01
Jeon Jungkook tiene una polla extremadamente chupable.
Estamos hablando de veinte centÃmetros de perfección. Dos decÃmetros de suculenta carne de hombre. Una verdadera cornucopia de delicias carnales.
Es el tipo de polla que detendrÃa a un hombre heterosexual en su camino y le harÃa preguntarse, aunque sólo fuera por un segundo, si tal vez no era tan heterosexual como pensaba.
Del tipo que se ve en las estatuas griegas, sólo que más grande y probablemente no de mármol.
De las que hacen que se te apriete la parte de abajo cuando la ves, porque vaya, pensar en esa anaconda en tu trópico hace que todo tu interior se contraiga.
Y esta noche, es del tipo que va a hacer que mi boca se sienta como un vagón de metro de Tokio en hora punta. Hablamos de una multitud. Abarrotado. Absolutamente lleno. Y si tengo suerte, unas cuantas paradas más tarde nos bajaremos los dos a la vez y decidiremos volver a casa juntos para ver qué clase de jaleo podemos armar cuando la cama sea nuestro destino final.
¿Cómo, te preguntarás, conozco todos estos detalles Ãntimos sobre las partes más sutiles de la anatomÃa de Jeon?
Es simple.
Lleva pantalones de chándal grises para la gran fiesta de Nochevieja de esta noche.
Señor, ayúdame.
La primera vez que lo veo esa noche, está de pie junto a la ventana de la sala de estar de la mansión más elegante del centro de Seoul, con una taza roja en la mano, luciendo la chaqueta amarilla y azul del instituto como si fuera el último año de nuevo. Sólo que, ya sabes, su último año. Lo que harÃa que fuera mi primer año. Pero no entremos en eso, porque el primer año de Yoongi fue vergonzoso en todos los sentidos, y también porque la supuesta incapacidad de Jeon para reconocer que el 2022 habÃa llegado y se habÃa ido no es lo que me llama la atención.
Oh, no.
Porque hay una silueta en su chándal que puedo ver desde el otro lado de la habitación, y no creo que sea porque tenga una botella en el bolsillo.
Jungkook está haciendo las maletas, y donde quiera que vaya, quiero ir con él.
Me gustarÃa decir que, nada más verlo, pongo mi mejor sonrisa seductora, me pavoneo hacia él y le arranco los pantalones, pero...bueno... eso no ocurre. Para cuando salgo de mi estado de estupefacción, un grupo de lo que supongo que son los amigos de la universidad de Jungkook se agolpan a su alrededor y arruinan mis posibilidades de hacer un movimiento. A partir de ahÃ, todo son "¡Hermano!" y tragos de cerveza, y aunque el porno me ha enseñado que un pequeño y bonito jovencito como yo podrÃa abalanzarse y ser repartido entre ellos como la salsa, no estoy interesado en un buffet de pollas de chicos de fraternidad durante toda la noche.
Verás, he tenido esta cosa por Jungkook desde antes de saber lo que era el sexo, y tal vez se ha mantenido como... nueve años.
Ochenta y tres dÃas.
Y un estimado, aunque no cientÃficamente probado, de trece horas.
Asà que mientras sus amigos son atléticos y altos y en general agradables de ver, el único que me pone caliente es Jungkook.
Oh, Jungkook.
Antes era un dios en el campo de fútbol de la escuela primaria, ahora es la fuerza que gobierna mi corazón. Lo que darÃa por pasar mis dedos por su estupendo pelo castaño, sentarme a horcajadas sobre sus muslos carnosos y besar toda esa mandÃbula definida. Si pudiera olfatear el pliegue de su cuello, mordisquear su clavÃcula y...
—Hermano —dice alguien por detrás de mÃ. Tal vez uno de los amigos de la fraternidad de Jungkook, a juzgar por su forma de hablar—. Estás bloqueando la puerta.
Parpadeo para volver a la realidad y me doy cuenta de que, de hecho, estoy haciendo precisamente eso.
—¿PodrÃas moverte? —continúa—. O simplemente —me agarra por el hombro y me empuja suavemente hacia un lado para que quede presionado contra el marco de la puerta—, escabúllete. AsÃ. Mucho mejor. Feliz a punto de entrar, hermanito.
Pasa junto a mà en medio de un olor a hierba y cerveza, y va a reunirse con el grupo de amigos de Jungkook que están al otro lado de la sala, que lo atraen hacia ellos con gritos de "¡Taehyung!" y palmadas amistosas en la espalda. Pronto se enfrascan en una conversación y, para mi sorpresa, varios de ellos me miran por encima del hombro. Uno de ellos me guiña un ojo. Recibe un codazo y una bofetada en la cabeza, y después de eso, ninguno me presta atención, lo cual está bien, porque sólo hay uno de ellos que me interesa, Jungkook, que resulta ser el único que no puedo ver.
Me pongo de puntillas y estiro el cuello, pero no sirve de nada.
Jungkook se ha ido, perdido en un mar de hombres, y menos mal, porque estoy seguro de que si le viera dar una palmada en la espalda a Taehyung, mi mente irÃa directamente a lo increÃble que serÃa que me diera una palmada en la espalda. Y en otros lugares cerca de la espalda, pero más abajo.
Más abajo que eso.
¿Ya estás en el territorio de las nalgas? Bien. Ahora, en lugar de la mano de Jungkook, imagina con qué podrÃa golpearme si ambos estuviéramos desnudos, y él estuviera detrás de mÃ, y mi culo desnudo estuviera al aire, y...
Bueno, ya te haces una idea.
La cuestión es que mi polla también empieza a hacerse a la idea, asà que antes de avergonzarme, salgo del portal en busca de un baño. La casa es tan grande que es engañosamente difÃcil de encontrar. Atravieso los pasillos y compruebo todas las puertas en mi afán por descubrirlo y me encuentro con todo tipo de lugares maravillosos, un estudio, una biblioteca, una sala de medios de comunicación, pero, por desgracia, no hay ningún baño a la vista.
He oÃdo decir que a los ricos no les importa una mierda; al parecer, tampoco aceptan ninguna.
Tras un largo rato explorando la planta baja de la casa, encuentro un cuarto de baño en un ala desierta tan alejada de la fiesta que lo único que oigo es el bajo retumbante de alguna canción de baile que esté sonando y el rumor lejano de una conversación en voz alta. Está justo al lado de un lavadero vacÃo. A estas alturas, mi erección se ha controlado por sà sola, pero me ha costado tanto llegar hasta aquà que me ofende la posibilidad de irme sin hacer nada, asà que orino, me enjabono con un elegante jabón de manos y me miro en el espejo.
"Le chuparás la polla", me digo, y luego frunzo el ceño para que sepa que lo digo en serio. "El fracaso no es una opción. No vas a suspirar por él durante diez años sin hacer un movimiento. Esta noche es tu noche y Jungkook es tu propósito de año nuevo, asà que ponte a ello".
No voy a mentir, soy un gran orador motivacional... cuando otras personas vienen a mà con sus problemas. ¿Cuando me enfrento a mis propios problemas? No tanto. Frunzo el ceño, aprieto los labios y entrecierro los ojos, pero ni siquiera mi cara más enfadada es suficiente para que me tome en serio.
¿Dónde diablos está Hoseok? Necesito a mi mejor amigo aquà para animarme.
Compruebo mi teléfono. Se acercan las nueve y no hay mensajes nuevos. Eso no es del todo inusual en Hoseok, que a veces se pone tan ansioso que no comprueba su teléfono durante dÃas, pero el caso es que me dijo en persona que estarÃa en la fiesta esta noche. Nos conocemos desde que estábamos en pañales y nunca, jamás, ha faltado a su palabra.
¿Dónde estás?
Necesito una charla de ánimo. Jungkook está aquà y quiero entrar a matar.
Mis mensajes llegan, pero no se marcan como leÃdos. TodavÃa debe estar de camino. No pasa nada. Hay un poco más de tres horas entre ahora y la medianoche, y eso me da tiempo más que suficiente para chupar una polla perfecta, preciosa y apetecible.
Me miro al espejo con el ceño fruncido por última vez, echo el labio superior hacia atrás y gruño para ponerme en la mentalidad de un depredador de pollas, y luego me separo de la encimera del baño y me dirijo a la cocina, donde me espera un botÃn de cerveza y combinados de bebidas.


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