Capítulo 1
Libro I : El Banquete de los Cuervos. Una Saga Vikinga.
Capítulo 1: La nieve roja del amanecer
El invierno en los fiordos de Vestfold no conocía la piedad, y aquella madrugada ni siquiera perdonó a los fuertes. El viento soplaba desde el norte como una cuchilla de obsidiana, arrastrando una ventisca espesa que se colaba por las rendijas de las empalizadas y teñía el paisaje de un blanco tan cegador que dolía a los ojos. Pero el blanco duró poco. La brutalidad de la tierra siempre encontraba la manera de reclamar lo suyo y manchar la pureza de la escarcha.
En el claro principal del asentamiento, la nieve crujía de forma áspera bajo las botas forradas de piel de lobo de Thorgar Hringsson. El guerrero respiraba con lentitud, expulsando densas nubecillas de vapor caliente que se disipaban de inmediato en el aire helado. Tenía el rostro salpicado de escarcha y de sangre seca que aún despedía un débil e imperceptible calor. Delante de él, arrodillado de forma precaria sobre el suelo congelado, un espía de las tribus rivales del este temblaba incontrolablemente, con la garganta abierta de par en par. El tajo inicial había sido tan limpio y rápido que el infeliz apenas había tenido tiempo de ahogarse con su propio líquido vital antes de desplomarse de bruces, manchando la nieve virgen con una gruesa mancha carmesí que derretía el hielo a su alrededor con un siseo silencioso.
—No sirven ni para ablandar la carne de los perros —espetó Thorgar con voz ronca, sacudiendo la hoja mellada de su hacha danesa contra el lomo de un perro de presa que husmeaba los restos con curiosidad.
A pocos pasos de allí, junto a las brasas moribundas de la hoguera central del clan que apenas resistían el embate del viento, Håkon Bjornsson se reía entre dientes. Sostenía un cuerno lleno de hidromiel tibia con una mano, mientras con la otra jugueteaba distraídamente con un cuchillo de desuello de mango de asta de ciervo, haciéndolo girar con una agilidad casi insultante. Su ojo tuerto brillaba a la luz parpadeante del fuego con una chispa de diversión profundamente sádica.
—Déjalos que corran, hermano —dijo Håkon, dando un trago largo y limpiándose los labios manchados de alcohol con el dorso de la mano con una lentitud deliberada—. El terror es el mejor abono para las tierras que vamos a robarles en primavera. Si los matas muy rápido, se pierden los mejores gritos. Esos instantes de desesperación antes del golpe son los que realmente valen la pena saborear.
Thorgar no respondió de inmediato. Odiaba los rodeos innecesarios y los discursos vacíos de Håkon. Para Thorgar, la violencia era un oficio, una herramienta tan brutal como inevitable para asegurar el pan, el metal y la supervivencia de su gente en un mundo que devoraba a los débiles; para Håkon, en cambio, la carnicería se había convertido en un festín estético, en un deleite morboso en el sufrimiento ajeno que empezaba a incomodar incluso a los veteranos más endurecidos del clan.
El sonido de pasos pesados sobre la nieve crujiente interrumpió el aire gélido, disipando la tensión momentánea. Era el anciano patriarca del clan, un líder respetado con media cara surcada por la horrible cicatriz de una vieja lanza de guerra y una barba grisácea y trenzada que le llegaba al pecho. Los miró a ambos con severidad, deteniendo su mirada un segundo en el cadáver desangrado que yacía a los pies de Thorgar.
—Basta de juegos en la nieve —ordenó el patriarca, con voz áspera como piedras chocando entre sí—. Los drakkars de la bahía ya están calafateados y listos. El hielo en la desembocadura se ha roto con la marea alta de la madrugada. Tenemos quinientas millas de mar abierto por delante, monasterios ricos que saquear y carne fresca que abrir en canal antes de que termine el mes. La despensa del gran salón está casi vacía, y los niños pequeños ya se quedan dormidos llorando de frío.
Håkon sonrió ampliamente, mostrando los dientes manchados, y clavó su cuchillo de desuello con tanta fuerza en el tronco de un pino cercano que el mango quedó temblando durante largos segundos.
—Que los cuervos vayan preparando las mandíbulas —murmuró Håkon, fijando su única mirada en Thorgar con una complicidad venenosa—. Este año vamos a pintar los altares de los dioses con su propio color.




![Fated to My Ex- Best Friend [Moving to Galatea]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_49edb1dbf9a28b50b9c4d68d8598359b.jpg)



