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🩸👑 LA REINA VAMPIRA Y LA LOBA ANCESTRAL 🐺💜

Summary

Una historia de amor, sangre, luna y una pequeña princesa.

Genre
Romance
Author
Queen
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1

🩸👑 LA REINA VAMPIRA Y LA LOBA ANCESTRAL 🐺💜


Freen Sarocha × Becky Armstrong


Género: Fantasía, romance, paranormal, sobrenatural y drama romántico.

Subgéneros: Matrimonio por conveniencia, enemigas a amantes, realeza, vampiros, hombres lobo, profecías, embarazo mágico, familia y final feliz.


I. DOS REINOS, UNA GUERRA


Durante más de mil años, dos razas habían vivido separadas por una frontera construida con sangre, traiciones y promesas incumplidas.


Al norte se extendía el reino de los vampiros, una tierra de castillos góticos, montañas oscuras y bosques cubiertos por una niebla perpetua. Allí, la noche era eterna y la sangre constituía la fuente de poder de los antiguos linajes.


Al sur se encontraba el reino de los lobos ancestrales, un territorio de bosques infinitos, ríos cristalinos y montañas protegidas por la magia lunar. Sus habitantes vivían bajo la bendición de la Luna, cuya energía fortalecía sus cuerpos y alimentaba sus habilidades sobrenaturales.


Ambas especies descendían de criaturas primordiales que habían compartido el mundo mucho antes de que existieran las coronas.


Sin embargo, una traición había destruido aquella alianza.


Desde entonces, los vampiros consideraban a los lobos criaturas salvajes e incapaces de controlar su naturaleza.


Los lobos, por su parte, veían a los vampiros como monstruos sedientos de sangre que utilizaban su inmortalidad para someter a los demás.


Durante siglos, los enfrentamientos se habían sucedido sin que ninguno de los dos reinos consiguiera una victoria definitiva.


Hasta que dos mujeres heredaron las coronas.


Freen Sarocha, la Reina Vampira Suprema.


Becky Armstrong, la Reina Alfa de los Lobos Ancestrales.


Freen era una de las criaturas más poderosas que habían existido. Su cabello negro caía sobre sus hombros y sus ojos lilas, exclusivos de la sangre real, revelaban su descendencia directa de la primera reina vampira.


Dominaba la magia de la sangre, podía manipular las sombras y poseía una velocidad y una fuerza que superaban las de cualquier vampiro conocido.


Su sola presencia imponía silencio.


Había gobernado durante siglos sin permitir que nadie cuestionara sus decisiones. Era estratégica, orgullosa, reservada y despiadada cuando alguien amenazaba su reino.


No necesitaba aliados.


No necesitaba aprobación.


Y mucho menos necesitaba amor.


O eso creía.


Becky Armstrong era su opuesto.


Joven, rebelde y ferozmente independiente, había heredado el poder de la primera loba bendecida por la Luna.


Su cabello castaño caía libremente por su espalda y sus ojos azules reflejaban la intensidad de una tormenta.


Podía transformarse en una loba ancestral de dimensiones extraordinarias, comunicarse con los espíritus del bosque y controlar la energía lunar.


Era una guerrera formidable, pero también una gobernante que conocía a su pueblo y escuchaba incluso a quienes no tenían voz.


No se inclinaba ante ningún rey.


Y jamás permitiría que una vampira decidiera su destino.


El problema era que el destino había decidido ponerlas frente a frente.


Y ninguna estaba preparada para descubrir que su mayor enemiga terminaría convirtiéndose en el amor de su eternidad.


II. EL MATRIMONIO DE LAS ENEMIGAS


La guerra había alcanzado un punto crítico.


Las fortalezas del norte estaban debilitadas y las manadas del sur habían perdido a demasiados guerreros.


Los campos permanecían cubiertos de cadáveres y las aldeas fronterizas habían quedado prácticamente deshabitadas.


Ambos pueblos estaban agotados.


Por eso, cuando los consejeros propusieron una reunión entre las dos soberanas, ninguna pudo negarse.


El encuentro tendría lugar en el castillo de la Reina Vampira.


Freen permanecía sentada en su trono de obsidiana, vestida con un traje negro de bordados plateados. Sobre su cabeza descansaba una corona adornada con piedras violetas.


Sus ojos lilas observaron con indiferencia a los representantes de los lobos.


Hasta que Becky entró en la sala.


La loba vestía un elegante traje oscuro y llevaba el cabello suelto. Caminaba con la seguridad de alguien que no reconocía ninguna autoridad por encima de la propia.


—Reina Armstrong —saludó Freen.


—Reina Sarocha.


No hubo reverencias.


No hubo sonrisas.


Solamente dos mujeres midiéndose con la mirada.


El consejero vampiro más antiguo se levantó.


—Majestades, hemos encontrado una solución que podría terminar definitivamente con esta guerra.


Becky cruzó los brazos.


—Los escucho.


—Una unión matrimonial entre ambas coronas.


El silencio fue inmediato.


Becky giró lentamente la cabeza.


—¿Perdón?


—El matrimonio entre las dos soberanas establecería un pacto de sangre y luna. Ninguno de los reinos podría atacar al otro sin romper el tratado.


—¿Pretenden que me case con una vampira?


Freen arqueó una ceja.


—Te aseguro que la propuesta tampoco me resulta especialmente emocionante.


—Qué alivio. Por un momento pensé que te habías enamorado de mí.


Una sonrisa casi imperceptible apareció en los labios de Freen.


—No confundas mi interés por la paz con interés por tu persona, loba.


Becky soltó una pequeña carcajada.


—Créeme, estamos de acuerdo.


El consejero de los lobos intervino.


—La unión permitiría proteger a nuestros pueblos. Los ejércitos están agotados y necesitamos una solución antes de que la guerra termine destruyendo ambos reinos.


Becky dejó de sonreír.


Miró los documentos sobre la mesa.


Conocía los nombres de los guerreros que habían muerto. Sabía cuántos niños habían perdido a sus padres y cuántas familias habían abandonado sus hogares.


No quería aquella boda.


Pero tampoco quería seguir enterrando a su gente.


—Aceptaré el matrimonio —declaró finalmente—, siempre que se establezca que ninguno de los dos reinos perderá su soberanía.


Freen se levantó.


—De acuerdo.


—Tampoco aceptaré órdenes sobre mi manada.


—No tengo intención de gobernar sobre tus lobos.


—Y no permitiré que nadie cuestione mi corona.


Freen descendió los escalones del trono hasta quedar frente a ella.


—Entonces parece que tendremos un matrimonio bastante interesante.


Becky sostuvo su mirada.


—No te emociones, vampira. Esto es un acuerdo político.


—Por supuesto, querida esposa.


—¡Todavía no soy tu esposa!


Freen sonrió.


—Pero lo serás.


Y, por primera vez en mil años, la Reina Vampira Suprema acababa de encontrar a alguien capaz de desafiarla sin temblar.


III. UNA BODA ENTRE SANGRE Y LUNA


La ceremonia se celebró tres días después, durante la primera luna llena del otoño.


El castillo estaba decorado con rosas negras, flores azules y miles de velas violetas.


Los vampiros ocuparon el ala izquierda del salón ceremonial, mientras los lobos se situaron a la derecha.


Ambos pueblos observaban con desconfianza a sus futuros aliados.


Freen esperaba frente al altar.


Llevaba un vestido negro de corte real, bordado con hilos plateados. Su cabello estaba recogido parcialmente y la corona de plata descansaba sobre su cabeza.


Cuando Becky apareció, la vampira olvidó durante un instante la ceremonia.


La loba llevaba un vestido blanco con detalles azulados que resaltaban sus ojos. Su cabello castaño caía sobre sus hombros y una pequeña diadema plateada adornaba su cabeza.


Freen la observó acercarse.


Era hermosa.


Y aquella constatación le resultó profundamente molesta.


—Deja de mirarme —murmuró Becky al colocarse frente a ella.


—No sabía que estaba prohibido admirar a mi futura esposa.


—No me admires demasiado. Podrías enamorarte.


—Qué tragedia sería.


La ceremonia comenzó.


El sacerdote vampírico y la sacerdotisa lunar se colocaron frente a ambas.


Primero, Freen extendió la mano.


—Ante la sangre de mis antepasados, prometo respetar tu corona, proteger tu pueblo y honrar el pacto que hoy establecemos.


Becky tomó su mano.


—Ante la Luna que guía a mis ancestros, prometo respetar tu corona, proteger tu reino y honrar este pacto. Pero jamás renunciaré a mi libertad.


—No te la pediría —respondió Freen en voz baja.


Ambas intercambiaron los anillos ceremoniales.


Después, el sacerdote pronunció las palabras que sellarían la unión.


—Que la sangre y la luna sean testigos. Que dos coronas permanezcan independientes y que ninguna vuelva a levantarse contra la otra.


Freen se inclinó.


Becky la recibió con un beso.


Y entonces ocurrió.


Una luz violeta y azul surgió de sus manos entrelazadas.


Los vitrales comenzaron a vibrar.


La magia recorrió las columnas y ascendió hasta el techo del castillo, formando dos símbolos entrelazados: una luna plateada y una gota de sangre violeta.


Los ancianos de ambos reinos se levantaron.


Aquella magia pertenecía a una época olvidada.


La unión había despertado algo que llevaba más de mil años dormido.


Freen miró sus manos.


Becky hizo lo mismo.


Ninguna comprendía lo que acababa de suceder.


Pero ambas sintieron una conexión que iba mucho más allá de un matrimonio político.


IV. UNA ESPOSA IMPOSIBLE


La primera noche resultó bastante diferente de lo que los sirvientes habían imaginado.


Becky entró en el dormitorio matrimonial y observó la enorme cama cubierta de pétalos rojos.


—Espero que no hayas preparado todo esto pensando que vamos a comportarnos como un matrimonio enamorado.


Freen, que se encontraba junto a la chimenea, levantó una ceja.


—No suelo organizar celebraciones románticas para personas que amenazan con arrancarme la cabeza.


—Todavía puedo hacerlo.


—Lo tendré presente.


Becky dejó sus pertenencias sobre un sillón.


—Quiero una habitación separada.


Freen la observó durante unos segundos.


—La habitación contigua está disponible.


La loba pareció desconcertada.


—¿No vas a discutir?


—No tengo ninguna intención de obligarte a compartir mi cama.


Becky bajó ligeramente la mirada.


—Bien.


—Y, Becky...


—¿Qué?


—Puedes recorrer el castillo, visitar a tus guerreros y recibir a tus consejeros cuando lo necesites. No tienes que pedirme permiso.


La loba la observó con mayor atención.


—¿Siempre eres así?


—¿Así cómo?


—Tan difícil de entender.


Freen sonrió.


—Y tú eres demasiado curiosa para alguien que asegura odiarme.


—No te emociones.


Aquella noche durmieron en habitaciones separadas.


Sin embargo, ninguna consiguió descansar demasiado.


Freen permaneció junto a la ventana, observando la luna.


Becky, por su parte, se encontró pensando en la inesperada consideración de su esposa.


Quizá aquella vampira no era exactamente como se la había imaginado.


Y eso, de alguna manera, resultaba mucho más peligroso.


V. CELOS DE SANGRE


Las semanas siguientes estuvieron llenas de discusiones.


Becky cuestionaba las decisiones del consejo vampírico y Freen encontraba insoportable la costumbre de su esposa de abandonar las reuniones cuando se aburría.


Sin embargo, poco a poco comenzaron a compartir ciertos momentos.


Desayunaban juntas, discutían estrategias para reconstruir las fortalezas fronterizas y recorrían los jardines del castillo.


Hasta que apareció Alexander.


El joven era uno de los alfas más respetados de la manada de Becky.


Una tarde, mientras ambos entrenaban en el patio, Freen apareció acompañada por dos generales.


La vampira se detuvo al observar cómo Alexander corregía la posición de las manos de su esposa.


Sus dedos estaban demasiado cerca de los de Becky.


Los ojos lilas de Freen adquirieron un brillo peligroso.


—¿Interrumpo algo?


Becky se volvió.


—¿Qué haces aquí?


—Vine a buscar a mi esposa.


Alexander inclinó respetuosamente la cabeza.


—Majestad.


Freen ni siquiera respondió.


—Puedes retirarte.


Becky dejó caer la espada.


—¡Freen!


—¿Qué?


—No le des órdenes a mis guerreros.


—Estaba interrumpiendo.


—Estábamos entrenando.


—Lo he visto.


Becky la observó unos segundos.


Después sonrió lentamente.


—Estás celosa.


—No digas tonterías.


—¡Estás celosa!


—Soy tu esposa.


—Y no soy tu propiedad.


Aquellas palabras hicieron desaparecer la sonrisa de Freen.


Becky recogió su espada.


—Cuando aprendas la diferencia, podremos hablar.


Se marchó sin mirar atrás.


La vampira permaneció inmóvil.


Había conquistado territorios, derrotado ejércitos y sobrevivido a innumerables enemigos.


Pero no sabía qué hacer con aquella sensación que le apretaba el pecho.


Por primera vez, Freen comprendió que podía perder algo que realmente deseaba conservar.


VI. LA PRIMERA CARICIA


El incidente ocurrió durante una patrulla fronteriza.


Becky regresó al castillo con una herida en el brazo.


Al principio intentó ocultarla, pero Freen percibió inmediatamente el olor de su sangre.


Apareció frente a ella en cuestión de segundos.


—¿Quién te hizo esto?


—Estoy bien.


Freen tomó delicadamente su brazo.


La herida tenía los bordes oscurecidos.


La punta de la flecha estaba impregnada con una sustancia que bloqueaba la regeneración de los lobos.


Los ojos de Freen se oscurecieron.


—Esto es veneno de plata.


—Ya me di cuenta.


—¿Quién te disparó?


—Freen, necesito un sanador, no un interrogatorio.


La vampira apretó la mandíbula.


Después la condujo hasta el dormitorio y llamó inmediatamente a los curanderos.


Durante horas permaneció junto a ella.


Cuando finalmente Becky despertó, encontró a su esposa sentada al borde de la cama.


Freen sostenía su mano.


—¿Todavía estás aquí? —preguntó la loba.


—No pienso marcharme.


—Tienes un reino que gobernar.


—Mi reino puede esperar.


Becky observó sus ojos.


Por primera vez descubrió algo que nunca había esperado encontrar en aquella mujer.


Miedo.


—¿Estabas preocupada por mí?


Freen acarició suavemente sus dedos.


—Mucho más de lo que me gustaría admitir.


—¿Por qué?


La vampira tardó en responder.


—Porque, aunque nuestro matrimonio comenzó como una obligación, tú has dejado de serlo para mí.


Becky sintió que su corazón se aceleraba.


Freen se inclinó y depositó un beso en su frente.


No pidió nada a cambio.


Y aquella pequeña muestra de ternura consiguió derribar una parte de las defensas de la loba.


VII. LA PROFECÍA DE LA SANGRE Y LA LUNA


Tres semanas después, la sacerdotisa ancestral Aylin llegó al castillo.


Era una mujer de avanzada edad que había dedicado su vida a custodiar los secretos de la primera loba.


Solicitó una audiencia privada con ambas soberanas.


En la sala del trono, depositó un antiguo pergamino sobre la mesa.


—Majestades, la magia que despertó durante su boda no fue un accidente.


Freen frunció el ceño.


—Explícate.


Aylin desenrolló el pergamino.


—Hace más de mil años, vampiros y lobos no eran enemigos. Ambos linajes procedían de dos guardianes primordiales: la Sangre Eterna y el Espíritu Lunar.


Becky se inclinó hacia el documento.


—¿Qué ocurrió?


—Un antiguo soberano vampírico intentó apropiarse de la energía lunar. La primera loba se opuso y ambos pueblos terminaron enfrentándose. La traición destruyó su alianza y dividió el mundo.


Freen observó el símbolo dibujado en el pergamino.


Era idéntico al que había aparecido durante la ceremonia.


Aylin continuó:


—Existe una profecía que anuncia el regreso de aquella unión.


La anciana leyó:


«Cuando la sangre violeta encuentre el corazón de la luna, dos coronas compartirán un destino.


De su unión podrá nacer una heredera de dos naturalezas, portadora de los ojos de ambos linajes.


Su existencia despertará el poder olvidado y quienes codicien la eternidad buscarán someterla.


Pero ni la sangre ni la luna decidirán su destino. Será el amor quien determine qué mundo heredará».


Becky permaneció en silencio.


—¿Estás diciendo que tendremos una hija?


—La profecía anuncia esa posibilidad, majestad. Pero no obliga a ninguna de las dos a cumplirla. La magia solamente permitirá que ocurra si ambas lo desean libremente.


Freen miró a su esposa.


La anciana continuó:


—Existe un antiguo ritual que permite que dos mujeres de linajes primordiales unan voluntariamente su esencia y creen una nueva vida. Una de ellas podrá llevarla en su vientre, siempre que la magia reconozca su cuerpo como receptáculo.


Becky bajó la mirada.


Aquello era extraordinario.


Pero también significaba que su posible descendencia podría convertirse en un objetivo.


—¿Quién más conoce esta profecía? —preguntó Freen.


Aylin guardó silencio.


—Los antiguos miembros del consejo vampírico.


Freen se levantó lentamente.


Por primera vez, comprendió que su matrimonio podía haber despertado una amenaza mucho mayor que la guerra.


VIII. UNA ELECCIÓN LLAMADA AMOR


Los meses siguientes cambiaron la relación entre ambas.


Freen y Becky comenzaron a pasar más tiempo juntas.


La loba descubrió que su esposa disfrutaba de la música antigua, de los libros históricos y de las noches tranquilas junto a la chimenea.


Freen descubrió que Becky tenía la costumbre de recoger flores azules durante sus paseos por el jardín y que, a pesar de su carácter desafiante, era extremadamente cariñosa con los cachorros de su manada.


Una noche, Becky encontró a su esposa en el balcón.


La vampira contemplaba la luna.


—¿Puedo acompañarte?


Freen sonrió.


—Siempre.


Becky se colocó a su lado.


Durante unos minutos permanecieron en silencio.


—Freen.


—¿Sí, mi loba?


—¿Alguna vez has amado a alguien?


La reina tardó en responder.


—He vivido demasiado tiempo para confundir el deseo con el amor.


—No era eso lo que te pregunté.


Freen volvió el rostro hacia ella.


—No. Nunca había amado de esta manera.


Becky bajó la mirada.


—¿Y cómo me amas?


La vampira tomó su mano.


—De una manera que me asusta.


La loba respiró profundamente.


—A mí también.


—¿Por qué?


—Porque no quiero descubrir algún día que solamente soy una obligación para ti.


Freen se acercó.


—Escúchame bien, Becky Armstrong. Si mañana perdiéramos nuestras coronas, seguiría eligiéndote. Si nuestros pueblos volvieran a enfrentarse, buscaría la manera de protegerte sin renunciar a quien eres. Y si nuestro matrimonio dejara de ser necesario para mantener la paz, no dejaría de amarte.


Los ojos azules de Becky se humedecieron.


—Eres una mujer imposible.


—Y tú eres la única que ha conseguido hacerme perder la razón.


Becky sonrió.


Después tomó el rostro de Freen entre sus manos y la besó.


Esta vez no había obligaciones.


No había sacerdotes.


No había consejos.


Solamente dos mujeres que habían decidido elegirse.


Cuando se separaron, Freen apoyó su frente contra la de ella.


—Te amo.


Becky sonrió.


—Yo también te amo, mi reina.


Y aquella noche comenzó verdaderamente su matrimonio.


IX. EL VÍNCULO ANCESTRAL


Tiempo después, ambas decidieron conocer más sobre la antigua magia de sus linajes.


Aylin les explicó que el ritual de unión ancestral no era un hechizo de obediencia ni una obligación profética.


Era una ceremonia voluntaria que permitía que dos esencias compatibles crearan una nueva vida.


Becky escuchó atentamente.


—¿Y una de nosotras podría llevar a la criatura?


—Sí. La magia lunar puede preparar el cuerpo de la mujer elegida para gestar, mientras la esencia sanguínea de la otra participa en la creación de la nueva vida.


Freen miró a su esposa.


—No quiero que hagamos nada por una profecía.


Becky sonrió.


—Yo tampoco.


—Si algún día tenemos una hija, quiero que sea porque ambas la deseamos.


La loba tomó su mano.


—Entonces hagámoslo por nosotros.


El ritual se celebró durante la siguiente luna llena.


Ambas se colocaron dentro de un círculo de piedras antiguas, en el corazón del bosque ancestral.


Freen ofreció voluntariamente una parte de su esencia sanguínea.


Becky entregó su energía lunar.


Sus manos se entrelazaron.


La luz violeta y azul las envolvió.


Y por primera vez en más de mil años, la magia primordial de ambos linajes volvió a unirse.


Cuando el ritual terminó, Aylin sonrió.


—La magia las ha reconocido.


Becky miró a Freen.


—¿Y ahora?


La vampira besó sus nudillos.


—Ahora viviremos nuestra vida. Juntas.


X. UNA NUEVA VIDA


Dos meses después, Becky comenzó a experimentar cambios.


Dormía más de lo habitual, su olfato se había vuelto extraordinariamente sensible y algunas mañanas despertaba con náuseas.


Al principio pensó que podía tratarse de una reacción tardía al ritual.


Pero cuando Aylin la examinó, descubrió una pequeña luz plateada en el interior de su vientre.


La sacerdotisa se arrodilló.


—Majestades...


Freen se levantó inmediatamente.


—¿Qué sucede?


Aylin sonrió.


—La magia ha dado resultado.


Becky abrió los ojos.


—¿Estás diciendo...?


—Estás embarazada, mi reina.


El silencio fue absoluto.


Freen miró a su esposa.


Después miró su vientre.


—¿Vamos a tener una hija?


—Todavía no podemos conocer su sexo, majestad —respondió Aylin—, pero la criatura está creciendo perfectamente.


Becky comenzó a reír entre lágrimas.


—Freen...


La vampira se arrodilló frente a ella.


Apoyó ambas manos sobre su vientre y cerró los ojos.


Era algo que jamás había imaginado.


Una pequeña vida creada por ambas.


Una criatura que llevaría su sangre y la esencia lunar de su esposa.


—Vamos a ser madres —susurró.


Becky acarició su cabello.


—Sí, amor.


Freen levantó la mirada.


Sus ojos lilas estaban llenos de lágrimas.


—Te prometo que haré todo lo posible para que nuestra hija crezca en un mundo donde nunca tenga que avergonzarse de lo que es.


Becky besó su frente.


—Y yo prometo enseñarle que ser fuerte también significa saber amar.


La vampira abrazó a su esposa.


Aquella noche, la Reina Suprema lloró de felicidad.


XI. UNA REINA DEMASIADO PROTECTORA


El embarazo transformó la vida del castillo.


Freen comenzó a reorganizar sus horarios para acompañar a Becky.


Los mejores sanadores fueron convocados y las habitaciones recibieron nuevos hechizos de protección.


Pero también apareció un pequeño problema.


La Reina Vampira Suprema se había vuelto insoportablemente protectora.


Una mañana, Becky anunció que quería visitar los jardines.


Freen ordenó que seis guardias la acompañaran.


La loba la miró incrédula.


—¿Seis?


—Son necesarios.


—Freen, voy a caminar por un jardín, no a conquistar un reino.


—Nunca se sabe.


—¡Soy una loba ancestral!


—Y estás embarazada de nuestra hija.


Becky cruzó los brazos.


—No voy a pasar nueve meses encerrada.


Freen se acercó y tomó su cintura.


—No quiero encerrarte, cariño. Quiero asegurarme de que estés bien.


La expresión de Becky se suavizó.


—Lo sé. Pero necesito que confíes en mí.


La vampira besó su frente.


—Lo intentaré.


—Y solamente llevaré dos guardias.


Freen suspiró.


—Tres.


—Dos.


—Dos y un sanador.


Becky soltó una carcajada.


—Eres imposible.


—Pero soy tu esposa.


—Lamentablemente.


Freen fingió estar ofendida.


—Eso ha dolido.


Becky la besó.


—Te amo, dramática.


Y la reina comprendió que proteger a su familia también significaba aprender a escucharla.


XII. LA PRIMERA PATADA


Una tarde, Becky descansaba en el dormitorio mientras Freen leía un antiguo libro de hechizos.


La loba tenía una mano sobre su vientre cuando sintió un pequeño movimiento.


Se quedó inmóvil.


—Freen...


La vampira levantó inmediatamente la cabeza.


—¿Qué sucede?


—Creo que nuestra bebé se ha movido.


Freen dejó el libro y se acercó.


—¿Puedo?


Becky sonrió.


—Por supuesto.


La vampira se arrodilló junto a la cama y apoyó cuidadosamente una mano sobre su vientre.


Esperaron unos segundos.


Entonces ocurrió.


Un pequeño movimiento bajo su palma.


Freen abrió los ojos.


—La he sentido.


Becky comenzó a reír.


—¡Claro que la has sentido!


La vampira acercó el rostro.


—Hola, pequeña princesa. Soy tu mamá.


La bebé volvió a moverse.


Freen sonrió emocionada.


—Creo que me ha escuchado.


Becky acarició su cabello.


—Seguro que ya reconoce tu voz.


—Le contaré historias de nuestro reino.


—Y yo le enseñaré a correr por los bosques.


Freen levantó la mirada.


—También deberá aprender a defenderse.


—Primero tendrá que aprender a caminar.


—Nunca es demasiado pronto.


Becky soltó una carcajada.


Aquella noche, ambas permanecieron abrazadas, sintiendo los movimientos de su hija.


Por primera vez, el futuro dejó de parecer una amenaza.


XIII. LA TRAICIÓN DE VALERIAN


Mientras las reinas construían su familia, alguien preparaba su caída.


Lord Valerian había servido a la corona vampírica durante más de quinientos años.


Era uno de los nobles más antiguos y ambiciosos del reino.


Durante siglos había esperado el momento adecuado para reclamar el poder absoluto.


La unión de Freen y Becky había destruido sus planes.


Y el embarazo representaba algo todavía peor.


La futura princesa sería capaz de controlar tanto la magia de la sangre como la energía lunar.


Si aprendía a dominar ambas, podría convertirse en una soberana mucho más poderosa que cualquier criatura existente.


Valerian no estaba dispuesto a permitirlo.


Pero no deseaba simplemente eliminar a la niña.


Quería utilizarla.


Había descubierto que la sangre de una heredera híbrida podía abrir las antiguas puertas del santuario primordial, donde permanecía encerrada una fuente de magia capaz de conceder un poder casi ilimitado.


Con aquella energía podría someter a vampiros y lobos.


Y convertirse en el primer soberano absoluto de ambos reinos.


Una noche reunió a sus aliados.


—La reina ha cometido un error al permitir que una criatura híbrida herede el trono.


—¿Qué haremos?


Valerian sonrió.


—Esperaremos el momento adecuado. Cuando la niña nazca, la tomaremos y utilizaremos su sangre para abrir el santuario.


—¿Y si Freen descubre nuestros planes?


El noble levantó la mirada.


—Entonces descubriremos si la Reina Suprema es realmente tan invencible como todos creen.


XIV. EL ATAQUE AL CASTILLO


La traición llegó durante una noche tormentosa.


Becky descansaba en sus aposentos cuando escuchó un ruido en el pasillo.


Su loba interior despertó inmediatamente.


La puerta se abrió violentamente.


Varios vampiros armados entraron en la habitación.


Becky se incorporó y protegió su vientre.


—¿Qué significa esto?


Uno de los atacantes levantó su espada.


—Por orden del consejo, debes acompañarnos.


—El consejo no tiene autoridad sobre mí.


—La niña debe ser entregada.


Los ojos azules de Becky brillaron.


—Acérquense y descubrirán por qué soy la reina de los lobos.


Su cuerpo comenzó a transformarse parcialmente.


Las garras aparecieron y sus colmillos se alargaron.


Los atacantes retrocedieron.


Pero eran demasiados.


Becky consiguió derribar a dos antes de que uno la golpeara contra una columna.


El dolor atravesó su cuerpo.


Instintivamente cubrió su vientre.


Entonces una voz estremecedora resonó en el pasillo.


—¡TOQUEN A MI ESPOSA Y LOS DESPEDAZARÉ!


Las sombras invadieron la habitación.


Freen apareció con los ojos completamente violetas.


No hubo advertencias.


Con un movimiento de su mano, desarmó a los atacantes y los inmovilizó contra las paredes.


Las sombras se cerraron alrededor de sus cuerpos.


La reina llegó hasta Becky.


—¡Amor!


La loba estaba temblando.


—Freen...


La vampira se arrodilló frente a ella.


—Mírame, cariño. ¿Te han herido?


—Intentaron llevarse a nuestra hija.


Freen la abrazó.


Sus ojos adquirieron un brillo aterrador.


—Lo sé.


—Querían utilizarla.


La reina cerró los ojos.


—Te juro que pagarán por esto.


Pero antes de que pudiera ordenar el castigo, Becky tomó su rostro.


—Freen, mírame.


La vampira obedeció.


—No permitas que el odio te convierta en aquello que siempre has combatido.


Freen respiró profundamente.


—No dejaré que vuelvan a acercarse a ustedes.


Aquella noche, Lord Valerian fue identificado como responsable del ataque.


Pero había conseguido escapar.


Y la guerra estaba lejos de terminar.


XV. UNA PROMESA BAJO LA LUNA


Después del ataque, Becky tuvo dificultades para dormir.


Cada vez que cerraba los ojos recordaba a los vampiros intentando llevarse a su hija.


Freen permanecía a su lado.


Una madrugada, la loba despertó llorando.


La vampira se incorporó inmediatamente.


—Amor, ¿qué sucede?


—Tengo miedo.


Freen le acarició la mejilla.


—Estoy aquí.


Becky miró su vientre.


—¿Y si algo le ocurre a nuestra pequeña?


La reina guardó silencio.


Durante siglos había creído que su poder bastaba para controlar cualquier amenaza.


Ahora comprendía que amar significaba también aceptar que existían cosas que escapaban de su control.


—No puedo prometerte que el mundo será siempre seguro —susurró—. Pero sí puedo prometerte que nunca tendrás que enfrentarlo sola.


Becky tomó su mano.


—No quiero que pierdas quién eres intentando protegernos.


Freen la miró.


—Entonces ayúdame a recordar quién quiero ser.


La loba sonrió entre lágrimas.


—Tu familia te ayudará.


Freen besó su frente.


—Te amo, Becky Armstrong.


—Y yo te amo, Freen Sarocha.


Ambas se abrazaron.


Y aquella noche comprendieron que su mayor fortaleza no era la magia que compartían.


Era la confianza que habían construido.


XVI. EL NACIMIENTO DE LA PRINCESA


Los meses transcurrieron.


El embarazo de Becky llegó a su etapa final y el castillo entero se preparó para recibir a la heredera.


Freen no se separaba de su esposa.


Cada noche acariciaba su vientre y hablaba con la pequeña.


Le contaba historias sobre los jardines del castillo, las antiguas batallas y los bosques que algún día conocería.


Becky, por su parte, le hablaba de los ríos, las manadas y las montañas protegidas por la luna.


Una madrugada, un dolor intenso despertó a la loba.


—¡Freen!


La vampira abrió los ojos inmediatamente.


—¿Qué sucede, amor?


Becky apretó su mano.


—Creo que nuestra hija quiere nacer.


Freen se quedó paralizada.


—¿Ahora?


Becky la miró indignada.


—¡No, Freen! ¡Dentro de tres años!


La vampira reaccionó inmediatamente y llamó a los sanadores.


En cuestión de minutos, la habitación se llenó de curanderos y asistentes.


Freen permaneció junto a Becky.


—No me sueltes —pidió la loba.


—Jamás, mi amor.


—Tengo miedo.


La vampira le acarició el cabello.


—Lo sé. Pero estoy aquí. Nuestra pequeña también está aquí y pronto podremos abrazarla.


Las horas siguientes fueron difíciles.


La magia de la bebé comenzó a despertar y una energía violeta y azul recorrió las paredes.


Los cristales del dormitorio brillaron.


Los sanadores intercambiaron miradas preocupadas.


—Majestad, la niña está despertando sus poderes.


Freen apretó la mano de Becky.


—¿Es peligroso?


—Su naturaleza combina dos linajes primordiales. Necesitamos mantener estable la conexión entre ambas madres.


La vampira se inclinó hacia su esposa.


—Escúchame, Becky. Nuestra hija nos necesita.


La loba asintió.


Después de una larga espera, un llanto rompió el silencio.


Era una niña.


Una pequeña princesa que había nacido de la unión de dos especies que durante siglos se habían considerado enemigas.


La sanadora envolvió cuidadosamente a la recién nacida y la colocó entre los brazos de Becky.


—Felicidades, majestad. Es una niña preciosa.


Becky comenzó a llorar.


—Nuestra hija...


Freen se acercó lentamente.


Nunca había visto algo tan hermoso.


La pequeña tenía el cabello castaño y unas diminutas manos que se movían bajo la manta.


Pero lo más extraordinario eran sus ojos.


Uno era de un lila luminoso.


El otro, de un azul profundo.


Los colores de sus dos madres.


Freen se quedó sin palabras.


—Becky...


La loba sonrió entre lágrimas.


—Mira sus ojitos, amor.


La vampira acarició suavemente la mejilla de la pequeña.


—Tiene mis ojos...


—Y los míos.


Freen se inclinó y besó la frente de su hija.


—Bienvenida al mundo, pequeña princesa.


La bebé abrió sus ojos.


Una luz violeta iluminó brevemente la habitación y después apareció un resplandor azul.


Los sanadores se arrodillaron.


Había nacido la primera heredera de la sangre y la luna.


Y, por primera vez en siglos, ambos linajes compartían una misma vida.


XVII. NUESTRA PEQUEÑA FAMILIA


Aquella noche, Freen permaneció junto a la cama mientras Becky descansaba con su hija entre los brazos.


La vampira no podía apartar la mirada de la pequeña.


Era tan diminuta.


Tan frágil.


Y, sin embargo, llevaba dentro una magia que podía cambiar el destino de ambos reinos.


Becky observó a su esposa.


—¿En qué piensas?


Freen sonrió.


—En que nunca imaginé que sería madre.


—Yo tampoco imaginé que tendría una familia contigo.


La vampira se acercó y besó sus labios.


—¿Te arrepientes?


Becky abrió los ojos.


—¿De qué?


—De haberte casado conmigo.


La loba soltó una carcajada.


—Al principio quería arrancarte la cabeza.


—Lo recuerdo perfectamente.


—Y todavía me lo planteo algunas mañanas.


Freen fingió estar ofendida.


—Qué esposa tan cariñosa.


Becky sonrió.


—Pero ahora no cambiaría nada.


Freen acarició su mejilla.


—Yo tampoco.


La pequeña comenzó a moverse.


Becky la acomodó cuidadosamente y Freen extendió un dedo para que pudiera sujetarlo.


La bebé cerró su diminuta mano alrededor de él.


La reina vampira sintió que su corazón se derretía.


—Es nuestra pequeña princesa.


—Sí, amor.


—Nuestra hija.


Becky sonrió.


—Nuestra familia.


Freen apoyó la frente contra la de su esposa.


Había vivido durante siglos creyendo que la inmortalidad era el mayor regalo que podía recibir.


Ahora sabía que se había equivocado.


Su verdadero tesoro estaba allí.


En los brazos de Becky.


En aquella pequeña mano que sujetaba su dedo.


En la familia que jamás había imaginado tener.


XVIII. LA ÚLTIMA BATALLA


El nacimiento de la princesa se convirtió en la noticia más importante de ambos reinos.


Los lobos celebraron la llegada de la primera heredera híbrida.


Muchos vampiros aceptaron a la pequeña como símbolo de una nueva era.


Pero otros continuaron rechazando la unión.


Lord Valerian aprovechó aquella división para iniciar una rebelión.


Había conseguido reunir a varios nobles y mercenarios que compartían su ambición.


Su ejército marchó hacia el castillo.


Esta vez no buscaba únicamente capturar a la princesa.


Pretendía utilizar su sangre para abrir el santuario primordial y apoderarse de su magia.


Freen reunió a sus generales.


Becky convocó a los alfas de las manadas.


Por primera vez en la historia, vampiros y lobos se prepararon para luchar bajo una misma bandera.


La batalla comenzó al anochecer.


Las sombras de Freen cubrieron el campo mientras Becky lideraba a los guerreros ancestrales.


La magia de ambas reinas se complementaba.


La sangre detenía a los enemigos.


La energía lunar fortalecía a sus aliados.


Pero Valerian había preparado un ejército con armas encantadas capaces de debilitar ambas naturalezas.


El enfrentamiento se volvió brutal.


Freen consiguió abrirse paso hasta el centro del campo de batalla.


Becky luchaba a su lado.


—¡A tu izquierda! —gritó la loba.


La vampira giró y detuvo el ataque de un enemigo.


—¡Empiezo a pensar que disfrutas dándome órdenes!


—¡Y yo empiezo a pensar que hablas demasiado!


Ambas sonrieron brevemente antes de continuar luchando.


Pero entonces Freen sintió una presencia conocida.


Valerian había conseguido infiltrarse en el castillo.


Su objetivo era la princesa.


—¡BECKY!


La loba comprendió inmediatamente.


Ambas abandonaron el campo de batalla y corrieron hacia el interior.


Valerian había llegado hasta la habitación protegida donde descansaba la pequeña.


Los sanadores intentaban impedirle el paso.


—¡Entréguenme a la heredera! —ordenó.


La princesa comenzó a llorar.


El noble extendió una mano.


Pero antes de tocarla, una luz violeta y azul surgió de la cuna.


Una onda de energía recorrió la habitación.


Valerian retrocedió.


Freen y Becky llegaron justo a tiempo.


La loba tomó a su hija en brazos y la protegió contra su pecho.


—No volverás a acercarte a ella.


Valerian soltó una carcajada.


—¿Crees que puedes detenerme, loba?


Freen se colocó frente a su esposa.


—No. Nosotras podemos detenerte.


El noble levantó una daga encantada.


—¡Ese poder debería pertenecerme!


—El poder nunca te perteneció —respondió Freen.


Valerian atacó.


Freen extendió ambas manos y las sombras comenzaron a envolverlo.


Pero el vampiro utilizó la daga para romper el hechizo.


La reina cayó de rodillas.


Becky dejó a su hija bajo la protección de los sanadores y corrió hacia su esposa.


La loba liberó su verdadera forma ancestral.


Una enorme criatura de pelaje plateado y ojos azules apareció en medio de la habitación.


Valerian retrocedió.


Freen se levantó lentamente.


La magia de ambas comenzó a sincronizarse.


Violeta.


Azul.


Sangre.


Luna.


Las dos reinas unieron sus manos.


La energía primordial despertó.


Una luz inmensa recorrió el castillo y alcanzó el santuario ancestral, que comenzó a cerrarse para siempre.


Valerian gritó al comprender que había perdido.


La daga cayó de sus manos.


Freen lo inmovilizó con sus sombras.


Becky volvió a su forma humana y se colocó junto a su esposa.


—Tu ambición ha terminado —declaró la loba.


Freen observó al traidor.


—Y pagarás por cada vida que has puesto en peligro.


Los guardias entraron y se llevaron a Valerian.


Su conspiración había terminado.


La rebelión fue derrotada.


Y aquella noche, vampiros y lobos lucharon juntos por primera vez en más de mil años.


La guerra había terminado.


No porque una especie hubiera conquistado a la otra.


Sino porque ambas habían decidido dejar de ser enemigas.


XIX. LA CORONACIÓN DE LA HEREDERA


Un año después, ambos reinos celebraron una ceremonia histórica.


La pequeña princesa había crecido rodeada de amor.


Tenía el cabello castaño de Becky y los ojos heterocromáticos que la distinguían de cualquier otra criatura.


Su ojo lila brillaba cuando se encontraba cerca de la magia vampírica.


El azul resplandecía cuando jugaba en los bosques con los lobos.


Freen la llevaba en brazos durante las reuniones importantes, mientras Becky le enseñaba las primeras palabras.


La pequeña reconocía perfectamente a sus dos madres y siempre extendía los brazos cuando las veía.


Durante la ceremonia, Freen apareció con una corona de plata y piedras violetas.


Becky vestía un elegante traje azul y plateado adornado con símbolos lunares.


Ambas caminaron juntas hasta el centro del salón.


La pequeña heredera descansaba en brazos de su madre vampira.


Los sacerdotes de ambos reinos se acercaron.


—Ante la sangre de la primera reina vampira y la bendición de la primera loba ancestral, reconocemos a esta niña como heredera de ambos linajes.


Los presentes inclinaron la cabeza.


Freen besó la frente de su hija.


Becky tomó su pequeña mano.


—Que algún día gobierne con sabiduría, pero que nunca olvide que antes de ser una reina es nuestra hija.


Freen sonrió.


—Y que nunca tenga que derramar sangre para demostrar su valor.


La pequeña comenzó a reír.


Su risa resonó por todo el salón.


Y ambas reinas comprendieron que aquel era el verdadero significado de su victoria.


No habían creado una dinastía para conquistar el mundo.


Habían construido un futuro donde su hija podría elegir libremente quién quería ser.


XX. UN AMOR PARA TODA LA ETERNIDAD


Aquella noche, después de la ceremonia, Freen y Becky se retiraron a sus aposentos.


La pequeña dormía tranquilamente en su cuna, protegida por antiguos hechizos.


Becky se acercó a la ventana.


La luna brillaba sobre los jardines del castillo.


Freen apareció detrás de ella y rodeó su cintura con los brazos.


—¿En qué piensas, amor?


Becky sonrió.


—En todo lo que hemos vivido.


La vampira apoyó la barbilla sobre su hombro.


—¿Te arrepientes de algo?


La loba fingió pensarlo.


—De haberte llamado monstruo tantas veces.


Freen soltó una carcajada.


—Me lo merecía.


—Y de haber pensado que jamás podría enamorarme de una vampira.


La reina acarició su mejilla.


—Yo tampoco imaginé que una loba conseguiría conquistarme.


Becky se volvió entre sus brazos.


—¿Y ahora?


Freen la besó suavemente.


—Ahora sé que no quiero pasar una eternidad sin ti.


La loba sonrió.


—Entonces tendrás que soportarme durante mucho tiempo.


—Toda la eternidad, mi amor.


Ambas se besaron bajo la luz de la luna.


Desde la cuna, la pequeña princesa abrió brevemente sus ojos.


El lila y el azul brillaron al mismo tiempo.


Después volvió a dormirse.


Freen y Becky se acercaron a contemplarla.


La vampira tomó la pequeña mano de su hija.


—¿Sabes algo, Becky?


—¿Qué sucede?


—Durante siglos pensé que mi mayor responsabilidad era proteger mi corona.


Becky apoyó la cabeza sobre su hombro.


—¿Y ahora?


Freen besó su cabello.


—Ahora sé que mi verdadero reino está aquí.


La loba sonrió y entrelazó sus dedos con los de ella.


La Reina Vampira Suprema había encontrado el amor.


La Loba Ancestral había encontrado un hogar.


Y juntas habían conseguido algo que parecía imposible.


Terminar una guerra que llevaba siglos consumiendo a sus pueblos.


Pero, sobre todo, habían demostrado que el amor no necesitaba borrar las diferencias para construir algo extraordinario.


Porque su hija no había nacido para continuar una guerra.


Había nacido para demostrar que dos mundos podían coexistir sin destruirse.


Y mientras Freen y Becky permanecieran juntas, aquella pequeña princesa jamás tendría que elegir entre la sangre y la luna.


Porque algunas leyendas nacen de la guerra, otras de la magia, pero las más extraordinarias nacen del amor.


Y aquella era la leyenda de dos reinas que se casaron por obligación, se enamoraron por elección y construyeron juntas una eternidad.


FIN. 🩸👑🐺💜


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