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Hermanos Campeones

Summary

Red es hermano de satoshi y Green es hermano de Gary, Ambos son mejores amigos y por un suceso en el río su relación cambia a una más cercana y un campamento conocen a Silver y Gold quiénes también se hacen muy amigos y hay una leyenda por parte de Mew quién hará lo que sea para que se cumpla.

Status
Complete
Chapters
12
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

Antes de empezar A03 y Wattpad




Era una mañana calurosa en pueblo paleta dos amigos jugaban en el río y allí estaban dos pequeños de cinco años.

Green y Red salpicándose con el agua fría.

Cuando de repente Red se resbala y comienza ahogarse.

Green no lo duda y va a salvarlo y al sacar a red del agua comienza a darle respiración de boca a boca.

El agua del río brillaba bajo el sol intenso de Pueblo Paleta, ajena al susto que acababa de ocurrir.

Red tosía con fuerza, expulsando el agua de sus pulmones mientras recuperaba el aliento sobre el césped de la orilla.

Green, con el corazón latiendo a mil por hora y la ropa empapada, no se separaba de su lado.

Aunque solo tenían cinco años, ese momento cambió algo en el pequeño Green.

Al haber unido sus labios a los de su amigo para salvarlo, una sensación cálida y desconocida, mucho más fuerte que el calor del mediodía, se instaló en su pecho.

Se quedó mirando a Red, admirando cómo sus mejillas recuperaban el color rojizo, y sintió un impulso instintivo de protegerlo para siempre.

-¿Estás bien? -preguntó Green con la voz temblorosa, tomándole la mano.

Red asintió débilmente, dedicándole una sonrisa pequeña que terminó de sellar el destino de Green.

En ese instante, el mundo de los Pokémon y las aventuras futuras parecieron menos importantes que el bienestar del niño que tenía enfrente.

Mientras ambos se recuperaban, unas voces conocidas se escucharon desde el sendero que llevaba al pueblo.

Elena, la madre de Green, aparecía cargando en brazos al pequeño Gary, quien con apenas dos años balbuceaba intentando alcanzar una mariposa que volaba cerca.

A su lado caminaba Delia, la madre de Red, que empujaba un cochecito donde el pequeño Satoshi, también de dos años, dormía plácidamente ajeno al drama.

Al ver a sus hijos empapados y pálidos, las madres corrieron hacia ellos.

Delia: ¡Red! ¡Cielo santo, estás empapado! -exclamó soltando el cochecito de Satoshi para abrazar a su hijo.

Elena: ¡Green, qué pasó! -dijo ella, mientras Gary reía al ver a su hermano mayor cubierto de barro y agua.

Green miró a su madre y luego a Delia, pero sus ojos siempre regresaban a Red.

-Se resbaló, mamá -explicó Green con una madurez inusual para su edad-.

Pero ya está a salvo.

Yo lo cuidé.

Elena notó la mirada intensa de su hijo.

Era una chispa de devoción que rara vez se ve en niños tan pequeños.

Delia, conmovida, le agradeció a Green con un beso en la frente, mientras Red, ya más recuperado, intentaba jugar con el pequeño Satoshi, que acababa de despertar por el alboroto.

Esa tarde, mientras las dos familias caminaban de regreso a casa bajo el sol que empezaba a caer, Green caminó todo el tiempo detrás de Red, observando cómo jugaba con los más pequeños.

Gary y Satoshi intentaban imitar los pasos de sus hermanos mayores, tropezando entre risas, sin saber que ese día se había forjado un vínculo que el tiempo, la rivalidad y los años solo harían más fuerte.

Green no entendía aún qué era el amor, pero sabía que, desde ese beso en la orilla del río, su vida y la de Red estarían unidas para siempre.

Dos días después del incidente en el río, la calma parecía haber regresado a Pueblo Paleta, aunque para Green nada era igual.

El sol de la mañana entraba por la ventana de la cocina de los Ketchum, iluminando la mesa donde los dos amigos desayunaban.

Green movía la cuchara de un lado a otro en su tazón, viendo cómo el cereal se ablandaba en la leche.

No tenía hambre; su mente estaba atrapada en un bucle infinito de recuerdos.

Solo podía pensar en aquel beso bajo el sol ardiente y en la extraña urgencia de volver a sentir los suaves labios de Red contra los suyos.

Cada vez que Red reía o hablaba, Green se quedaba hipnotizado, sintiendo un calorcito en la cara que no podía explicar.

Red, completamente ajeno a lo que estaba pasando por la cabeza de su amigo, ya había terminado su desayuno y estaba sumergido en una misión mucho más difícil: lograr que el pequeño Satoshi terminara su comida.

-¡Vamos, Satoshi! Solo un poquito más -decía Red con paciencia, haciendo el gesto del "avioncito" con una cuchara de plástico llena de puré de verduras.

Satoshi, con sus mejillas regordetas manchadas de verde, hacía ruidos de desaprobación y trataba de apartar la mano de su hermano mayor.

Un momento de distracción

Delia entró en la cocina con Gary en brazos, quien reía mientras intentaba quitarle el delantal.

-Parece que Satoshi es tan terco como tú, Red -comentó Delia con una sonrisa, mientras dejaba a Gary en la alfombra para que jugara con unos bloques de madera-.

Green, cielo, ¿no te gusta el cereal? Se va a poner muy blando.

Green dio un salto en su silla, despertando de su trance.

-¡Ah! Sí, sí, es que... estaba pensando en algo que me dijo mi abuelo-mintió rápidamente, sintiendo cómo sus orejas se ponían rojas.

Red dejó la cuchara un momento y miró a Green con curiosidad.

-¿Estás bien, Green? Has estado muy callado desde que llegaste.

Si quieres, después de que Satoshi termine, podemos ir al jardín a jugar con Gary.

Green asintió, aunque lo que realmente quería era estar a solas con Red.

Aprovechando que Delia se dio la vuelta para lavar unos trastes, Green se acercó un poco más a su amigo.

-Red... -susurró, con el corazón martilleando contra sus costillas.

-¿Dime? -respondió Red, volteando a verlo con esos ojos grandes y brillantes.

Green estuvo a punto de decir algo sobre el beso, sobre lo suaves que eran sus labios, pero en ese momento Satoshi soltó un estornudo lleno de puré que salpicó la mejilla de Red.

Ambos niños se quedaron congelados un segundo antes de estallar en risas.

Mientras Red se limpiaba con una servilleta, Green sintió que ese sentimiento crecía más y más.

Sabía que eran pequeños, y sabía que solo eran amigos, pero también sabía que protegería a Red y buscaría cualquier excusa para estar cerca de él, esperando el momento en que pudiera repetir ese contacto que le había cambiado la vida.

Habían pasado cinco días desde el incidente en el río, y la conexión entre los dos niños no hacía más que crecer.

Esa mañana, Red y Green salieron juntos de casa con una misión: comprar unos víveres para Delia. Caminaban muy juntos, casi rozando sus hombros, compartiendo un espacio personal que solo los mejores amigos (o algo más) suelen permitir.

Sin embargo, no estaban solos. Leaf, otra chica del pueblo que siempre había sido muy observadora, los estaba mirando desde la esquina de una casa.

Al ver la cercanía entre ellos y cómo Green no le quitaba la vista de encima a Red, pensó que algo estaba pasando entre esos dos, así que, movida por la curiosidad, decidió seguirlos a una distancia prudente.

Al llegar al puesto de verduras, el ambiente se puso tenso por razones muy distintas.

La mujer del mercado, con un gesto de disculpa, le explicó a Red que el jitomate había subido mucho de precio debido a unas heladas que habían ocurrido en las montañas recientemente, afectando las cosechas.

Red consultó la lista de su madre; el jitomate era indispensable para la cena.

Con un poco de nerviosismo, le preguntó a la señora cuánto costaba.

-Son $35 pokédolares por el kilo, pequeño -respondió la mujer.

Red revisó sus bolsillos y contó las monedas una y otra vez, sintiendo que el pánico subía por su garganta.

-¡Ay, no! No me alcanza... ¿Qué voy a hacer? -exclamó Red con los ojos cristalizados, preocupado por fallarle a su mamá.

Green, que no soportaba ver a Red sufrir por nada, dio un paso al frente.

Sin decir una palabra, sacó de su bolsillo unos ahorros que tenía guardados para comprar una figura de acción de un Arcanine.

-Tenga, señora -dijo Green con firmeza, entregando los $35 pokédolares.

Yo lo pago.

Red se quedó de piedra.

-Pero Green, ese era tu dinero para el juguete...

-No importa -respondió Green, dándole un pequeño empujón amistoso-. Mi prioridad es que tú estés bien.

Además, así tendremos más tiempo para jugar nosotros.

La vendedora sonrió con ternura mientras les entregaba la bolsa de jitomates.

Red, desbordado por la gratitud y por ese sentimiento cálido que volvía a surgir en su pecho, se lanzó a abrazar a Green.

Fue un abrazo largo y apretado, bajo la mirada atenta de Leaf, que estaba escondida tras un barril de manzanas.

-¡Lo sabía! -susurró Leaf para sí misma, con una sonrisa pícara-.

Green está totalmente loco por él.

Cuando se separaron, Red todavía tenía las mejillas encendidas.

Miró los labios de Green por un segundo, recordando la sensación de hace unos días, y por primera vez fue él quien se acercó.

Le dio un rápido beso en la mejilla, cerca de la comisura de los labios, y salió corriendo hacia la casa con la bolsa de mandado.

-¡Gracias, Green! ¡Eres el mejor! -gritó Red mientras se alejaba.

Green se quedó parado en medio del mercado, tocándose la mejilla con una mano y con una sonrisa boba en el rostro.

No le importaba el dinero ni el juguete; en ese momento, se sentía el niño más rico de todo Pueblo Paleta.

Había pasado una semana y, como ya era costumbre, Green se había quedado a dormir en casa de Red.

La noche estaba tranquila, pero dentro de la habitación, el ambiente era muy distinto.

Sentados sobre las cobijas, ambos estaban viendo una extraña película que habían encontrado por accidente.

En la pantalla, la escena era intensa y mostraba a dos chicos en un momento de confesión:

-Mika, te amo. Yuichiro, por favor, bésame -decía uno de los personajes.

Entonces, Yuichiro lo tomó de la cintura y comenzó a besarlo en los labios, metiendo su lengua en su boca.

Mika correspondió al beso entrelazando su lengua con la de Yuichiro; después de estar muchos minutos unidos, se separaron dejando un fino hilillo de saliva que los conectaba.

La escena subió de tono cuando Yuichiro comenzó a desnudar a Mika de la parte de arriba, dejando su pecho al descubierto, y empezó a besarle el cuello, dejándole marcas de chupetes.

-Aaahh... Aaahh... Yuichiro, te amo -gemía Mika en la televisión.

Justo cuando la película iba a continuar, escucharon los pasos de Delia subiendo las escaleras para ver cómo estaban los niños.

Con un movimiento felino, Green apagó la televisión de golpe y ambos se lanzaron bajo las sábanas, cerrando los ojos con fuerza y haciéndose los dormidos.

Delia abrió la puerta despacio, sonrió al verlos "descansar" y volvió a cerrar tras de sí.

En la oscuridad del cuarto, Green sentía que el corazón le latía con mucha fuerza; la adrenalina y lo que acababa de ver lo tenían abrumado.

Quería hacer lo mismo que en la película con Red; quería sentir esa conexión tan profunda y física.

Bajo la luz de la luna

El silencio en la habitación era espeso.

Green pensaba que Red ya se había dormido de verdad, pero de pronto sintió un movimiento a su lado.

Red se dio la vuelta, quedando frente a él en la penumbra.

-Green... ¿estás despierto? -susurró Red con la voz un poco quebrada.

-Sí -respondió Green apenas en un susurro.

-¿Viste lo que hicieron los chicos de la película? -preguntó Red, acercándose un poco más, rompiendo la distancia de seguridad-.

Parecía que se querían mucho.

Green tragó saliva.

El recuerdo del beso en el río volvió a su mente, pero ahora con el deseo de algo más duradero, como lo de Mika y Yuichiro.

Sin pensarlo mucho, Green estiró su mano y buscó la cintura de Red por encima de la pijama, tal como había visto en la pantalla.

-Red, yo... yo también te quiero mucho -dijo Green, sintiendo cómo su propia cara ardía.

Red no se alejó; al contrario, se acercó hasta que sus narices se rozaron.

En la quietud de la noche de Pueblo Paleta, Green se armó de valor y buscó los labios de su amigo.

Esta vez no era una emergencia, no era para salvarlo de morir ahogado; era un beso lento, torpe por su corta edad, pero lleno de una curiosidad y un afecto que los dejó a ambos sin aliento.

Cuando se separaron, Green se atrevió a dejar un pequeño beso en el cuello de Red, tal como Yuichiro había hecho.

Red soltó un pequeño suspiro y se abrazó a Green, escondiendo su cara en su hombro.

-Prométeme que siempre estaremos juntos, Green -pidió Red antes de quedarse, ahora sí, profundamente dormido en sus brazos.

Green se quedó mirando el techo, con el corazón todavía acelerado, sabiendo que acababan de cruzar una línea de la que nunca querría regresar.

Esta historia continuará

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