ᴀᴍᴏʀ ᴇɴᴛʀᴇ ᴘɪɴᴛᴜʀᴀ | ᴏɴᴇᴡ'S Sʜɪɴᴇᴇ by Jun's 🍂 at Inkitt
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ᴀᴍᴏʀ ᴇɴᴛʀᴇ ᴘɪɴᴛᴜʀᴀ | ᴏɴᴇᴡ's sʜɪɴᴇᴇ

Summary

Lee Jinki es un empresario que disfruta ir a exhibiciones de pintura.; un día una mujer aparece frente a sus ojos. . "tal vez el tener este pasatiempo se vuelva más divertido" .

Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

|1| UNO

Seúl, Corea del Sur.


Es día lluvioso junto con un poco de ventisca, es más que perfecto para estar en casa tomando una taza de café o una copa de vino. Desafortunadamente Jinki no puede hacer eso porque ahora mismo se encuentra arreglando su traje negro frente al espejo para después ordenar su cabello castaño y por último llama a un taxi. Es tan descabellado ir a una cita con este loco clima y más sí la persona quien se la pidió es una desconocida. Pero ante todo él es un caballero y no está dentro de sus principios dejar a una dama plantada, eso no es de un hombre correcto. Es un adulto de treinta y tres años, no un adolescente.

El sonido de un claxon alertó al hombre, abrió su paraguas y sale de su departamento.

Veinte minutos después llega a su destino. Un lujo restaurante al estilo imperial. Visualiza por la venta del restaurante a su cita en una mesa esquinada entretenida en su celular. No la hace esperar más y entra al sitio. Por otro lado ella al oír bullicio despega la vista de su celular. Le dedica una sonrisa a su acompañante que estaba por arribar a la mesa, para no verse descortés con él guarda su celular y se levanta de su asiento.


—Es un gusto volver a verlo. —expreso y le tendió la mano.


Sin poder evitarlo Jinki examina discretamente a la mujer, un refinado y elegante vestido de color rojo que se ajusta perfectamente a su cuerpo resaltando sus diminutas curvas junto a unos tacones negros, su cabello largo luce impecable, y un maquillaje discreto, hermosa dama.


—También opino lo mismo .—le responde y estrecha su mano. ¿Espero mucho?—cuestiona.


Sonríe levemente y responde:


—Llegue hace diez minutos no se preocupe.— agrega. —Luce muy bien.—halaga.


—Gracias, usted también señorita Ji Ah.


Ella sonrió. Él hombre guapo la había investigado. Ji Ah había hecho lo mismo con él.


—Pensé que no vendría.—dice y hace un diminuto puchero.


—Y no estaba equivocada. —afirmo. —Pero no soy un hombre tan descarado como para dejarla plantada. —sonríe.


Instantes después arribo a su mesa un amable mesero para tomar su orden. Ji Ah pidió un delicioso caviar mientras que Jinki unos langostinos. Ambos decidieron disfrutar su comida con vino. El mesero al tener la orden finalizada se retiró.


—Y bien, ¿Qué desea de mí?—pregunta intrigado.


—Se lo dije ese día en la exhibición, usted es alguien interesante y estoy segura que tampoco le soy indiferente. —agrego muy segura.


—Se lo vuelvo a repetir. No hay mucho que le pueda dar de mi vida a lo que usted llamé “interesante”. —expreso con seriedad.


—Por favor Señor Jin Ki no sea tan modesto.—rio divertida. —¿Cuándo fue su última cita? —pregunto.


¿Cuándo fue? Sinceramente no sabe. Él para su mala suerte sufre de memoria a corto plazo. Sólo recuerda vagamente que de adolescente sufrió un accidente junto con sus amigos Kibum y Minho, tal vez ese suceso provocó su memoria a corto plazo.


¿Por qué había aceptado la invitación? No era bueno con estos asuntos. ¿Por qué se le acerco en aquella exhibición?



Días atras.

Madrid, España.

Está dando los últimos retoques a su traje azul marino en el espejo, posteriormente salió de su habitación listo para asistir a la exhibición más importante del museo más famoso de toda España.

Al estar dentro del lugar admira la belleza de los cuadros y escuchando las explicaciones del guía. Todo maravilloso, como a él le gustaba, su tarde perfecta

.

—¿Qué opina de la dama que está expuesta en esa pintura?—cuestiona alguien.


—Es una mujer despampanante, divina. —dijo sin pena alguna.


—Es un honor para mí que diga eso. —expreso la persona.


—¿Porque? —pregunta y voltea, sus palabras murieron al instante al ver a una mujer frente a él. Su pregunta había sido contestado por si sola.

“Vaya mujer, que hermosa” piel blanca, cabello corto que cae hasta los hombros, cuerpo delgado con diminutas curvas, luciendo un vestido color turquesa, ojos color chocolate, labios delgados. Divina.


—De nada. —le dijo caballerosamente.


Sin más comenzó a alejarse de ella para continuar con su recorrido junto con las demás personas, pero el llamado de aquella mujer lo detuvo. Volvió a mirarla.


—¿Si?


—¿Aceptaría ir por un café o si lo prefiere algo más elegante? —comenta teniendo sus mejillas levemente sonrojadas.


—Lo siento, no quiero importunar. —se disculpó. —Además no nos conocemos.


—¿Importunar? ¡Jamás! . ¿Acaso yo lo hago?—agrego un tanto preocupada. —Sobre lo otro, lo haremos, no se preocupe.


—Por supuesto que no.—responde.


—Entonces, si no arruinó sus planes, ¿acepta? —pregunta.


—Es raro... al no conocernos.—contesta un poco tímido.


—Tiene razón.— ríe sutilmente. —Pero a simple vista es un hombre interesante, y guapo. —dice seriamente.


—Se lo aseguro no soy interesante.—contesta con seguridad.


—¿Acaso tiene miedo de una mujer y una simple salida? —comento fingiendo sorpresa.


—¡No!


—¿Acepta?—sonríe ampliamente.


Soltando un suspiro resignado acepto tomando el papel de la señorita en dónde describe el lugar, fecha y hora del encuentro. Ella con una reverencia se despidió. Y Jinki pudo continuar su recorrido no sin antes guardar ese papel en uno de sus bolsillos del pantalón de vestir.





—¿Señor Jinki se encuentra bien?

¿Porque soy tan débil con el sexo femenino?


—Lo estoy.—contesta.


La orden llegó y sin esperar mucho comenzaron a degustar.


—Cuénteme de usted señor Jinki.—propone la mujer.


—Soy empresario y dueño de varias casas de joyería en Asía y Europa. Me apasiona el arte y por eso que colecciono cuadros. —informo y continúo. —Cuando mi tiempo me lo permite dibujó. Me encanta el pollo y dormir.—agrega con una sonrisa.


Ji Ah ríe delicadamente.


—A todo mundo le gusta dormir. —agrego con simpleza. —¿No sabía que era coleccionista? —expreso para luego llevar un poco de caviar a su boca y asimismo beber de su copa. —Interesante.


—Así es, me gusta coleccionar. —dice y come de sus langostinos.


Y no era mentira, semanas atrás en una tarde llamó a su secretaria que estaba en Corea para que estuviera al pendiente del envío de unos cuadros que adquirió en una subasta y que quedarían perfectamente en las paredes de su mansión.


Ella asiente.


—¿Qué hay de usted Señorita Ji Ah? —dijo sin mirarla mientras partía otro pedazo de sus langostinos.


—Soy modelo, también hago obras de caridad a varias organizaciones de mi país y en mis ratos libres práctico pole dance. —comenta con orgullo.


—Es de Japón, ¿Cierto? —volvió su mirada hacia ella.


—Correcto. —confirmo. —Algún día me gustaría ser su modelo.—expresa y continua. — Para mí sería un privilegio tener un trabajo de usted en el centro de mi sala en una de mis paredes —agrega asimismo por debajo de la mesa ella acaricia con uno de sus pies las piernas del coreano.


Sonríe traviesamente al observar el repentino respingo que da el hombre sobre su asiento. De la misma forma que sin temor a equivocarse nota que sus mejillas están pintadas de color rojo carmesí.

¡Es una mujer malvada sin pudor!


—Eso... no va hacer posible. —dice lo más normal posible . —No trate de pasarse de lista conmigo señorita Ji Ah. Mi tiempo es valioso. —informo firme.


—¿Por qué lo dice? —responde con diversión.


—Porque no le conviene, se lo advierto. —sentencia seriamente.


—Tomare el riesgo.—contesta con una sonrisa en el rostro. —Siéndole sincera algo que me llama mi atención, lo obtengo y claramente usted es de toda mi atención. —expresa sin pelos en la lengua. —A pesar de que usted opine lo contrario Lee Jinki.


Tal vez el vino estaba comenzando a hacer efecto en su organismo porque en un abrir y cerrar de ojos tenía a la señorita Ji Ah frente a sus ojos besándole los labios frente a mucha gente, enseguida vio como en su labios se formaba una sonrisa llena de orgullosa y coquetería.



—Me la he pasado genial. —dice posteriormente deja dinero sobre la mesa para pagar la mitad de la cuenta. —Espero ver a verlo pronto, es una agradable compañía.



El sonido de la campana del restaurante hace que Jinki vuelva a la realidad.

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