El Arte del Fracaso (en el Amor).
Kim Hongjoong tenía muchas virtudes. Era inteligente, creativo y un líder natural. Pero había algo que lo hacía perder la poca dignidad que tenía: Park Seonghwa.
Hongjoong había conocido a Park Jongho, su mejor amigo, en la escuela primaria. Como el gran torpe que era, Hongjoong había tropezado con Jongho en la entrada de los sanitarios por estar ensimismado en su celular. El chico lo había observado con los ojos mas grandes y tiernos que jamás había visto mientras se disculpaba por haberlo golpeado a pesar que había sido Hongjoong el culpable.
Desde ese instante fue tanta la ternura que le causó que Hongjoong lo terminó adoptando como un hermano pequeño. Y ya que Hongjoong era hijo único su cariño por el pequeño Jongho creció rápidamente, tan rápido como lo hizo el mismo Jongho.
Hongjoong no negaría que le costó el que Jongho se abriera con él ya que, a diferencia de Hongjoong, Jongho si tenia un verdadero hermano mayor el cuál nunca perdía la oportunidad de presumir. "Seonghwa hyung es muy bueno con los números, seguro el entendería esto", "A Seonghwa hyung también le gustan los días lluviosos", Seonghwa hyung esto.. Seonghwa hyung aquello...
Bueno que ese tal Seonghwa hyung era una eminencia a los ojos de Jongho que hasta Hongjoong llegó a estar realmente interesado en él, por lo que haciendo uso de su carta de amistad, y después de meses de romper el hielo con Jongho, pudo lograr que Jongho lo invitara a su casa y ahí fue cuando todo el mundo de Hongjoong se puso patas arriba.
El problema no era solo que Seonghwa fuera increíblemente atractivo (lo era). Tampoco que fuera amable y educado hasta el punto de parecer salido de un drama romántico (también lo era). El problema era que, al Hongjoong ser el mejor amigo de su hermanito menor, este no lo tomaba en cuenta.
¡Bueno que hasta parecía que era una extensión más de Jongho a los ojos de Seonghwa!
Y eso era realmente desalentador porque cada vez que Hongjoong lo veía, su cerebro decidía hacer huelga. Y bueno... Jongho lo sabia.
—¡Hongjoong, deja de mirar a mi hermano como si fuera un pastel de chocolate! —gruñó Jongho, dándole un codazo.
—¿Eh? ¿Yo? ¿Mirar? No, claro que no, yo no miro, yo solo... ¡Oye, qué bonito techo tienes en esta casa! ¡Deberían darle un premio al arquitecto!
Jongho suspiró con la paciencia de alguien que ya estaba acostumbrado a sus tonterías.
—Sabes que estás en mi casa al menos tres veces por semana, ¿cierto?
Oh si, esa era otra cosa más. Una vez que Hongjoong había visto a Seonghwa se había adherido cuál lapa a la vida de Jongho, tanto que ya parecía un hijo más de los señores Park.
—Eso... no cambia nada —murmuró Hongjoong, rascándose la nuca mientras Seonghwa pasaba por la sala con su usual elegancia.
—Hola, Hongjoong —saludó Seonghwa con una sonrisa deslumbrante.
Hongjoong sintió cómo sus rodillas flaqueaban.
—¡Buenas noches!
Silencio.
—Son las tres de la tarde —respondió Seonghwa, parpadeando.
Hongjoong quiso desaparecer. Jongho, en cambio, solo se tapó la cara con las manos.
—Lo siento por mi amigo, hyung. Está pasando por una crisis existencial crónica.
—Oh... espero que estés bien, Hongjoong. ¿Quieres agua?
¿Qué si quería agua? ¡Por supuesto que quería agua! ¡Pero no porque estuviera sediento, sino porque su cerebro estaba en llamas después de semejante humillación!
—¡No, gracias, ya bebí suficiente aire!
Silencio otra vez. Jongho dejó escapar un suspiro largo y profundo.
—Ignóralo, hyung. Esto es normal en él cuando estás cerca.
—¿Eh? ¿De verdad?
Seonghwa parecía genuinamente sorprendido. Hongjoong, por otro lado, quería que la tierra lo tragara.
—Yo... tengo que irme.
—¿No acabas de llegar? —preguntó Jongho, arqueando una ceja.
—Sí, pero de repente me acordé de que... um... dejé la estufa encendida en mi casa.
—No sabes cocinar.
—Entonces dejé... mi televisor prendido.
—Hyung, rompiste la televisión de tu casa la semana pasada cuando aquella araña apareció en tu sillón y te asustaste.
Hongjoong maldijo internamente su suerte.
—¡Bueno, algo dejé prendido, así que me voy!
Y con eso, salió disparado de la casa de Jongho antes de hacer más el ridículo.
Bueno él era torpe, pero ¿que esperaban? Todo era culpa de su madre por haberlo descuidado de pequeño aquella vez que se había caído de la cama.








