CAPITULO PILOTO
Un bebé puede morir antes de pronunciar su primera palabra.
En nuestro mundo, eso no es una tragedia imposible. Es una realidad.
Cada día, alrededor de cien personas mueren al intentar soportar el poder del Rayo. Bebés, niños, mujeres y hombres. Nadie está exento de la prueba. Nadie puede garantizar que saldrá con vida.
Y pensar que alguna vez creímos que el fin del mundo era una ridiculez.
Dijeron que ocurriría en 2012. Nos reímos de las profecías y de quienes aseguraban que la humanidad estaba a punto de desaparecer. Hasta que llegó el 30 de diciembre de aquel año.
Entonces aparecieron las Sombras.
Criaturas horribles, nacidas en el mismo averno, capaces de devorar almas y convertir nuestras peores pesadillas en algo demasiado real para ignorarlo.
Pero las Sombras no fueron lo único que cambió nuestro mundo.
También estaban los Cazadores del Rayo.
Decían combatir la oscuridad, aunque sus métodos podían ser tan despiadados como aquello que perseguían. Sus pruebas convertían la supervivencia en una apuesta, y el poder del Rayo podía ser tanto una bendición como una sentencia de muerte.
Desde entonces, aprendí que vivir no siempre significa estar a salvo.
Y que confiar en alguien puede ser mucho más peligroso de lo que parece.
Ahora tengo un solo propósito: seguir siendo mundana y proteger a las personas que amo.
Parece sencillo, ¿verdad?
Lo sería si no tuviera que ocultar algo que ni siquiera yo puedo permitirme comprender por completo.
Algo que, si llegara a descubrirse, podría cambiar mi destino para siempre.
No sé en quién confiar. No sé qué pretenden realmente las Sombras ni hasta dónde están dispuestos a llegar los Cazadores del Rayo.
Solo sé que, si alguna vez descubren lo que llevo dentro, mi vida dejará de pertenecerme.
Querrán mi poder. Mi cuerpo. Mi alma.
Pero yo no pienso entregárselos tan fácilmente.
Porque, si este mundo espera que me convierta en otra víctima más, tendrá que esperar sentado.
Todavía no he terminado de luchar.








