Capítulo Único
Otra vez es lunes, mi día favorito de la semana, y sé que muchas personas lo odian, pero yo no, ¿quieren saber por qué? Es porque vivo dos largos y agónicos días esperando que vuelva a ser lunes para verlo de nuevo, a él, la razón por la que mi absurda rutina cobró sentido hace algunas semanas. Les contaré la historia.
Era un lunes común y corriente, como siempre, debía tomar el metro para llegar a la universidad a primera hora de la mañana, y por la demora de la chica que despacha los boletos, tuve que correr para no perderlo. Las puertas ya iban a cerrarse y el timbre estaba sonando, corrí con todas mis fuerzas y vi que alguien ponía su brazo sosteniéndolas abiertas para mí.
Entré agitado y dije un “gracias” más jadeado que hablado, esa fue una carrera mortal para alguien como yo, mi deporte de alto rendimiento es el ajedrez y con eso resumo todo. El caso es que, el vagón estaba tan lleno que quedé en la puerta justo frente a la persona que me había ayudado, cuando pude respirar como un ser humano normal, levanté mi cara… Y lo vi.
Oh, Santo Dios, no hay palabras suficientes para describirlo, era hermoso, precioso, una aparición, hasta creí que era un ángel, no exagero, de verdad era muy muy muy guapo; alto, altísimo, yo no llegaba a su cuello, cabello oscuro un poco ondulado, caía sobre su frente con un sutil despeine que lo hacía parecer una estrella de rock, su rostro era la definición de perfección, piel perfecta ligeramente bronceada, cejas pobladas y rectas, ojos enormes almendrados y oscuros, enmarcados en largas y rizadas pestañas, nariz recta, su boca pequeña de labios carnoso y mandíbula marcada, ¡aaah, era un sueño de hombre!
Creo que me quedé viéndolo como un idiota porque me sonrió divertido y yo me sonrojé hasta la médula, es probable que todo mi torrente sanguíneo se fuera directo hacia mi cara y mis orejas ¡qué vergüenza! Bajé la mirada apenado y escuché cómo soltó una risita, obviamente él se burlaba de mí, pero me pareció un coro celestial de ángeles cantando en mi oído, el sonido más bonito que había escuchado en mi vida. Nunca he sido una persona romántica, en serio, pero ese día creí que el amor a primera vista existía, estábamos tan cerca que podía oler su perfume masculino y cítrico, me recordaba a un día de playa, eso era él: luz, calidez, perfección.
Cuando el vagón se fue desocupando un poco, nos movimos hacia el pasillo, pero él no se alejó, a veces yo lo miraba de reojo tratando de grabar en mi memoria su perfil, la forma en la que la luz brillaba en tonos naranja sobre su piel dorada, la sombra de su nariz sobre sus labios que los hacia ver más rellenos, más deseables, sí, tuve muchas fantasías en ese momento acerca de esos labios, pero él me descubrió observándolo y me sonrió de lado como si pudiera leer mi mente, como si supiera a la perfección que me estaba derritiendo por él y, entonces, el más precioso hoyuelo se formó en su mejilla, eso ya fue demasiado, parpadee mucho, eso tenía que ser una alucinación, no podía existir alguien tan hermoso ¿verdad? Él no podía ser real.
Sin embargo, la felicidad es tan efímera como un suspiro, así que, una parada antes de la mía, él se bajó, cuando las puertas del vagón se cerraban me giré a verlo, él también se dio la vuelta y me regaló una sonrisa torcida de labios cerrados que marcaron su hoyuelo y juro que en ese momento el planeta paró de girar, la gravedad dejó de funcionar y yo flotaba en las nubes. Cuando lo perdí de vista y volví a mi triste realidad, un nudo se formó en mi estómago, era realmente una pena que no pudiera verlo más, diablos, debí hablarle en lugar de solo verlo babeando como un idiota.
Por eso, ahora voy caminando con una sonrisa que me hace doler las mejillas, pero no puedo evitarlo, hace casi tres días que no lo veo, desde el viernes en la mañana, y mi sistema está en grave crisis de abstinencia, él es mi droga, mi adicción más secreta, yo solo sobrevivo para tener una pequeña dosis de él cada día.
El tiempo es exacto, llego a la plataforma en el momento justo en el que el metro anuncia su llegada. Ahí está él, me ubico en la silla a dos puestos del suyo pero quedamos de frente, él está leyendo algo y yo me pierdo nuevamente en la forma en la que la luz lo acaricia y lo vuelve tan etéreo y tan perfecto que es como una fantasía, debo aprovechar cada segundo en el que está distraído, cuando se dé cuenta de que lo observo como un acosador enfermo, me va a sonreír, y ese es el momento en el que mi corazón se detiene, el aire no entra a mis pulmones, la sangre fluye directo a mis mejillas y todo mi cuerpo se vuelve una masa de gelatina temblorosa; sé que él lo nota y sé que le divierte, tal vez podría odiarlo por eso, pero no, no puedo, si se ríe a carcajadas de mi estupidez yo igual seré feliz por escuchar ese maravilloso sonido escapar de sus labios.
Mi amigo Minseok dice que estoy loco, probablemente tiene razón, pero él no lo ha visto, así que no puede juzgarme, total, no le hago daño a nadie ¿verdad? Creo que así es como se siente un fanático, entregarse al placer de admirarlo, contemplar cada perfecto milímetro de su ser es suficiente, no necesito hablarle, no necesito arruinar las cosas en un intento de acercarme, yo soy torpe, soy simple, alguien como él jamás se fijaría en mí, tal vez si fuera más guapo y un poco más listo, si tuviera algo especial en mí, tendría el valor de cruzar el vagón y preguntarle su nombre, su edad, qué hace en la vida, qué le gusta, qué odia, en fin, conocer cada detalle de su vida y comprobar si sus labios saben tan dulce como en mis sueños. En mi mente no tiene nombre, solo es “él”, aunque en las últimas semanas se haya convertido en el centro de mi universo.
Creo que me faltó decirles que lo volví a ver al día siguiente, en circunstancias similares, no iba corriendo, pero de igual manera cuando yo me subí al metro, él ya estaba ahí, tal vez compartimos ruta muchas veces y yo no lo sabía. Ese fue otro día de contemplación, él no notó mi presencia y pude observarlo a gusto, disfruté de ese viaje como ningún otro y, gracias a todos los dioses del universo, a la alineación de los planetas o a cualquier golpe de buena fortuna, lo mismo siguió sucediendo todos los días, de lunes a viernes a las siete de la mañana es nuestra cita, aunque él nunca sepa que para él llevo mi ropa más bonita, que me peino un poco más, que delineo un poco mis ojos para que se vean más grandes y uso brillo de fresa en los labios, y que cambié mis anteojos de marco redondo para verme menos raro; pero yo si lo sé y con eso me basta.
A veces, lo veo bostezar mirando por la ventana y se ve tan tierno que muero por las ganas de acercarme y abrazarlo; otras veces, me mira y me encuentra viéndolo, siempre, él suspira pero no se enoja, me regala una sutil sonrisa y yo tengo que cerrar los ojos para no desmayarme, entonces él aparta la vista y yo sigo en mi crisis gelatinosa y sonrojada, es horrible y maravilloso a partes iguales, quiero morir de la vergüenza por el estado que me induce, pero moriría si no me regalara esas sonrisas tan hermosas que son mi combustible diario.
Con el correr de los días, aprendí que se ubica en la última puerta, ahí lo busco cada mañana, de lunes a viernes, como las golondrinas del poema de Bécquer, de estación a estación, enfrente él y yo, va y viene el silencio. Esa conversación muda que a veces tenemos con la mirada cuando logro ser valiente y puedo sostener mis ojos clavados en el abismo oscuro y profundo que son los suyos; cuando, por alguna extraña situación, al girarme para verlo él ya me está mirando a mí.
Algo malo ha ocurrido, mi rutina se ha alterado durante esta semana y estoy agonizando lenta y dolorosamente, mi amigo Minseok enfermó y debido a que él vive solo, me ofrecí a cuidarlo, me atormenta no ver a mi amor en todos estos días y el miedo de no volver a encontrarlo me consume, pero debo ayudar a mi amigo, no tiene a nadie más, por eso me estoy quedando en su casa que es muy cerca de la universidad y podemos ir caminando juntos.
Es increíble lo mucho que lo extraño, cierro mis ojos constantemente para reproducir su imagen en mi mente, su sonrisa de labios apretados que muestra su hoyuelo, su sonrisa amplia que arruga sus ojos, su risa ronca, su sonrisa de lado tan sensual; amo todas sus sonrisas y la forma en la que muerde su labio inferior cuando quiere contener las ganas de reír, la manera en la que se aprieta la camisa a sus brazos musculosos cuando los cruza sobre su pecho, el cómo sus dedos grandes juegan con las correas de su mochila, cómo se mueve su cabello y despeja un poco su frente cuando el viento lo acaricia, el entorno majestuoso que hacen los rayos de luz bailando a su alrededor, es mágico, es hermoso, es perfecto.
Es jueves, y hoy por fin salgo de mi casa para tomar el metro, es tal vez la tarea más tediosa en la rutina diaria de las personas, pero para mí, es mi momento más sagrado y más precioso, atesoro cada minuto que puedo pasar cerca de él, soy un loco lo sé, debo tener graves problemas mentales, pero lo que siento es tan fuerte que no me daría miedo decir que fue amor a primera vista, que es mi amor platónico, que si no me arriesgara a verme como un maldito enfermo acosador, me dedicaría a tomarle fotos, le daría cartas, lo invitaría a salir, no sé, cualquier cosa, pero sé qué pensaría que soy un tonto, de hecho creo que ya lo piensa.
Llego a la estación un poco más temprano de lo normal, no quiero arriesgarme a perder el metro, ya van demasiados días sin verlo y los nervios me están comiendo vivo. ¿Y si no está? ¿Y si también cambio su rutina? ¿Y si no lo vuelvo a ver? ¿Cómo voy a vivir sin él? Dios, mi pecho duele, dejar de verlo sería devastador, ni siquiera le he preguntado su nombre y necesito saberlo, necesito al menos eso.
Cuando el metro se detiene, siento que el corazón se me va a salir del pecho, corre en una carrera desenfrenada, no escucho más que las palpitaciones en mis oídos y apenas puedo respirar; necesito calmarme, lo sé, estoy demasiado ansioso. Las puertas se abren y no lo veo, oh, Dios, no puede ser cierto, por favor no; entro de prisa y recorro todo el vagón con la mirada, lo busco desesperadamente conteniendo el aliento, mis pulmones negándose a respirar de nuevo si no lo veo.
Un enorme suspiro de alivio sale sin permiso de mi boca y creo que todas las personas en el vagón pudieron escucharme, entonces él levanta la vista y me mira, noto la sorpresa en sus ojos que se agrandan un poco al encontrarse con los míos, hay algo en ellos parecido a la emoción. Estoy alucinando, lo sé, pero podría jurar que vi alegría y alivio en su mirada.
Entonces él me regala la más preciosa sonrisa que haya visto en mi vida, es más hermosa que todas las anteriores, es resplandeciente, cegadora, hipnotizante... Y no lo resisto más, tengo que hacerlo ahora, en este preciso segundo en el que encuentro el valor suficiente, antes de que las piernas me fallen y me vuelva de gelatina, antes de que la cobardía vuelva a apoderarse de mí; en el fondo me muero de miedo, cada célula de mi cuerpo está alerta, pero de todas maneras voy a hacerlo.
Camino con decisión, acercándome, y me siento justo frente a él sin dejar de verlo a los ojos, no sé de dónde logro conseguir tanto coraje, pero lo hago, le sonrío un poco y abro la boca, tienen que salir palabras, vamos, necesito decir algo, cerebro no me falles ahora.
─¿Cómo te llamas? ─El rojo estalla en mis mejillas, pero me obligo a sostener su mirada, ha abierto los ojos sorprendido y sonríe más amplio.
─Chanyeol, ¿y tú? ─Oh, Dios mío, su voz, como puede ser mejor que todas las voces que me imaginé, es grave, algo ronca y malditamente sexy.
─Baekhyun. ─No lo soporto más, bajar la mirada es inevitable, temo que pueda leer mis ojos y conocer todos los sucios pensamientos que estoy teniendo en este momento por culpa de su voz.
─Es un gusto conocerte, Baekhyun. ─Lo dice tan suave, como un susurro, como un secreto compartido entre los dos, y yo siento que los ojos se me humedecen por la emoción, por tanta felicidad, por la vergüenza, por la frustración del amor contenido que necesita desbordarse de alguna manera, todo es una tormenta avasalladora que me alza y me sacude, me lanza al suelo y me arrastra… Y todo sucede al mismo tiempo dentro de mí.
─Cha-Chanyeol. ─Mis labios se deleitan con cada letra, su nombre es tan hermoso como él, encaja perfectamente con él.
─Yo no te conozco y ya te echaba de menos, cada mañana, rechazo el directo y elijo este tren. ─Sus palabras deben ser una nueva alucinación ¿verdad? No puede estar pasando en realidad, él no podría decir que me extrañó, no, estoy soñando, pero no quiero despertar.
─¿Qué? ─Mi cara debe ser todo un poema de confusión porque la más bella risita escapa de sus labios rojos.
─Creo que me acostumbré a verte, es inevitable, y sé que tú me miras también, a veces tenía muchas ganas de acercarme y hablarte, pero siempre parecías muy nervioso y no quería asustarte, parecías alguien tímido y por eso pensaba darte más tiempo, ahora me sorprende que te acercaras, pero debo admitir que estos días en los que no te vi, no fueron lo mismo. Echaba de menos tu presencia.
─No juegues conmigo. ─Mi voz es temblorosa y creo que voy a llorar, demonios, lo que me faltaba, el hombre de mis sueños me está hablando, diciéndome que no soy un cero a la izquierda para él, y yo me voy a poner a llorar, no podría ser más ridículo en la vida.
─Tranquilo, no tenemos que hablar si no estás listo, no quiero verte mal. ─Su mirada es preocupada, frunce levemente el ceño y sus labios se aprietan en un mohín involuntario, si él supiera las ganas que tengo de besarlo ahora mismo. ¿Y si lo hago? ¿Me rechazará? ¿Me aceptará? ¿Se irá para siempre de mi vida? ¿Me querrá alguna vez como yo lo quiero a él?
No lo sé, puedo perderlo todo o ganarlo todo, es una apuesta a todo o nada y debo correr el riesgo, si no lo hago nunca sabré lo que podría pasar, y no puedo vivir con esa duda, no puedo dejar que se baje en la siguiente estación como si nada, tengo que hacer algo y hacerlo ahora mismo.
Me armo con el valor que no tengo, creo que la adrenalina que bombea por mis venas me impulsa a hacerlo, me acerco un poco y él me ve confundido pero sigo acercándome, creo que piensa que le voy a decir algo en secreto porque también se inclina hacia mí y yo me paralizo, le ordeno a mi cerebro que siga, que mueva los músculos de mi cuerpo para continuar, pero no me obedece.
De repente, una gran sacudida me aleja de mi nube rosa de amor.
Algo ha sucedido, algo extraño y aterrador, el vagón se sacude violentamente y yo salgo volando de mi asiento, no encuentro nada para sujetarme y cierro los ojos esperando el impacto, pero entonces, siento unas manos grandes que me sostienen, me atraparon en el aire y me sujetan con fuerza de los brazos, cuando abro los ojos Chanyeol me está tirando hacia él en un abrazo, enrolla sus fuertes brazos a mi alrededor y siento cómo sus manos se entrelazan en mi espalda para sujetarme firmemente a él. Todo parece girar y nosotros también, se escuchan los gritos asustados de los demás pasajeros, el llanto de un niño, el rechinar del metal, fuertes sonidos similares a explosiones, todo es caos, todo es un desastre y no sabemos qué está pasando.
Cuando el vagón está por detenerse y creemos que todo va a terminar pronto, suena otra explosión y el vagón se gira por completo, caemos instantáneamente contra lo que antes era el techo, el impacto es muy fuerte y siento dolor en todo el cuerpo, pero Chanyeol amortiguó el golpe, él debe estar peor que yo, entonces lo percibo, su agarre sobre mí se afloja y siento humedad contra mi mejilla, cuando logro alzar la cabeza para verlo él tiene los ojos cerrados y hay sangre brotando de su cabeza y escurriendo por su frente, ¡no puede ser! No no no, Dios, por favor, no.
─¡Chanyeol! Respóndeme.
Lo sacudo, pero él no reacciona, los gritos de los otros pasajeros no cesan y ahora yo me sumo a ellos, grito con todas mis fuerzas pidiendo ayuda, pero no ocurre nada, nadie viene, nadie nos ayuda; las luces parpadean y huele muy mal, como a quemado y a pólvora, mis oídos pitan y busco con la mirada a alguien que pueda ayudarme, pero cada uno de los pasajeros está sumergido en sus propias heridas, Dios, hay personas inconscientes por todos lados, una chica con una herida sangrante en un pierna justo a mi lado que susurra por ayuda a punto de desmayarse.
Sé que tienen que venir a ayudarnos pero los segundos que corren parecen horas interminables de agonía, todo puede suceder en un instante y yo necesito ayudar a Chanyeol de alguna manera, tengo que moverme, lo toco pero la sangre no deja de salir y no sé qué hacer, él no responde, no despierta y yo me quiero morir, no quiero vivir si él no está.
Esto no me puede pasar a mí, no hoy, no cuando por fin logré hablarle, no cuando él dijo que también me veía y que me extrañaba, que tomaba este tren más lento solo por mí, no sin poder besarlo, sin decirle que, aunque suene loco, yo lo quiero, que no hay un día en que no lo piense, que me levanto cada mañana solo por él, que hasta hoy no sabía ni su nombre y aun así es el motor de mi vida, no, no se puede ir así, yo no puedo perderlo de esta manera, Chanyeol no me puede dejar así...
Ese jueves once de marzo la vida cambió para muchas personas, nadie esperaba un atentado terrorista en la línea del metro, las autoridades no estaban preparadas y los servicios de emergencia tardaron demasiado en llegar porque las explosiones se dieron a medio camino entre dos estaciones, les tomó tanto tiempo y esfuerzo remover escombros y llegar a atender a las víctimas, que el número de muertos se incrementó, tal vez si hubieran llegado un poco antes muchas vidas se habrían salvado, pero no sucedió de esa manera, los heridos gritaban y clamaban por ayuda y muchas personas inconscientes tuvieron que esperar hasta el final para ser encontradas.
Fue una tragedia nacional e incontables vidas se vieron afectadas, tanto para los sobrevivientes como para las familias de las víctimas fatales.
Mi vida también cambio, esa fecha siempre será inolvidable y está marcada a fuego sobre mi piel, literalmente, llevo en mi brazo una cicatriz por las quemaduras que sufrí ese día, al principio me asustaba, pero ya me acostumbré, es un recuerdo palpable de cómo la vida te da un giro en un segundo y ya nunca nada vuelve a ser igual.
Yo me desperté una semana después del accidente, estaba en el hospital y me dolía terriblemente todo el cuerpo, en su momento, la adrenalina no me permitió sentir la magnitud de mis lesiones, pero una varilla salida de los asientos se había clavado en mi costado, tuve fisuras en el brazo sobre el que caí, quemaduras en el otro brazo y una pierna, y una cantidad absurda de raspones y moretones, incluyendo los dedos marcados de Chanyeol en mis brazos por la fuerza con la que me sostuvo.
Él me salvó la vida, si no me hubiera atrapado en el aire de esa manera, seguramente yo habría impactado al otro lado del vagón y habría muerto, él se sacrificó por mí, cuando usó su cuerpo para protegerme recibió todo el daño, mucho daño, no quiero ni recordar todo lo que le pasó, lo más grave fue el golpe en la cabeza, eso y la demora en rescatarnos tuvo consecuencias terribles para los dos.
Me contaron que cuando llegamos al hospital, ambos agonizábamos, habíamos perdido mucha sangre y las lesiones eran muy serias, nos llevaron a cirugía y los dos peleamos con uñas y dientes por seguir viviendo, dicen los médicos que no fue fácil, ambos presentamos paros durante la operación por la pérdida masiva de sangre, pero los dos queríamos vivir y lo logramos.
Todos pensaban que éramos pareja porque nos encontraron abrazados, incluso en los medios de comunicación se reportó nuestro caso como un milagro de amor, un chico enamorado que había protegido a su novio y lo había salvado... El personal del hospital nos cuidó con mucho esmero, éramos un caso especial entre los cientos de heridos.
Tan pronto como abrí los ojos y mi cerebro funcionó pregunté por él, me dijeron que estaba en coma, lo habían operado y permanecía en cuidados intensivos, no pude verlo por mucho tiempo, hasta que me recuperé y fui capaz de levantarme de la cama. Como me creían su novio me dejaron visitarlo, y fue entonces que descubrí que él estaba completamente solo, nadie había venido a visitarlo, nadie preguntaba por él, en el hospital solo tenían la información obtenida de los documentos que cargaba consigo. “Park Chanyeol” era su nombre completo, tenía veinticuatro años, vivía en un barrio cercano al mío, no había ninguna credencial de universidad o información de trabajo, él estaba solo, ni siquiera la foto que salió en los noticieros había convocado a alguien a su lado.
Eso fue desconcertante para mí, ¿cómo alguien tan lleno de luz y tan absolutamente precioso podía estar solo? Bueno ya no lo estaba, ahora me tenía a mí; estuve a su lado todo el tiempo que permanecimos los dos en el hospital, cinco semanas para ser exactos, luego me dieron el alta porque mis heridas ya habían sanado y tuve que irme, tuve que volver a mi vida normal, o al menos hacer el intento. Sin él ya nada tenía sentido para mí, tampoco quería estar cerca de un metro por el resto de mi vida así que me mudé con mi amigo Min, él me recibió en su casa y me apoyó mucho en ese tiempo, soy afortunado de tenerlo.
Pasaron tres meses antes de que los médicos hablaran de desconectar a Chanyeol, no se veía ningún tipo de mejora, sus signos vitales permanecían estables pero no había señal de actividad cerebral; me hablaron de donar órganos, de disponer de su cuerpo, de hacer arreglos para su funeral y yo simplemente no podía respirar, el oxígeno desapareció de esa oficina donde me habían convocado.
Yo era la persona a cargo de él, no había nadie más, él era la razón de mi vida, mi luz, mi amor, mi mayor ilusión, mi salvador y me pedían que firmara un documento donde aceptaba que lo mataran o bueno, que lo dejaran morir, no claro que no, yo no podía hacerlo, no podía dejarlo ir, no podía renunciar a él. Ni siquiera le pude dar un beso, ni siquiera me escuchó decirle cuanto lo quería, cómo había cambiado mi vida, cómo había disipado con su luz las nubes negras que me perseguían, cómo eran su sonrisa y sus preciosos ojos mi motivo, mi motor y mi combustible, no, no podía.
No pude hacerlo.
Fueron varios días de discusión con los médicos, y mi terquedad ganó, nos dieron un mes más y yo cada día le hablaba, lo limpiaba, lo acariciaba, lo peinaba, lo cuidaba como a un bebé y le suplicaba que despertara, rogué a todos los dioses conocidos para que lo salvaran, para que lo enviaran de vuelta a mí, y no sé cuál de todos fue el que me escuchó, pero el milagro ocurrió.
Fue curiosamente un jueves, a pocos días de que se cumpliera el mes de plazo para desconectarlo; Chanyeol abrió los ojos y movió levemente una mano. No sucedió como en las películas donde se despiertan de repente y están completamente bien, no, las secuelas eran muchas, pero él estaba vivo y estaba despierto, creo que tuve un infarto en el momento en que vi esos preciosos ojos mirarme, él ya no era el mismo, sus ojos se veían vacíos y confundidos, no podía hablar porque tenía el tubo que lo ayudaba a respirar, vi miedo en sus mirada y traté de calmarlo, le dije todo lo que había pasado y le prometí que todo iba a estar bien, que se iba a recuperar, que no estaba solo, que yo estaría ahí con él en todo el proceso, que yo no lo iba a abandonar jamás.
Fue más fácil decirlo que hacerlo, todo el proceso fue lento y doloroso, recuperar el control de su cuerpo le costó varios meses, fue como volver a aprender a hacer todo de nuevo, a comer, a escribir, a caminar, sus cuerdas vocales estaban lesionadas por tanto tiempo intubado y le costaba hablar, su voz era incluso más ronca que antes. A veces, Chanyeol se enojaba y se frustraba con él mismo y con las circunstancias, pero siempre puso su mayor esfuerzo para recuperarse.
Tuvimos mucho tiempo para hablar, para conocernos, para hacernos amigos, él tenía confusos sus recuerdos, también le tomó un tiempo para que todo se aclarara, y sí, él estaba solo en el mundo, sus padres habían muerto en un accidente y con el dinero del seguro de vida había decidido mudarse a Seúl, llevaba apenas unos días en la ciudad cuando nos conocimos.
Cuando todo se aclaró en su mente, él me dijo que siempre me notó desde ese primer día, que yo le parecía muy lindo, que le daba mucha ternura ver cómo me sonrojaba y me ponía nervioso cuando él me descubría mirándolo, también me dijo que nadie lo había mirado así, qué increíble ¿verdad? Bueno, el insiste en que esa parte es verdad y en que yo también le gustaba, eso sí que fue aun más sorprendente.
Chanyeol me contó su versión de la historia, de las miradas furtivas, de las sonrisas, de cómo él debía tomar otro tren pero se equivocó el día en que nos conocimos y desde ahí siguió tomando el equivocado para verme, que debía caminar un poco más al local que estaba arreglando porque iba a abrir una cafetería, la estaba adecuando y todavía no tenía empleados, nadie lo conocía en la ciudad por eso nunca nadie vino a buscarlo, él creía que estaba solo en el mundo, pero no, me tenía a mí y me agradeció incansablemente haberme quedado a su lado.
Fueron seis meses más de recuperación antes de salir del hospital, para ese momento ya éramos pareja de verdad, ya nos habíamos dado muchos besos y yo ya estaba perdidamente enamorado, ya no era un amor platónico, ahora era un amor real, compartido, profundo, tangible, inquebrantable y absoluto, tenía muchas dudas con respecto a mi vida pero mi única certeza era que amaría a ese hombre hasta la muerte y tal vez más allá.
La ciudad nos dio una generosa indemnización por el accidente, lo invertimos todo en la cafetería y abrimos, curiosamente estaba cerca de mi universidad y yo trabajaba allí todos los días al salir de clases, Nos mudamos juntos y nos comprometimos al poco tiempo, me lo propuso de la manera más romántica y perfecta que puede haber.
Fue una mañana cuando despertábamos y me dijo que quería amanecer todos los días de su vida mirando mi rostro en la almohada junto a él, que mi sonrisa le iluminaba la vida más que el sol y que podría faltarle cualquier cosa en el mundo, menos yo. Claro que lloré como un bebé porque creí en cada una de sus palabras, no podía dudarlo, era exactamente lo mismo que yo sentía por él.
Vivimos día a día amándonos, los dos somos perfectamente conscientes de que en un suspiro se puede perder todo lo que se tiene, así que nos esmeramos por disfrutarnos el uno al otro, por ser felices y cuidarnos. Chanyeol es el mejor hombre que puede haber en el mundo, su belleza aun logra robarme el aliento, pero es más que eso, es mi compañero de vida y es más de lo que alguna vez pude haber soñado. Le agradezco infinitamente a la chica de los boletos que se demoró en atenderme y a cualquier cosa que lo haya impulsado a él a tomar la ruta equivocada ese día.
Y bueno, esa es mi historia de amor, está llena de colores y matices, no es del todo rosada, tiene muchas zonas de gris profundo y oscuro, del color del miedo; tiene mucho de verde brillante como la esperanza; grandes dosis de rojo pasión y mucho amarillo de amistad; pero, a pesar de todo lo que tuvimos que superar, ha sido maravillosa, sorprendente y perfecta… Como él.