Introducción
**OBSERVACIÓN: NADA DE LO ESTÁ AQUÍ ES CIEN POR CIENTO REAL. ADAPTÉ UN POCO DE LA REALIDAD CON MUCHA DE MI IMAGINACIÓN.**
Antes de que empiecen a leer el libro me gustaría que primero colocaran la música: To Each His Own by Talos. Esta fue la música que me ayudó a escribir la mayoría de los caps. Tampoco no se olviden de hidratarse por si se les acaban las lagrimas, un pañuelo para limpiarse los mocos y cinta adhesiva para unir de vuelta sus corazones que posiblemente quedaran roto como el mío al escribir cada parte de esta historia.
¡QUE LO DISFRUTEN! 💜💜
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Lo miraba en cada momento, en cada oportunidad. Mirarlo para mí era como aquella película que no importaba cuantas veces la repitieras, jamás te cansarías de verla. Su forma de ser, el era tan diferente, tan único. A veces hasta pensaba que me habían hipnotizado para que no despegara mis ojos de él, pero era ese el poder que Jimin tenía sobre mí. Jamás quise decirlo, decidí guardarlo todo para mí. Tuve tantas oportunidades pero el miedo a que me juzgasen era mucho más grande. Ahora, me arrepiento. Mis fuerzas ya no son las mismas, pude lograr lo que la mayoría de los jóvenes en mi tiempo anhelaban: una familia, éxito, dinero, fama pero el miedo a perder todo eso hicieron que siquiera intentara luchar por lo que realmente mi corazón latía. Ya estoy viejo, y solo. Hace como una hora me había enterado de su muerte, todavía no podía procesarlo correctamente. El hombre a quien amaba, el que me sacaba las sonrisas, el que en cada momento de mi juventud estuvo para mí se había ido, y con eso no quiero decir de que volverá mañana, o tal vez en seis meses o puede que en diez años. No. Mi oportunidad de haberme confesado alguna vez a aquel muchacho de la sonrisa contagiosa él se lo había llevado consigo pero el dolor y los recuerdos me acompañarían a mí en lo que me restaba de mi vida.
Me puse de pie lentamente, anteriormente era el chico fuerte a quienes todos admiraban, hoy simplemente soy un hombre de setenta años cuya espalda le resonaba con un simple y pequeño movimiento. Ya apenas lograba caminar. Al llegar a mi escritorio abrí uno de los últimos cajones, ya hacían más de veinte años desde la última vez que lo había abierto. No entendía el motivo sin embargo el corazón me latía más rápido de lo normal. Llevé mi mano hacia mi pecho y lo presioné suavemente intentando calmarme.
-Relájate Jungkook, son simplemente unas fotos- me susurré a mí mismo. A pasos lentos caminé hacia el salón, luego de cruzar pasillo innecesariamente largo llegué. En aquel lugar tenía guardado todos mis recuerdos de cuando realmente fui feliz. Ya hacía tiempo desde la última vez que había pisado esa habitación, toda mi vida intenté actuar como si todo lo que me había ocurrido en aquel tiempo fuese irrelevante pero muy dentro de mí sabía que eso no era verdad.
Habían personas que me marcaron la vida pero una persona en especial logró tatuarse en mi piel hasta el día de hoy.
Mis recuerdos con él, con Jimin. No existía ser en el mundo que lograra sacármelo de la cabeza y peor aún del corazón. Me sentía un estúpido, un completo idiota. Siempre intentaba actuar como el chico más fuerte, el chico más valiente entre los muchachos sin embargo yo era el más cobarde. Confieso, tuve miedo. Miedo a lo que el resto pensaría y miedo a entregarme a alguien quien era demasiado, exageradamente bueno para mí. Yo no lo merecía. Jimin no merecía alguien egoísta como yo pero a pesar de todo eso el me amaba, podía sentirlo. También quería decirle que sentía lo mismo hacia él, que lo quería solamente para mí. Quería tomarlo de la mano frente a aquellas miles de personas quiénes nos miraban expectantes en cada concierto, quería abrazarlo sin temor a los dedos que nos señalaban, quería correr junto a él, decirle que lo amaba, que me perdonara, que fui un tonto al no querer aceptar mis verdaderos sentimientos. Pero ya era tarde. Demasiado tarde.
No hacía mucho tiempo desde que Taehyung se había contactado conmigo simplemente para darme esa horrible noticia.
Cuidadosamente ingrese la llave dentro del orificio de aquella vieja caja de madera. Trague saliva y armándome de valor finalmente lo abrí. Varios álbumes, varias fotografías aparecieron frente a mis ojos. Una lágrima cayó por mi mejilla haciendo que el papel se mojara. Ellos eran mi todo, esos muchachos eran mi refugio, eran mi familia. Me pregunté qué habrá sido de la vida de cada uno de ellos. Al último con quien logré encontrarme fue con Hoseok, el se veía feliz con su pequeña nieta. Se parecía bastante a él, en la mirada y en la sonrisa. Quede feliz al saber de que el si había conseguido salir ileso de toda aquella guerra. Del resto de los chicos, no sabía nada.
Maldito egoísmo.
Me había hecho perder todo. Absolutamente todo.
Seguí mirando las fotografías, allí estábamos los siete abrazados mientras llorábamos frente a los miles de fans. Seguí mirando la siguiente fotografía, era una de Yoongi y Hoseok mirándose y sonriendo de oreja a oreja. Fui por la siguiente, esta era la de Taehyung abrazando a Namjoon por la espalda mientras Jin hacia un corazón con los dedos.
Extrañaba a Namjoon, sus consejos fueron quienes me formaron en mi juventud logrando convertirme así en una casa de roca. No existía ola que me derribase en aquel entonces. Lastimosamente a Namjoon ya no lo podría encontrar por ningún lugar, el también me había dejado dos años atrás, la vejez y la muerte nos llegaría a todos alguna vez. Pasé a la siguiente fotografía, fue en ese entonces cuando el corazón se me partió en un millón de pedazos. Era una de Jimin sentado sobre mis piernas, el se veía tan pequeño para mi, y tan débil, quien diría que yo era capaz hasta de cruzar el mar nadando si así el me lo pidiese. Seguí mirando cada uno de los recuerdos grabados en aquellos papeles, hasta que el causante de mis noches sin dormir se hizo presente frente a mis ojos, Jimin sollozando en pleno concierto y yo detrás suyo mientras los abrazaba intentando consolarlo. Yo sabía que ese simple gesto era suficiente para Jimin, su amor hacia mí era tan profundo que con mi simple cercanía el ya lograba calmarse y sentirse seguro. Yo lo sabía, pero decidí hacerme del desentendido, no quería lastimarlo sin embargo mi plan había fracasado pues al final ambos salimos heridos.
Un nudo se me formó en la garganta, no iba a llorar, no de nuevo sin embargo allí estaba yo, sollozando como un niño a quien le habían roto el corazón por primera vez. Me sentía ridículo, todo fue mi culpa. Si tan solo fuese un poco más valiente mis últimos minutos serían a su lado. Pero no. Yo me encontraba solo, lamentando el momento en el que había dado la espalda al amor de toda mi vida.
Escuché que la puerta del salón se abría lentamente. Rápidamente intenté limpiar mis lágrimas pero sabía que lo hacía en vano, ya había llorado bastante, de seguro tenía los ojos completamente hinchados. Una silueta femenina apareció frente a mis ojos, conocía esos zapatos puntiagudos, eran de mi hija mayor Jisoen.
-¿Papá, estás bien?- apresuradamente corrió hacia mi ayudándome a ponerme de pie. Asentí lentamente. Bajo la vista hacia la caja que me había torturado por casi una hora y vi su semblante cambiar de preocupación a tristeza. -Papá...- fue lo único que logró decirme. -Lo siento tanto- creo que ella ya se había enterado de la horrible noticia. Intenté contener mi llanto con todas las fuerzas que me restaban, hasta el momento había funcionado.
-Ven, toma asiento- me acompañó hasta uno de los sillones rojo que tenía allí cerca. Ella se había colocado frente a mí, me analizaba de pies a cabeza como buscando alguna falla en este viejo e imperfecto hombre a quien debía de llamar "papá" desde que aprendió a decir su primera palabra.
-¿Donde está Hyunjin?- pregunté por mi segunda nieta, intentando cambiar de tema sin embargo eso no había funcionado.
-Papá, ¿como te sientes?
Destrozado.
-Estoy bien, hija. Las personas van y vienen, es ese el ciclo de la vida. El tiempo de Jimin simplemente llegó.
Esas palabras me habían dolido como si hubiesen echado unas quinientas rocas pesadas sobre mí.
-Ay, papá. Por favor, no quieras hacerte del duro conmigo- me tomó de la mano y me miro a los ojos sintiéndome pena -Solo se sincero y dime de qué todo esto te duele- susurró levemente. -No tengas miedo- Sus palabras habían ingresado directamente a mi herido corazón.
Jisoen, mi primera hija. Fue la alegría de mi vida desde el primer momento en que la cargué en mis brazos, lo sigue siendo. Ella sabía toda mi historia, ella sabía lo de Jimin, que lo había rechazado, sabía de mi arrepentimiento, hasta sabía del porqué de cada uno de mis comportamientos hacia él en aquel entonces. Fue difícil para mí como su padre confesarle todo esto pero ella simplemente me entendió y me abrió los brazos. Tal vez pensaran que haberle confesado todo esto fue en vano pero no saben lo bien que se siente finalmente haber soltado aquella pesada carga que traía conmigo por más de cincuenta años.
-Me duele, pero debo seguir adelante- dije, las palabras salían de mi boca, no de mi corazón. Quería darme por vencido en este juego al que llamaban de vida. Tuve tan solo una oportunidad de ser feliz y lo había desperdiciado. ¿En qué momento podré recuperar todo esto que había perdido? ¡Jamás! Esto termina aquí. No lo logré, no logré terminar junto a la persona que amaba, al contrario, lo alejé de mí lo más que pude hasta el punto de abandonarlo por completo.
-Pero papá... ¡Aquel hombre fue el amor de tu vida! - exclamó -Yo no me imagino mi vida sin el padre de Hyunjin.
-Hoy... hoy es el funeral- agregó por último. -¿Qué piensas hacer, papá? ¿Quieres que te lleve?
Negué con la cabeza. No pensaba siquiera dar un paso hacia ahí. Eso simplemente me rompería aún más el corazón, si es que eso era posible.
-Está será tu última oportunidad de despedirte de él.
-Ya nada vale la pena, hija. Simplemente fue un amor de juventud. Eso es todo- me puse de pie lentamente sin ganas de querer hablar sobre aquel joven quien en aquel tiempo me había robado todos mis suspiros.
-¡Mamá!- ambos escuchamos a mi nieta más pequeña gritar desde la cocina. Sin decir nada más la vi alejarse de allí completamente decepcionada de su padre, quien aún después de sus errores todavía no había aprendido de ellos.
Caminé una vez más hacia la pequeña caja de madera con la intención de guardarlo devuelta en donde debería estar y siempre debió estar. Pero mis torpes manos de anciano hicieron que cayera al suelo antes de colocarlo en su lugar. Las fotografías se desparramaron por todos lados lo que me complicó aún más levantarlos con lo atrofiado que ya estaba, pero en especial una pequeña cajita azul forrado con seda me llamo la atención. Con temor mi arrugada mano recogió ese pequeño material. Aún sabiendo que contenía dentro lo abrí y una vez más tuve que contenerme las ganas de no romperme aquí mismo.
Allí estaban, aquellos dos círculos de plata completamente similares con nuestros nombres grabados en el. Miré los anillos con una tristeza profunda. Dude miles de veces antes de tomarlo hasta que finalmente me decidí y lo agarré. Lo observé con amor. Mi nombre estaba grabado en él: "Jungkook", giré hacia el otro lado y allí estaba escrito:
"Tú eres yo, yo soy tú".
Lo estrujé entre mis manos, detestaba ver algo sobre Jimin, eso simplemente me hacía recordar de lo cobarde que fui toda mi vida.
Dentro de la cajita también estaba el anillo de Jimin. Era igual al mío con la diferencia de que en el suyo tenía grabado su nombre, nada más. Los recuerdos, ¿cuantas veces habré repetido esa palabra en mi cabeza? Siempre creí de qué cada uno es libre de hacer su propio recuerdo, puedes hacer un recuerdo feliz o uno triste. Lastimosamente yo había escogido lo peor para mí.
Toda mi vida, desde aquel día en que había dado la espalda a Jimin por el miedo a lo que pensarían los demás me encontraba preguntándome de cómo sería mi vida si en aquel entonces simplemente hubiese corrido a sus brazos en vez de darle la espalda y esconderme detrás del escenario. Pero ya no había vuelta atrás. Este fue el camino que tomé, ahora todo quedará en mi imaginación y nunca más podrá hacerse realidad.
Caminé hacia el escritorio que tenía en el centro mismo del salón. Este estaba amontonado de hojas con garabatos de mi trabajo como escritor. ¿Cómo es posible que uno de los más grandes cantantes de la industria musical se volviese un escritor? Esa también era mi pregunta de todas las noches. Creo que al decidir abandonar el grupo todo lo que tenía que ver relación con la música se volvió un enemigo para mi, además de que podía expresar mis sentimientos a través de mis palabras.
Entonces me senté en el sillón de cuero y luego de acomodarme y pensar varias veces finalmente me decidí, si al menos en este mundo no logré terminar mi vida al lado de aquel muchacho con los ojitos pequeños, crearía uno en donde todo fuese distinto para los dos.
Cogí el bolígrafo que tenía a un lado y llevando una mano a mi pecho cerca de mi corazón finalmente empecé con mis primeras palabras...









chale 😭😭😭
presiento que voy a llorar
creo que esta historia me marcará y estará en mi lista de insuperables. Inicio el miércoles 17, enero 2024, 00:12 horas, Invierno