DESNUDO © taekook OS

Summary

❝ JungKook creía saber hasta la última gota a detalle de TaeHyung, ¿por qué este no podía aceptarle? ❞. ║▌│█║▌│ █║▌│█│║▌║ ©2017 ✦ Tae Top | Kook bottom ! ✦ Leer bajo tu responsabilidad. ✦ Todos los derechos de autor me pertenecen. Queda totalmente prohibida su copia y/o adaptación. Cualquier parecido en *exceso* será denunciado.

Genre
Romance/Drama
Author
Status
Complete
Chapters
1
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

♡ ÚNICO ♡

El frío azotó mi cuerpo, y no pude hacer nada más que guardar mis manos en mis bolsillos. La puerta aún seguía cerrada y la impaciencia me tomaba con fuerza, y más que nervios, me sentía incómodo por todas las miradas clavadas en mi. Y sí ¿Qué estaba haciendo yo en la puerta de Kim? Buena pregunta.


Respiré profundo, las inmensas ganas de querer abrir la puerta me tomaron, entonces apoyé mi mano en el picaporte, pero en segundos, TaeHyung apareció en mi campo de visión, conectando miradas conmigo y luego con toda la gente que nos observaba algo interesados al parecer.


Tomó de mi brazo y me adentró a la habitación sin decir nada. Su mandíbula estaba apretada, estaba tenso, lo sabía. Y molesto aunque no me lo dijera.


— ¿Qué te dije de aparecerte-


Silencio obtuve cuando lo abracé, con fuerza, oliendo su fragancia.


— JungKook. — Mi nombre parecía resbalarse con firmeza en sus labios hasta mis oídos. Y Dios, su calor; su maldito calor. Su cuerpo caliente como estufa, su aliento en mi cuello como caricia, su respiración en mi oído y... Diablos. Por favor, Dios. No me castigues de ésta manera.


— JungKook...


— Déjame tocarte... — Susurré casi en súplica. Queriendo recorrerle.


— JungKook... No lo hagas más difícil. — Soltó. Yo simplemente le tomé de las mejillas y levanté mi cabeza hasta cruzarme con sus ojos. — Hablemos.


Lo ignoré.


— Última vez... — Pedí, como si fuera la primera vez que le digo lo mismo. Él se quedó estático, mirándome, parecía pensarlo con cuidado, ¿qué tanto pensaba? — La última. — Puse mi dedo en sus labios, acaricié luego con mi pulgar, luego ansié deslizar mi dedo dentro, quizás sacarlo después de ser acariciado por su lengua fantaseosa. — Lo prometo. — Su mano fue bruscamente hasta mi muñeca, alejando mis dedos, mirándome con frialdad y sequedad; tragué duro. Mi pecho comenzó a subir y a bajar, mi respiración se hizo acelerada y la desesperación era la que me azotaba como si fuera un tsunami a punto de asomarse y aplastarme.


— ¿La última? — Su voz grave y ronca.


— La última. — Reafirmé.


Esperé algún tipo de señal ancestral, una que me permitiera pecar y, no sé si fué el silencio o mi impulso desgarrador, solo un segundo más bastó para poder atraparme a mi mismo enloqueciéndome, besándole como si mi vida dependiese de eso. Y quizás si lo hacía o, quizás así lo sentía.


Rápidamente deslicé mi mano por su nuca y presioné con fuerza mis dedos, adentrando mi lengua en su boca con brutalidad, dejando que él soltara un gruñido y me tomara con fuerza de las caderas, balanceándola hacia delante hasta rozar descaradamente la suya.


Retrocedió, retrocedió hasta quedar sentado sobre su cama cuando lo empujé. Respiré profundo, queriendo tomar más coraje en el aire. Me quité mi campera, y viajé a temblores mi mano hasta el cinturón de mis jeans. Él me observó, mientras desaparecía su ropa interior, sus piernas se separaron un poco y se apoyó sobre sus codos, inclinándose hacia atrás, en ningún momento quitó la vista. Con una de sus manos, comenzó a masajear el falo, apretándola entre sus dedos, presionando, abriendo su boca, dejando el brillo de su saliva asomarse.


Mis oídos se endulzaron con su respiración agitada. Se tocaba, se tocaba para mí, en exhibición. Me necesitaba. Y yo no era la excepción ante sus deseos.


Mis pantalones cayeron y quité por último mis medias, dejándolas por algún rincón del suelo, y caminé hacia él, tembloroso, asustado y de alguna forma, excitado. Me senté sobre él, tomando con una de mis manos su barbilla.


— Tómame... — Ordené.


Había esperado tanto tiempo en decirlo, en suplicar que me comiera, no como siempre, yo quería más, más intenso, más profundo, más. Siempre quise más de lo que tenía o podía obtener. Quizás era gula o simple hambre. O quizás, quizás ya estaba loco de remate.


— Shh... — Posó su dedo sobre mis labios, acariciando estos por unos segundos como yo lo había hecho con los suyos minutos atrás. — Yo mando. — Su voz dominante infectó mis oídos y luego sus manos fueron las que se clavaron en mis caderas, ayudándome a levantarme un poco y colocarme hacía más adelante, hasta sentir su glande en mi agujero. Respiré profundo. — Móntame. — Exigió. Y no dude ni por un segundo en negarme a su petición.


Lo dejé entrar, lo dejé enterrarse en mí, dejé que sus oídos fueran quienes escucharan mi gritó sobre su oreja, dejé que mi mentón cayera sobre su hombro, permití que me folle o, me permití follarme. Bruto. Cómo quería. Cómo ansiaba. Cómo había fantaseado.


— ¡Ah! — Gemí, cuando tocó mi punto. Mis ojos se humedecieron y sus labios fueron a mi cuello, lamiendo, chupando y succionando, como si nada importara, como si yo no valiera.


Marcó mi piel, marcó como una bestia, mordió como clavo que perfora la madera. Se alimentó y mi ego avaricioso creció.


Me tomó fuerte de los glúteos y me levantó para dejarme nuevamente caer con brutalidad. Una embestida salvaje, una que me hizo chillar, gritar alto, una que me hizo perder la razón y la noción del tiempo. Estaba perdido, moribundo y desorientado en mis pensamientos inexistentes y apagados.


— ¡TaeHyung! — Lloriquee. Alzando mis caderas y dejándome caer.


— Vamos. Grita. — Ordenó furioso. — Dilo. — Solté un gemido. — ¡Grítalo, carajo! — Una bofetada fué lo que obtuve por mi falta de educación. Pero me gustó. Sus ojos negros como un abismo, llenos de rabia e insatisfacción.


Volví a saltar, una, dos, tres veces más en silencio hasta qué su idea me gustó más. Grité como pidió, lloré cuando sentí que me rompería en dos. El dolor me trajo a la realidad, era inmenso, pero TaeHyung sabía como hacerlo, él me conocía, sabía como dar en mis puntos débiles y hacerme enloquecer y caer en los infiernos más exquisitos, donde pecaba, y yo era el mejor candidato.


— ¡TAEHYUNG! — Exclamé. Él me tomó del cabello y tiró hacia atrás, haciendo que soltara un jadeo, atacando mi boca como una bestia, mordiendo mis labios, mi lengua, mi mejilla; clavando sus uñas en mi espalda baja, bajo la remera, arañando.


— No lo aguanto. — Avisó antes de empujarme, haciéndome caer al piso, yo lo miré incrédulo, confundido, perdido pero asustado, se tiró sobre mi, el piso estaba helado, podía soportarlo, podía, quería. Carajo, lo quería.


Mi polla dolía, sus dedos estaban entre medio de mis glúteos, tocando mi agujero adolorido, mientras me miraba con una sonrisa bastante terrorífica. Mi corazón bombardeaba como motor encendido.


— ¿Qué es lo que Kookie quiere? — Arrogante, soberbio y engreído.


— Kookie quiere ser cogido.


— ¿Y cómo le gusta a Kookie? — Cada palabra era como filo sobre la lengua, dejándome aquella sensación de picoteo en mis oídos.


— Fuerte.


— ¿Cómo le gusta?


— Fuerte. ¡Fuerte y duro! — Exclamé.


— ¿CÓMO? — Otro golpe. — ¿CÓMO TE GUSTA? — Gritó con enojo.


— ¡DURO, CÓGEME DURO! — Exclamé, y de un momento a otro me encontraba boca abajo contra el suelo, él tomó mis caderas con fuerza, con posesión, para luego mover mi remera un poco hacia arriba y... Y se inclinó. Hacia delante, enterrándose nuevamente con brutalidad, entregando una gran embestida como animal en pleno deseo de apareamiento, rompiéndome en un solo movimiento.


— ¡Joder! — Lloré, mi cuerpo tembló, y su piel contra la mía quemaba como la leña en el fuego.


Y si, ¿a quién engañaba? Era adicto a Kim, era adicto a su brutalidad, a sus besos, a sus manos, a sus caricias, a sus toques, a sus caprichos, a él. Porque si, yo no era lo que necesitaba, pero él... Él parecía no solo corromper mi cuerpo, sino, mi cabeza, mi sexualidad, mis deseos y mi vida.


Sus ojos, sus malditos ojos como un demonio en los míos, sus uñas en mis caderas clavándose, entrando una y otra vez sin piedad en mi. Cómo quería.


— ¡Vamos putita! Gritá... — Gimió grave, volviendo a mover sus caderas hacía delante, haciendo que su pelvis de con fuerza contra mis rojas nalgas maltratadas.


— ¡Ah!, ¡Tae! — Y caí completamente al suelo de nuevo, su cuerpo sobre el mío, dando con fuerza, sin parar, como si nunca perdiera fuerza, sino, como si ella creciera en descontrol.


— Lo amo. — Dijo sobre mi oreja antes de morderla. Chillé cuando dolió tanto que sentí el ardor; me lastimó.


— ¡Más! — Exclamé. — ¡Más, TaeHyung! Más~ — Y volvió a enterrarse. Escuchándose el sonido del chapoteo de nuestras pieles, acompañado de nuestros gritos, mi aguda voz contra la más grave.


Y se acomodó de nuevo, alzando mis caderas y tomando su postura antes de azotar.


— ¡TaeHyung!


— Vamos... Vamos JungKook. — Dió otra embestida brutal, tocando mi punto con fuerza y haciendo que sienta el cosquilleo en mi parte baja. Su ritmo de movimientos de cadera había bajado la velocidad, y su líquido espeso, caliente y viscoso blanquecino se deslizaba por mis piernas. — Vamos... — Volvió a chocar mi próstata, haciéndome gritar y dejando que un gran gemido saliera de mis labios malgastados por los suyos. Y como él lo pidió, me vine, me corrí en el suelo. Sintiendo mis piernas temblar más que antes cuando él comenzaba a salir de mi interior. Me sentí vacío, cansado, destrozado y golpeado.


Y no solo era sexo, era la realidad.


Mi cuerpo fue girado, y él se puso sobre mi, con mis piernas a su alrededor, atacando mi boca y besándome lento, suave y acariciando mis cabellos, acariciando mi remera, acariciando mi espalda bajo esta. Besando mi cuello con cuidado.


— Te amo. — Susurré. No obtuve respuesta a cambio, de hecho, lo único que tuve fue un beso en mis labios acompañado de un "Última vez", como si eso le pusiera fin a mi sueño, haciéndome recordar que esa era la última vez que sentiría sus labios, qué sería la última vez que sentiría su piel contra la mía. Haciéndome recordar qué cuando salga por esa puerta, yo ya no existiría más en su mundo.


Dolió.


Me sentí desnudo, viendo como él se colocaba la ropa y tomaba asiento en el borde de su cama, mirándome con esa cara de nada y de todo a la vez. ¿Sentiría pena por mi?


— JungKook... — Ahogué el llanto. — Vos me gustas. — Soltó grave y crudo. — Pero no te amo.


Me levanté, en mero silencio.


— Perdona... — Su tono tan falso...


Pero: ¿Qué era real a éstas alturas?


Yo era quien lo conocía, yo era quien se sabía sus gustos, quien le daba atención, quien le daba todo lo que exigiera, quien le cumplía los caprichos sin objeción, quien se entregaba.


¿Qué más podía darle? Si le estaba ofreciendo mi alma a cambio de nada.


— ¿Qué es lo que quieres de mí? — No respondió. — ¡CARAJO! Fuiste vos quién me llamó ayer para que viniera. ¿QUÉ ES LO QUE MIERDA TE PASA?


— ¡Te llamé para hablar, no para coger! — Exclamó. Y se levantó, quedando frente a mí y sosteniendo una fuerte mirada sobre la mía, hasta chocar nuestras frentes. — ¿Qué es lo que mierda querés? ¿Qué es lo que no entendes? Aléjate.


— ¿Por qué? ¿Por qué intentas alejarme? — Lo empujé débil, no veía con claridad, mi vista era nublada y el ambiente era oscuro y tenso.


— ¡Porque no puedo controlarme, JungKook! Carajo. Pierdo el control. Mírate, ¡estás sangrando!


— Puedo soportarlo... — Susurré con desespero. Tomando su rostro entre mis palmas.


— Estás loco. — Declaró, mirando el arte de mis heridas. — ¿Ves de lo que hablo? — Sus dedos tiraron de mi, solo podía tener su atención, todo lo que quería.


Besó mi cuello, hasta deslizar su lengua hasta las heridas, chupando y succionando. Solté un pequeño quejido antes de acariciar su nuca y luego sus cabellos sudados.


— Ámame.


— JungKook.


— Por favor.


Hubo un silencio sepulcral.


— Te amo.


¿Qué era real y qué no lo era?


No importaba.


Yo era quien sabía la cruda verdad, TaeHyung no era humano, TaeHyung no era de éste mundo, TaeHyung decía no saber lo que era amar, pero lo hacía, de una forma loca y enfermiza para cualquiera. Pero era mío y yo de él.


Él era distinto. Un demonio. Una bestia. Y yo sería quien le sacie la sed, quien daría hasta el último aliento para mantenerlo junto a mi, porqué estoy loco y enfermo, porque soy egoísta como cualquier otro ser humano sobre la tierra. Porque lo amo. Y porque él...

Es mío.
















Sparky

.