Un payaso muy triste |KookMin| One Shot

Summary

🎃 Especial de Halloween 🎃 ⤿❀ Donde Jimin es un muñeco de porcelana fabricado en Alemania y Hoseok un Cascanueces, todos las tardes se reunen para tomar una taza de té con su amo, Jeon Jungkook, un payaso muy triste. ↳ Historia original ↳Agujeros de guión ↳Daño a la integridad moral ↳Manipulación emocional ↳ Historia no acta para menores de 18 años ↳Violencia explícita ↳smut ↳Lenguaje soez ↳Leer con suma discreción ⤿3297 palabras 🎃↳No trato de normalizar ninguno de los escenarios que se muestran en la historia. Se pide la suspensión inmediata de la lectura si en algún mento esta llega a dañar la integridad moral del lector.

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18+

PARTE ÚNICA

El payaso está triste, porque él no tiene amigos, él está solo. Los niños le tienen miedo. Él no puede producir risas, solo gritos. La gente se esconde de él y corren para alejarse. Él sólo quiere amigos, pero solo puede refugiarse en su muñeco de porcelana y en el Cascanueces.


El muñeco de porcelana es grandioso, delicado y frágil, el Cascanueces es un soldado que quiere protegerlo, pero el muñeco solo puede estar encerrado en una caja de cristal, nadie tiene permitido tocarlo, a excepción del payaso triste.


No hay forma de poder acercase al muñeco, el amo lo mantiene en constante vigilancia porque tiene miedo de que alguien se lo robe, o peor aún, le hagan daño. Él no puede permitir eso.


Después de que se lo trajeron de Alemania, el payaso se siente mucho mejor, la tristeza está ahí siempre pero ya no lo ataca como antes. Todo es gracias a su lindo y pequeño muñeco.


Ya es la hora del té, pero la oscuridad cubre por completo al sujeto, en esa longeva casa nunca hay luz, el payaso ya se acostumbró a su ausencia, su nombre es Jungkook, pero nadie conoce su nombre, porque nunca nadie se intereso en conocerlo. No hay nadie más en la habitación, solo él y su muñeco de porcelana, se acerca despacio y acaricia por encima del cristal, siempre que llega la hora del té lo saca de aquella caja. Con cautela toma al muñeco entre sus brazos y lo lleva hasta la mesa, lo sienta y sonríe, sonríe porque un mechón de pelo cubre el pequeño ojo almendrado de su muñeco.


En silencio camina hasta un armario, al abrirlo se topa con su Cascanueces, trata de sacarlo pero es muy pesado, con esfuerzo lo saca y también lo lleva hasta la pequeña mesa donde solo hay tres sillas. Al colocarlo, enrolla una soga gruesa al rededor de su cuerpo para inmovilizarlo.


No es que su Cascanueces trate de escapar, porque ya no le quedan ganas, una vez lo intentó y se quedó sin manos, es muy triste, porque el rostro de su juguete está demacrado, casi sin vida, no hay fuerzas en él, ha perdido mucha sangre, pero tenía que ser castigado para evitar que intentara escapar de nuevo.


El té fue servido en la mesa, pero nadie nunca lo bebió, uno no tenía manos y el otro pasaba sedado la mayor parte del tiempo, y está bien, porque al payaso le gusta el silencio. Su rostro manchado con una sonrisa triste mal dibujaba se refleja en el líquido de la taza blanca. Él no sonríe, nunca supo cómo hacerlo.


La hora del té termina, el payaso quita las tazas de la mesa aún con todo el líquido dentro, lleva al Cascanueces de vuelta al armario, y toma entre sus brazos el frágil y escuálido cuerpo de su muñeco de porcelana, pero esta vez no lo regresa a la caja, no, lo lleva a su propia habitación, porque ahí su muñeco se siente más cómodo, nunca se lo ha dicho al payaso, pero su rostro lo delata.


La habitación es fría y solitaria, como el resto de la casa, pero hay flores, flores muy hermosas de distintos colores, siempre le han atraído las flores amarillas, es por eso que durante el día se la pasa recolectando algunas de ellas, algunas veces no tiene tanta suerte, de todos modos, no cualquiera es tan despistado como para perder la cabeza.


Sus flores se marchitan rápido y liberan un hedor putrefacto. Aunque a él le encante ese olor, su muñeco parece repudiarlo, así que antes de que inunden la habitación con ese mal olor, él debe sacarlas.


En la pared izquierda hay una ventana, está mal dibujada pero no importa, la hizo con apresuranzas, al muñeco no parece importarle, de nuevo, que no exista una ventana real, de todos modos, ya ha olvidado como es el mundo exterior, ha pasado un tiempo desde que lo encerraron, no puede recodar ni si quiera como era antes, ya no existen recuerdos en él, todo se ha borrado.


El colchón bajo el cuerpo del muñequito de porcelana se hunde lentamente con el poco peso de los huesos de este mismo. El payaso lo recuesta con suavidad para no provocar algún dolor, pero sabe que a su pequeño no le duele, nunca se queja, a pesar de ser tan enquencle, nunca ha protestado por nada.


El rostro sereno de aquel ser permanece sin hacer alguna expresión, pero es mejor así, al payaso le gustaría que el muñeco hablara, pero al final del día, sigue siendo un muñeco. Con sus dedos ásperos acaricia la sedosa piel de su muñeco. Se aventura a besarla con sus finos labios desde sus muslos hasta el abdomen.


Su lengua encuentra los hermosos pezones marrones, lame y succiona apacible, quiere mantener intacta la piel, por esa razón solo puede realizar una leve succión con sus labios, es que el cuerpo de su pequeño es tan frágil, tanto que piensa que con un mínimo toque recio puede dañar al valetudinario muñeco.


Sus besos suben hasta encontrar los labios esponjosos y resecos de su muñequito, es tan delicioso besar sus labios porque pareciera que estuviera besando terciopelo, suave, delicado y muy atrayente.


El payaso quiere ver los iris hermosos de aquel pequeño pero teme que este, al verlo, se asuste, y él no quiere eso, no soportaría que su más preciada adquisición le temiera, por ello, debe sedarlo todo el tiempo, le duele mucho, pero no tiene otra opción. Lo único que lo alegra es saber que su muñeco nunca desatará una querella en su contra porque lo ama, ¿cierto? Tanto como él lo hace.


Con sus manos acaricia de nuevo el hermoso y sublime cuerpo, abre lentamente las piernas del muñeco para ver aquel orificio fruncido, es de él y nadie más puede verlo. Intenta meter un dedo adentro de este pero está tan apretado que le cuesta un poco realizar la acción, pero finalmente lo hace. Sus dedos son grandes y garrasposos, el dedo dentro del muñeco se mueve con lentitud, el interior es suave, los músculos son resbaladizos, lo que provoca que el payaso se excite aún más.


Otro dedo entra en el orificio anal del chico, los dedos se mueven, de adentro hacia afuera, atacando aquella zona prohibida. El payaso decide quitar su ropa y subirse a la cama, abre aún más las piernas del muñeco y se coloca entre ellas, jala el cuerpo contrario sin esfuerzo alguno hacia el suyo y toma su pene tórrido entre su mano, con tranquilidad presiona la cavidad del muñeco y lentamente adentra su pene en el, la tarea se hace difícil porque tiene que generar mucha más presión por lo apretado que su muñeco se encuentra.


Su miembro al fin se adentra por completo, las paredes lo aprietan de forma exquisita, el payaso se siente tan caliente que podría correrse de inmediato. Sus caderas empiezan a moverse, al principio las estocadas son lentas, permitiéndole al payaso sentir los músculos del chico abrazándolo con deseo.


Los movimientos aumentan, ahora más precisos y fuertes. Con movimientos pelvicos arremete con rudeza en el interior del muñeco, aprovecha para abrazarlo y morder con suavidad la piel del cuello pálido.


ㅡ¿Te gusta que lo haga así?ㅡ dice dando una severa estocada, aprovecha para ver a su muñeco pero sus ojos se mantienen cerrados y su boca no emite sonidos.


Las manos del payaso viajan a las caderas del muñeco y aprieta la zona para mantener en su sitio al chico, evitando así que se mueva más cada vez que él se adentra con hambre en él, de esta manera las estocadas se hacen más profundas.


Los movimientos pelvicos del payaso se hacen más precisos. Decide girar el cuerpo del muñeco, colocándolo boca a bajo, desliza sus manos por la espalda detallando el borde de las cuantiosas cicatrices que hay en ella, relatan un pasado doloroso, su antiguo dueño solía apagar sus cigarrillos en la espalda del muñeco, la primera vez que el payaso lo vio desnudo y se dio cuenta de lo mal que estaba su espalda, se autodesignó la tarea de deshacerse de aquel tipo, y así lo hizo, torturó por días al sujeto hasta que su cuerpo no pudo más.


LLeva las manos del muñeco hacia arriba de su cabeza y las presiona contra el colchón con sus propias manos. Se vuelve a hunfir en él moviendo sus caderas rítmicamente, de adentro hacia afuera, lento. Permitiéndose así mismo sentir como su miembro es presionado de la forma más exquisita.


Después de un tiempo ejerciendo movimientos acertados su orgasmo lo abruma tumbandose sobre el cuerpo del muñeco de porcelana. Su cuerpo tiembla un poco hasta que se recompone y se recuesta a un costado del cuerpo contrario que aún se mantiene de cara al colchón.


El payaso decide ver aquel retrato en la pared, es una hoja del periódico, él mismo la recortó y la pegó en aquella sucia pared. El rostro del muñeco brilla y sus hermosos ojos color miel lo cautivan cada vez que se detiene a mirarlos. Jimin, es el nombre de su muñeco, la noticia en el periódico tiene más de cinco años. Los padres del chico deben saber que él lo está cuidando bien, se esfuerza en hacerlo. Gracias a esa imagen en la pared, el payaso puede ver el hermoso rostro del adverso.


Un sonido extraño lo pone en alerta, se levanta de la cama y coloca su ropa, se dirige a la sala de aquella vieja y abandonada casa, el sonido proviene del armario, lo que quiere decir que su Cascanueces a despertado. Abre la puerta y se detiene a mirar al cuerpo de su juguete recostado en la pared seguramente intentado recomponerse después de un mareo. Decide sacarlo de ahí y llevarlo hasta la mesa, lo sienta despacio y se coloca en la silla contrario, viendo de frente al Cascanueces.


ㅡAl fin despiertas, Hoseokie.


El nombrando intenta elevar la vista pero su cuerpo está demasiado agotado para realizar un acción tan complicada para él.


ㅡJi... Jiminㅡ es lo único que logra decir después de un gran esfuerzo.


ㅡOh, Jimin ㅡ dice con tranquilidad recordando algoㅡ él está descansando.


ㅡEsta... él está...


ㅡ¿Vivo? Sí, aún lo está.


ㅡ¿Por qué... haces... esto?


Es una pregunta interesante, nunca se había detenido a pensar el porqué, él simplemente hace las cosas, a veces ni si quiera se da cuenta de las cosas que hace hasta que las ha hecho. Pero sí hay algo que lo llevó a comportarse de esa manera.


Tenía apenas seis años, no era un niño normal, según su madre, siempre se comportaba de una manera muy extraña, cuando cumplió los siete años su madre empezó a llevarle muñecos, después de todo era un niño, por lo menos tenía que tener muñecos pata vivir una infancia como se debía.


No le interesaban los muñecos, pero sí sus cabezas, las recolectada todas y luego se deshacía del cuerpo de trapo quemándolos o arrojándolos a la basura. Con los siete años vinieron cosas terribles, su madre solía encerrarlo en la habitación y lo tocaba, odiaba eso, pero su madre le había dicho que lo hacía porque lo amaba, si su madre le estaba dando amor lo único que tenía que hacer era agradecerle, ¿cierto?


Ella le decía que guardara el secreto, que no debía decirle a la abuela, porque si la anciana se llegaba a enterar se iba a enfermar mucho más y moriría, él no quería que su abuela muriera, él la quería mucho porque le daba dulces y le cantaba canciones, su abuela era una muy buena mujer.


Pasado el tiempo, la abuela murió, fue una noticia muy triste, pero todo empeoró porque su madre llevaba hombres a la casa, pero muchas veces no la querían a ella, sino a él, pero a él no le gustaba porque esos hombres le hacían cosas muy feas y dolorosas. Él lloraba mucho pero su madre nunca lo consoló, ella solo le pegaba con un cable negro, era un suplico agonizante porque cada vez que el cable impactaba contra su piel esta se abría y su sangre brotaba.


Le temía tanto a las noches que cada vez que llegaban se escondía bajo la cama, pero su madre siempre lo encontraba, él no quería que su madre lo sacara de ahí abajo, porque cuando salía, en el marco de la puerta, siempre lo esperaba un hombre diferente. No podía llorar mientras aquel hombre hacía cosas con él porque la reprimenta sería peor. A veces, muy raras veces, su madre le permitía ver la televisión, había un payaso que hacía bromas a los niños, era muy gracioso, los niños parecían quererlo y él también los amaba, pero no de la manera en la que su madre lo amaba a él, por alguna razón, la forma en la que el payaso demostraba amor le parecía tan extraña.


Cumplidos sus once años decidió que no podía seguir aguantando más, cuando su madre llegó del trabajo, golpeó su cabeza con un bate, su madre cayó al suelo maldiciendo trató de levantarse, pero el niño volvió a golpear su cabeza, una o dos veces más hasta que la sangre se hizo presente. Como pudo la llevó a la cocina, y la amarró a una silla, espero paciente hasta que su madre volvió en sí.


Recuerda muy bien las palabras de aquella mujer, "¿Qué mierda haces, maldito demonio?". Eso fue suficiente para él tomar la sierra, la había afilado y quitado el moho especialmente para su madre, hizo un gran trabajo. Encendió la máquina y tomó con fuerza la mano de la mujer y poco a poco enterró el artefacto filoso en ella, los gritos de su madre lo ensordecieron un poco pero no se preocupó por ellos, al igual que los vecinos, nunca se preocuparon por sus gritos de auxilio, ahora, no lo haría por esa mujer tampoco.


La mano se desprendió con dificultad. Sonrió porque había hecho un magnífico trabajo, no le importó mancharse de sangre, debigual forma se limpiaría después. Luego prosiguió con la otra mano, su madre lloraba y gritaba, ¿Debería pegarle con aquel cable negro?


Llevó ambas manos hasta la licuadora, recordó que sin manos, su madre ya no lo podría tocar y se alegró por ello. Introdujo las manos y encendió el aparato, la sangre cubrió el vaso por la parte de adentro imposibilitando ver como los dedos se trituraban con las cuchillas.


ㅡTe estoy preparando un jugo delicioso, madre.ㅡ la miró sonriendoㅡ seguro te gustará ㅡ agregó apagando la licuadora.


Hechó en un vaso lo que había hecho para su madre y se encaminó hacia ella, colocó la bebida frente a la mujer y alentó para que bebiera.


ㅡQue tonto soy, no tienes manosㅡ rió al recordarㅡ Te lo daré yo, debes disfrutarlo porque será lo último que tomarás en tu vida.


Llevó el vaso a los labios de la mujer pero esta se rehusaba a tomarlo, hasta qué él le dijo que si no lo bebía la golpearía hasta abrir heridas y luego echaría sal en ellas, después cortaría cada parte de su cuerpo hasta acabar con ella. A la mujer no le quedó de otra que beber su propia sangre. Lo que continuo después fue exactamente lo que dijo que le haría si no bebía. Tonta fue por confiar en él.


En cuanto a aquellos hombres que visitaban su hogar, se deshizo de cada uno de ellos, decidió que era mejor cubrir su rostro con maquillaje, simulando ser un payaso triste, porque en realidad eso era.


Cuando conoció a Jimin su mundo cambió, él ahora tenía a alguien a quien cuidar, robó dinero y pudo comprarlo a unos traficantes de personas, quién sabe cómo se enredó con ellos pero al final obtuvo algo bueno, a su muñeco de porcelana, como él mismo lo apodo, este tenía un amigo, el Cascanueces, así que tuvo que comprarlo a él también. Era curioso porque compraba muchos "muñecos" y a todos les arrancaba la cabeza, pero no pudo hacerle eso a Jimin, es que él es tan bonito que no podía permitir que su rostro se demacrara aún más, en cuanto al Cascanueces, no lo hizo porque su muñeco se pondría muy triste, aunque él Cascanueces sí recibía reprimentas por portarse mal.


Jimin empieza a abrir sus ojos poco a poco, se siente mareado y su cabeza duele demasiado, trata de recomponerse sentándose en la cama, no reconoce el lugar ni sabe el porqué está en una cama, nunca durmió en una, siente algo pegajoso entre sus piernas pero no sabe qué es. El lugar es diferente, no es bonito pero en comparación a los lugares en los que ha estado ese parece ser un hotel de lujo, le sorprende demasiado lo aseado que está, él y el lugar, porque no hay vomito y heces esparcidas por todos lados.


Con dificultad se pone de pie, no puede pasar por alto el alivio que siente al no tener una cadena en su muñeca, no hay nada que lo ate y eso es sumamente extraño. La puerta se abre sin dificultad y cuando mira hacia afuera se encuentra con su amigo y a un payaso, pero un payaso muy triste.


Intenta acercarse, pero el payaso se percata de su presencia y corre hacia él, Jimin se asusta y cierra sus ojos esperando algún golpe que nunca llegó, al abrir sus almendrados ojos de nuevo se da cuenta de la cercanía del payaso, este con delicadeza cubre su cuerpo con un suéter muy grande. El payaso se sorprende al ver que su muñeco no grita, no huye de él. ¿Por qué?


Es que el payaso no sabe que Jimin es igual a él, con traumas similares y un pasado oscuro, su familia lo abusaba, tan cruelmente como a Jungkook. Lo secuestraron y cayó en manos de gente igual de demente que su familia, pero estaba bien, porque él sabía que pronto saldría de eso.


Aquel retazo de diario pegado a la pared, donde su rostro está plasmado y en el que seguramente sus letras decían un claro "desaparecido" no es más que una farsa por parte de su familia.


Jimin mira el cuerpo de su amigo, dándose cuenta de que está tan lastimado, sin fuerza alguna incluso para respirar. A Jimin le duele porque él es un buen chico, por eso debe deshacerse de él.


ㅡ Mátalo ㅡ pide viendo al payaso, este le devuelve la mirada desconcertado, ¿no se supone que lo quiere?ㅡ Por favor, has que no sufra más.


El payaso comprende el sentimiento tras ese pedido y asiente, dispuesto a cumplir la petición.


Siempre guarda consigo una pistola, no es que le guste usarla pero muchas veces sus víctimas no le dan tiempo de hacer todo lo que quiere, por eso debe recurrir a lo más fácil.


Dos disparos se escuchan y Jimin baja su cabeza para ocultar sus lágrimas, la cabeza de su amigo cae sobre la mesa manchandola de sangre de inmediato. El cascanueces se fue, sin poder ver por última vez a su amigo, pero era mejor así, algún día ellos dos se reencontrarían, en el más allá, tal vez.


ㅡ¿Tú no me tienes miedoㅡ pregunta el payaso con un poco de temor por escuchar la respuesta.


ㅡ Siempre me gustaron los payasos, aunque tu tienes un rostro muy triste.


ㅡEs porque siempre estoy triste.


ㅡ Eres como yo.


ㅡ¿Te gustaría quedarte conmigo?


ㅡ¿Puedo irme si quiero?


ㅡSíㅡ su respuesta suena temerosa, pero nunca le haría daño a su muñeco de porcelana tan frágil como él.


ㅡPrefiero quedarme, de todos modos, no tengo a nadie.


ㅡEstas seguro de eso.


ㅡ Sí.







FIN