PARTE ĂNICA
El payaso estĂĄ triste, porque Ă©l no tiene amigos, Ă©l estĂĄ solo. Los niños le tienen miedo. Ăl no puede producir risas, solo gritos. La gente se esconde de Ă©l y corren para alejarse. Ăl sĂłlo quiere amigos, pero solo puede refugiarse en su muñeco de porcelana y en el Cascanueces.
El muñeco de porcelana es grandioso, delicado y frågil, el Cascanueces es un soldado que quiere protegerlo, pero el muñeco solo puede estar encerrado en una caja de cristal, nadie tiene permitido tocarlo, a excepción del payaso triste.
No hay forma de poder acercase al muñeco, el amo lo mantiene en constante vigilancia porque tiene miedo de que alguien se lo robe, o peor aĂșn, le hagan daño. Ăl no puede permitir eso.
Después de que se lo trajeron de Alemania, el payaso se siente mucho mejor, la tristeza estå ahà siempre pero ya no lo ataca como antes. Todo es gracias a su lindo y pequeño muñeco.
Ya es la hora del tĂ©, pero la oscuridad cubre por completo al sujeto, en esa longeva casa nunca hay luz, el payaso ya se acostumbrĂł a su ausencia, su nombre es Jungkook, pero nadie conoce su nombre, porque nunca nadie se intereso en conocerlo. No hay nadie mĂĄs en la habitaciĂłn, solo Ă©l y su muñeco de porcelana, se acerca despacio y acaricia por encima del cristal, siempre que llega la hora del tĂ© lo saca de aquella caja. Con cautela toma al muñeco entre sus brazos y lo lleva hasta la mesa, lo sienta y sonrĂe, sonrĂe porque un mechĂłn de pelo cubre el pequeño ojo almendrado de su muñeco.
En silencio camina hasta un armario, al abrirlo se topa con su Cascanueces, trata de sacarlo pero es muy pesado, con esfuerzo lo saca y también lo lleva hasta la pequeña mesa donde solo hay tres sillas. Al colocarlo, enrolla una soga gruesa al rededor de su cuerpo para inmovilizarlo.
No es que su Cascanueces trate de escapar, porque ya no le quedan ganas, una vez lo intentĂł y se quedĂł sin manos, es muy triste, porque el rostro de su juguete estĂĄ demacrado, casi sin vida, no hay fuerzas en Ă©l, ha perdido mucha sangre, pero tenĂa que ser castigado para evitar que intentara escapar de nuevo.
El tĂ© fue servido en la mesa, pero nadie nunca lo bebiĂł, uno no tenĂa manos y el otro pasaba sedado la mayor parte del tiempo, y estĂĄ bien, porque al payaso le gusta el silencio. Su rostro manchado con una sonrisa triste mal dibujaba se refleja en el lĂquido de la taza blanca. Ăl no sonrĂe, nunca supo cĂłmo hacerlo.
La hora del tĂ© termina, el payaso quita las tazas de la mesa aĂșn con todo el lĂquido dentro, lleva al Cascanueces de vuelta al armario, y toma entre sus brazos el frĂĄgil y escuĂĄlido cuerpo de su muñeco de porcelana, pero esta vez no lo regresa a la caja, no, lo lleva a su propia habitaciĂłn, porque ahĂ su muñeco se siente mĂĄs cĂłmodo, nunca se lo ha dicho al payaso, pero su rostro lo delata.
La habitaciĂłn es frĂa y solitaria, como el resto de la casa, pero hay flores, flores muy hermosas de distintos colores, siempre le han atraĂdo las flores amarillas, es por eso que durante el dĂa se la pasa recolectando algunas de ellas, algunas veces no tiene tanta suerte, de todos modos, no cualquiera es tan despistado como para perder la cabeza.
Sus flores se marchitan råpido y liberan un hedor putrefacto. Aunque a él le encante ese olor, su muñeco parece repudiarlo, asà que antes de que inunden la habitación con ese mal olor, él debe sacarlas.
En la pared izquierda hay una ventana, estå mal dibujada pero no importa, la hizo con apresuranzas, al muñeco no parece importarle, de nuevo, que no exista una ventana real, de todos modos, ya ha olvidado como es el mundo exterior, ha pasado un tiempo desde que lo encerraron, no puede recodar ni si quiera como era antes, ya no existen recuerdos en él, todo se ha borrado.
El colchĂłn bajo el cuerpo del muñequito de porcelana se hunde lentamente con el poco peso de los huesos de este mismo. El payaso lo recuesta con suavidad para no provocar algĂșn dolor, pero sabe que a su pequeño no le duele, nunca se queja, a pesar de ser tan enquencle, nunca ha protestado por nada.
El rostro sereno de aquel ser permanece sin hacer alguna expresiĂłn, pero es mejor asĂ, al payaso le gustarĂa que el muñeco hablara, pero al final del dĂa, sigue siendo un muñeco. Con sus dedos ĂĄsperos acaricia la sedosa piel de su muñeco. Se aventura a besarla con sus finos labios desde sus muslos hasta el abdomen.
Su lengua encuentra los hermosos pezones marrones, lame y succiona apacible, quiere mantener intacta la piel, por esa razĂłn solo puede realizar una leve succiĂłn con sus labios, es que el cuerpo de su pequeño es tan frĂĄgil, tanto que piensa que con un mĂnimo toque recio puede dañar al valetudinario muñeco.
Sus besos suben hasta encontrar los labios esponjosos y resecos de su muñequito, es tan delicioso besar sus labios porque pareciera que estuviera besando terciopelo, suave, delicado y muy atrayente.
El payaso quiere ver los iris hermosos de aquel pequeño pero teme que este, al verlo, se asuste, y Ă©l no quiere eso, no soportarĂa que su mĂĄs preciada adquisiciĂłn le temiera, por ello, debe sedarlo todo el tiempo, le duele mucho, pero no tiene otra opciĂłn. Lo Ășnico que lo alegra es saber que su muñeco nunca desatarĂĄ una querella en su contra porque lo ama, Âżcierto? Tanto como Ă©l lo hace.
Con sus manos acaricia de nuevo el hermoso y sublime cuerpo, abre lentamente las piernas del muñeco para ver aquel orificio fruncido, es de Ă©l y nadie mĂĄs puede verlo. Intenta meter un dedo adentro de este pero estĂĄ tan apretado que le cuesta un poco realizar la acciĂłn, pero finalmente lo hace. Sus dedos son grandes y garrasposos, el dedo dentro del muñeco se mueve con lentitud, el interior es suave, los mĂșsculos son resbaladizos, lo que provoca que el payaso se excite aĂșn mĂĄs.
Otro dedo entra en el orificio anal del chico, los dedos se mueven, de adentro hacia afuera, atacando aquella zona prohibida. El payaso decide quitar su ropa y subirse a la cama, abre aĂșn mĂĄs las piernas del muñeco y se coloca entre ellas, jala el cuerpo contrario sin esfuerzo alguno hacia el suyo y toma su pene tĂłrrido entre su mano, con tranquilidad presiona la cavidad del muñeco y lentamente adentra su pene en el, la tarea se hace difĂcil porque tiene que generar mucha mĂĄs presiĂłn por lo apretado que su muñeco se encuentra.
Su miembro al fin se adentra por completo, las paredes lo aprietan de forma exquisita, el payaso se siente tan caliente que podrĂa correrse de inmediato. Sus caderas empiezan a moverse, al principio las estocadas son lentas, permitiĂ©ndole al payaso sentir los mĂșsculos del chico abrazĂĄndolo con deseo.
Los movimientos aumentan, ahora mås precisos y fuertes. Con movimientos pelvicos arremete con rudeza en el interior del muñeco, aprovecha para abrazarlo y morder con suavidad la piel del cuello pålido.
㠥¿Te gusta que lo haga as�㠥 dice dando una severa estocada, aprovecha para ver a su muñeco pero sus ojos se mantienen cerrados y su boca no emite sonidos.
Las manos del payaso viajan a las caderas del muñeco y aprieta la zona para mantener en su sitio al chico, evitando asà que se mueva mås cada vez que él se adentra con hambre en él, de esta manera las estocadas se hacen mås profundas.
Los movimientos pelvicos del payaso se hacen mĂĄs precisos. Decide girar el cuerpo del muñeco, colocĂĄndolo boca a bajo, desliza sus manos por la espalda detallando el borde de las cuantiosas cicatrices que hay en ella, relatan un pasado doloroso, su antiguo dueño solĂa apagar sus cigarrillos en la espalda del muñeco, la primera vez que el payaso lo vio desnudo y se dio cuenta de lo mal que estaba su espalda, se autodesignĂł la tarea de deshacerse de aquel tipo, y asĂ lo hizo, torturĂł por dĂas al sujeto hasta que su cuerpo no pudo mĂĄs.
LLeva las manos del muñeco hacia arriba de su cabeza y las presiona contra el colchĂłn con sus propias manos. Se vuelve a hunfir en Ă©l moviendo sus caderas rĂtmicamente, de adentro hacia afuera, lento. PermitiĂ©ndose asĂ mismo sentir como su miembro es presionado de la forma mĂĄs exquisita.
DespuĂ©s de un tiempo ejerciendo movimientos acertados su orgasmo lo abruma tumbandose sobre el cuerpo del muñeco de porcelana. Su cuerpo tiembla un poco hasta que se recompone y se recuesta a un costado del cuerpo contrario que aĂșn se mantiene de cara al colchĂłn.
El payaso decide ver aquel retrato en la pared, es una hoja del periódico, él mismo la recortó y la pegó en aquella sucia pared. El rostro del muñeco brilla y sus hermosos ojos color miel lo cautivan cada vez que se detiene a mirarlos. Jimin, es el nombre de su muñeco, la noticia en el periódico tiene mås de cinco años. Los padres del chico deben saber que él lo estå cuidando bien, se esfuerza en hacerlo. Gracias a esa imagen en la pared, el payaso puede ver el hermoso rostro del adverso.
Un sonido extraño lo pone en alerta, se levanta de la cama y coloca su ropa, se dirige a la sala de aquella vieja y abandonada casa, el sonido proviene del armario, lo que quiere decir que su Cascanueces a despertado. Abre la puerta y se detiene a mirar al cuerpo de su juguete recostado en la pared seguramente intentado recomponerse después de un mareo. Decide sacarlo de ahà y llevarlo hasta la mesa, lo sienta despacio y se coloca en la silla contrario, viendo de frente al Cascanueces.
ă ĄAl fin despiertas, Hoseokie.
El nombrando intenta elevar la vista pero su cuerpo estå demasiado agotado para realizar un acción tan complicada para él.
ă ĄJi... Jimină Ą es lo Ășnico que logra decir despuĂ©s de un gran esfuerzo.
㠥Oh, Jimin 㠥 dice con tranquilidad recordando algo㠥 él estå descansando.
㠥Esta... él estå...
ă ĄÂżVivo? SĂ, aĂșn lo estĂĄ.
㠥¿Por qué... haces... esto?
Es una pregunta interesante, nunca se habĂa detenido a pensar el porquĂ©, Ă©l simplemente hace las cosas, a veces ni si quiera se da cuenta de las cosas que hace hasta que las ha hecho. Pero sĂ hay algo que lo llevĂł a comportarse de esa manera.
TenĂa apenas seis años, no era un niño normal, segĂșn su madre, siempre se comportaba de una manera muy extraña, cuando cumpliĂł los siete años su madre empezĂł a llevarle muñecos, despuĂ©s de todo era un niño, por lo menos tenĂa que tener muñecos pata vivir una infancia como se debĂa.
No le interesaban los muñecos, pero sĂ sus cabezas, las recolectada todas y luego se deshacĂa del cuerpo de trapo quemĂĄndolos o arrojĂĄndolos a la basura. Con los siete años vinieron cosas terribles, su madre solĂa encerrarlo en la habitaciĂłn y lo tocaba, odiaba eso, pero su madre le habĂa dicho que lo hacĂa porque lo amaba, si su madre le estaba dando amor lo Ășnico que tenĂa que hacer era agradecerle, Âżcierto?
Ella le decĂa que guardara el secreto, que no debĂa decirle a la abuela, porque si la anciana se llegaba a enterar se iba a enfermar mucho mĂĄs y morirĂa, Ă©l no querĂa que su abuela muriera, Ă©l la querĂa mucho porque le daba dulces y le cantaba canciones, su abuela era una muy buena mujer.
Pasado el tiempo, la abuela muriĂł, fue una noticia muy triste, pero todo empeorĂł porque su madre llevaba hombres a la casa, pero muchas veces no la querĂan a ella, sino a Ă©l, pero a Ă©l no le gustaba porque esos hombres le hacĂan cosas muy feas y dolorosas. Ăl lloraba mucho pero su madre nunca lo consolĂł, ella solo le pegaba con un cable negro, era un suplico agonizante porque cada vez que el cable impactaba contra su piel esta se abrĂa y su sangre brotaba.
Le temĂa tanto a las noches que cada vez que llegaban se escondĂa bajo la cama, pero su madre siempre lo encontraba, Ă©l no querĂa que su madre lo sacara de ahĂ abajo, porque cuando salĂa, en el marco de la puerta, siempre lo esperaba un hombre diferente. No podĂa llorar mientras aquel hombre hacĂa cosas con Ă©l porque la reprimenta serĂa peor. A veces, muy raras veces, su madre le permitĂa ver la televisiĂłn, habĂa un payaso que hacĂa bromas a los niños, era muy gracioso, los niños parecĂan quererlo y Ă©l tambiĂ©n los amaba, pero no de la manera en la que su madre lo amaba a Ă©l, por alguna razĂłn, la forma en la que el payaso demostraba amor le parecĂa tan extraña.
Cumplidos sus once años decidiĂł que no podĂa seguir aguantando mĂĄs, cuando su madre llegĂł del trabajo, golpeĂł su cabeza con un bate, su madre cayĂł al suelo maldiciendo tratĂł de levantarse, pero el niño volviĂł a golpear su cabeza, una o dos veces mĂĄs hasta que la sangre se hizo presente. Como pudo la llevĂł a la cocina, y la amarrĂł a una silla, espero paciente hasta que su madre volviĂł en sĂ.
Recuerda muy bien las palabras de aquella mujer, "ÂżQuĂ© mierda haces, maldito demonio?". Eso fue suficiente para Ă©l tomar la sierra, la habĂa afilado y quitado el moho especialmente para su madre, hizo un gran trabajo. EncendiĂł la mĂĄquina y tomĂł con fuerza la mano de la mujer y poco a poco enterrĂł el artefacto filoso en ella, los gritos de su madre lo ensordecieron un poco pero no se preocupĂł por ellos, al igual que los vecinos, nunca se preocuparon por sus gritos de auxilio, ahora, no lo harĂa por esa mujer tampoco.
La mano se desprendiĂł con dificultad. SonriĂł porque habĂa hecho un magnĂfico trabajo, no le importĂł mancharse de sangre, debigual forma se limpiarĂa despuĂ©s. Luego prosiguiĂł con la otra mano, su madre lloraba y gritaba, ÂżDeberĂa pegarle con aquel cable negro?
LlevĂł ambas manos hasta la licuadora, recordĂł que sin manos, su madre ya no lo podrĂa tocar y se alegrĂł por ello. Introdujo las manos y encendiĂł el aparato, la sangre cubriĂł el vaso por la parte de adentro imposibilitando ver como los dedos se trituraban con las cuchillas.
ă ĄTe estoy preparando un jugo delicioso, madre.ă Ą la mirĂł sonriendoă Ą seguro te gustarĂĄ ă Ą agregĂł apagando la licuadora.
HechĂł en un vaso lo que habĂa hecho para su madre y se encaminĂł hacia ella, colocĂł la bebida frente a la mujer y alentĂł para que bebiera.
ă ĄQue tonto soy, no tienes manosă Ą riĂł al recordară Ą Te lo darĂ© yo, debes disfrutarlo porque serĂĄ lo Ășltimo que tomarĂĄs en tu vida.
LlevĂł el vaso a los labios de la mujer pero esta se rehusaba a tomarlo, hasta quĂ© Ă©l le dijo que si no lo bebĂa la golpearĂa hasta abrir heridas y luego echarĂa sal en ellas, despuĂ©s cortarĂa cada parte de su cuerpo hasta acabar con ella. A la mujer no le quedĂł de otra que beber su propia sangre. Lo que continuo despuĂ©s fue exactamente lo que dijo que le harĂa si no bebĂa. Tonta fue por confiar en Ă©l.
En cuanto a aquellos hombres que visitaban su hogar, se deshizo de cada uno de ellos, decidiĂł que era mejor cubrir su rostro con maquillaje, simulando ser un payaso triste, porque en realidad eso era.
Cuando conociĂł a Jimin su mundo cambiĂł, Ă©l ahora tenĂa a alguien a quien cuidar, robĂł dinero y pudo comprarlo a unos traficantes de personas, quiĂ©n sabe cĂłmo se enredĂł con ellos pero al final obtuvo algo bueno, a su muñeco de porcelana, como Ă©l mismo lo apodo, este tenĂa un amigo, el Cascanueces, asĂ que tuvo que comprarlo a Ă©l tambiĂ©n. Era curioso porque compraba muchos "muñecos" y a todos les arrancaba la cabeza, pero no pudo hacerle eso a Jimin, es que Ă©l es tan bonito que no podĂa permitir que su rostro se demacrara aĂșn mĂĄs, en cuanto al Cascanueces, no lo hizo porque su muñeco se pondrĂa muy triste, aunque Ă©l Cascanueces sĂ recibĂa reprimentas por portarse mal.
Jimin empieza a abrir sus ojos poco a poco, se siente mareado y su cabeza duele demasiado, trata de recomponerse sentåndose en la cama, no reconoce el lugar ni sabe el porqué estå en una cama, nunca durmió en una, siente algo pegajoso entre sus piernas pero no sabe qué es. El lugar es diferente, no es bonito pero en comparación a los lugares en los que ha estado ese parece ser un hotel de lujo, le sorprende demasiado lo aseado que estå, él y el lugar, porque no hay vomito y heces esparcidas por todos lados.
Con dificultad se pone de pie, no puede pasar por alto el alivio que siente al no tener una cadena en su muñeca, no hay nada que lo ate y eso es sumamente extraño. La puerta se abre sin dificultad y cuando mira hacia afuera se encuentra con su amigo y a un payaso, pero un payaso muy triste.
Intenta acercarse, pero el payaso se percata de su presencia y corre hacia Ă©l, Jimin se asusta y cierra sus ojos esperando algĂșn golpe que nunca llegĂł, al abrir sus almendrados ojos de nuevo se da cuenta de la cercanĂa del payaso, este con delicadeza cubre su cuerpo con un suĂ©ter muy grande. El payaso se sorprende al ver que su muñeco no grita, no huye de Ă©l. ÂżPor quĂ©?
Es que el payaso no sabe que Jimin es igual a Ă©l, con traumas similares y un pasado oscuro, su familia lo abusaba, tan cruelmente como a Jungkook. Lo secuestraron y cayĂł en manos de gente igual de demente que su familia, pero estaba bien, porque Ă©l sabĂa que pronto saldrĂa de eso.
Aquel retazo de diario pegado a la pared, donde su rostro estĂĄ plasmado y en el que seguramente sus letras decĂan un claro "desaparecido" no es mĂĄs que una farsa por parte de su familia.
Jimin mira el cuerpo de su amigo, dåndose cuenta de que estå tan lastimado, sin fuerza alguna incluso para respirar. A Jimin le duele porque él es un buen chico, por eso debe deshacerse de él.
ă Ą MĂĄtalo ă Ą pide viendo al payaso, este le devuelve la mirada desconcertado, Âżno se supone que lo quiere?ă Ą Por favor, has que no sufra mĂĄs.
El payaso comprende el sentimiento tras ese pedido y asiente, dispuesto a cumplir la peticiĂłn.
Siempre guarda consigo una pistola, no es que le guste usarla pero muchas veces sus vĂctimas no le dan tiempo de hacer todo lo que quiere, por eso debe recurrir a lo mĂĄs fĂĄcil.
Dos disparos se escuchan y Jimin baja su cabeza para ocultar sus lĂĄgrimas, la cabeza de su amigo cae sobre la mesa manchandola de sangre de inmediato. El cascanueces se fue, sin poder ver por Ășltima vez a su amigo, pero era mejor asĂ, algĂșn dĂa ellos dos se reencontrarĂan, en el mĂĄs allĂĄ, tal vez.
ă ĄÂżTĂș no me tienes miedoă Ą pregunta el payaso con un poco de temor por escuchar la respuesta.
ă Ą Siempre me gustaron los payasos, aunque tu tienes un rostro muy triste.
ă ĄEs porque siempre estoy triste.
ă Ą Eres como yo.
ă ĄÂżTe gustarĂa quedarte conmigo?
ă ĄÂżPuedo irme si quiero?
ă ĄSĂă Ą su respuesta suena temerosa, pero nunca le harĂa daño a su muñeco de porcelana tan frĂĄgil como Ă©l.
ă ĄPrefiero quedarme, de todos modos, no tengo a nadie.
ă ĄEstas seguro de eso.
ă Ą SĂ.
FIN
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