El anuncio
El café Vienés humedecía sus labios a medida que lo bebía. Saboreaba, e inhalaba la combinación de aromas cerrando levemente los ojos, mientras disfrutaba del jazz a medio volumen interpretado perfectamente por Michael Bublé. Siguiendo a veces los tonos más bajos, que para cualquier mujer sería imposible.
Y continuaba escribiendo velozmente los informes que la compañía le solicitaba diariamente.
El teléfono sonó un par de veces, alejando su atención del trabajo. Los pálidos dedos se alargaron para alcanzar el receptor, dejando notar una argolla celta en el dedo anular.
-“Señorita Jade”- la voz del director se dejó oír del otro lado
-Sí, Director Mathews- ella respondió expectante.
-Le encomiendo la visita del representante de la nueva compañía que utilizó con nosotros. Es muy importante que lo asesore en lo que requiera, y acompañe mientras dure su estadía.- al fin dijo el hombre en un tono impositivo.
-Muy bien, me pondré a su disposición en cuanto llegue.- aseguró tranquila.
-Entonces, lo llevo en seguida.- fue lo último que dijo antes de terminar con la llamada.
-“¿Que lo trae de inmediato?”, esto es inaudito… ¿por qué no me aviso antes?, apuesto que es uno de esos ejecutivos de nariz respingada, con aires de grandeza promovido recientemente al olimpo…- pensó la ejecutiva, mientras tipeaba el último documento.
Un golpe en la puerta, hizo que desviara su atención hacia la entrada de su oficina.
-¡Adelante!- pronunció en voz alta mirando fijamente la manilla que giraba lentamente.
El Director Mathews entró tranquilamente dejando la puerta entre abierta.
-Señorita Jade, le presento al Señor Smith- le mostró claramente el espacio que dejaba entre ver el pasillo principal.
Un hombre alto de contextura media apareció de inmediato, ocupando un traje impecable, la camisa blanca hizo resaltar aún más su piel oscura.
La última de las canciones finalizó dramáticamente aumentando la tensión en el aire.
Jade se estremeció, apretó ligeramente los labios y sus ojos claros extremadamente abiertos, evidenciaron el impacto de la visita.
-¡Buenas tardes!- saludó con voz profunda y pausada, el ejecutivo le profundizó su enorme mano de palma rosada. Percatándose de la reacción de la mujer.
La palidez extrema de la mano femenina fue cubierta casi por completo. La calidez que emanaba del hombre entibió los fríos dedos de la ejecutiva, aumentando sus temores.
-Asiento.- Prevenir decir después de una incómoda pausa.
El director se quedo en pie, con las manos atras observando acuciosamente los movimientos de la mujer.
-Desde ahora, compartirás la oficina con Ulric, estarás al pendiente de todo lo que necesites. Tendrás que dejar parte de tus obligaciones a tu asistente, para dedicar el mayor tiempo posible a este proyecto.- el Señor Mathews anunció serenamente mientras caminaba de un lado al otro como contando los pasos.
-“Compartir mi oficina con… ¿dejar mis obligaciones?”- pensó, cuando el hombre seguía hablando y hablando.
-¿Has entendido?- inquirió el director con las manos sobre el escritorio.
-Por supuesto, no hay nada complicado en sus requisitos.- respondió adecuadamente en un tono sereno y reprimido.
-Bueno, nos veremos más tarde para discutir algunos asuntos.- siguió mirando fijamente al Señor Smith.
-Muchas gracias.- pronunció el ejecutivo ofreciendo su mano amablemente.
La puerta se cerró tras el director y un incómodo silencio llenó la oficina.
El codo sobre la mesa alargaba el brazo hacia el rostro, los dedos presionaban levemente los labios. Ensimismada miraba fijamente la puerta, estática.
-¡Señorita Jade!- la interrumpió respetuosamente el señor Smith.
Ella se volvió automáticamente hacia la voz que la llamaba, percatándose que estaba sola frente a un hombre afroamericano.
-Voy a trabajar en este lado de la mesa, para no incomodarla.- anunció mientras dejaba el notebook frente a él.
-¡Disculpe!- exclamó ella dejando el asiento tras el escritorio.
Ulric se levantó precipitadamente creyendo que había cometido una imprudencia. Pero al ver que en la mujer no hubo reacción a su comentario. La sigue con la vista observándola acuciosamente como era su costumbre.
-“Traje clásico de fibra natural, elegante, sobrio. Largo adecuado, diseño exclusivo…zapatos conservadores/sexys, mezcla interesante…”- pensado mientras ella desaparecía tras la puerta.
-¡A trabajar!- dijo convenciéndose del motivo de su estadía en la empresa.
Los largos dedos presionaban las teclas de memoria, abriendo carpetas, documentos, redactando informes y mensajes que iban dirigidos al directorio de la compañía que representaba.
Algunas hojas impresas se amontonaban en la bandeja de la impresora. Las que revisaba minuciosamente.
Jade se miró en el espejo del baño de ejecutivos, la evidente palidez le advertía que necesitaba las píldoras.
-¡Maldición!- expresó empuñando las manos sobre el mármol.
-¿Jade?- inquirió la asistente preocupada.
La ejecutiva la miró directamente, luego volvió a mirar su reflejo. Cabizbaja le pidió:
-Llama al doctor Vivaldi, dile que te extienda una receta con urgencia. Si pregunta no le expliques nada, yo lo llamaré más tarde.-
-¿Estás enferma?- inquirió la mujer que sostenía el teléfono inalámbrico.
-Esto es un estado que no me vencerá- se sumergirá en el rostro en el cristalino flujo.
-Jade…- quiso decir la asistente.
-Manda por el medicamento inmediatamente, puede que lo necesite en unas horas- anunció totalmente repuesta.
La mujer la descubrió boquiabierta mientras salía de ahí.
Antes de abrir la puerta, Jade inhaló profundamente, arregló la pequeña chaquetilla que le cubría la mitad de la espalda, hombros y parte del pecho.
La música resonó inmediatamente al momento en que cruzó la puerta.
El señor Smith en pie junto a la impresora, leía unas cuantas hojas que presionaba levemente con los dedos. Moviendo el zapato negro bien lustrado al compás del Jazz.
-¡Oh!, discúlpeme por encender el equipo de sonido, pero trabajo mucho mejor con ella.- Dijo mientras bajaba el alto de hojas para mirarla directamente.
-No hay problema, acostumbro a hacer lo mismo-. Indicó extrañamente compuesta.
Ulric volvió al asiento frente a la ejecutiva para ordenar los grupos de impresiones.
En un movimiento automático alargó la mano para tomar la engrapadora, cubriendo la mano femenina que también la sostenía.
-Perdón, no fue mi intención.- dijo alterado.
Ella lo miró directamente por primera vez, descubriendo esos grandes ojos verdes que la observaban penetrantes.
-“Piensa en las hadas, piensa en las hadas…”- se decía mientras automáticamente se levantaba para alcanzar la puerta. El vaivén al caminar llamó la atención del ejecutivo que intentó llegar a ella antes que se desmayara.
La mujer quedó tendida sobre la alfombra, su palidez impresionó al señor Smith que intentó reanimarla, llamándola por su nombre.
-“Tiene rasgos europeos…pero también latinos, aunque su piel es muy blanca… y suave para ser totalmente latina.”- pensó mientras acomodaba un mechón de cabello que cubría parte del rostro femenino.
Los amplios párpados enrojecidos, se elevaron lentamente avivando el color verde oscuro de los almendrados ojos de Jade.
-¿Qué sucedió?- preguntó distraída recibiendo que el ejecutivo la levantara.
-¡Se desmayó!- exclamó Ulric sosteniéndola por la cintura.
El aroma del cabello de la joven inundó la respiración del hombre, sofocándolo.
-Siéntese- le característicamente esquivando los ojos de la mujer.
-“¿Por qué me siento así?, ella es una mujer como cualquier otra, no debes… ¡tranquilízate!, pero… mi corazón se aceleró espontáneamente. Esto no está bien”.- Pensó mientras abría la puerta para llamar a la asistente.