Prólogo
El día que todo comenzó, Type despertó con un fuerte dolor de cabeza, apretando los ojos para evitar la poca luz del día que se filtraba por las cortinas detrás de su cama y tapando sus oídos con la almohada para intentar reducir el ruido de la alarma del celular siendo cada vez más fastidiosa.
— ¡Tharn, apaga el maldito despertador! —intentó gritar, con la voz todavía ronca— ¡Es sábado, bastardo! ¡Tharn, te digo que…!
No terminó la frase al comprobar que no había nadie junto a él, palpando el lado del colchón donde debería de estar la persona que duerme a su lado todas las noches.
¿Ya se despertó?
Abrió los ojos lentamente solo para darse cuenta de que estaba en una habitación un tanto extraña, pero a la vez bastante familiar.
¿Pero qué demonios?
Por un momento lo invadió un sentimiento de miedo e incertidumbre, no solo no había palpado el cuerpo de su esposo, sino que se encontraba en una cama mucho más chica que la que compartían.
Espera, esto es… ¡¿la casa de mi tía?!
Volvió a cerrar y abrir los ojos, intentando espabilar su mente.
No recuerdo haber tomado anoche.
Se quitó las lagañas y se sentó rápidamente para tratar de enfocar la vista mientras volteaba hacia todos lados intentando recordar qué es lo que había pasado para terminar en ese lugar.
Apuesto a que Tharn debe estar furioso. Por Dios, Type, ya no eres un niño.
— ¡Type, despierta! ¡Llegarás tarde!
No pudo evitar soltar un largo suspiro de alivio al confirmar que realmente era la casa de su tía quien en ese momento lo había llamado desde la planta baja, pero lo que escuchó volvió a dejarlo desconcertado, ¿llegaría tarde a dónde?
— ¡Type! ¡¿No piensas ir a la escuela?!
¿Escuela?
Abrió más los ojos debido a la sorpresa. Por fin pudo percatarse del uniforme perfectamente planchado que estaba colgado frente a su cama, un uniforme que no veía desde hace diez años. Agarró su celular en busca de respuestas, pero en lugar del dispositivo al que está acostumbrado vio con nostalgia el celular que solía usar cuando era joven.
Con cada segundo que pasaba la situación se tornaba todavía más extraña.
Sin salir de su estado de asombro, se dispuso a levantarse de la cama para prender la luz y pararse frente al espejo que colgaba detrás de la puerta.
Sí, es él, pero no es por completo el reflejo que esperaba ver. Ese no es el Type de veintiocho años.
Su cara se ve más joven y notó las cicatrices que habían quedado durante un tiempo al término de su pubertad; su cabello está despeinado debido a que apenas se había levantado de la cama pero vio la forma del viejo estilo de peinado que solía utilizar al final de la preparatoria y al inicio de la universidad; además, su cuerpo se ve más delgado y al levantar su camisa notó el abdomen marcado debido al ejercicio constante que siempre había hecho; su piel se ve más clara y se permitió adivinar que aún le falta ese último centímetro a la estatura final que había logrado alcanzar.
En su actualidad todavía sigue siendo saludable y conserva una buena figura gracias a que mantiene en su rutina ir al gimnasio al menos una vez a la semana; pero su cuerpo sufrió el paso de los años, aumentando un poco más de peso y perdiendo algunas de las líneas que en este momento podía ver perfectamente dibujadas.
No le queda ninguna duda. El espejo le está mostrando su pasado, permitiéndole visualizar a ese joven de tan solo dieciocho años.
— ¡Mierda!








