SIN RESERVAS

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Sinopsis

Iona Stewart está casi segura de que está sufriendo una crisis de mediana edad prematura. Recientemente despedida, permanentemente desafortunada en el amor y de vuelta viviendo con sus padres, está desesperada por un cambio de aires. Así que, cuando surge la oportunidad de trabajar en un hotel en las Highlands, parece que el destino ha intervenido. ¿El problema? Su nuevo jefe es Ryan Thorne. Su antiguo amigo. Su primer amor platónico. Y el chico que le rompió el corazón hace casi 17 años. Ella no tenía intención de volver a verlo nunca más después de aquella noche. Y parece que él tampoco está muy entusiasmado con tenerla a *ella* cerca. Prepárate para algunos flashbacks de los noventa, un flirteo con un hombre mucho más joven, muchos encuentros incómodos y, *con suerte*, un final feliz para siempre . . .

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
PollyFord
Estado:
Completado
Capítulos:
32
Rating
4.9 49 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Junio de 1999


Es más de medianoche en una cálida noche de junio. La chica se baja del taxi y camina despacio por la entrada de su casa. Cuando el taxi se aleja, todo queda en silencio. Nada se mueve, pero el aire se siente pesado. Antes, la noche estaba llena de posibilidades.


Ya no.


La chica se sienta en el escalón de la entrada, sin ganas de entrar todavía. Mira el vestido que eligió con tanto cuidado y emoción para esta noche. Cuando se lo puso hace seis horas, se sentía más guapa que nunca en su vida.

Ahora solo es un recordatorio de cómo la velada se fue a la mierda en un abrir y cerrar de ojos.


Deja caer una lágrima. Quería que fuera solo una, pero hoy no tiene fuerzas para controlarse. Las gotas caen sobre el satén del vestido y oscurecen el color violeta donde lo tocan.

—Sácalo todo de una vez —se dice a sí misma—. Desahógate y luego piensa en un plan. El plan ya toma forma en su cabeza mientras cae la última lágrima. Sabe perfectamente lo que va a hacer.


Diez minutos después, cuando llega el segundo taxi, ella ya se ha calmado. Se retoca el maquillaje por si sus padres siguen despiertos. No quiere que sepan que ha estado llorando. Ellos tienen que pensar que se lo pasó de maravilla. No hay motivo para que sospechen que, en realidad, le han roto el corazón esta noche.


Ve al chico bajar del otro taxi y resiste las ganas de esconderse. Él empieza a caminar hacia su casa con la cabeza baja, pero se gira de repente y la ve. Tras dudar un momento, cruza la calle hacia ella y ella siente una punzada en el pecho. Las lágrimas vuelven a asomar. No lo hagas, le ruega a su cuerpo. No me traiciones así.

Él se sienta a su lado. —A ver, ¿qué ha pasado esta noche? —pregunta tras un momento de silencio. Tiene la voz ronca—. Pensé que nos iríamos juntos.


Yo también, piensa ella. Imaginé tantas cosas sobre esta noche que no pasaron. Se traga una risa amarga que casi la hace ahogarse.


—Es que... no me sentía muy bien, así que pensé que lo mejor era venirme a casa —miente. Bueno, es solo una media mentira; se sintió fatal después de lo que vio—. Y como tú parecías... ocupado con otros asuntos, no quise molestarte.


Ella le lanza una mirada astuta. Su cara de guapo se contrae en una mueca de dolor. —Ah. Sí. Eso. —Él se rasca la barbilla. Siempre hace eso cuando se siente incómodo o violento. Y bien que debería sentirse así.


Ella se encoge de hombros y lo mira fijamente a los ojos azules. Se esfuerza por no mostrar ninguna emoción. —No pasa nada. —Más mentiras. No le va a decir la verdad ahora. Él ya no se merece su sinceridad.


—¿Ya estás mejor? —pregunta él. Parece preocupado. Cariñoso. Al menos, eso es lo que aparenta.


—Sí. —Ella asiente—. Creo que ya he sacado de mi sistema lo que fuera que tenía. —La frase tiene doble sentido, por supuesto.


Solo era un capricho, piensa. Ya se me pasará.


Tiene que pasársele.


Ojalá no hubiera empezado a creer que él sentía lo mismo. Qué tonta fue.


Se pone de pie. —Mejor me meto ya.


Él también se levanta mientras ella saca la llave del bolso. Él estira la mano para tocarle el brazo. Ella intenta ignorar cómo se le eriza la piel con el contacto. Su cuerpo aún no le hace caso a su cabeza.


—¿Estamos bien? —pregunta él en voz baja—. ¿Seguimos siendo amigos?


—Claro. —Ella empuja la puerta, fingiendo una sonrisa—. Amigos para siempre.


Él no parece muy convencido, pero le devuelve la sonrisa con dudas. —Te vas mañana a casa de tu abuela, ¿verdad? —Ella asiente—. Que te lo pases muy bien, ¿vale?


—Lo haré. Gracias. —Ella lo mira por última vez, grabando su cara en su memoria.

—Nos vemos pronto —dice él con suavidad mientras ella cierra la puerta.


Se apoya contra la madera y oye cómo sus pasos se alejan sobre la grava. Ahora hay un toque de rencor en su sonrisa.


Él no tiene ni idea de que, si ella se sale con la suya, no volverá a verla en mucho, mucho tiempo.