𖹭¹ | El niño
Sus labios temblaban apenas, como si las palabras se le atragantaran en la garganta. Ness mantenía la mirada fija en su muñeco de nieve destruido, con los ojos vidriosos, brillando con esa humedad contenida que avisa la tormenta. Tragó saliva con esfuerzo. Sus dedos, tensos, se entrelazaban y desenlazaban sobre el regazo, buscando consuelo en el simple movimiento mientras escuchaba las burlas de sus hermanos mayores. Respiraba hondo, como si el aire pudiera empujar de vuelta aquello que estaba por derramarse. Pero una grieta leve cruzó su rostro: la comisura de los labios bajó, las cejas se fruncieron apenas. Y entonces, en un segundo de rendición silenciosa, los ojos se cerraron, una lágrima escapó, y supo que ya no podía seguir fingiendo que todo estaba bien.
Un llanto de solo un niño de 7 años se escuchó por toda la casa hasta el mismo patio donde estaba Ness. Los hermanos mayores detuvieron sus pisotones en la nieve y se miraron entre sí con las cejas curvadas.
El llanto de aquel niño fanático de historias de fantasía no cesaba, lloraba con toda sus fuerzas porque nadie de su familia lo comprendía y se sentía menospreciado.
¿Menospreciado? Alexis Ness había crecido en una familia de científicos, era inteligente y sus padres lo sabían pero las dudas entraba cuando se ponía a hablar de sus cuentos.
—Cállate, Alexis — dijo su hermana mayor — en lugar de ponerte a jugar con esta nieve sucia deberías ir a terminar la tarea de química que nos dejó mamá.
—Solo queremos ayudarte... – su hermano mayor tomó la palabra y se arrodillo al nivel de su hermano pequeño — ...para que no seas tan estúpido.
Los ojos del menor se llenaron de más lágrimas nublando su vista y sus padres llegaron al escuchar los gritos de llanto.
—¿Qué está pasando? — dijo la mamá.
—Mamá, Alexis sigue jugando a los magos y no terminó su tarea de química. — la hija mayor se adentró a la casa, desinfectando sus manos con alcohol y quitándose las botas, seguido de su hermano mayor.
El padre miró fijamente a Alexis, a la misma vez, con una decepción —Aquellos que creen tontamente en lo imposible — mencionó el papá — no son bienvenidos a esta casa.
Aunque en todo momento de esa charla el pequeño niño no paraba de llorar.
Los cuatro integrantes entraron a casa, dejando a Ness fuera con la puerta abierta para que entrara luego de su berrinche.
Solo era un niño que disfrutaba creer en la magia.
Ness se limpió las lagrimas con su brazo y se levantó con esfuerzo del suelo, observando su libro de cuento y su "báculo" que había creado con una rama y una pequeña esfera de cristal que robo del laboratorio.
Pateó la nieve y salió corriendo sin un rumbo claro, mientras las lagrimas se deslizaba nuevamente por sus mejillas rojas.
[𖹭𖹭𖹭]
Agotado, sus exhalaciones quedaban marcadas en el aire con el vapor de sus suspiros.
Sus ojos grandes se levantaron al ver a un niño apoyado en la pared cerca de un callejón. Ness se acercó lentamente al menor y con sus manos jugueteando en su pecho.
—Hola — murmuró Ness al estar frente al chiquillo de pelo rubio. Este último estaba sentado con rodillas flexionadas en su pecho y sus brazos cruzados, escondiendo la mitad de su rostro — ¿Por qué lloras?
Preguntó ingenuo Alexis, como si no se viera el color rojo de las comisuras laterales de sus ojos.
No hubo respuesta del contrario.
Ness bajó su mirada y se arrodillo, notando la posible causa de las lagrimas del otro niño. — Eso no se ve muy bien — señaló la herida sangrante que el rubio tenía en la rodilla derecha.
—Ahora vuelvo, no te vayas, ten abrígate con esto — Ness regaló una sonrisa y le dio su bufanda, que era parte de su ropa de mago, porque vió que solo usaba ropa corta. Luego de eso, se fue corriendo.
El rubio miró como se alejaba el niño de pelo magenta. Tocó la bufanda y se acurrucó en ella, cubriendo su boca y sintiendo un aroma a pastel.
[𖹭𖹭𖹭]
Después de un rato, Ness regresó y por suerte aún se encontraba el niño herido.
—Ya regresé, mira, tengo un botiquín — Ness sonrió y se sentó para luego sacar unas pinzas y un algodón — El año pasado mis padres me enseñaron a desinfectar heridas.
Otra vez, solo había silencio.
—Listo, ahora que está el algodón con alcohol te desinfectare el raspón que tienes, aguanta.
El rubio levantó una ceja, no entendía porque debía aguantar ¿qué debía soportar?
Cuando el algodón tocó su herida lo entendió, el ardor hizo que diera un brinco y cerrará los ojos. — Sé que duele, solo serán unos toquecitos más.
Y así fue, el rubio apretó la bufanda mientras resistía el ardor pero ya no veía sangre derramar.
—Con esto bastará, ahora tendré que poner un vendaje y hacer un nudo — Ness tomó la pierna del contrario y la extendió hacía él, finalizando el vendaje. — ¡Listo!
El rubio examinó por un momento su rodilla, no le dolía.
—Mi nombre es Michael Kaiser.
—Yo me llamo Alexis Ness.
Ness se levantó y tomó una ramita del suelo — Ahora ¡yo! "El mago" voy a curar tu herida con magia y un hechizo muy poderoso.
—¿Magia?
—¡Magia!
Michael pensó que era un tipo de broma esa actuación, Alexis se veía que tenía 8 años como él pero sabía que no existía tal cosa, con eso, se dió cuenta de que el niño mago era fiel creyente de ser mágico.
—¡Con el poder de mi báculo haré que tu herida san-
—¿Y si eso no pasa?
—¿Eh? — Ness bajó su "varita".
—Me refiero ¿qué pasa si no se cura mi herida? — Michael no quería seguir hablando porque él mismo se daba cuenta de la personalidad que había heredado de su padre.
—Si sanará. Confía en el mejor mago de toda Alemania. — Ness sonrió, volvió a levantar la varita y hacer el conjuro. — Mañana ya no estará la herida, regresa aquí para que los dos podamos desenvolver la venda.
—Sí, está bien.
—Tiene que funcionar, mis padres siempre me curan con el botiquín y será una buena oportunidad para que Michael crea en la magia y juegue conmigo. — pensó Ness apretando la varita y con sus mejillas sonrojadas imaginó a Michael y él jugando a los reyes y magos.
—Va anochecer, tengo que ir a casa — Michael se levantó y se quitó la bufanda — te la devuelvo.
—Puedes quedartela para abrigarte hasta tu casa, mañana me la devuelves.
Michael demostró una pequeña sonrisa y se volvió a envolver la bufanda en su cuello — huele a pastel — rió el rubio — nos vemos mañana.
—S-sí ¡hasta mañana!
A la mañana siguiente Ness regresó al mismo lugar pero Michael nunca apareció.
Continuará...








