PRÓLOGO
Hace miles de años, cuando la raza humana todavía era joven, estos amaban y temían a la furia de sus creadores. Los dioses del Olimpo reinaban distantes sobre sus creaciones detrás de una cortina de poder en el Monte Olimpo. Eran hermosos e intocables, pero también mezquinos, crueles y fáciles de enojar, tanto con los humanos a los que gobernaban como entre ellos mismos.
El gobernador del Monte Olimpo era conocido por sus modos salvajes, y para nadie era un secreto que Zeus tomaba amantes femeninos y masculinos por igual, cada vez que su deseo aumentaba.
Zeus, Poseidón y Hades, tres hermanos divinos que estaban acostumbrados a salirse con la suya, pero fue Hera; la Reina de los Cielos y la esposa de Zeus, la que finalmente puso fin al comportamiento mujeriego de su esposo. Cuando los apetitos de sus maridos se volvieron demasiado difíciles de soportar y los semidioses se convirtieron en un número demasiado grande para ser controlado, Hera, Anfítrite y Perséfone unieron fuerzas para proteger a la humanidad y las líneas divinas, maldiciendo la semilla de sus compañeros errantes.
Bajo el poder de la maldición, los dioses del Olimpo ya no podrían fecundar humanos, y sus toques divinos traerían la muerte a cualquier compañero involuntario. Cuando Zeus descubrió lo que su esposa había hecho, se llenó de indignación. Su ira quebró los cielos con un rayo divino, pero la maldición de Hera no pudo deshacerse.
Con la ayuda de sus hermanos, Zeus desterró a la diosa del Olimpo. La inmortal ira de Zeus hirvió a fuego lento durante siglos, y cuando sus hijos semidioses envejecían y morían, se fue quedando solo en el Olimpo con la única compañía de sus hermanos…