Gota de Miel [LayHo]

Sinopsis

Algo común entre el agua y la miel, es su poder curativo. La relación común entre Yixing y JunMyeon es mantener a sus pueblos enriquecidos. Ambos buscan darles a sus pueblos una vida larga y segura; por lo que concretar una unión les facilitará varias de sus metas. La miel es un rico manjar, el agua es fresca al pasar. El amor es dulce y fresco, se cultiva con calma y se sirve con alegría; paso a paso ambos gobernantes descubren los sentimientos que alberga su corazón. Desde el sentimiento de la vergüenza, hasta el éxtasis de sentir sus cuerpos unidos. Antes de dar el sí ante sus pueblos, deben darse el sí en sus corazones. El proceso es lento, hermoso, maravilloso y placentero. ~ Historia con actualizaciones lentas, se solicita comprensión.

Genero:
Fantasy/Romance
Autor/a:
Vinslob
Estado:
En proceso
Capítulos:
5
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

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El mundo de los reinos tiene un extenso campo por investigar. Más allá de los reinos comunes, entre los árboles, malezas y un extenso río de agua azul cristalina; coexisten dos aldeas reinas de los cultivos más grandes del planeta. Cada una posee un gobernante, quienes ven por el bienestar de su pueblo asegurándose que las riquezas de cada reino prospere y sea suficiente para mantenerse de pie por bastante tiempo.

Aunque para existir, la vida tiene un ciclo que no puede ser modificado. Un ser muere, nutre el suelo, las plantas crecen y alimentan a los animales. El agua se evapora y sube a las nubes, quienes se encargan de transportar el líquido a los diferentes cultivos, cayendo en los charcos que alivianan la sed de los seres vivientes del mundo.

Cultivar y mantener algo limpio es un trabajo agotador.

La aldea Mǐ’ěr, cuenta con un amplio campo apicultor. Donde los aldeanos dedicados a su cuidado prestan atención a cada detalle. La abeja en aquella aldea es una deidad, a quien le dedican un ritual para agradecer sus nutrientes. Tres tipos de apicultores están dedicados a una acción específica: cuidado, recolección y vigilancia.

La miel producida en Mǐ’ěr, rica en nutrientes y deliciosa al paladar; ayuda a los habitantes contra las enfermedades más comunes del mundo, ante heridas superficiales, cicatrices que han tardado en desaparecer y alimentan al pueblo al usarla en su diferente gastronomía.

Es ahí donde los viajeros paran para comprar cantidades del rico manjar, llenar sus bolsas y regresar a sus pueblos para deleitar a su gente con el sabor dulzón de la miel. Los habitantes de Mǐ’ěr, dedican su tiempo en la creación de dulces curativos, pomadas que llevan el olor a la miel, crean tés ricos al paladar y que ayudarán a la gente en su pronta recuperación.

Felices con lo que hacen, los aldeanos de Mǐ’ěr, admiran a sus gobernantes, quienes los han mantenido al pie y han creado lazos de comercio con otras aldeas. Veneran juntos a la abeja reina que los provee cada año con buena salud, comida y riquezas.

El más viejo guía a su pueblo en dirección a la prosperidad y desea que su primogénito siga aquel camino que han creado con tanto esfuerzo. Por ello, como última petición, el anciano pide una unión con la segunda aldea más grande.

Shuǐ se caracteriza por ser la segunda aldea más extensa de todos los reinos. Rodeada de grandes arroyos y excelentes ríos de un agua cristalina. Dedicada a la pesca para proveer al pueblo de ricos manjares, peces y plantas de agua dulce son la principal recolección que realizan los aldeanos de Shuǐ. Esta aldea tiene más tareas que las demás, dado que el agua es el vital líquido que provee a un reino y sus alrededores.

El comercio para la aldea Shuǐ se caracteriza principalmente en la construcción de canales que transportan el agua a las diversas aldeas, así mismo, los aldeanos pueden bloquear dicha transportación si algún comerciante incumple con las reglas del trato. Por lo que, cada integrante Shuǐ tiene una tarea a desempeñar. Desde el arado del canal, hasta la arquitectura que ayudará a que el agua llegue.

Dentro de la hermosa aldea de agua cristalina, los animales son enteramente sagrados. Veneran a cada uno y agradecen por sus nutrientes, prometen mantener el agua clara y limpia; sobre todo, prometen servir a la aldea por el resto de sus vidas.

El más viejo enseña a los jóvenes, lee con calma todas las historias que su pueblo posee, dicta con sabiduría las reglas que existen entre todos los aldeanos. Para una mejor riqueza de conocimiento, el más viejo cree firmemente que su primogénito logrará capturar a la aldea vecina, mostrarle las maravillas de su aldea y así concretar una unión.

Ambos ancianos se reúnen cada cierto tiempo, las relaciones de comercio que tienen ambos reinos deben coexistir. Por ello, con la mente en claro y con una sola idea, ambos se reúnen con sonrisas en sus rostros.

Shuǐ es una aldea demasiado hermosa.

El anciano visitor halaga mientras recibe con respeto la bebida otorgada por algún aldeano. Complacido, el gobernante de Shuǐ agradece con un simple gesto.

—Nuestra vida cada vez es más corta —retoma la plática el visitante—. Hemos visto a nuestra gente nacer, crecer y lamentablemente los hemos visto morir —un silencio cómodo se hace presente, respirando profundo, el visitante continúa—. LeeWoong, has sido un excelente gobernante para tu gente. Espero que el joven JunMyeon siga tus pasos.

LeeWoong sonríe con satisfacción, es bueno que alguien tan poderoso como lo es el líder de Mǐ’ěr reconozca su grandeza dentro de la aldea; más aún, que tenga presente a su primogénito en sus conversaciones, sabe que JunMyeon será un excelente líder.

Con una inclinación elegante, LeeWoong agradece las buenas palabras del hombre, es su turno de dedicar unas buenas palabras.

Mǐ’ěr es maravillosa a la vista, vestida de un amarillo elegante y sus cultivos deleitan la vista de sus visitantes —el visitante está encantado con las palabras, LeeWoong continúa—, usted, YeonKyoon, ha sido un gobernante gusto con su pueblo. El Joven Yixing seguramente seguirá impartiendo sus enseñanzas a las futuras generaciones.

YeonKyoon sabe que están en la misma línea, ambos desean deleitar con palabras dulzonas el oído ajeno, de esa manera poder meter el tema del matrimonio en la conversación. Son sutiles con sus palabras, intentan incorporar las maravillas de las aldeas y sus habitantes, así lograrán que la conversación tenga una maravillosa armonía.

Hablan sobre las riquezas de cada pueblo y de vez en cuando los nombres de sus primogénitos salen a colación. Intentan meter lo mejor posible a sus hijos en la mente del otro, hablar de sus virtudes y sus habilidades. Detallan sus facciones y se deleitan al hablar de sus personalidades.

—Me gustaría que nuestros hijos se conocieran —YeonKyoon es directo con su propuesta, más no ha dictado el deseo de una unión—, que conozcan cada parte de nuestras aldeas, quizá en un futuro podamos unir fuerzas.

LeeWoong lo razona por unos minutos, su rostro acabado muestra interés; quiere que YeonKyoon lo vea dudar.

—Estamos en tiempo de guerras, unirnos para combatirlas sería una excelente opción —YeonKyoon asiente conforme, aunque piensa que agregar más a su conversación sería lo adecuado—. Los invasores querrán tomar nuestras tierras, llevarse nuestras riquezas, mantener de esclavos a nuestras mujeres y niños; quizá… matarán a nuestros jóvenes y hombres.

—La propuesta de unir nuestras aldeas se la pongo en la mesa —LeeWoong con suavidad suelta sus deseos—. Los invasores aún se encuentran lejos de estas tierras, demos a nuestros muchachos el tiempo para conocerse y digerir la idea de una unión.

Ambos ancianos asienten conformes, sus pesadas y arrugadas manos se entrelazan dándole validez a su propuesta.

Si la aldea Mǐ’ěr se une a la aldea Shuǐ, sus habitantes podrán gozar de los beneficios de la miel, así como de las delicias que el río dulce les otorgará. Además, los primogénitos unirán sus conocimientos para crear una nueva aldea, dónde la miel y el agua se vuelvan un solo elíxir.

Claro está que ambos ancianos desean que sus primogénitos acepten la unión para un bien y también, para su felicidad. Desean que ambos jóvenes se conozcan, desde sus gustos hasta el rincón más profundo de sus cuerpos. Intentan que el amor crezca en los corazones de sus únicos hijos y construyan un hermoso pueblo.