pecho chocaba contra el mío—. No te metas en mis asuntos.

Contuve la respiración, la di la espalda y regresé a lo mío, a la difícil tarea que iba a resultar desvestirme y ducharme siendo él y yo los únicos aquí dentro. Pedirle que se vaya sería algo demasiado infantil y ridículo de mi parte.

—Como quieras —sonaba despreocupado.

Pese a todo, no debería estar perdiendo el tiempo con estos tontos enfrentamientos de esta manera. Buscarme líos con este sujeto es un caso perdido. Dong Hae tiene razón, ¿no debería ser un poco más amable con el hijo del director Kim? No es una muy buena estrategia ponerme en su contra si consideramos la posibilidad de que este pueda ejercer algún tipo de influencia sobre su padre. Aun así, realmente no es mi culpa. No recuerdo haber hablado tanto con él en estos últimos años. Hasta ahora las cosas se mantuvieron estables entre ambos. Hasta ahora Kim Kang Hoon permaneció como el alfa tan destacable de siempre, uno al que no puedes ignorar fácilmente, pero jamás resultó una amenaza verdadera, al menos, no lo era siempre y cuando se mantuviera lejos de mí.

A decir verdad, creí que él ignoraba mi existencia tanto como yo estoy consiente de la suya.

Inmerso en mis pensamientos volví a respirar con un poco de dificultad. Cuando me di la vuelta pude escuchar cómo Kim se alejaba solo unos cuantos pasos. Giré de soslayo a la derecha y lo encontré, como si nada, quitándose la camisa. Volví a desviar la mirada de inmediato. Tal vez sería una buena idea ducharme en casa. Pensé. Aun así, aún debo ponerme de nuevo el uniforme.

Maldición. Mi comportamiento es patético. Ningún alfa debería sentir miedo de desvestirse ante la vista de otro. Aun así, siento cómo mis mejillas se calientan ligeramente ante la imagen del cuerpo semi desnudo de Kim Kang Hoon. No hay más que decir, es perfecto, tan perfecto como solo el verdadero cuerpo de un alfa puede serlo.

La forma en cómo me ha estado mirando desde hace un rato, no sé por qué tengo la sensación de que está enojado conmigo.

El silencio dentro de los vestidores se vuelve abrumador. Solo puedo escuchar el ruido que hace mi ropa desprendiéndose de mi cuerpo mientras intento, rápidamente, colocarme el resto del uniforme. Kim no ha vuelto a decir una palabra, pero está tardando más de lo necesario en entrar a las duchas. Tengo miedo de que pueda escuchar el sonido de mi corazón.

—Cho —sus labios se movieron lentamente, lo que hizo que mis rodillas perdieran fuerzas por un instante—. Hay algo de lo que quiero hablar contigo.

¿Qué es lo que alguien como él tiene que hablar conmigo?

Desvié la mirada—. Si es sobre lo mismo de antes, ni te molestes, Kim —definitivamente, lo mejor será que me duche en casa. La presencia de Kim de verdad me está poniendo nervioso. Justo hoy se atrevió a comportarse tan extraño. ¿Qué bicho raro le picó?

Tomé mi maletín dentro del casillero y cerré este. Tengo que salir de aquí pronto. Es lo que están gritando todos mis sentidos. Sin embargo, antes de que pudiera salir de allí, lo que escuché fue un potente estruendo y luego un pitido ensordecedor propagándose dentro de mis oídos. En un inicio no tuve idea de lo que estaba sucediendo. Lo próximo que supe fue verme a mí mismo acorralado contra el casillero de metal y el cuerpo de Kim Kang Hoon sin camisa, con sus evidentes músculos a la vista y esa mirada sombría proyectada en sus imponentes ojos verdes. Su cuerpo se presionó contra el mío. Esto no es casualidad ni un accidente, está bloqueándome el camino a propósito.

Abrí mis ojos lentamente para darme cuenta de lo real que era la situación. Kim azotó su mano contra la puerta del casillero detrás mío con una fuerza impresionante. Su mano quedó al lado de mi rostro y el camino hacia la puerta.

—¿Por qué siempre eres así? —inclinó su rostro sobre el mío—. Actúas como si me tuvieras miedo, Cho. Ha sido así desde que te conozco.

De alguna forma, la manera en que lo dijo me dá la impresión de que ha reparado más en mí de lo que creía. Eso es imposible, ¿no es así?

—¿Ah?

Observé un sutil, casi imperceptible, movimiento de sus fosas nasales. Por un instante me pareció que estaba analizando todos los aromas a su alrededor, incluido el mío. No debería estar tan nervioso por eso, todo debería estar bien gracias al medicamento potenciador. Aun si mis feromonas no son tan fuertes, él solo supondrá que es porque no lo veo como una amenaza.

Lo vi exhalar suavemente. Su aliento golpeó contra mi rostro—. Así se siente cada vez que estás cerca, también esta mañana —acortó aún más la distancia, casi pude sentir el movimiento de sus labios sobre los míos— actúas como si estuvieras asustado.

Sí, todo lo que se refiere a ti me pone nervioso y me llena de miedo, pero no puedo permitir que te des cuenta de eso. No puedo ponerme a temblar bajo su cuerpo de esta forma, porque no hago más que lucir como una presa fácil. Tengo que actuar como si me diera igual lo que dice o hace aun cuando eso es prácticamente imposible.

Con el mismo sentimiento temeroso de antes puse mis manos sobre su pecho desnudo, su piel se sentía dura y demasiado caliente. Intente apartarlo, pero antes de que pudiese lograr algo, Kim tomó una de mis manos con fuerza entre la suya. Pude sentir lo delgados que eran sus dedos en comparación con los míos. Por alguna razón, sentí como si la piel del alfa estuviese quemando sobre la mía.

Tienes que mantenerte firme. Me recordé—¿Qué clase de alfa le tendría miedo a otro? —apreté mi mandíbula. Me forcé a mí mismo a emitir un pequeño gruñido, lo que funcionaba como una clara advertencia al pelinegro—. Suéltame.

Aun así Kim no lucía ni mínimamente afectado por mi actitud o mis evidentes señales de repelencia hacia él. No usó sus feromonas, pero debido a la cercanía pude sentir cómo su aroma se hacía más intenso, mucho más intenso de lo que me ha parecido nunca. Su expresión no cambia, solo me observa como si estuviese tratando de encontrar algo en mi persona. Me quedé petrificado. ¿Qué podía hacer yo contra un alfa como él?

Pensé en eso, pero de un segundo a otro el agarre de Kim se deshizo y aproveché dicho instante para empujar su cuerpo hacia un costado. Hasta este momento no tenía idea de que la temperatura de un alfa dominante pudiese ser así de elevada.

Libre, pero sin poder moverme de inmediato, observé a Kim. Este permaneció en el mismo lugar, pero sin intención aparente de volver a interponerse en mi camino. El contacto había sido tan abrumador que todo mi interior ardió con fuerza de manera dolorosa. Como pude, tragué con dificultad y caminé hacia la salida con el maletín en mis manos. Pero antes de que pudiera atravesar el marco de la puerta, nuevamente escuché su voz.

—Te veré luego, Cho.

Caminé lo más rápido que pude hasta el auto, el que ya debería estarme esperando junto con el señor Tae. Este me recibió con la misma reverencia de siempre y abrió la puerta del auto para mí. Mi cuerpo aún temblaba ligeramente sobre el asiento. No estoy muy seguro de si es por las palabras de Kim o por la sensación, aún demasiado fresca, de su cercanía. Su aroma, no puedo describirlo porque pensar en el me dá nausead, pero es como si aún estuviese impregnado en mí.

Sacudo mis hombros y froto mis manos contra mis brazos con el fin de mitigar el escalofrío que recorre mi cuerpo. Aun cuando estoy tratando con todas mis fuerzas no darle importancia, no puedo dejar de pensar en la mirada de Kim, en esos ojos verdes y esa imponente figura contra la mía. Aún puedo sentir su aliento golpeando contra el mío.

Justo cuando creí que estaba haciendo un buen trabajo en eso de intimidarlo, pero no él no piensa eso sobre mí, no piensa que lo odio, piensa que le tengo miedo. Es como si hubiese visto a través de mí sin demasiada dificultad. Es tan molesto.

Observo por la ventanilla mientras mi cabeza descansa pesadamente contra el respaldo. Las nubes continúan arremolinándose de un lado a otro y rompen en medio de algunos edificios bloqueando la visión de estos. Ya no queda ni un solo tramo de cielo azul en el horizonte, todo está repleto de ese gris urbano, uno que posee cierto grado de tranquilidad sencillamente inexplicable.

Es como si una tormenta también estuviese a punto de empezar dentro de mí.

—Es por su forma de verme.

No solo eso, todo lo que tiene que ver con Kim Kang Hoon me inquieta, ha sido de esa forma desde que lo conozco. Mi lugar en la jerarquía me obliga a sentirme de esta forma por un alfa como él. No es nada extraño. No debería seguir dándole demasiada importancia.

Niego ligeramente. El auto se detiene y entro a casa. Mi mente no se encuentra ni un poco despejada, pero me fuerzo a creer que tiene más que ver con la entrevista y no con Kim. Llego a mi habitación y me meto a la ducha por segunda vez en el día. Cierro los ojos y aprovecho esos cortos minutos de relajación antes de que el resto de mis pensamientos se apoderen de mí.

—Estaré bien —me dije a mí mismo una vez que terminé de vestirme con el traje azul marino, el que mi padre mandó hacer para mí hace poco.

Cuando me veo al espejo me doy cuenta de que me queda un poco ajustado, pero este no es momento para preocuparme demasiado por eso. Tomé una corbata roja de uno de mis cajones junto con el broche de playa y oro con incrustaciones de zafiro, ese que mi padre se empeña en hacerme usar cada vez que lo considera necesario. Me esfuerzo en mi cabello más que en esta mañana, también me coloco algo de colonia y no salgo de mi habitación sin antes tomar mi medicamento.

Dentro de unos minutos estaré frente al responsable de mi futuro, frente al alfa y director Kim. Pensar en él inevitablemente regresa a mí la imagen de su hijo. Tomé una ducha, pero aún puedo sentir cómo su aroma se aferra a mí.

Cubro mis labios con una de mis manos—. No es momento para esto, Cho. Podrás vomitar una vez que regreses a casa —sacudí mi saco con ambas manos. Tengo que lucir lo más impecable posible. La primera impresión siempre es la más importante.

Me di un último vistazo en el espejo, salí de la habitación y bajé la escaleras hasta la puerta principal.

—Hijo —escuché la voz de mi madre, tan tambaleante como el sonido de una pequeña campana de metal, de esas con las que suelo llamar al servicio cuando necesito algo.

Giré a la derecha. Allí estaba, la única omega de la casa, la única omega con la que me he relacionado desde que era un niño. Aun así, la relación que hay entre mi madre y yo, lo sé muy bien, no es estrecha ni llena de cariño como Hae se refiera a la suya con su omma. De hecho, es bastante extraño que incluso en mis pensamientos me refiera a ella como una simple omega y no como mi querida madre.

Mi omma está envuelta en un vestido negro holgado de mangas largas con el dobladillo que le cubre por debajo de las rodillas. Lleva en el cuello un collar dorado que hace juego con sus aretes. A simple vista, ante la vista de todos y como tengo que hacerlo yo, ante mí se muestra la imagen de la perfecta esposa. Mi padre nos usa a mi madre y a mí como lindos adornos que presume en sus reuniones importantes. Habla de mí como el hijo perfecto y su mayor orgullo. En cuanto a mi madre, se refiere a ella como la mujer que más ama en el mundo y en la que no le importa gastar todo el dinero del mundo. La sonrisa de mi madre cuando lo escucha decir esas mentiras luce más sincera que cualquier otra que yo haya visto.

Mi omma se mostró tímida, como si fuéramos dos desconocidos, como si padre la estuviese observando. Mucho de lo que tenemos ella y yo en común es el miedo que le tenemos a mi padre.

—Tenemos absoluta confianza en ti, hijo —dijo con voz suave.

Sus ojos, unos con el brillo arrebatado, de un color castaño como los míos, estaban marcados por el dominio que ejercía mi padre día con día sobre ella a pesar de que jamás quiso marcarla. Ella me mira fijamente antes se acercarse. Mi madre coloca sus pálidas manos sobre mi pecho en un gesto casi cariñosos. Mi omma, una linda omega de buena familia a quien mi padre no vio como otra cosa que un conveniente arreglo natural, es a quien él aborrece por mi nacimiento. Bajé la mirada y observé los pulcros movimientos de sus dedos blancos, los que se esmeraban en acomodar la joya que permanecía estática sobre la solapa de mi saco. Había cierta devoción en sus gestos, una devoción que no estoy seguro que esté dirigida a mí, sino a mi padre.

—Lo sé, madre —asentí suavemente. No rehuí a su tacto, pero tampoco me sentí totalmente cómodo con el. Es extraño, se supone que es mi madre, su cercanía debería reconfortarme, pero no se siente así.

Probablemente ni siquiera se encuentra aquí dándome aliento por voluntad propia. Lo más seguro es que mi padre se haya encargado de condicionarla. “Asegúrate de que tu hijo no cometa ninguna estupidez”.

Sí, seguramente eso fue lo que sucedió. No puedo culparla. Yo también sigo las órdenes de mi padre sin repelar ni un poco.

Le aseguré a mi madre que todo estaría bien aun cuando yo mismo quisiera estar plenamente confiado de que así será. Salí de casa y subí al auto. Mis manos cayeron sobre mis muslos y apreté la tela de mis pantalones entre mis manos. De nuevo siento como si estuviese a punto de entrar en pánico. Lo que sucedió hoy en la escuela, las dos ocasiones que me topé con Kim Kang Hoon, han desaparecido casi por completo de mi mente, pero sospecho que solo es algo temporal, como la calma antes de la tormenta.

Mi cuerpo se presiona contra el asiento. Conforme la distancia se acorta, siento como si alguien estuviese presionando un cuchillo contra mi garganta. El oxígeno poco a poco pierde toda eficacia dentro de mis pulmones. No me queda de otra que bajar la ventanilla del auto. El aroma a tierra húmeda, el presagio de toda tormenta, inunda mis fosas nasales y atonta mis sentidos momentáneamente. Aquel intenso aroma provoca un leve temblor que recorre todo mi cuerpo. Observo con atención el cielo gris y nuboso. La luz proyectada entre las nubes y el ruido seco de uno de muchos relámpagos resuena dentro de mis oídos. Es ahí cuando escucho la voz del señor Tae avisándome que hemos llegado

El beta se apresuró a abrir la puerta. Algunas pequeñas gotas de agua, las que no me harían nada ni a mí ni a mi ropa o cabello, descendieron del cielo. El señor Tae estaba bien preparado con una sombrilla una vez que bajé del auto y me acompañó hasta la puerta, empapando su ropa en el proceso, para luego despedirse con una leve reverencia a la cual yo respondí con un leve asentimiento.

El edificio de la facultad de medicina es enorme, como tres veces el tamaño de mi actual instituto. Todo luce tan prolijo, moderno y blanco. Las puertas de la entrada también son de cristal e igualmente están cuidadas por guardias. Cuando estos abren el par de puertas ante mí, me llena un intenso aroma a desinfectante. También detecto un ligero aroma a hojas de papel nuevas, tinta y un poco de lavanda. Hay algunas miradas curiosas de los que, supongo, son los estudiantes de aquí, junto con otros vestidos en traje que deambulan de un pasillo a otro y suben por el elevador libremente. Ajusto el botón de mi saco con una de mis manos y camino con la mirada en alto en dirección al elevador. La sala de entrevistas está en el cuarto piso.

Una voz, la de una mujer, me detiene.

—¿Puedo ayudarlo en algo? —veo como asoma su cabeza de entre una ventanilla que separa su cubículo del pasillo.

Por su aroma puedo darme cuenta que se trata de una omega. Una omega en un lugar lleno de alfas es demasiado riesgoso, pero supongo que existen medidas para ello.

Asentí—. Tengo una entrevista en el cuarto piso.

—Oh, claro —apretó sus labios—. Adelante.

Reanudé mi camino hasta el elevador. Llegué a toparme con un grupo de alumnos, los que llevaban engrandecidamente sus batas blancas. Caminan con la frente en alto, casi ignorando mi presencia, lo que podía tomar como un insulto, pero no es así. Sus aromas no me resultaron del todo agobiantes. Puede deberse al medicamento o a que mi mente está demasiado ocupada en el aroma a desinfectante que plaga todo el lugar y que ha comenzado a provocarme dolor de cabeza. Espero frente el ascensor hasta que las puertas de metal se abren. Una vez dentro del reducido espacio, viéndome solo, trago nuevamente con dificultad un par de veces durante el corto trayecto al cuarto piso. Dentro de mi mente estaba recitando de memoria el discurso que llevo repitiendo constantemente desde que mi padre me habló sobre la entrevista, pero hay momentos en que siento que mi mente se queda completamente en blanco.

En cuanto las puertas del elevador se abren puedo sentir como mi estómago se hincha y arde dolorosamente, aun así, hago el esfuerzo de caminar lentamente hasta el escritorio negro a unos cuantos metros de allí. Hay tres pasillos, uno a la derecha, a la izquierda y el que se despliega delante de mí. Detrás del escritorio se encuentra una mujer de lentes y cabello negro, el cual está atado en una fina coleta. Se le nota delgada. Los músculos de su cara están plagados de pequeñas y finas líneas alrededor de sus ojos y de sus pómulos. Lleva una camisa blanca con un pequeño moño negro en el cuello. Cuando estoy frente a ella me mira por encima del filo de sus gafas redondas. No dijo nada ni tampoco mostró respuesta a mis feromonas.

Me observó en silencio, como preguntándome el motivo de por qué estaba allí parado.

—Tengo una entrevista de admisión —su expresión no cambió—. Soy Cho Kyu Hyun, el hijo del clan Cho —la mujer finalmente se irguió ligeramente sobre su asiento.

—Ya veo —revisó algunos papeles en su escritorio—. Lo están esperando, joven Cho —señaló hacia la derecha, al fondo del pasillo—. Su entrevistador lo está esperando. Por aquí, por favor.

Asentí nuevamente y seguí a la mujer por el pasillo hasta el fondo de este. Todo aquí se parece demasiado al interior de los hospitales, es intimidantemente blanco y me pone nervioso. La mujer y yo nos detenemos frente a una puerta, esta toca un par de veces hasta que una voz profunda le dice que puedo pasar.

—Adelante —se retiró entre el claro eco de los tacones golpeando sobre el piso.

La observé irse, luego cerré los ojos mientras mi mano se sujetaba a la perilla de metal. Este es el momento que he esperado durante meses. Estaré cara a cara frente al director Kim. No puedo hacerle perder el tiempo. Tengo que lucir como el perfecto alfa al que tiene que admitir en su escuela; es eso o recibir la paliza de mi vida.

Nuevamente tomo un poco de aire. Entré a esa oficina mentalmente preparado para encontrarme con el imponente alfa que había visto en algunas fotografías de las revistas, fotografías en donde el director Kim aparecía sonriente al lado de su familia, de su esposa y de su hijo. Kim Kang Hoon y él se parecen demasiado, de hecho, son como dos gotas de agua, lo cual tal vez es lo que me tiene así de nervioso. No quiero pensar en él en este momento, pero será inevitable que no encuentre la mirada de Kim en su padre. ¿Qué sucede si me pongo a temblar como un estúpido como lo hice en la escuela?

Abro la puerta y me tomo mi tiempo en ejecutar una perfecta reverencia de noventa grados. Para cuando elevo la mirada todo se viene abajo. Frente a mí no está el imponente alfa que había estado esperando. En su lugar está un sujeto de aspecto robusto, con gafas y las mejillas sonrojadas.

—Por favor tome asiento —dijo con voz temblorosa. Fue allí que me di cuenta que se trataba de un beta—. Soy el secretario Bong. Yo me haré cargo de su entrevista.

¿Qué acaba de decir? No, esto debe ser un error. Papá me aseguró que me vería cara a cara con el director Kim.

—Pero.... —mi voz hizo temblar al beta frente a mí—. Creí que vería al director Kim.

El sujeto me miró como si no tuviese idea de lo que estaba hablando—. Me temo que el director Kim no podrá tomar parte en las entrevistas en esta ocasión. Se hará cargo de la selección de perfiles que hayan pasado la entrevista una vez que los documentos estén llenos —sacó una pluma y tomó asiento frente al escritorio—. ¿Comenzamos?

—No —dije secamente—. Necesito hablar con el director Kim.

—Eso.... —la pluma se le resbaló. No tengo idea de que expresión vio en mis ojos, pero se veía algo asustado—. Eso no es posible. El director se encuentra fuera de Seúl en un congreso de medicina.

¿Ah? ¿Fuera de Seúl? Mis ojos se agrandaron de par en par. No debería proyectar mis feromonas en una situación como esta. No tiene el mismo efecto en omegas y betas, pero de algo me sirven para intimidarlos. No es mi intención, pero estoy muy molesto justo ahora.

—¿Tiene idea de lo que me está diciendo? —negué mientras apretaba mi mandíbula—. ¿Cuándo regresa? ¿Es antes de las selecciones?

Para ese momento, el beta casi sale huyendo del lugar—. Me temo que las entrevistas deben concluir antes de su regreso. Así que...

Solté un gruñido de indignación—. No puedo creerlo —lo miré fijamente—. Me rehúso a tomar la entrevista con alguien más que no sea el director Kim —dije firmemente—. Le aseguro que mi padre se hará cargo de esta situación —dije como si eso siquiera fuese una opción. Representé frente a este beta el papel de todo niño rico que se beneficia de las conexiones de sus padres. No me enorgullece, pero sería aún más extraño que saliera de aquí sin repelar siquiera.

No tiene sentido que hable con este sujeto cuando la última decisión será del director Kim. No tengo idea de qué impresión pueda tener de mí o del resto de defectuosos. Él es médico, sabe más de mi estado que yo mismo. Seguramente sabe que estar en una escuela llena de alfas dominantes es conflictivo para mí. Maldición. No importa cuántas buenas razones haya, esto terminará siendo mi culpa de una u otra forma. Padre me culpará de todo.

Apreté mis manos nuevamente en torno a la abertura de mi saco antes de salir de la oficina. Caminé con paso firme, mucho más pesado y estable que con el que llegué. En mi camino ignoré la mirada de la mujer detrás del escritorio. Llevé mis manos a mi corbata y aflojé el nudo de esta mientras observaba con impaciencia los números en el tablero superior hasta que las puertas se abrieron.

Esta entrevista se había vuelto mi único propósito real en estos meses. Me esmeré tanto para dar una buena impresión. Pasé noches enteras agobiado por lo que iba a decir y cómo debía actuar. Pensé que esta sería una buena oportunidad para hacer las cosas a la perfección tal y como quería mi padre, pero todo resultó de esta forma. No lo entiendo. ¿Por qué el director Kim no está aquí? Papá me aseguró que me recibiría en persona.

Maldición. Mi espalda cae pesadamente sobre la pared de metal detrás de mí mientras el elevador descendía hasta el primer piso. Mis dedos se tensaron contra las palmas de mis manos. Estampé uno de mis puños contra la pared del elevador a mis espaldas y mantuve los ojos cerrados hasta que las puertas por fin se abrieron.

—¿Ahora que le diré a mi padre? —me pregunté en voz alta. La sola idea nubla mis sentidos y me hace sentir temor ante toda posibilidad de regresar a casa. Me veo a mí mismo en su estudio. Puedo sentir cómo sus feromonas llenan mis pulmones. Me veo vomitando en el piso y rogando para que se detenga.

Aprieto mis dientes ante tal sensación.

Con mi, antes pulcro traje, salgo del edificio sin saber muy bien adónde ir. Me invade un sentimiento peor que el que tenía cuando llegué. Me inunda el miedo y la incertidumbre. El clima es frío, húmedo, no ayuda a que me sienta mejor. Las frías y pesadas gotas de lluvia se deslizan por mi rostro y empapan mi traje en cuestión de segundos, lo hacen antes de que el señor Tae pueda reaccionar. Entonces lo veo salir del auto con la sombrilla en su mano. Corre hacia mí como la única persona que aparenta preocupación por mi persona.

Lo recibo sin decir nada y camino al auto con él a un costado mío.

Una vez allí giro a verlo—. Yo me encargó, señor Tae —el hombre, quizá extrañado de que le dirija la palabra, tardó en hacer una pequeña reverencia y se alejó a la puerta del conductor. Sostuve la sombrilla en mi mano derecha con fuerza, lo hice por algunos segundos más mientras intentaba tranquilizarme.

Sin remedio alguno, al menos no uno que viniera a mi cabeza en este momento, suspiré profunda y pesadamente. Que ambiente más adecuado. La temperatura continúa disminuyendo y la niebla poco a poco se apropia de todo a su alrededor. Escucho el chapoteo de las llantas de los autos. El paisaje urbano durante una tormenta resulta hipnotizante, seguramente me ayudará a distraer mi mente durante el camino a casa, pero ¿qué sucederá después?

Niego suavemente. Mi mano se sujeta a la manija húmeda de la puerta del auto, pero antes de siquiera tirar de ella, veo y siento como alguien coloca su mano en torno a mi muñeca. No me tomo ni un segundo más y elevo la vista de inmediato. Había estado tan concentrado en la lluvia, en lo desastroso que se volvió todo, que ni siquiera noté, ni por un instante, el aroma de esta persona, uno que es incluso más abrumador que el de la tierra húmeda.

Allí, en medio de la lluvia y como si se hubiese materializado desde mis pensamientos, estaba Kim Kang Hoon. No sé por qué, pero estaba allí por alguna razón en el momento exacto, justo a tiempo para hacerme perder la cabeza. Siento como su agarre se ajusta sobre mi piel como lo hizo cuando estuvimos solos en los vestidores. Su cálida piel contrasta con la mía. El sentimiento termina siendo absolutamente desagradable e intimidante, pero también desencadena un sentimiento totalmente desconocido.

—¿Qué haces aquí? —obviamente fue lo primero que se me ocurrió preguntar.

Kim Kang Hoon en medio de la lluvia con un paraguas es completamente irreal. No lleva su uniforme completo, solo una camisa blanca desordenada. Sus profundos ojos verdes enmarcados hacia abajo como dos dagas me analizan lentamente. No luce sorprendido en lo absoluto y encuentro cierta mueca de satisfacción en su rostro atractivo.

Sus finos labios se mueven lentamente—. Te dije que nos veríamos luego ¿no es así? —me miró fijamente. Sus ojos se volvieron un poco más fieros y amenazantes, como los de una pantera—. Es demasiado pronto como para que hayas terminado con tu entrevista. ¿Qué haces aquí afuera?

Preguntó, pero yo sabía que él estaba al tanto de todo, podía verlo en sus expresiones, hasta cierto punto, provocadoras. El tono de su voz sonaba como si estuviese burlándose de mí.

Mis ojos se agrandaron—. ¿Cómo....

—Es por eso que deberías escuchar lo que otras personas dicen. Solo intentaba ahorrarte algo de tiempo y que pasaras un mal rato como este, Cho —dijo con voz suave, lo más suave que podía figurar detrás de ese tono rasposo.

De nuevo, siento como si solo se estuviese burlando de mí.

—Muy considerado de tu parte —intenté soltarme, pero no me dejó—. ¿Qué es lo que quieres ahora , Kim?

El alfa desvió su vista hacia el frente. Yo hice lo mismo. Me di cuenta de que el señor Tae nos estaba viendo. Posiblemente estaba a punto de salir del auto para asegurarse de que todo estuviese bien.

—¿Podemos hablar en otro lugar? —dijo de pronto.

Solté un pequeño suspiro de incredulidad—. ¿De qué tendría que hablar contigo? —dijo lo mismo cuando estábamos en los vestidores.

El alfa sonrió ligeramente. Sus finos labios apenas se estiraron. Sus penetrantes ojos verdes se posaron sobre mi persona y experimenté un sentimiento contradictorio, quise salir corriendo de ahí, pero también me sentí hipnotizado, tanto como para no moverme ni un solo centímetro.

—Es algo que te interesa, Cho —afirmó.

Continué firme en mi incredulidad, pero inevitablemente también sentí un poco de curiosidad. ¿De qué, exactamente, podía estar hablando este sujeto?

Lo miré fijamente—. ¿Qué es?

El alfa tomó un poco de aire. Su pecho apenas se infló ligeramente. El aire entró en una danza casi imperceptible y con una elegancia casi irreal, la clase de cosas que solo puede transmitir un alfa como Kim Kang Hoon.

—¿Quieres entrar a esta escuela, no es así? —dijo luego de un segundo—. Tu padre sonaba bastante insistente cuando se puso en contacto con el mío. Mi padre posiblemente solo le dio por su lado para que dejara de insistir.

—Eso...

—Mi padre ahora mismo está en un congreso, pero puedo ayudarte una vez que regrese —me interrumpió—. Puedo hacer que entres a esta escuela. Si se lo digo a mi padre, te admitirá sin poner más peros, te lo aseguro.

—¿De qué mierda hablas? —lo miré con sorpresa.

—Es algo que tu padre no puede hacer, Cho. Ya te lo dije. No hay nada más que él o tú puedan hacer para entrar en esta escuela a menos que aceptes mi ayuda —acentuó esto último.

Esto es una maldita trampa. Pensé. Pero él no luce en lo absoluto como si estuviese bromeando.

—¿Por qué.... —mi corazón se aceleró, pero aclaré mi garganta antes de hablar. Kim no puede darse cuenta que mi voz está temblorosa—. ¿Por qué harías algo como eso?

Hizo una seña con su mano, mientras apuntaba hacia un auto negro justo detrás del mío—. Hablemos en otro lugar —el alfa ladeó su cabeza. Me miró de arriba abajo y sonrió ladinamente. Sus ojos se tiñeron de un brillo aterrador que me puso los pelos de punta, que electrificó cada fibra de mi cuerpo.

El señor Tae finalmente llegó a mi lado.

—¿Está todo bien?

El alfa giró a verlo. Para mí ya es difícil lidiar con la presencia de Kim. No me imagino lo que sintió señor Tae cuando el pelinegro le vio fijamente. No es para menos, la expresión en el rostro de Kim Kang Hoon, por primera vez desde que lo conozco, se mostró genuinamente enfadada por la presencia, aparentemente inoportuna, del beta. Por un momento pensé que lo lanzaría al otro lado de la carretera.

—No hay problema —dije mientras le dirigía la mirada al beta—. Se trata de un amigo —mentí terriblemente. Incluso yo sentí cómo se revolvía mi estómago ante algo tan ridículo como eso—. Iré a tomar algo con él —sonreí ligeramente—. ¿Puede informarle a mi padre que llegaré un poco tarde?

Asintió—. ¿Necesita que pase a recogerlo?

—Yo....

El alfa se apresuró a responder—. Yo me haré cargo de Kyu Hyun —es la primera vez que no me llama por mi apellido; seguramente lo hizo para que luciéramos más cercanos, aun así, el señor Tae sabe perfectamente que mi único amigo es Lee Dong Hae, y que la única casa a la que de vez en cuando me lleva de visita es a la del clan Lee.

Se sintió tan extraño escucharlo decir mi nombre.

El beta giró a verme, como buscando que confirmara lo que alfa acababa de decir. Kim Kang Hoon me observó a mí, también esperando una respuesta que no lo delatara.

—Él me llevará a casa —confirmé. El señor Tae solo asintió y me dedicó una última mirada antes de subirse al auto. Vi como el auto desaparecía entre la niebla y la lluvia, lo hizo demasiado rápido como para que pudiera cambiar de opinión. Para cuando quise moverme, me di cuenta de que el alfa aún me sostenía del brazo—. ¿Podrías soltarme?

Kang Hoon lo hizo lentamente—. Vamos —no usó un tono autoritario, aun así, sentí como si todo mi cuerpo estuviese programado para reaccionar a sus órdenes de forma sumisa.

Lo seguí hasta su auto, un auto negro último modelo. Su chofer nos esperaba a ambos al lado de la puerta trasera y Kim me cedió el paso cuando este abrió la puerta. ,e deslicé dentro del cálido asiento sin darle mucha importancia a lo extraño de su comportamiento. El alfa se deslizo dentro luego de unos segundos, luego de decirle algo a su chofer, y la puerta se cerró.

El ruido del motor me trajo de nuevo a la realidad, me hizo darme cuenta de lo irreal que era todo esto. Yo, bajo la lluvia siendo interceptado por Kim Kang Hoon. Este proponiéndome hablar sobre algo, algo referente a mi admisión y yo entrando a su auto. Es la primera vez que estoy en un espacio así de cerrado y pequeño con Kim. Por obvias razones estoy nervioso.

¿Por qué actúa de esta forma? ¿Qué interés puede tener en ayudarme? No soy tan idiota como para no saber que alguien no ofrece su ayuda sin esperar algo a cambio. No tiene porque ser de otra forma con él. Pero ¿qué es lo que está buscando de mí? ¿Qué interés puede tener el gran alfa Kim Kang Hoon en mí como para tomarse tantas molestias?

Por más vueltas que le doy, todo sigue pareciendo una jugarreta. Parece una trampa. Pienso y observo al pelinegro de reojo. Aun así, alguien como él no luce como el tipo de persona que haría planes rebuscados como estos, suena demasiado absurdo. No entra para nada en la imagen que he creado de él durante estos tres años. Siempre controlado, inamovible, extremadamente perfecto, alejado del resto de instintos que dominan a los demás alfas como él.

—¿Vienes? —perdido en mis pensamientos, regreso en mí y veo la mano de Kim, la que se extiende hacia mí desde fuera del auto mientras sostiene el paraguas con su mano.

Observé el gesto durante unos segundos y me tomé absolutamente toda la libertad de rehuir a este por lo extraño que me pareció. Empujé su mano a un lado y me deslicé fuera del auto. Aun así, tuve que caminar a una distancia considerablemente cerca de Kim porque él tenía la única sombrilla que nos cubría a ambos de la lluvia.

Luego de un corto silencio, las palabras por fin brotaron de mis labios—. ¿En dónde estamos? —el agua seguía cayendo con fuerza, golpeaba contra el concreto y el pavimento. Las personas, en su mayoría, caminaban por la acera con sus sombrillas, pero otras corrían y se perdían entre la neblina que opacaba toda visión a mi alrededor.

—Lo que dijiste, tomaremos algo —apuntó con su cabeza hacia uno de los costados.

Giré en esa dirección. He estado en este lado de la ciudad antes, está repleto de restaurantes elegantes y cientos de negocios abiertos solo a cierto público seleccionado, hablo del tipo de personas con el rango y el dinero para costear sus servicios. Aquí es donde papá tiene sus cenas de negocios y reuniones elegantes con el resto de la crema y nata de Seúl. He sido invitado unas cuantas veces, pero rodearme de alfas como papá no es muy agradable. Aun así, el lugar exacto a donde apuntaba Kim se trataba de una cafetería, de un aspecto igualmente ostentoso, con enormes ventanales y una decoración de acabado industrial. Lugares como estos realmente no son nada mi estilo, pero supongo que van bien con alguien como él.

Las puertas del lugar fueron abiertas por un par de betas, el típico servicio que seguramente se encuentra acostumbrado a recibir del resto de rangos. No solo es un alfa que se destaca por su imagen, todos en Seúl saben que se trata del hijo del clan Kim y todos se forman para lamerle los zapatos. Los chicos dentro, meseros con camisa blanca y pantalón negro lo reciben como si se tratara de la realeza. Cada uno de sus movimientos es controlado y suave, casi como si tuviesen miedo de que el alfa los reprendiera por una mínima falla. Presto atención en la alfombra roja en el piso. Las mesas son fríamente metálicas y brillantes. Las luces son frías, no otorgan ningún tipo de confort. Este lugar no es acogedor ni por dentro ni por fuera, más bien parece una fabrica abandonada o algo así. No digo nada al respecto. No hay razón alguna para que Kim conozca ni un solo lugarcito dentro de mi cabeza.

Camino en línea recta al lado del alfa guiado por los meseros. Es la segunda vez que entro a un elevador en el día, pero ahora lo hago en compañía de un beta y un alfa como Kim Kang Hoon. Las puertas se abren repentinamente. Estamos en el segundo piso, el cual es aún más elegante que el primero; seguramente lo reservan para personajes más importantes. Observo alrededor. El aspecto industrial y los ventanales que dan a la calle le dan un buen toque, debo decir. No hay nada mejor que la vista de la ciudad siendo cubierta por una tormenta.

Caminamos a la mesa al lado de la ventana. Hasta ahora no tuve tiempo de darme cuenta que el resto de las mesas se encontraban vacías, no solo eso, ahora que lo pienso, tampoco había personas en el piso de abajo aparte de los betas.

Los aromas a mi alrededor se tornan más intensos debido a la humedad en el aire. Percibo algunas notas de café mezcladas con cierto aroma metálico y la esencia a tierra húmeda, todo eso mezclado con la fragancia que se desprende del cuerpo de Kim Kang Hoon. Kim toma asiento y yo me siento frente a él. El mesero beta, uno rubio, pequeño y de facciones suaves, lo observa con algo más que amabilidad, pero el pelinegro no parece reparar en ello. Es común tener relaciones con los beta, no está bien visto porque en esta sociedad siempre ha sido omega y alfa, pero los betas son un buen método para pasar el tiempo sin temor a embarazarlos o marcarlos. Jamás he estado con un beta o un omega, por lo que no puedo opinar demasiado al respecto.

Giro a ver a Kim. Me pregunto si él es del tipo que se relaciona de esa forma con los betas.

El chico muestra una ligera sonrisa y nos pregunta qué deseamos ordenar. Kim se toma la libertad de ordenar por ambos, lo cual agradezco porque sería una molestia revisar el menú en este tipo de situación. El chico rubio se despide con una reverencia y camina elegantemente hacia el elevador. Lo observo todo el camino hasta que este desaparece. Kim y yo estamos solos al fin. Este último ha estado demasiado callado desde que me metió en su auto. Ha estado alegando sobre que tiene algo que decir, pero se está tomando su tiempo.

Mis labios se aprietan con cierta impaciencia en dicha acción. No puedo pretender estar tranquilo, no con la abrumadora presencia de Kim taladrando insistentemente.

Él parece saber que no me encuentro cómodo—. No estés tan nervioso, Cho —vi cómo colocaba sus manos sobre la mesa. Me concentré en los finos dedos del pelinegro, demasiado pequeños y estilizados, pero con cierto encanto provocativo aun así.

Es increíble como un simple movimiento como ese me haga ponerme tenso en mi asiento. Mis muslos se aprietan uno contra otro. Antes de darme cuenta, ya estoy golpeando el suelo con uno de mis talones por debajo de la mesa.

—No estoy nervioso —hago lo mejor que puedo para que que mi voz suene firme—. Bien, ya estamos aquí —moví mis ojos en círculo en un gesto que abarcaba todo el lugar—. Veo que no hay nadie. ¿Tuviste algo que ver con eso? —su expresión me dice que tengo razón—. Dime ¿qué es lo que quieres? ¿Qué pretendes con eso de ofrecerme tu ayuda?

Quiero terminar con esto lo antes posible.

El alfa sonrió. No me pareció una sonrisa amigable, más bien contenía ciertos aires amenazantes—. Te seré completamente sincero, Cho, ahora mismo luces como una presa acorralada —soltó de la nada—. ¿Tanto miedo me tienes? ¿No podemos tomar un café tranquilamente sin que quieras salir huyendo?

—¿De nuevo con esa mierda?

Sus ojos se cerraron suavemente mientras su cuerpo se inclinaba hacia atrás. Había cierta lírica en sus movimientos, casi imperceptibles, pero estilizados. El contorno oscuro de sus ojos y el brillo verde de estos, fue como si una daga estuviese tratando de perforarme—. Tus feromonas —me tensé sobre mi asiento—. Por mi no hay problema, puedo soportarlo, pero es un poco grosero de tu parte tratar de intimidar a alguien que solo quiere ayudarte.

Ni siquiera me di cuenta de que estaba proyectando mis feromonas.

—Eso.... —me aferré a la tela de mi saco que caía por encima de mis muslos—. No lo estoy haciendo a propósito. No te des tanta importancia, Kim —el nombrado me miró con incredulidad—. Déjate de tonterías, y mejor dime qué es lo que quieres.

Su mirada, una nada gentil, sino amenazante, se volvió aún más oscura e intimidante que antes.

—¿Lo que quiero? —sus dedos se movieron sobre la superficie de la mesa, casi como si se estuviese conteniendo—. Mejor dímelo tú. ¿Qué crees que puedo querer?

—¿Ah?

—Dime —de pronto él luce absolutamente divertido con la situación—. Sé que has estado pensando en eso desde que salimos del instituto, desde que te intercepté en los vestuarios —trago con fuerza—. Anda, quiero escucharte.

Me crucé de brazos—. No tengo nada que puedas querer —es la única conclusión a la que llegué.

—¿Estás seguro de eso? —inquirió con voz profunda y rasposa. Lo escuché aclarar su garganta, pero el sonido me pareció lo más semejante a una especie de jadeo.

—Entonces dime —lo miré fijamente—. ¿Qué es lo que quieres?

El alfa sonrió de forma ladina. Sus ojos verdes me miraron de arriba abajo como lo hacía siempre, analizándome en silencio, instigándome sin necesidad de palabras o amenaza alguna proyectada en sus feromonas. Lo sentí tan cerca a pesar de la distancia. Fue como si una corriente caliente se apoderara del interior de mis venas.

—Es sencillo, Cho —su mirada se volvió fría y atemorizante—. Quiero follarte.

.

.

.

—¿Qué fue.... —mis ojos se abrieron de par en par—. ¿Qué acabas de decir?

El alfa puso sus codos sobre la mesa de forma despreocupada y hasta altiva. Vi cómo bajaba su mentón ligeramente hacia su pecho. El gran Kim Kang Hoon me observó fijamente mientras enmarcaba sus ojos y fruncía su ceño.

—Quiero tener sexo contigo, Cho ¿Qué es tan complicado de entender? —alzó una de sus cejas. Cuando regresó a su lugar su espalda se apoyó contra el respaldo de la silla de manera despreocupada, como si no hubiese dicho semejante locura.

Temblé en mi lugar—. No entiendo....

Esto.... no sé que está pasando.

—Te lo diré claramente —lo que más me asusta es que el alfa frente a mí no luce como si estuviese bromeando en lo absoluto ni se ha retractado de sus palabras—. Quiero que tengas sexo conmigo las veces que quiera y, a cambio, yo me haré cargo de que mi padre te admita no solo en el instituto, sino que te asegurará un puesto fijo en su hospital antes de que te gradúes.

Estoy soñando. Esto es una puta pesadilla. Estoy delirando gracias al estrés. Por fin sucedió y perdí la cabeza.

Niego suavemente—. ¿Dime que te volviste loco y que esta es una puta broma?

—¿Parece que estoy bromeando?

Eso es justo lo que me dá miedo—. Kim Kang Hoon —mi cuerpo vibró dolorosamente—, ambos somos alfas.

—Deja de enmarcar lo obvio, Cho —sonaba despreocupado.

—Dos alfas machos no pueden tener sexo. Las feromonas de ambos, nuestros cuerpos.... —¿qué demonios? ¿estoy hablando de nuestra compatibilidad en lugar de mandarlo al demonio? ¿Qué diablos pasa conmigo?—. ¿Sabes qué? Es ridículo —hice ademan de levantarme—. Me largo de aquí.

—¿Esa es tu última palabra? —me miró desde su lugar sin mover un solo dedo, casi como si estuviese seguro de que iba a cambiar de opinión. Cuando el tono de su voz cambió a uno autoritario, algo de lo que yo tampoco puedo disponer, mis pasos se congelaron—. Te estoy ofreciendo la oportunidad de tu vida por un poco de sexo ¿de verdad es tan malo?

¿Este sujeto siquiera está escuchando lo que sale de su boca? Mierda. Jamás creí que escucharía locuras como estas saliendo de la boca de Kim Kang Hoon. No cabe duda que la imagen que tenía de él no existe.

—Solo —llevé mis manos a mi cabeza— escúchate, maldición —lo miré con una mezcla de enojo y nervios—. ¿Por qué querrías tener sexo con otro alfa? ¿No hay miles de omegas que caerían rendidos a tus pies?

—¿Tan pendiente estás de mis relaciones? —me provocó nuevamente con una sonrisa.

—Vete a la mierda —lo fulminé con la mirada.

—Bien, es tu decisión después de todo —alzó sus manos—. Puedes pensarlo todo lo que quieras, pero seguiré siendo el único capaz de salvarte dentro de ese jueguito de complacencia que tienes con tu padre.

—¡Tú....

—Mi paciencia nunca ha sido una de mis virtudes—enunció mientras se levantaba de su asiento—. Necesito una respuesta lo antes posible, si no, tendrás que arreglártelas por tu cuenta.

—Kim....

—¿Qué es lo que te preocupa en verdad? —se acercó a mí de manera intimidante. Una de sus manos se apoyó sobre la mesa mientras sus ojos me vieron fijamente detrás de un semblante prolijo y decidido—. Los dos somos alfas —olfateó levemente—. También es otra de las cosas que puedo solucionar.

—¿Solucionar? —intenté dar un paso hacia atrás, pero el tomó mi corbata entre una de sus manos y tiró de esta hacia él. Nuestros rostros quedaron a escasos centímetros. Tuve el impulso de cubrir mis labios, pero no pude hacerlo.

—Pareces interesado en saber más —mi respiración se mezcló con la suya—. Mi padre no solo es el director del hospital Asang, también ha estado trabajando dentro del campo farmacéutico.

—¿Qué tiene que ver eso conmigo?

El alfa mordió su labio inferior—. Las feromonas de un alfa repelen las de otro, está programado dentro de nuestros genes —se alejó suavemente—. Tus feromonas son desagradables, Cho, y para ti las mías son igual —explicó detalladamente—. Cuando fui a la última reunión con mi padre, él habló sobre un medicamento que expuso dentro del congreso de médicos el año pasado. Un medicamento que inhibe la reacción natural a las feromonas.

—¿Inhibir?

—Neutraliza los sensores en nuestros cuerpos que se encargan de captar y repeler las feromonas de otros alfas —tentó dentro de su bolsillo—. Un par de estas pastillas te hacen inmune a las feromonas de otros alfas en un noventa por ciento, además, se encarga de mitigar la reacción natural de tu cuerpo al contacto con estas —el frasco era del mismo color que sus ojos, verde brillante—. De esa forma podremos tener sexo.

Mientras más lo escucho, más me convenzo de que esta es una maldita locura. No puedo procesar todo lo que sale de sus labios de inmediato y tampoco es mi intención preguntar. Solo sé que este sujeto de aquí ha perdido la cabeza—. ¿Debería estar aliviado? —¿tener sexo con Kim Kang Hoon? ¿De verdad no es esto una pesadilla?

—Deberías —sonrió ladinamente una vez más—. Así el sexo será sumamente satisfactorio para ambos —jugó con el frasco en sus dedos—. Tengo lo que quiero y tu tienes lo que quieres, ambos ganamos sin que nadie salga lastimado, Cho —sus ojos se ciñeron en una parte específica de mi cuerpo—. O, bueno, no del todo al menos.

Tuve el instinto de cubrirme con mis manos, pero no lo hice ante el temor de verme sumamente patético, rebajado a las provocaciones de este alfa.

—¿Por qué yo?

No, ni siquiera deberías estar preguntando algo como eso, de hecho, ni siquiera deberías seguir aquí, Cho Kyu Hyun.

Kang Hoon suspiró—. No eres el primer alfa con quien tengo sexo, si eso es lo que te escandaliza —confesó, como si quisiera restarle importancia a la situación—. No esperes una razón pretenciosa de mi parte, simplemente no la hay —se encogió de hombros—. Si te hace sentir mejor, podemos decir que eres mi tipo.

Eso lleno mi cabeza de más preguntas aún—¿Tu tipo?

Kang Hoon me miró intensamente—. Me gusta la idea de someter a otros alfas —gruñó suavemente—. Me gustaría ver cómo reacciona una alfa como tú en la cama.

¿Un alfa como yo?

—¿Qué quieres decir con eso?

Kang Hoon ladeó su cabeza, un gesto muy típico en él. Su peso se apoyaba con uno de sus brazos sobre la mesa y una parte de su rostro permanecía sombreada gracias a la oscuridad del cielo afuera—. Eres un alfa recesivo ¿no es así? —temblé en mi lugar—. Lo vi en los expedientes de papá —nuevamente se acercó a mí—. Realmente tengo mucha curiosidad —llevó una de sus manos a mi rostro—. ¿Cómo se sentirá el culo de un alfa así?

Tomé su mano con fuerza—. No me toques, Kim.

—Créeme —sonrió mientras mordí parte de su labio inferior—, pronto estarás rogando para que lo haga —sentí como una de sus manos rodeaba mi cintura con fuerza.

¿Quién es esta persona? He estado conviviendo con Kim Kang Hoon desde hace más de dos años y siento que estoy frente a otra persona, una deshinbida y descarada. Lo que dice no tiene sentido, tampoco lo que hace. Joder, su agarre en mi cintura y su cercanía están revolviéndome el estómago. La forma en cómo me mira. Jamás me había visto de esa forma. ¿En qué demonios está pensando? ¿Qué saca de esto? ¿Quiere humillarme? Eso es lo más seguro. Jamás pensé que fuese esa clase de alfa, no él, no el perfecto Kim Kang Hoon, pero resultó ser como mi padre. Solo se trata de un alfa dominante tratando de someter a alguien a quien considera inferior a él en todos los sentidos. ¿Qué mejor forma de hacerlo que manchando mi cuerpo de esa forma? Sería la peor de las humillaciones para mí. Un alfa marcado por otro.

No puedo hacer algo como eso.

—No lo pienses demasiado —mordió su labio inferior—. Ya te dije, mi paciencia no es muy buena —me dio un vistazo de arriba abajo, pero cuando sentí su aliento demasiado cerca del mío, desvié la mirada y coloqué una de mis manos en su pecho y la otra en mi nariz y mi boca—. Mmhp —no me soltó aun así.

—Esto es asqueroso....

Asintió. Un alfa fuerte como él puede repeler mis feromonas, pero no por completo, no a esta distancia—. No lo será cuando tomes el medicamento —volvió a hablar de eso—. Escucha, de los dos, Cho, tú eres quien tiene mucho más en juego. Puedes tratar con la entrevista, si tu padre logra conseguir una nueva cita, claro. Inténtalo y veamos cómo te va de aquí a la selección. Claro que —sonrió de forma malvada y brillante, tan apuesto como siempre— mi oferta ya habrá pasado para entonces.

Finalmente, tuve la fuerza para colocar mis manos sobre su pecho y lo empujé fuertemente.

—Jodete, Kim —caminé al asiento,—. No necesito tu ayuda —decidido, di la espalda y caminé rumbo al elevador—. Puedes buscarte a alguien más con quien jugar, no conmigo. Más te vale que te mantengas alejado de mí.

Mis amenazas no sirven de nada, yo lo sé.

—Muy bien, lo que digas —alzó un poco el tono de su voz, uso ese tono autoritario que poseen todos los alfas dominantes, del tipo de voz que autoritaria que te obligaría a saltar de un puente si así lo quisiera—. Tienes hasta esta noche antes de las nueve para responderme—mi celular vibró—. Es la dirección de mi apartamento —no me interesó preguntar cómo es que había conseguido mi número—. No tardes mucho en decidirte.

No dije nada al respecto, continué mi camino hasta el elevador. Esperé en el incómodo y casi eterno silencio a que las puertas de metal se abrieran. Aun cuando no estoy cerca suyo, puedo sentir como el aroma de sus feromonas se intensifican dentro de mi sistema. En un intento por no parecer intimidado, me mantuve recto en mi lugar, lo hice hasta que estuve dentro del elevador. Justo antes de que este cerrara di la vuelta solo para darme cuenta que Kim Kang Hoon me observaba tenebrosamente como una sombra en la oscuridad, con el cielo nublado a sus espaldas el cual se iluminó gracias a un fuerte relámpago, uno que ilumino tanto sus ojos verdes como su sonrisa ladina. Fue lo último que vi antes de dejarme caer sobre el piso. Abrí mi boca casi en su totalidad, pudiendo ver cómo un hilo de saliva se deslizaba desde lo más profundo de mi garganta y cayó sobre el dorso de mi mano. Mis ojos lagrimearon, tosí un par de veces reteniendo el impulso de vomitar hasta que mi mandíbula se tensó.

—Sus feromonas.... —limpié los restos de saliva en mis labios— son aún más fuertes que las de mi padre.

Aún no puedo creer que esto realmente haya sucedido. Kim Kang Hoon, lo poco que hemos hablado en estos dos años me hizo pensar en él no como el tipo de persona que haría una propuesta tan baja como esa a alguien como yo. La imagen que tenía de él, del alfa dominante perfecto, pulcro, inteligente, por encima de sus instintos, el que actúa con decoro y recato, se vino abajo en cuestión de segundo. No tenía idea de que el verdadero Kim Kang Hoon era mucho más escalofriante de lo que imaginé. Debí tener mucho más cuidado con él. La mirada que me dio hace un momento, su sonrisa burlesca y esos ojos verdes. Ese alfa, acaba de ofrecerme tener sexo con él a cambio de mi ingreso a la universidad.

¿Qué tan irreal y descarado suena eso? Presioné el botón para que el elevador se detuviera, debía tomarme un tiempo para recomponerme antes de mostrarme ante esos betas. Observé mi reflejo en el metal plateado. No me gusta lo que veo, a mí mismo sentado en el piso, viéndome patético y humillado. No me gusta sentirme intimidado de esta forma por alguien más, por alguien que, sé, es superior a mí en todos los sentidos por mucho que intente evitarlo.

Me cuesta admitirlo, pero no fue solo lo que dijo, sino la forma en como me sentí cuando lo hizo. Por un segundo, mientras veía sus ojos rasgados y brillantes debajo de los relámpagos en ese cielo nublado, cuando usó esa voz rasposa, sentí como si fuese a caer de rodillas ante él como un idiota, como un idiota que cede a las órdenes de un alfa dominante. Es la clase de poder que tiene un alfa sobre alguien inferior a él. No, Kim Kang Hoon es mucho peor que eso.

Presioné el botón y las puertas finalmente se abrieron.

Caminé en línea recta hasta la puerta de aquel restaurante. Las miradas de los camareros y del resto del personal se posaron sobre mi persona, podía sentirlas, presionándome como lo hace todo el mundo. Con la espalda recta y la mirada en alto, aparentemente imperturbable, llegué a la acera en medio de aquella tormenta, la que cayó sobre mí sin contemplación. Sin remedio tuve que tomar mi celular y con el llamé un taxi. Pude haber esperado dentro de la cafetería, pero si siento que, si duro un solo segundo más allí, dentro del que se ha convertido en el territorio de ese alfa, voy a desplomarme en cualquier momento.

La calidez del auto me recibió reconfortantemente. El chofer, un beta al igual que el señor Tae, me observó de arriba abajo dándose cuenta de inmediato de mi rango como alfa; él no puede ver más a través de eso. Con voz suave le dije que se dirigiera a la mansión Cho. El hombre se puso recto en su asiento, pero no hizo preguntas. Tal vez se moría de ganas de preguntarme cuál era mi posición dentro de uno de los clanes más poderosos en todo Seúl, pero se contuvo porque hacerlo significaría una falta grave que, en el peor de los casos, y, si llegaba a saberse, le traería problemas.

Observé cómo el agua se estampaba ferozmente contra la ventanilla. Mi ropa estaba húmeda, pero no podía dejarme embarcar totalmente por frío, aun así, mi cuerpo temblaba por razones completamente ajenas al clima. Aún siguen dando vueltas dentro de mi cabeza las palabras de Kim Kang Hoon, como si todo lo que pertenece a este tuviera alguna especie de permanencia en mis sentidos.

La propuesta de Kim, tener sexo con él, no es el peor de mis problemas aunque lo parezca. Primero tengo que enfrentarme a que mi padre se entere de lo que sucedió hoy en la entrevista, de cómo lo eché a perder nuevamente. Mi padre, sin escuchar ninguna justificación coherente, volcaría toda culpa sobre mí, me acusaría de irremediable debilidad, de idiotez e incompetencia como alfa. Jamás me aceptarán en la universidad por mi rango. Todos a los que mi padre presumió de mi admisión, de mi prometedor futuro, se burlarán del clan. Será una humillación para todos. Mi padre jamás me perdonara, aunque, eso es lo que menos podría afectarme en el mejor de los casos.

—Mierda.... —dejé caer mi cabeza, lo hice y, simultáneamente, llevé una de mis manos a mi frente. Cerré los ojos y me maldije en silencio—. Va a matarme.

—Llegamos —anunció el hombre.

Me incorporé sobre el asiento ante la voz del hombre. No bajé del auto se inmediato, sino que giré mi cabeza hacia la entrada principal. Allí está el auto que conduce el señor Tae, el auto que me llevaba siempre a la escuela, pero no está el auto de mis padres. Me preguntó el por qué mientras corro hasta la entrada. Entro a la casa. Aun me encuentro tan aturdido por las feromonas de Kim que el aroma dentro de casa no me afecta más de lo que lo hace el aroma del alfa pelinegro. Mi cuerpo finalmente comienza a enfriarse. La cabeza me duele, lo que se convierte en los mismos síntomas tediosos de siempre. Observo el reloj sobre el mueble de caoba en la sala. Unas cuantas gotas de agua caen por mi rostro y las veo caer desde las puntas de mi cabello.

Las cortinas del recibidor están abiertas, puedo ver cómo el cielo se ennegrece más y más. En el reloj recién dan las siete con treinta. Según lo que dijo Kim, me quedan menos de dos horas para responderle.

¿Por qué estoy pensando en eso de nuevo? Suena como si lo estuviese considerando. ¿Qué demonios está mal conmigo? No ¿Qué demonios está mal con Kim Kang Hoon?

Que dos alfas tengan sexo es desagradable, es repulsivo, es impensable. Algo antinatural como eso jamás debe suceder. Genéticamente estamos diseños para que el aroma de otro macho alfa nos desagrade, casi como un insulto, como la más infame de las afrentas. ¿Por qué Kang Hoon encontraría placer en eso? Dijo que no es la primera vez que se acuesta con alfas.

¿Es una especie de sádico?

—Mierda, entre más sigo pensando en eso, peor me siento —mis padres, por alguna razón, no estaban en casa, lo cual, en otras circunstancias, me habría dado un pequeño momento a solas, pero ahora no hace más que acrecentar este sentimiento de incertidumbre.

Tengo diecisiete años y aún le temo a mi padre. Soy un alfa también, pero no hay nada que pueda hacer en contra de él. Sé lo que va a suceder, no necesito que Kang Hoon ni nadie me lo diga. Una vez que se entere de lo que sucedió hoy, será el fin para mí. Padre es capaz de desterrarme del clan, eso si no me asesina primero. Se quedaría sin un heredero, pero cualquier cosa sería mejor a lidiar con la decepción que significa mi patética existencia. A papá no le importará deshacerse de un hijo como yo, uno que, en ningún sentido, es como Kim Kang Hoon.

Tengo todo que perder. Kim tiene razón. Él único que estaría perdiendo soy yo. Aun así, tener sexo con él. Jamás he tenido sexo con nadie en mi vida, ni con un beta o un omega. No puedo ni pensar en la posibilidad, mucho menos puedo afrontar que Kim me haya propuesto algo tan aberrante como eso. Hasta ahora solo pensé en la posibilidad de relacionarme con un omega que mi padre consideraría adecuado. Eso parece tan lejano ahora.

Mi única salida para cumplir los deseos de mi padre es aceptar la propuesta de Kim. ¿Qué puedo perder con Kim, que sea aun peor, de lo que mi padre puede quitarme? ¿El orgullo? ¿La virginidad? ¿Mi amor propio? Jamás he tenido nada de eso. Si acepto lo que me propone, le daré a mí padre y al clan Cho lo que necesitan, un líder poderoso y exitoso. Después de todo, aun sí no soy nada de eso, puedo hacer lo que he hecho siempre, fingir.

—¿De verdad estoy considerándolo? —pensé en Kim Kang Hoon.

¿Por qué tiene que ser precisamente con él, con el alfa cuya sola presencia me aterroriza? ¿Por qué con el alfa que, su sola existencia, me recuerda lo inútil que es la mía?

Solo quiere burlarse de mí, aun así, si de verdad cumple lo que dijo, tengo una oportunidad.

Observé mi celular en la palma de mi mano.

—Me volví loco.... —marqué el número de donde fue enviado el mensaje con la dirección de su apartamento—. Maldita sea.... —timbró una sola vez y respondieron al otro lado de la línea casi de inmediato.

—¿Sí?

Tomé una buena bocanada de aire—. Yo....

—Pudiste haber terminado el café conmigo Cho —dijo en un tono que, si bien sonaba burlón, era serio y escalofriante—. Podrías haberte ahorrado el dinero del taxi.

—Cierra la boca.... —apreté mis dientes. No tengo nada que valga la pena. Pienso. Lo que él puede ofrecerme es todo lo que soy—. Lo haré.

—¿El qué?

—Ya lo sabes.

Él rio—. Bien, trato hecho —emitió una especie de sonido que no pude descifrar, algo como un gruñido, un jadeo o una especie de quejido—. Se lo haré saber a mi padre de inmediato —aseguró—. Te espero a las nueve en la dirección que te envié.

Tomé un poco de aire—. Allí.... allí estaré.

Colgó y mi corazón dio un brinco dentro y fuera de mi pecho como lo hicieron todos mis intestinos.

Unos veinte minutos después, con ropa seca y limpia puesta, habiéndole dado instrucciones a la servidumbre para que le avisaran al señor Tae que me llevaría fuera, esperé en la privacidad de mi habitación con el sonido de la lluvia opacando el de mis pensamientos. El desastre afuera es el mismo que está sucediendo dentro de mi mente en estos momentos, es tal y como si cientos de relámpagos incendiaran todo a su paso en medio de llamas y ecos aterradores que me dejan sin salida alguna.

Me observó al espejo. Lo que veo es algo que no puedo ocultarme a mí mismo. Tengo que fingir que soy fuerte, pero la única realidad es lo asustado que estoy de lo que sea que pueda suceder conmigo en ese lugar, en las manos y estando bajo el control de un alfa como Kim Kang Hoon.

Antes de salir de mi habitación tomé mi celular, fue lo único que cargué conmigo además de mi billetera y metí ambos dentro de mis bolsillos. Bajé las escaleras a prisa, deseando que mi escape no fuese interceptado por mis padres. Le había dicho a la sirvienta que, si preguntaban, les dijera que mi entrevista se había atrasado y que luego de esto había salido a casa del clan Lee. Papá tiene buena relación con el padre de Dong Hae, me he quedado a dormir en esa casa más veces de las que recuerdo. El aroma de los hermanos de Hae es desagradable, pero lo es mucho menos que el de mi padre.

—¿Joven Cho? —me recibe el señor Tae con una expresión de confusión.

—Conduzca a esta dirección —le mostré el celular—. Dese prisa. Si mi padre hace alguna pregunta, le dirá que me dejó en la mansión del clan Lee luego de salir de mi entrevista. ¿Entendido?

Él asintió y abrió la puerta del auto para mí.

Ya no hay vuelta atrás, Cho.

⫘⫘⫘⫘

KyuBaby88

¡Holaaaaa!

😋✨😚

Supongo que nadie se esperaba un nuevo capítulo de una nueva historia, jejeje. Bueno, para las que conocen un poco mi dinámica, suelo hacer este tipo de cosas para despejarme de las historias en turno. 🙃🤭 Si no me vuelvo loca, jaja.

Me pensé mucho si debía sacar esta nueva historia Omegaverse como un solo capítulo, pero aquí estamos con el primer capítulo de la que será una historia corta como lo fue My Dear Teacher o Half Cigarette. 😘👊💕

Como dije, aquí abro el apartado de preguntas. Cambié muchas reglas de las que conocían en mi historia en turno, Love Bet [YeHyun], pero espero, sinceramente, que puedan empatizar con esta nueva temática y con la personalidad de los personajes. Si, puede que encuentren ciertas similitudes con la historia ya mencionada, pero es porque, pues yo las ando escribiendo. 😗✨

Espero no estén decepcionadas de mi manera de trabajar. Me encantaría que le muestren apoyo a este nuevo fanfic.

Es todo por el momento.

¡Gracias por leer!

💙😋✨🤭

Espero verlas pronto.

🐧🐢

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Strong Dialog

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