Los contrastes de la vida son innumerables, variables e impredecibles que resultaría increíble pensar que todavía existen personas obstinadas que se empeñan en cubrir todo en blanco y negro.
Kim Namjoon hizo este hallazgo mientras mezclaba sus pinturas sobre la piel de su mejor amigo Seokjin siendo ambos unos pequeños seres humanos de escasa experiencia.
Ninguno de los dos tenía hermanos pero se tenían el uno al otro y eran mejores amigos para siempre igual que sus mamis o, al menos, ese era su objetivo.
Jugaban cada tarde en la pequeña habitación del moreno cuando su madre iba de visita a la casa de Seokjin, algo que ambos siempre agradecían pues sin el otro se aburrían y no tenían con quien jugar.
Jin era apenas un par de años mayor que su amigo, pero eso no era ningún problema ya que era muy divertida y agradable su compañía.
Aquella tarde, un pequeño y curioso Namjoon había pedido permiso para pintar flores en el rostro de su amigo, pues decía que era tan bonito que cualquier cosa resaltaría sobre él.
Las abultadas mejillas de Jin estaban pintadas tal que parecía un campo de flores púrpuras, pues ese era el color favorito de Nam.
Mientras pasaba el pincel con sumo cuidado, no dejaba de dar cumplidos a su amigo como "Hyung es muy bonito" "Las pestañas de hyung son enormes, me gustan mucho" "Mi hyunggie es tan suave, parece algodón de azúcar" "¡Quedará más hermoso de lo que ya es, hyung! ¡Se lo prometo!"
Los botes de pintura nuevos estaban junto a Namjoon resplandeciendo, el sol entraba por las ventanas amplias de la habitación iluminando a la perfección la estancia y creando una atmósfera cálida que disfrutaban ambos.
Completamente absorto en su lienzo, el pequeño moreno hizo caso a una vocecita interna y se inclinó sobre el rostro sereno de su mejor amigo y un sonoro beso en la frente lo hizo respingar.
—¿Qué me hiciste en la frente?
—Le di mi corazón
—¿Uh? No lo siento, Nammie —preguntó confundido palpando con cuidado la superficie sobre sus ojos
—Está ahí —insistió señalando el rostro de su amigo
Curioso, el pequeño Jin se levantó corriendo a mirarse en el espejo enorme que estaba en la habitación de su mamá sorprendido por lo que veía.
Sus mejillas estaban hermosas, las florecitas de diversas tonalidades que variaban desde el morado, el lila y el púrpura hacían destacar sus abultados labios y sus ojos almendrados. Se veía hermoso, como uno de los paisajes de sus videojuegos favoritos.
Pero lo que le llamó la atención fue el pequeño corazón sobre su frente, este estaba pintado en rosa y un poco difuminado por los labios del moreno que habían quedado marcados dentro del dibujo.
—¿Lo ves? —señaló el moreno con entusiasmo dando pequeños saltitos en su sitio —¡Ahí está! No te mentí, ¡ahí está mi corazón, hyung!
Seokjin sonrió y asintió en dirección a su pequeño amiguito que había corrido escaleras abajo para contarle a ambas mujeres de su mayor obra de arte hasta el momento.
Jin lo siguió detrás con el mismo entusiasmo, pues no comprendía el peso de aquellas palabras y simplemente creyó que se trataba de un detalle, un gesto de mejores amigos.