ᴇɴᴇᴍiɢᴏꜱ íɴᴛiᴍᴏꜱ

Summary

˜”*°• ᴇꜱᴛᴀ ʜɪꜱᴛᴏʀɪᴀ ɴᴏ ᴍᴇ ᴘᴇʀᴛᴇɴᴇᴄᴇ ꜱᴏʟᴏ ʟᴀ ᴀᴅᴀᴘᴛᴏ ᴀʟ ᴍᴇᴡɢᴜʟꜰ, ᴄʀÉᴅɪᴛᴏꜱ ᴄᴏʀʀᴇꜱᴘᴏɴᴅɪᴇɴᴛᴇꜱ ᴀʟ ᴀᴜᴛᴏʀ/ᴀ ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ ᴅᴇ ʟᴀ ᴏʙʀᴀ. •°*”˜ ° ☪ ᴍᴇᴡɢᴜʟꜰ ° ☪ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴄɪóɴ ° ☪ ᴜɴᴀ ɴᴏᴄʜᴇ ° ☪ ᴄᴏɴᴛᴇɴɪᴅᴏ ꜱᴇxᴜᴀʟ ᴇxᴘʟíᴄɪᴛᴏ ° ☪ 6 ᴄᴀᴘíᴛᴜʟᴏꜱ ᴄᴏʀᴛᴏꜱ

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

CAPÍTULO 01

GULF

Banana banana banana banana banana...

Estaba tecleando en el ordenador la misma palabra, una y otra vez.

Era viernes por la tarde. Las cuatro y media, para ser exactos, y me quedaba solo media hora para poder salir de la oficina gris, de mi cubículo gris y de mi semana gris.

Media hora exacta para el fin de semana y la libertad.

Seguí tecleando “banana” sin parar en un documento en blanco en el ordenador, para parecer ocupado, mientras miraba fijamente el reloj de la esquina de la pantalla.

Todo esto mientras fruncía ligeramente el ceño, para que pareciese que estaba concentrado y/o pensando.

Normalmente funcionaba: detrás de mi cubículo no tenía a nadie, estaba la pared, y el resto de mis compañeros —y el jefe de departamento, cuando le daba por asomar la cabeza— creían que estaba súper ocupado.

El caso es que había terminado mi trabajo hacía veinte minutos, y no quería que nadie se diese cuenta para que no me cayese otro montón a las —volví a mirar el reloj— 16:33 de un viernes por la tarde.

Estaba pensando en lo que me iba a poner aquella noche: había quedado con un grupo de amigos en el pub de siempre, y mi amigo Mild iba a traer a su novio y al hermano de su novio, que era un tipo súper macizorro quien mi amigo juraba y perjuraba que era mi tipo. Lo iba a llevar aquella tarde específicamente para mí. No le conocía de nada, pero había revisado su Instagram y oh dios. Quería conocerle.

Intelectualmente y carnalmente. ¿Tenía el pantalón de cuero negro limpio? Y si estaba limpio, ¿me daría tiempo a buscarlo? —Vaya vaya Gulf, siempre pensando en lo mismo...

La voz me sobresaltó y di un respingo en mi silla. Pero lo peor no era la voz, lo peor era que la voz pertenecía a alguien que estaba justo a mi lado, enfrente de mi ordenador. Mirando mi pantalla, para ser más exactos, y lo que había estado tecleando en él.

¡Joder joder joder!

Cerré el documento a toda velocidad. Lo que pasa es que me salió la ventana de “¿desea guardar este documento antes de cerrarlo?” y detrás de la ventana con la pregunta se podía leer la página llena de “bananas”.

Pillado.

Pulsé “no” y me giré hacia el dueño de la voz.

El imbécil de Mew estaba a mi izquierda, mirando mi pantalla con una sonrisilla. Me daba rabia que me hubieran pillado, pero que hubiese sido Mew era lo que más rabia me daba. —¿Qué quieres? —dije, todo lo bordemente que pude.

Acto seguido, dejó un archivador inmenso encima de mi escritorio, al lado de mi ordenador.

Lo soltó desde veinte centímetros de alto. Sonó “plaf” al aterrizar en mi mesa.

Lo miré con los ojos abiertos como platos. —¿Qué es eso? —pregunté, con miedo. —Eso, querido Gulf —respondió el tipo, con sorna—, es la nueva campaña de marketing.

Acabo de salir de una reunión con el jefe-jefe y el jefe, además del subjefe, y no les ha gustado ninguna de las propuestas. Quieren que le “demos una vuelta” —hizo las comillas con los dedos, cómo lo odiaba— al proyecto para la reunión del lunes a las ocho de la mañana.

Lo observé fijamente. A pesar de que me había pillado haciendo como que trabajaba, y que nos despreciábamos mutuamente, no parecía especialmente feliz. —Estás de broma. Dime que estás de broma.

Me miró, suspiró y se pasó una mano por el pelo color azabache. —Ni yo bromearía con esto un viernes por la tarde. No soy tan cruel.

No estaba tan seguro. Era un crío y un inconsciente dispuesto a hacerme putadas a la primera de cambio. Y no me caía bien. No me había caído bien desde el minuto uno. Era el típico guapo que se lo tenía súper creído, tenía a todo el departamento detrás, iba diciéndole a las compañeras de oficina lo guapas que habían ido ese día o qué se habían hecho en el pelo, mientras se deshacían en risitas. No en plan baboso, tampoco, sino en plan pelota. Era una de esas personas que se empeñan en caerle bien a todo el mundo, o si no no duermen por las noches.

Un bienqueda.

Puaj.

Bueno, maticemos: se esforzaba en caerle bien a todo el mundo menos a mí. No sé si era porque la hostilidad me salía por los poros, pero a mí nunca me había halagado nada ni dicho ni una sola palabra amable ni felicitado por mi cumpleaños ni dado los buenos días. Me hablaba, sí, pero solo cuando era imprescindible. Y con pullas.

También tengo que decir que quizás fuese yo el primero que empezó a hablarle con pullas.

Daba igual: nuestra enemistad era tan antigua que ninguno de los dos sabía cómo había empezado.

MIRÉ el archivador encima de mi mesa como si fuese una serpiente pitón. De repente toda mi tarde empezó a pasar delante de mis ojos: mis amigos divirtiéndose sin mí, el macizorro de Instagram liándose con mi otro amigo soltero...

Estaba desolado.

Encima, ni me acordaba de qué proyecto era. Abrí el archivador para ver la primera página, donde estaba toda la información. Lo miré por encima y efectivamente, no era uno de mis proyectos. Ni idea de qué iba. Lo había hecho Mew junto con Champ. —Este proyecto no es mío, es tuyo y de Champ —dije, con retintín. —Ya, pero Champ tiene gripe y te han asignado a ti al proyecto. Acabo de salir de la reunión. O sea, que nos toca hacerlo juntos. No te creas que me hace gracia quedarme aquí currando. Tenía planes. —Yo tampoco quiero quedarme aquí un viernes por la noche a arreglar vuestros marrones.

—No hay que arreglar nada. La propuesta es excelente, pero Mr. Sherman la ha echado para atrás porque no es lo que buscaba. — Joder, ¿y no hay nadie más para sustituir a Champ? ¿Tengo que ser yo?

Me dedicó una sonrisa cruel. —Créeme, eres la última persona que habría elegido para quedarme a trabajar un viernes por la tarde —dijo. Bueno, pues perdona por nacer, pensé. Menos ganas todavía tenía yo de quedarme allí a verle la cara—. Pero como no tenemos familias o críos pequeños estamos fuera del grupo de conciliación familiar, así que nos toca pringar.

No tendría familia pero sí tenía un hombre esperándome en un bar y una sequía que duraba meses... ¿eso no contaba para nada?

No sabía si llorar o gritar. No sabía si cortarme las venas o dejármelas largas. Me quería ir a casa, me quería ir a casaaaa...

Mew suspiró y volvió a coger el mega archivador a reventar de papeles.

—Voy a llevar esto a la sala de reuniones. Cuando termines de teclear tus bananas, coges el portátil y vienes. Te espero allí.

¡Noooooooo...! No no no no no. Agaché la cabeza y me golpeé la frente ligeramente contra el escritorio. Me quería ir me quería ir me quería ir, no quería quedarme un viernes por la tarde en la oficina, odiaba el mundo. Pero tampoco quería quedarme en paro, así que no tenía más remedio que aguantarme.

Y Champ no tenía gripe, no sé a quién pretendía engañar. Era famoso por cogerse los viernes por la tarde libres con excusas para ir a jugar al golf.

Estaba rodeado de idiotas incompetentes.

Le puse un mensaje a Mild para contarle mis penas, con muchos emoticonos llorosos, avisando de que llegaría tarde. Eso si llegaba. Me daba la impresión de que no iba a ir esa noche al pub a conocer al macizorro de su cuñado, ni a ningún sitio.

Me sonó el teléfono en la mano.

Lo descolgué. —Estás de coña —dijo Mild en mi oreja.

Suspiré. —Ojalá. —¿Sabes lo que me ha costado arrastrar a Kao para que ahora no te presentes?

Supuse que Kao era el nombre del tipo. —No puedo hacer nada, Mild... me han secuestrado —dije, medio lloriqueando—. Si no me quedo, pierdo el trabajo. No es que tenga más opciones.

Lo oí bufar al otro lado del teléfono. —Bueno, tú inténtalo de todas formas. Si es a las diez, a las diez... es mejor un rato que nada. De verdad que tienes que conocer a este tío, te vas a enamorar al instante.

No quería enamorarme al instante. Quería sentir una atracción física al instante. Cosa que ya había sentido viendo sus fotos, por otra parte. A no ser que midiese 1,50 o fuese un cretino, la cosa estaba adjudicada. Mi sequía duraba ya tanto tiempo —había perdido la cuenta de los meses— que seguramente tuviese hasta telarañas.