CAPÍTULO 1: UNA VIDA QUE NOS PERTENECE
I. DESPUÉS DEL FIN
La primavera había llegado a Elyndra.
No era la misma primavera que Freen recordaba de sus antiguas memorias.
Aquella ciudad ya no intentaba recuperar la apariencia de un reino que había desaparecido. Sus habitantes habían construido calles nuevas sobre terrenos antiguos, levantado viviendas donde antes existían palacios y plantado jardines en lugares que alguna vez habían sido campos de batalla.
Las ruinas permanecían.
No como monumentos a la derrota, sino como recordatorios de que incluso después de una destrucción podía existir algo diferente.
Desde la terraza de su casa, Freen contemplaba el horizonte.
Llevaba una bata blanca, el cabello oscuro recogido de manera descuidada y una taza de té entre las manos.
A su lado, sobre una pequeña mesa, descansaban varios documentos que había prometido revisar aquella mañana.
Todavía no había leído ninguno.
Había descubierto que disfrutar de una mañana tranquila era una actividad bastante más difícil de lo que parecía.
Especialmente cuando Becky estaba en casa.
—¿Otra vez mirando el horizonte?
Freen sonrió sin volverse.
—Buenos días.
Becky apareció detrás de ella.
Llevaba una camisa negra, pantalones cómodos y el cabello ligeramente despeinado.
La reina infernal rodeó su cintura con ambos brazos y apoyó la barbilla sobre su hombro.
—Llevas veinte minutos aquí.
—No sabía que me estabas vigilando.
—No te vigilaba.
—¿Entonces?
—Te estaba admirando.
Freen giró ligeramente la cabeza.
—¿Desde hace veinte minutos?
—Tengo una mujer preciosa. Sería irresponsable no aprovechar las oportunidades.
Freen rio.
—Eres una exagerada.
—Soy una reina. La exageración forma parte de mis obligaciones.
La joven dejó la taza sobre la mesa y se volvió entre sus brazos.
—¿Dormiste bien?
—Sí.
—¿De verdad?
Becky sonrió.
—Mucho mejor después de que dejaras de robarme la manta.
—No te robé nada.
—Dormiste encima de ella.
—Eso no significa que te la haya quitado.
—Significa que tuve que dormir sin ella.
Freen le dio un beso.
—Pobrecita.
—He sobrevivido a guerras, ángeles y ejércitos enteros, pero no sé si sobreviviré a compartir una cama contigo.
—Puedes regresar al Infierno.
Becky fingió considerar la propuesta.
—No.
—¿Por qué?
La reina infernal le acarició la mejilla.
—Porque mi hogar está aquí.
Freen la miró con ternura.
Después volvió a besarla.
Durante unos segundos, ninguna de las dos habló.
No necesitaban hacerlo.
Habían pasado demasiado tiempo viviendo entre despedidas, amenazas y decisiones que podían cambiar el destino de los tres reinos.
Ahora podían permitirse algo tan sencillo como permanecer abrazadas sin esperar que alguien irrumpiera por la puerta.
O eso creían.
—Por cierto —dijo Becky.
Freen suspiró.
—¿Qué?
—Tenemos una visita.
La joven cerró los ojos.
—¿Quién?
—Vael.
—¿A esta hora?
—Al parecer, los problemas del Infierno no respetan los horarios.
Freen se separó.
—¿Y dónde está?
—En la sala.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace quince minutos.
Freen la miró horrorizada.
—¡Becky!
—¿Qué?
—¡Podrías haberme avisado!
—Estabas ocupada.
—¿Haciendo qué?
Becky sonrió.
—Si tengo que explicártelo, quizá deberíamos regresar a la habitación.
—¡Becky Armstrong!
La reina infernal soltó una carcajada.
Y Freen comprendió que la tranquilidad de su nueva vida probablemente incluiría muchas cosas.
Pero el silencio absoluto no sería una de ellas.
II. UNA VISITA INESPERADA
Vael estaba sentado en la sala principal.
Había dejado sobre la mesa una carpeta gruesa y una pequeña caja de madera.
Cuando Freen entró, se levantó inmediatamente.
—Buenos días.
—Buenos días. Disculpa la espera.
Becky apareció detrás de ella.
—No tienes que disculparte. Él decidió venir temprano.
Vael miró a la reina infernal.
—Llegué a la hora acordada.
—No recuerdo haber acordado nada.
—Te envié tres mensajes.
—Estaba ocupada.
Freen se llevó una mano a la frente.
—Por favor, no empecéis.
Vael sonrió.
—Veo que todo sigue igual.
—Lamentablemente —respondió Freen.
Becky le lanzó una mirada fingidamente ofendida.
Después se sentó junto a su pareja.
—Bien. ¿Qué ocurre?
Vael abrió la carpeta.
—El consejo infernal ha aprobado la primera fase de las reformas administrativas. Los representantes de los territorios ya están trabajando con Sereth.
—¿Y?
—Quieren que participes en la siguiente reunión.
Becky arqueó una ceja.
—¿Para qué?
—Para revisar las nuevas condiciones de los pactos entre territorios.
—Ya firmé las reformas.
—Lo sé. Pero quieren escuchar tu opinión sobre algunos mecanismos de defensa.
La reina infernal tomó uno de los documentos.
Lo revisó rápidamente.
Después lo dejó sobre la mesa.
—Esto debería pasar por el consejo completo.
—Lo hará.
—Entonces no necesitan que esté presente.
Vael la observó.
—Creen que tu presencia facilitaría las negociaciones.
Becky soltó una pequeña risa.
—Lo que quieren decir es que todavía les resulta difícil imaginar un Infierno donde la reina no resuelva personalmente todos los problemas.
—Probablemente.
Freen intervino:
—Quizá deberías asistir.
Becky la miró.
—¿Tú crees?
—Has trabajado mucho para cambiar las estructuras de tu reino. No sería justo abandonar el proceso ahora.
La reina infernal asintió lentamente.
—Está bien. Iré.
Vael sonrió.
—Gracias.
—Pero no me quedaré todo el día.
—Lo entiendo.
—Y no pienso escuchar una discusión de tres horas sobre la distribución de las patrullas.
—Lo anotaré.
Becky tomó la pequeña caja de madera.
—¿Y esto?
Vael pareció recordar algo.
—Es una invitación.
Freen miró la caja.
—¿Una invitación?
Vael asintió.
—La comunidad de Elyndra está organizando una celebración para inaugurar la nueva biblioteca.
La expresión de Freen cambió.
—¿La biblioteca está terminada?
—La primera parte. Todavía faltan varias salas, pero han decidido abrirla al público.
La joven sonrió.
—Me gustaría asistir.
—Lo imaginaba.
Vael miró a Becky.
—También están invitadas.
—¿A mí también?
—Sí.
—¿Habrá comida?
Vael cerró los ojos un instante.
—Sí, Becky.
—Entonces asistiré.
Freen soltó una carcajada.
Vael se levantó.
—Os dejo para que podáis prepararos. La reunión del consejo será mañana.
Becky lo acompañó hasta la puerta.
Antes de salir, Vael se volvió.
—Una última cosa.
—¿Qué?
—Sereth quiere saber si ya habéis decidido la fecha de vuestra ceremonia.
Becky se quedó inmóvil.
Freen, desde la sala, levantó la cabeza.
—¿Nuestra qué?
Vael sonrió.
—La ceremonia.
La reina infernal cerró los ojos.
—Voy a matar a Sereth.
—No sería una buena idea.
—Lo sé.
Vael se marchó riendo.
Becky cerró la puerta lentamente.
Después se volvió hacia Freen.
La joven la observaba con una sonrisa peligrosa.
—¿Nuestra ceremonia?
—No empieces.
—¿Hay algo que quieras contarme?
—No.
—¿Seguro?
Becky se acercó.
—Absolutamente.
Freen cruzó los brazos.
—Entonces explícame por qué Sereth sabe más que yo.
La reina infernal suspiró.
Había enfrentado a la Emperatriz Celestial.
Había sobrevivido a guerras entre reinos.
Había desafiado fuerzas antiguas.
Pero explicar sus planes matrimoniales a Freen parecía una batalla considerablemente más complicada.
III. UNA PROMESA PENDIENTE
Becky se sentó frente a Freen.
La joven permaneció de pie.
—Te escucho.
—No hay mucho que explicar.
—Entonces será rápido.
Becky se pasó una mano por el cabello.
—He estado pensando en nuestra ceremonia.
Freen dejó de sonreír.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace tiempo.
—¿Y no pensabas decírmelo?
—Quería preparar algo.
La joven se sentó lentamente.
—¿Algo como qué?
Becky tomó sus manos.
—No quiero que sea una ceremonia política. Tampoco quiero que parezca una celebración de los antiguos reinos. Quiero que sea nuestra.
Freen la escuchó.
—Quiero que podamos invitar a las personas que realmente forman parte de nuestra vida. Quiero que haya música, comida y un lugar bonito.
—Eso suena bien.
—Y quiero pedirte matrimonio formalmente.
Freen sonrió.
—Ya me lo pediste.
—Te hice una propuesta.
—¿No es lo mismo?
—No. Esta vez quiero hacerlo como corresponde.
La joven inclinó la cabeza.
—¿Y cómo corresponde?
Becky se levantó.
Se acercó a ella y se arrodilló.
Freen abrió los ojos.
—Becky...
La reina infernal sacó una pequeña caja de terciopelo.
Dentro había un anillo.
Era delicado, de oro blanco, con una piedra roja en el centro y pequeños detalles oscuros alrededor.
No llevaba símbolos de poder.
No tenía runas de obediencia.
Era simplemente una joya hermosa.
Becky tomó la mano de Freen.
—Freen Sarocha.
La joven sintió que el corazón comenzaba a latirle más rápido.
—Durante mucho tiempo creí que amar a alguien significaba protegerlo de todo. Después aprendí que no podía decidir por ti, ni siquiera cuando tenía miedo de perderte.
Becky respiró profundamente.
—No puedo prometerte que nunca tendré miedo. Tampoco que siempre sabré qué hacer. Pero puedo prometerte que hablaré contigo, que escucharé tus decisiones y que nunca utilizaré nuestro amor para quitarte tu libertad.
Freen tenía los ojos húmedos.
—Quiero despertar contigo. Quiero discutir por cosas absurdas. Quiero viajar, regresar a casa y encontrar tus cosas desordenadas por todas partes.
Becky sonrió.
—Y quiero que, cuando seamos viejas, sigas mirándome como si todavía estuvieras intentando decidir si soy una buena idea.
Freen soltó una pequeña carcajada entre lágrimas.
—Probablemente seguiré intentando decidirlo.
—Lo aceptaré.
Becky levantó la mirada.
—¿Quieres casarte conmigo?
Freen no respondió inmediatamente.
Contempló a la mujer que tenía delante.
La mujer que había sido su enemiga en otra vida.
La reina que había conocido el miedo de perderla.
La mujer que había cometido errores, que había aprendido a reconocerlos y que ahora estaba intentando construir algo distinto.
Pero, sobre todo, contempló a Becky.
A la mujer que amaba.
—Sí.
Becky sonrió.
—¿Sí?
—Sí, mi amor.
La reina infernal colocó el anillo en su dedo.
Freen se inclinó y la besó.
Becky se levantó sin separarse de ella.
La abrazó con fuerza.
—Te amo.
—Yo también te amo.
—Voy a hacerte muy feliz.
Freen le acarició el rostro.
—No tienes que prometerme una vida perfecta.
—Lo sé.
—Solamente quiero que sigamos eligiéndonos.
Becky apoyó la frente contra la suya.
—Todos los días.
IV. UNA CARTA DESDE EL CIELO
La celebración de Elyndra se acercaba.
Freen había comenzado a preparar su vestido para la ocasión cuando recibió una carta.
El sobre llevaba el sello de Auralis.
Lo abrió junto a la ventana.
La carta era breve.
«Freen:
La revisión de los registros celestiales continúa.
Hay documentos que todavía no han podido ser identificados, pero ya no se están utilizando para imponer decisiones a nadie.
Aevira ha solicitado una nueva revisión de su procedimiento y cuenta con nuestro apoyo.
La Emperatriz ha aceptado entregar los registros que permanecían bajo su custodia.
Elara ha decidido retirarse de las reuniones familiares durante un tiempo. Dice que quiere aprender a estar presente sin intervenir.
No sé cuánto tardaremos en terminar este trabajo.
Pero quería que supieras que estamos avanzando.
Espero que tú y Becky estéis bien.
Con cariño,
Auralis».
Freen sonrió.
Después dejó la carta sobre la mesa.
Becky apareció con dos vestidos colgados del brazo.
—Necesito tu opinión.
—¿Sobre qué?
—No sé cuál debería usar para la inauguración.
Freen miró los vestidos.
Uno era negro.
El otro, rojo oscuro.
—El negro.
—¿Por qué?
—Porque te queda precioso.
Becky levantó el vestido rojo.
—¿Y este?
—También.
—Eso no me ayuda.
Freen sonrió.
—Entonces usa los dos.
Becky la miró.
—No puedo usar dos vestidos al mismo tiempo.
—Eres la reina del Infierno. Estoy segura de que puedes encontrar una solución.
Becky soltó una carcajada.
Después observó la carta.
—¿Noticias de Auralis?
Freen asintió.
—Las cosas están avanzando.
Becky tomó la carta y la leyó.
—Me alegra.
—A mí también.
La reina infernal dejó el papel sobre la mesa.
—¿Crees que algún día todos estarán bien?
Freen pensó durante unos segundos.
—No lo sé.
Becky la miró.
—Pero creo que pueden tener una vida buena, incluso si algunas cosas siguen doliendo.
La joven sonrió.
—Eso también lo creo.
V. EL LUGAR DONDE QUEREMOS QUEDARNOS
Al atardecer, ambas salieron al jardín.
La casa estaba rodeada de flores.
Algunas habían sido plantadas por Freen.
Otras habían aparecido gracias a pequeñas alteraciones mágicas que Becky insistía en negar.
La joven se detuvo junto a un árbol.
—Quiero que plantemos algo aquí.
Becky la miró.
—¿Qué cosa?
—Un árbol.
—Hay muchos árboles.
—Uno nuestro.
La reina infernal sonrió.
—¿Y qué clase de árbol?
—Uno que crezca con los años.
Becky se acercó.
—Eso suena bastante simbólico.
—No tiene que serlo.
—Todo lo que haces termina siendo simbólico.
Freen rio.
—Entonces elige tú.
Becky observó el terreno.
—Un árbol de flores rojas.
—¿Por qué?
—Porque me recuerda a ti.
La joven sonrió.
—¿Y qué te recuerda a ti?
Becky tomó su mano.
—Las raíces.
Freen arqueó una ceja.
—¿Las raíces?
—Sí. No se ven, pero sostienen todo lo que crece.
La joven la miró con ternura.
—Eso ha sido bonito.
—Estoy llena de sorpresas.
—De vez en cuando.
Becky le dio un pequeño beso.
Después ambas contemplaron el lugar.
Todavía quedaban muchas cosas por hacer.
La biblioteca necesitaba nuevos estantes.
El jardín necesitaba cuidados.
La casa necesitaba algunas reparaciones.
Y la ceremonia tendría que organizarse.
Pero ninguna de esas tareas parecía una carga.
Eran cosas que podían hacer juntas.
Y eso bastaba.
VI. UNA NOCHE SIN PROFECÍAS
Aquella noche cenaron junto a la chimenea.
Becky había preparado la comida.
Freen había supervisado el proceso.
Ninguna de las dos estaba completamente satisfecha con el resultado.
—Está un poco salado —dijo Freen.
Becky la miró.
—No está salado.
—Sí lo está.
—Es el sabor.
—¿El sabor de qué?
—De la comida.
Freen se echó a reír.
—No vuelvas a cocinar.
—¡Fuiste tú quien dijo que necesitábamos aprender!
—Yo dije que necesitábamos una cocina grande.
Becky dejó los cubiertos.
—Creo que deberíamos contratar a alguien.
—Eso sería más sensato.
La reina infernal sonrió.
Después se levantó para acercarse a Freen.
—Ven.
—¿Adónde?
—A bailar.
La joven miró la mesa.
—Todavía no hemos terminado de cenar.
—Podemos terminar después.
Becky extendió la mano.
Freen la aceptó.
La música surgió de un pequeño cristal mágico.
Era una melodía lenta.
Becky colocó una mano en la cintura de Freen.
La joven apoyó la suya sobre su hombro.
Comenzaron a moverse despacio.
—¿Sabes? —murmuró Freen.
—¿Qué?
—A veces todavía me sorprende que estemos aquí.
Becky la miró.
—¿Aquí?
—Viviendo así. Sin guerras. Sin tener que salvar a nadie.
La reina infernal le acarició la espalda.
—No significa que nunca volveremos a enfrentar dificultades.
—Lo sé.
—Pero no tendremos que enfrentarlas como antes.
Freen sonrió.
—No.
Becky apoyó la frente contra la suya.
—Esta vez podemos elegir cómo vivir.
La joven cerró los ojos.
—Y quiero vivir contigo.
Becky la besó.
La música continuó.
La chimenea ardió suavemente.
Y la noche avanzó sin que ninguna profecía interrumpiera su descanso.
Por primera vez, el futuro no estaba llamándolas desde las sombras.
Estaba delante de ellas.
Y podían caminar hacia él a su propio ritmo.
VII. UNA NUEVA INVITACIÓN
A la mañana siguiente, Freen encontró una pequeña tarjeta sobre la mesa.
Tenía el sello de Elyndra.
La abrió.
«LA NUEVA BIBLIOTECA ABRIRÁ SUS PUERTAS DENTRO DE TRES DÍAS.
QUEREMOS QUE ESTÉIS PRESENTES.
NO COMO REINAS.
NO COMO SÍMBOLOS.
SINO COMO PARTE DE LA HISTORIA QUE ESTAMOS CONSTRUYENDO».
Freen sonrió.
Becky apareció detrás de ella.
—¿Qué dice?
—Nos invitan a la inauguración.
—¿Habrá comida?
Freen la miró.
—Becky.
—Es una pregunta importante.
—Sí, habrá comida.
—Entonces iremos.
Freen rio.
La reina infernal le rodeó la cintura.
—También deberíamos comenzar a organizar nuestra ceremonia.
—¿Ya?
—Quiero casarme contigo antes de que Sereth decida organizarlo todo.
—Quizá deberíamos dejarlo organizarlo.
Becky la miró horrorizada.
—¿Quieres que nuestra boda se convierta en una reunión administrativa?
—No sería la primera vez que alguien intenta organizar nuestras vidas.
—No permitiré que ocurra.
Freen le dio un beso.
—Entonces tendremos que hacerlo nosotras.
Becky sonrió.
—Juntas.
—Juntas.
Y, mientras la luz de la mañana entraba por los ventanales, ambas comenzaron a hablar de flores, música, invitados y lugares.
No sabían exactamente qué les depararía el futuro.
Pero ya no necesitaban saberlo todo.
Habían aprendido que una vida podía construirse sin garantías absolutas.
Que el amor podía ser profundo sin convertirse en posesión.
Y que elegir a alguien no significaba renunciar a una misma.
Freen tomó la mano de Becky.
Los anillos brillaron bajo la luz.
La primera temporada había terminado con dos mujeres prometiéndose un futuro.
La segunda comenzaba con ambas aprendiendo a vivirlo.
Y todavía tenían mucho por descubrir.
FIN DEL CAPÍTULO 1.








